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Podcast sobre Metodología de las Ciencias Sociales según Schutz

Metodología de las Ciencias Sociales según Schutz: Análisis Completo

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Metodología de las Ciencias Sociales0:00 / 23:20
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LauraOkey, esto sí que no lo sabía... y creo que todo el mundo necesita escucharlo. Resulta que la forma en que estudiamos la sociedad es un debate filosófico gigantesco que lleva más de un siglo. ¡Increíble!
HugoAsí es, Laura. No es tan simple como poner a la sociedad bajo un microscopio. Estás escuchando Studyfi Podcast.
Capítulos

Metodología de las Ciencias Sociales

Délka: 23 minut

Kapitoly

Introducción: ¿Una ciencia de personas?

¿Explicar o Comprender?

Las Construcciones de Segundo Grado

El Dilema: ¿Objetividad o Subjetividad?

El Postulado de la Interpretación Subjetiva

El conocimiento a mano

La magia de la tipificación

El propósito es el rey

Cómo vemos el mundo juntos

El conocimiento heredado

Expertos y legos

Yo en el Centro del Universo

Viajeros en el Tiempo Social

Asociados y Tipificaciones

Proyectar la Acción

Los Ingredientes de la Decisión Racional

El Factor 'Otra Persona'

El Secreto: Patrones y Confianza

Un Problema Casi Teológico

La Ilusión de la Libertad

Resumen y Despedida

Přepis

Laura: Okey, esto sí que no lo sabía... y creo que todo el mundo necesita escucharlo. Resulta que la forma en que estudiamos la sociedad es un debate filosófico gigantesco que lleva más de un siglo. ¡Increíble!

Hugo: Así es, Laura. No es tan simple como poner a la sociedad bajo un microscopio. Estás escuchando Studyfi Podcast.

Laura: Y hoy con nuestro experto, Hugo, vamos a meternos de lleno en la metodología de las ciencias sociales. A ver, Hugo, para empezar, ¿por qué es tan complicado? ¿No podemos simplemente usar los métodos de la ciencia, como en la física o la biología, y ya?

Hugo: ¡Esa es exactamente la pregunta del millón! Y divide a los expertos en dos grandes equipos. Por un lado, está el equipo que dice: "¡Claro que sí! Los métodos de las ciencias naturales son los únicos que funcionan. Han logrado resultados increíbles, así que apliquémoslos a todo".

Laura: Suena lógico. Si funciona para los átomos, ¿por qué no para las personas?

Hugo: Exacto. Pero luego llega el otro equipo y dice: "¡Un momento! Hay una diferencia estructural básica entre el mundo social y el de la naturaleza". Argumentan que los métodos tienen que ser completamente diferentes.

Laura: ¿Y cuál es esa gran diferencia que señalan?

Hugo: Principalmente, que los humanos tenemos intenciones, pensamientos, cultura... Las moléculas no "deciden" cómo comportarse. Simplemente siguen leyes físicas. Nosotros, en cambio, actuamos según lo que creemos y sentimos.

Laura: O sea, una roca no tiene una opinión sobre la gravedad, pero una persona sí tiene una opinión sobre la economía.

Hugo: ¡Exactamente! Por eso, este segundo grupo dice que las ciencias naturales buscan *explicar* fenómenos a través de leyes generales, como la ley de la gravedad. Son, como dicen los teóricos, "nomotéticas".

Laura: ¿Y las ciencias sociales?

Hugo: Buscan *comprender*. Se enfocan en lo particular, en el significado de las acciones. Las llaman "idiográficas". Piensan que como no podemos experimentar con sociedades de la misma forma que con químicos en un laboratorio, necesitamos otro enfoque.

Laura: Entonces, ¿un equipo quiere explicar y el otro comprender? Suena a que no se ponen muy de acuerdo.

Hugo: Para nada. Es un debate que sigue muy vivo. Pero la mayoría de los planteamientos más extremos son insostenibles. Ni todo es física cuántica, ni todo es pura interpretación sin reglas.

Laura: Okey, entonces, ¿cómo salimos de este enredo? El texto que estamos revisando menciona algo sobre "construcciones".

