Podcast sobre Alimentos Funcionales y Suplementos Dietéticos

Alimentos Funcionales y Suplementos Dietéticos: Guía Completa

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Fitoquímicos: Los Superpoderes Ocultos de las Plantas0:00 / 24:40
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Pablo¿Alguna vez te has preguntado por qué los arándanos son tan azules o los tomates tan rojos? No es solo para que se vean bien en las fotos de comida.
CarmenExacto, Pablo. Esos colores intensos son una pista. Son la firma de unos compuestos increíbles que vamos a desglosar hoy.
Capítulos

Fitoquímicos: Los Superpoderes Ocultos de las Plantas

Délka: 24 minut

Kapitoly

El secreto de los colores

¿Nutrientes o algo más?

Los equipos de fitoquímicos

El verdadero mecanismo de acción

Alimentos vs. Suplementos

La Batalla Celular

El Ejército de los Alimentos

La batalla de los Omegas

¿Qué dicen las guías clínicas?

Dosis: No es 'talla única'

El reto de la vida real: las etiquetas

De la peor a la mejor opción

La Evidencia Clínica

Casos Específicos y Personas Sanas

¿Cuánta proteína necesitas realmente?

Whey, caseína y otras opciones

El timing lo es todo

Riesgos y banderas rojas

¿Qué son los probióticos?

¿Qué dice la ciencia?

El veredicto final

Resumen y despedida

Přepis

Pablo: ¿Alguna vez te has preguntado por qué los arándanos son tan azules o los tomates tan rojos? No es solo para que se vean bien en las fotos de comida.

Carmen: Exacto, Pablo. Esos colores intensos son una pista. Son la firma de unos compuestos increíbles que vamos a desglosar hoy.

Pablo: Suena fascinante. Estás escuchando Studyfi Podcast, donde simplificamos temas complejos para tus exámenes.

Carmen: Hablemos de fitoquímicos. El nombre suena a laboratorio, pero es más simple de lo que crees. Fito significa “planta”. Así que son, literalmente, los químicos de las plantas.

Pablo: Okey, ¿son como vitaminas y minerales?

Carmen: Buena pregunta, pero no exactamente. No son nutrientes esenciales, o sea, tu cuerpo no los necesita para sobrevivir como necesita la vitamina C. Pero... y este es un gran pero, tienen efectos fisiológicos súper importantes.

Pablo: ¿Como cuáles? ¿Qué hacen por nosotros?

Carmen: Piensa en ellos como moduladores. Ayudan a regular procesos biológicos clave, como la respuesta inmune y el desarrollo celular. Están asociados con un menor riesgo de enfermedades crónicas.

Pablo: Entendido. Así que no son jugadores titulares, pero sí son esos suplentes estrella que cambian el partido.

Carmen: ¡Me encanta esa analogía! Y hay varios equipos. Tenemos a los polifenoles, como los flavonoides del té y el cacao. También los carotenoides, que le dan el color naranja a las zanahorias.

Pablo: Y supongo que cada equipo tiene su propia jugada especial.

Carmen: Exacto. También están los compuestos organosulfurados del brócoli y el ajo, y los fitoesteroles de las semillas. Cada grupo tiene una estructura y un mecanismo de acción diferente.

Pablo: Entonces, ¿cómo funcionan dentro del cuerpo? Solía pensarse que solo eran antioxidantes, ¿no?

Carmen: Sí, esa fue la primera idea, pero ahora sabemos que es mucho más complejo. Por ejemplo, activan una vía llamada Nrf2, que es como encender el sistema de defensa antioxidante de tus propias células. ¡El cuerpo se defiende a sí mismo!

Pablo: ¡Wow! O sea, no solo apagan el fuego, sino que le dan al cuerpo un mejor extintor.

Carmen: Precisamente. También modulan la inflamación y ayudan a regular los genes relacionados con la desintoxicación. Incluso interactúan con nuestra microbiota intestinal, alimentando a las bacterias buenas.

Pablo: Esto me lleva a una pregunta clave que seguro se hacen muchos: si son tan buenos, ¿debería tomar suplementos de fitoquímicos?