Hugo: ¡Sí, y esta es la clave! El filósofo Alfred Schutz nos da una perspectiva brillante. Dice que todo nuestro conocimiento del mundo, ya sea científico o de sentido común, se basa en construcciones. No vemos "hechos puros".

Laura: ¿A qué te refieres con que no hay hechos puros? Un hecho es un hecho, ¿no?

Hugo: No exactamente. Un hecho siempre es algo que extraemos de la realidad y lo interpretamos. Lo que hace únicas a las ciencias sociales es que el objeto de estudio —las personas— ¡ya ha interpretado su propia realidad!

Laura: A ver, explícamelo como si fuera un niño de cinco años.

Hugo: ¡Claro! Piénsalo así: un físico estudia los electrones. Los electrones no tienen una opinión sobre el físico. No le dicen: "Oye, hoy no me siento muy positivo, mejor no me midas". Simplemente están ahí.

Laura: Entendido. Los electrones no tienen un mal día.

Hugo: Pero el científico social estudia a personas que viven, piensan y actúan en su mundo. Esas personas ya tienen sus propias ideas, sus propias "construcciones de sentido común" sobre por qué hacen lo que hacen. La realidad social no es un lienzo en blanco; ya está pintada.

Laura: ¡Ah! Ya veo. Entonces, el científico social no parte de cero.

Hugo: ¡Exacto! Lo que hace el científico social es crear, por así decirlo, "construcciones de segundo grado". Son construcciones sobre las construacciones que los propios actores sociales ya hicieron.

Laura: ¡Wow! Eso lo cambia todo. Pero entonces, Hugo, surge un problema. Si la ciencia social se basa en las interpretaciones subjetivas de la gente, ¿cómo puede ser objetiva? ¿No es eso una contradicción?

Hugo: Es la gran paradoja, sí. ¿Cómo podemos tener un conocimiento objetivo y verificable de una estructura que es, por definición, subjetiva? Aquí es donde la metodología se vuelve crucial.

Laura: ¿Y cuál es la solución?

Hugo: La solución no es estudiar a cada individuo con sus pensamientos únicos. Eso sería imposible. Lo que hacen los científicos es crear *modelos* y *tipos ideales*. No estudian a "Laura comprando pan", sino al "consumidor típico" en una "situación de mercado típica".

Laura: Ah, como una simplificación. Un personaje promedio.

Hugo: Justo. El científico construye un modelo de un sector del mundo social donde solo ocurren los eventos relevantes para su investigación. Todo lo demás se deja fuera, bajo el famoso supuesto de "si todo lo demás permanece igual".

Laura: ¡El famoso *ceteris paribus* de economía! Siempre me pregunté para qué servía.

Hugo: Sirve para esto: para aislar un fenómeno y poder analizarlo de forma objetiva, aunque sepas que en la realidad hay mil otros factores influyendo. Es un truco metodológico para manejar la complejidad.

Laura: Entonces, aunque los economistas hablen de "curvas de demanda" o "ciclos económicos" como si fueran cosas abstractas, ¿en el fondo se refieren a personas tomando decisiones?

Hugo: Exactamente. Esas construcciones abstractas son como una taquigrafía intelectual. Son muy útiles, pero siempre podemos —y a veces debemos— volver a la base: las acciones de los sujetos y la interpretación que ellos mismos les dan.

Laura: Esto se conoce como el postulado de la interpretación subjetiva, ¿cierto?

Hugo: Correcto. Significa que toda ciencia social que quiera captar la "realidad social" debe, en última instancia, poder referirse al punto de vista del actor. Debe poder responder a la pregunta: ¿qué significado tiene esta acción para la persona que la está realizando?

Laura: Entonces, para resumir: las ciencias sociales enfrentan el desafío único de estudiar una realidad que ya está interpretada por sus propios protagonistas.

Hugo: Sí. Y para hacerlo de manera científica y objetiva, no copian ciegamente los métodos de la física, sino que desarrollan los suyos propios, como la creación de modelos y tipos ideales que se basan en el sentido común, pero lo superan con rigor lógico.

Laura: Queda clarísimo. La clave no es elegir un equipo, sino construir un puente entre la objetividad de la ciencia y la subjetividad de la experiencia humana. Un tema fascinante, de verdad.

Laura: ¡Así que el mundo social no es solo algo que está ahí, sino algo que construimos juntos! Pero, Hugo, ¿cómo empezamos a darle sentido a todo eso? No nacemos con un manual de instrucciones, ¿o sí?

Hugo: ¡Ojalá! No, no hay manual. Pero heredamos algo casi tan bueno... un mundo que ya ha sido interpretado por otros. Nuestros padres, nuestros maestros, la sociedad... todos nos pasan su conocimiento.

Laura: ¿Como un gran paquete de datos que nos descargan al nacer?

Hugo: ¡Exacto! Los sociólogos lo llaman el "acervo de conocimiento a mano". Es todo lo que damos por sentado, nuestro esquema de referencia para entender cualquier cosa nueva que nos encontremos.

Laura: De acuerdo, tenemos este "acervo de conocimiento". ¿Y cómo lo usamos en el día a día? ¿Cómo funciona?

Hugo: Funciona a través de algo llamado tipificación. No experimentamos el mundo como un montón de objetos únicos y aislados. Lo vemos en categorías, en tipos.

Laura: ¿Qué quieres decir con tipos?

Hugo: Piensa en esto: no ves "esa cosa de madera con cuatro patas y un respaldo", ves una "silla". No ves "ese animal peludo de cuatro patas que ladra", ves un "perro".

Laura: ¡Claro! Mi cerebro agrupa las cosas automáticamente. Aunque nunca haya visto un perdiguero irlandés, si aparece uno, sabré que es un perro, no un gato gigante.

Hugo: ¡Exactamente! Tu experiencia previa con perros "típicos" te da un modelo. Ves las características comunes y dices "¡Ah, esto encaja en el tipo 'perro'!". Es un atajo mental súper eficiente.

Laura: Suena a que nuestro cerebro es un gran archivador, siempre clasificando todo. Pero, ¿siempre vemos a nuestro perro solo como un "ejemplar" del tipo "perro"? ¡Yo veo a mi amigo peludo!

Hugo: ¡Esa es la clave! Y aquí entra el "propósito a mano". Lo que notas de un objeto depende de lo que te interese en ese momento. Tu perro Rover es muchas cosas a la vez: tu amigo, un perdiguero, un mamífero, un objeto en el espacio...

Laura: ¡Pero no pienso en todo eso cuando le lanzo la pelota!

Hugo: ¡Claro que no! En ese momento, tu propósito es jugar. Así que lo que te importa es que él es Rover, tu compañero de juegos. Sus características individuales son más importantes que las típicas.

Laura: Pero si lo llevo al veterinario, me interesará más que es un "perro" con una biología de perro, ¿no?

Hugo: ¡Precisamente! El contexto y tu propósito definen qué aspectos de Rover son significativos. Es como usar un filtro. No vemos todo a la vez, solo lo que nos importa para lo que estamos haciendo.

Laura: Así que nuestro sentido común es un sistema súper personalizado que clasifica el mundo según lo que necesitamos en cada momento. ¡Qué increíble! Y hablando de filtros y perspectivas, esto me lleva a pensar en cómo los grupos sociales desarrollan sus propias formas de ver el mundo...

Hugo: Exacto. Y esa idea de que el mundo es un universo de significados nos lleva directamente a una pregunta clave: si mi mundo es mi mundo, y el tuyo es el tuyo, ¿cómo logramos entendernos?

Laura: ¡Buena pregunta! Porque yo estoy aquí y tú estás allá. Vemos las cosas, literalmente, desde ángulos distintos. ¿Cómo es que no vivimos en un caos total de malentendidos?

Hugo: ¡Por suerte no! Lo que hacemos, sin darnos cuenta, es usar dos trucos mentales, o como los llaman los sociólogos, dos «idealizaciones».

Laura: ¿Idealizaciones? Suena complicado. ¿Es como imaginar que todo es perfecto?

Hugo: No exactamente. La primera es la «intercambiabilidad de los puntos de vista». Básicamente, yo asumo que si me pongo en tu lugar, vería el mundo más o menos como tú lo ves.

Laura: Ah, como cuando le doy indicaciones a alguien. Asumo que verá la misma tienda en la esquina que yo veo para girar a la derecha.