Carmen: Es la pregunta del millón. Y la respuesta, según la evidencia actual, es no. No existen recomendaciones oficiales de ingesta, y los estudios muestran que los suplementos con un compuesto aislado no logran los mismos beneficios que comer el alimento completo.

Pablo: ¿Por qué pasa eso?

Carmen: Porque en los alimentos, estos compuestos trabajan en equipo. Es la sinergia lo que funciona. Las guías clínicas siempre van a priorizar una dieta rica en frutas, verduras y granos enteros, no una pastilla de resveratrol o curcumina.

Pablo: El todo es mayor que la suma de sus partes. Tiene sentido.

Carmen: Exacto. La evidencia más fuerte que tenemos apoya el consumo de alimentos completos. Los estudios sobre el cáncer, por ejemplo, son prometedores en laboratorio con células o ratones, pero no siempre se replican en humanos. La comida real es la apuesta segura.

Pablo: Y hablando de cómo nos afecta el entorno, eso me lleva a una pregunta, Carmen. He oído mucho el término “estrés oxidativo”. ¿Suena más serio de lo que es?

Carmen: Pues tiene su seriedad, Pablo. Pero no es tan complicado como parece. Piénsalo como una batalla dentro de tus células.

Pablo: Una batalla... ¿entre quiénes?

Carmen: Entre los radicales libres, que son como pequeños vándalos, y tus defensas antioxidantes. Cuando hay demasiados vándalos, tienes estrés oxidativo.

Pablo: ¿Y de dónde salen esos vándalos?

Carmen: De todas partes. La contaminación, el humo del tabaco, una dieta poco saludable... incluso el sedentarismo contribuye.

Pablo: O sea, ¿básicamente la vida moderna?

Carmen: Exacto. Y el problema es que estos radicales libres dañan todo lo que tocan: lípidos, proteínas y hasta nuestro ADN. Es como dejar que el óxido se coma un coche poco a poco.

Pablo: Y ese “óxido” celular... ¿qué consecuencias tiene a largo plazo?

Carmen: Consecuencias serias. Está asociado con enfermedades cardiovasculares, neurodegenerativas como el Alzheimer, y también con el cáncer.

Pablo: Vale, eso es preocupante. ¿Cómo luchamos contra ellos? ¿Necesitamos un ejército de superhéroes microscópicos?

Carmen: ¡Justo eso! Y ese ejército está en nuestra comida, en los fitoquímicos. Son compuestos de las plantas.

Pablo: Fitoquímicos. Suena a clase de química avanzada.

Carmen: Solo significa “químicos de las plantas”. Por ejemplo, la quercetina de las manzanas o el kaempferol del brócoli. Actúan como nuestros protectores celulares.

Pablo: Entiendo. Así que comer plantas es como enviar refuerzos a nuestras células.

Carmen: Exactamente. Y aquí está lo más interesante: no solo neutralizan a los malos. También “hablan” con nuestras células, activando enzimas y mecanismos de defensa propios. Son como entrenadores personales para nuestro sistema.

Pablo: Wow, no son solo un escudo, sino que mejoran toda la defensa. Es fascinante.

Carmen: Lo es. Demuestra que la alimentación va mucho más allá de las calorías. Es información para nuestras células.

Pablo: Clarísimo. Y ya que hablamos de cómo la comida interactúa con nuestro cuerpo a nivel celular, eso nos lleva directamente a otro jugador clave...

Pablo: Y justo hablando de eso, de separar el marketing de la ciencia, hay un suplemento del que todo el mundo habla: el Omega-3. Pero cuando entramos en un contexto clínico, como en oncología... la cosa se complica, ¿verdad, Carmen?

Carmen: Totalmente, Pablo. Y es que no todos los ácidos grasos son iguales. La gente oye "Omega" y piensa que todo es bueno, pero tenemos que diferenciar. Principalmente, hablamos de Omega-3 y Omega-6.

Pablo: Okay, el clásico duelo. ¿Quién es el bueno y quién es el malo aquí?

Carmen: No es tan simple como una película de vaqueros. Piensa en el Omega-6 como el que puede... encender las alarmas de inflamación en el cuerpo. Es pro-inflamatorio.

Pablo: Y eso, en un paciente con cáncer, suena... bastante mal.