Hugo: ¡Precisamente! Y la segunda es la «congruencia de las significatividades». Suponemos que, para lo que estamos haciendo ahora, las pequeñas diferencias en cómo vemos las cosas no importan. Ambos estamos de acuerdo en lo que es relevante.

Laura: O sea que, para fines prácticos, simplemente ignoramos nuestras diferencias y creamos una realidad compartida. ¡Un «Nosotros»!

Hugo: Exacto. Es un conocimiento que damos por sentado, que se vuelve anónimo y objetivo para nuestro grupo. Y esto nos lleva al siguiente punto... ¿de dónde sale todo ese conocimiento compartido?

Laura: Claro, porque no nacemos sabiendo qué es una mesa o cómo usar un teléfono. Alguien nos lo tiene que contar.

Hugo: Totalmente. Una parte muy, muy pequeña de nuestro conocimiento viene de la experiencia directa. ¡La gran mayoría es de origen social!

Laura: Nos lo transmiten nuestros padres, los profes, los amigos... Es un conocimiento heredado, como una biblioteca gigante que nos entregan al nacer.

Hugo: ¡Me encanta esa analogía! Y la herramienta principal para pasar esa biblioteca de generación en generación es el lenguaje.

Laura: El vocabulario y la sintaxis, ¿no? Cada palabra es como un paquete de información.

Hugo: Piensa en esto: cuando decimos «árbol», no tenemos que describir un objeto alto, con tronco, ramas y hojas cada vez. La palabra «árbol» ya contiene toda esa tipificación.

Laura: Es un atajo mental. El lenguaje es como un archivo ZIP gigante de conocimiento social pre-comprimido.

Hugo: ¡Exacto! Un depósito de ideas ya listas para usar. Pero claro, no todos tenemos acceso a los mismos archivos de esa biblioteca...

Laura: Cierto. Ahí es donde entra la distribución social del conocimiento. No todos sabemos lo mismo, ni de la misma manera.

Hugo: Para nada. Tú eres experta en cosas en las que yo soy un completo novato, y viceversa. Yo sé de sociología, pero si se me rompe una tubería... mejor te llamo a ti, si supieras de fontanería.

Laura: ¡Definitivamente no me llames para eso! Pero entiendo el punto. Es la diferencia entre «conocer por trato directo» y «saber acerca de algo».

Hugo: Justo. Yo puedo tener un conocimiento superficial de los coches, sé cómo conducirlo. Pero un mecánico tiene un conocimiento profundo «acerca de» cómo funciona el motor.

Laura: Y en la vida diaria, sabemos a quién acudir. No le pides a tu dentista que te ayude con la declaración de la renta. Bueno, espero que no.

Hugo: Sería una consulta muy rara. Construimos ideas sobre qué saben los demás, cuál es su campo de experiencia. Sabemos quién es el «competente» para cada tarea.

Laura: Entonces, nuestro conocimiento está organizado en zonas, desde lo que dominamos hasta lo que apenas conocemos. Y saber quién sabe qué es parte fundamental de vivir en sociedad.

Hugo: Exactamente. Y al hacer esto, al construir estos tipos de personas y sus saberes, empezamos a anticipar cómo van a actuar. Lo que nos abre la puerta al siguiente gran tema: cómo interpretamos las acciones de los demás.

Laura: Y justo esa idea de la experiencia personal nos lleva a un punto clave, ¿no, Hugo? ¿Cómo organizamos el mundo social que nos rodea?

Hugo: Exactamente. Y aquí viene lo interesante... todo empieza contigo. ¡Contigo como centro! Piénsalo así: el mundo social se construye alrededor de donde estás tú, en tu momento biográfico específico.

Laura: O sea, ¿soy el sol de mi propio sistema solar social?

Hugo: ¡Precisamente! A partir de ti, surge un «Nosotros». Y en referencia a ese «Nosotros», aparecen los «Vosotros». Y más allá, están «Ellos».

Laura: Suena simple, pero es la base de todo. Yo soy el punto de referencia para entender a los demás.

Hugo: Correcto. Es una estructura que parte de tu propia experiencia directa.

Laura: Y esta estructura no solo es espacial, con gente cercana o lejana, sino también temporal, ¿verdad?

Hugo: ¡Claro! En la dimensión del tiempo, tienes a tus «contemporáneos», la gente con la que interactúas ahora mismo.

Laura: Como nosotros dos en este momento.

Hugo: Exacto. Luego están tus «predecesores», la gente del pasado. No puedes actuar sobre ellos, pero sus acciones te influyen a ti.

Laura: Pienso en mis abuelos, o en los inventores de los micrófonos que usamos. No puedo hablar con ellos, pero su legado está aquí.

Hugo: Y finalmente, están los «sucesores». Aún no los conoces, pero puedes orientar tus acciones pensando en ellos, como cuando alguien planta un árbol que no verá crecer.

Laura: De acuerdo, centrémonos en los contemporáneos, la gente que vive ahora. ¿Hay diferencias ahí?

Hugo: Muchísimas. Alfred Schutz, el sociólogo que estudiamos, los divide en dos grandes grupos. Primero, los que llama «asociados».

Laura: ¿Qué significa eso?

Hugo: Son las personas con las que compartes un espacio y un tiempo. La interacción es cara a cara. Pude ser una charla profunda con un amigo o simplemente estar al lado de un extraño en el tren.

Laura: Entiendo. En esa situación, ves sus gestos, sus expresiones. Captas al otro como un individuo único, aunque sea por un momento.

Hugo: Eso es. Viven, por así decirlo, en una pura relación de «Nosotros». Pero, ¿qué pasa con los que no están cara a cara?

Laura: Como mi amigo que vive en otro país, o... no sé, ¿el cartero?

Hugo: ¡Perfecto ejemplo! No conoces al cartero personalmente, pero confías en que actuará de una manera típica para que tu carta llegue a su destino.

Laura: Ah, o sea que no pienso en «Carlos, el cartero», sino en «un cartero» genérico.

Hugo: ¡Diste en el clavo! Creamos construcciones, como perfiles o avatares, de cómo esperamos que la gente actúe. A esto se le llama «tipificación».

Laura: Entonces, para navegar el mundo social, usamos estos atajos mentales, estas tipificaciones, para casi todo el mundo que no conocemos íntimamente. Fascinante.

Hugo: Y es fundamental. Sin esas tipificaciones, cada interacción sería abrumadoramente compleja. Imagina tener que conocer la biografía de cada barista para pedir un café.

Laura: Sería imposible. Okay, esto me deja pensando... Si creamos estos «tipos», ¿cómo se relaciona eso con los roles que jugamos en la sociedad? Porque ser «un cartero» es un rol social...

Laura: Y justo ahí es donde se pone interesante, porque no solo pensamos, también actuamos. Pero, ¿qué hace que una acción sea... razonable, Hugo?

Hugo: ¡Excelente pregunta! Y la clave no está en la acción pasada, sino en el futuro. Específicamente, en el proyecto que la impulsa. Toda acción que planeamos implica una elección.

Laura: ¿Una elección? ¿Incluso si solo hay una cosa que quiero hacer?

Hugo: ¡Siempre! Como mínimo, tienes dos opciones: llevar a cabo esa acción... o no hacerla. Así que siempre estamos eligiendo, incluso cuando elegimos la inacción.

Laura: Visto así, mi proyecto favorito a veces es “no hacer nada”.

Hugo: ¡El de muchos! Y aquí entra una idea genial del filósofo John Dewey. Él decía que antes de decidir, ensayamos cada alternativa en la fantasía. Es como una simulación mental.

Laura: Una simulación... me gusta eso. Suena a videojuego. Entonces, para que esta “deliberación” sea súper racional, ¿qué necesito saber?

Hugo: Necesitas tres cosas, súper claras en tu mente. Primero, el punto de partida. O sea, un conocimiento preciso de tu situación: dónde estás, qué te rodea, tu contexto.

Laura: De acuerdo, el mapa. Saber dónde estoy. ¿Qué más?

Hugo: Segundo, el destino. El estado de cosas que quieres crear, tu fin. Pero ojo, ningún fin está aislado. Se conecta con tus planes más grandes, como tu plan de vida.

Laura: Ah, claro. Elegir qué estudiar no afecta solo a la universidad, sino a mi futuro trabajo, a dónde viviré... son como efectos secundarios.

Hugo: ¡Exacto! Y tercero, los medios. Necesitas saber qué herramientas o recursos necesitas para llegar a tu destino, si los tienes, y si usarlos no te perjudica en otros proyectos.

Laura: Ok, entonces es: sé dónde estoy, sé a dónde voy y sé cómo llegar. Parece manejable. ¿O no?

Hugo: Es manejable... hasta que metes a otra persona en la ecuación. Ahí la complejidad se dispara.

Laura: ¿Por qué? ¡La gente complica todo!

Hugo: ¡Totalmente! Porque para una acción social racional, no solo basta con que tú conozcas tu situación. También tienes que saber cómo la define la otra persona.

Laura: Uf, ya empezamos... O sea, ¿tengo que adivinar lo que piensa el otro?

Hugo: Casi. Debes suponer que te entenderá, que verá tu acción como algo racional y que reaccionará de forma racional. Es un juego de espejos. Tienes que saber lo que el otro sabe... y que él sabe que tú sabes.

Laura: Mi cerebro acaba de hacer un cortocircuito. ¿Cómo es posible que nos entendamos entonces? Si parece una misión imposible.

Hugo: Lo es, si buscamos una racionalidad perfecta. Pero lo logramos de dos maneras. Primero, con gente cercana, compartimos tantas experiencias que esa comprensión mutua es casi automática. Es la magia de la amistad.

Laura: La pura “relación Nosotros”, como diría el autor. Tiene sentido, con mis amigos no necesito explicar todo.

Hugo: Exacto. Y con los demás, usamos patrones sociales. Normas, reglas, modales... son como guiones que todos conocemos. Jugamos al ajedrez siguiendo las reglas, sin analizar racionalmente por qué el caballo se mueve en L.

Laura: Simplemente lo aceptamos y ya. Es un atajo para no tener que leer la mente de todos.

Hugo: ¡Precisamente! Por eso, en la vida real, la acción nunca es cien por ciento racional. Siempre actuamos dentro de un marco de cosas que damos por sentadas. Nos arriesgamos, confiamos, y de ahí vienen nuestras esperanzas y miedos.

Laura: Wow. Entonces la racionalidad pura solo existe en los modelos de los científicos sociales, no en la calle.

Hugo: Justo. Y entender cómo construyen esos modelos los científicos es el siguiente paso para desentrañar todo este misterio.

Laura: Y eso nos lleva a nuestra última idea, que es... casi teológica, ¿no?

Hugo: Totalmente. Es una analogía un poco intensa, pero muy útil. La relación del científico social con su modelo... es como la de un creador y su criatura.

Laura: ¿Como un dios y su creación? ¡Vaya! Suena muy dramático.

Hugo: Lo es un poco. Piénsalo así: el títere, que es el sujeto que estudiamos, solo existe y actúa por la gracia del especialista. No puede hacer nada fuera de su propósito.

Laura: El propósito que le dio el científico, claro.

Hugo: Exactamente. Pero aquí viene lo fascinante. Se supone que ese títere actúa no como si estuviera determinado, sino como si pudiera determinarse a sí mismo.

Laura: Ah, o sea, como si tuviera libre albedrío dentro de su pequeño mundo.

Hugo: ¡Justo! Hay una armonía preestablecida entre la conciencia que le asignamos al títere y el medio que también hemos creado para él.

Laura: Entonces, el científico construye la casa de muñecas y también la muñeca que encaja perfectamente en ella.

Hugo: ¡Esa es la analogía perfecta! Ambos, el títere y su mundo, son creación del científico.

Laura: Y luego el científico “descubre” que todo funciona en perfecta armonía.

Hugo: ¡Ahí está la clave! Descubre una armonía que él mismo estableció desde el principio. Es un círculo perfecto.

Laura: Qué idea tan potente para terminar. Así que, para recapitular, hemos visto cómo las ciencias sociales construyen modelos, cómo funcionan y las limitaciones filosóficas que tienen. ¡Ha sido increíble, Hugo!

Hugo: El placer ha sido mío, Laura. Es un tema que da para mucho.

Laura: Y para todos los que nos escuchan, gracias por acompañarnos en otro episodio de Studyfi Podcast. ¡Hasta la próxima!

Hugo: ¡Adiós a todos!

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