Carmen: Exacto. Su rol es muy controversial. Hay un riesgo teórico de que si tienes mucho Omega-6 y poco Omega-3, ese desequilibrio potencie la inflamación. Por eso la evidencia es insuficiente para recomendarlo en casos de fatiga por cáncer, por ejemplo.

Pablo: Entiendo. Entonces, el Omega-3 sería el bombero que viene a apagar el fuego.

Carmen: ¡Justo así! El Omega-3, especialmente sus componentes EPA y DHA, son potentes antiinflamatorios. Por eso en nutrición oncológica nos centramos tanto en ellos.

Pablo: Entonces, ¿qué dicen las grandes organizaciones, como ASPEN en América o ESPEN en Europa? ¿Recomiendan Omega-3 para todos los pacientes con cáncer?

Carmen: Gran pregunta. Y la respuesta es un "no" rotundo. No es un suplemento universal. Ambas guías son muy específicas. ESPEN, por ejemplo, tiene una indicación fuerte para usarlo... pero solo en un escenario: la caquexia tumoral.

Pablo: Caquexia... esa es la pérdida de peso y músculo tan severa que vemos en algunos pacientes, ¿cierto?

Carmen: Correcto. En esos casos, el Omega-3 ha demostrado que ayuda a mejorar parámetros nutricionales y a modular esa inflamación de la que hablábamos. ASPEN coincide, reconociendo que puede ayudar a estabilizar el peso.

Pablo: O sea que no es para prevenir, sino para tratar una complicación muy concreta.

Carmen: Exactamente. Fuera de la caquexia, ESPEN no recomienda su uso rutinario porque la evidencia no es tan sólida. Incluso en nutrición parenteral, la que va por vena, sugieren usar lípidos con menos Omega-6 para no echarle más leña al fuego inflamatorio.

Pablo: Okay, entonces para un paciente con caquexia, ¿cuánto es la dosis que se busca?

Carmen: Aquí es donde se pone interesante. Las guías apuntan a una dosis terapéutica de aproximadamente 2 gramos al día de EPA. Ojo, he dicho EPA, que es uno de los componentes del Omega-3.

Pablo: ¡2 gramos! Suena a mucho. ¿Y para una persona sana que solo quiere cuidarse?

Carmen: Para mantenimiento general, salud cognitiva o de la retina, la dosis es mucho menor. Hablamos de 250 a 500 miligramos al día de EPA y DHA combinados. Básicamente, lo que obtienes si comes pescado graso un par de veces por semana.

Pablo: ¿Y para el corazón? He oído que también se usa para bajar los triglicéridos.

Carmen: Sí, pero ahí las dosis vuelven a subir. Para hipertrigliceridemia, las dosis terapéuticas son de 2 a 4 gramos al día de EPA más DHA. Con menos de 1 gramo, el efecto es mínimo. Necesitas esas dosis altas para ver una reducción significativa.

Pablo: Wow. Entonces la dosis depende totalmente del objetivo. Y supongo que tomar tanto tiene sus riesgos, ¿no?

Carmen: Siempre hay que tener precauciones. La FDA y la EFSA consideran seguros hasta 5 gramos al día. Pero, y este es un gran pero, dosis por encima de 3 o 4 gramos pueden aumentar ligeramente el tiempo de sangrado. No es un riesgo para la mayoría, pero en un paciente que toma anticoagulantes... hay que monitorearlo de cerca.

Pablo: Vale, pongamos un caso práctico. Soy un paciente oncológico, mi nutricionista me recomienda 2 gramos de EPA al día. Voy a la farmacia, agarro el primer frasco que veo... ¿listo?

Carmen: ¡Ojalá fuera tan fácil! Ahí empieza la verdadera aventura, Pablo. Te vas a encontrar con el salvaje oeste de las etiquetas de suplementos.

Pablo: ¿A qué te refieres?

Carmen: Mira, agarras un frasco y en grande dice "Omega-3 1000 mg". Y piensas, "perfecto, con dos de estas ya estoy". Pero luego le das la vuelta, miras la letra pequeña... y la realidad es otra.

Pablo: A ver, a ver, explícame ese truco.

Carmen: Ese "1000 mg" suele ser el peso total del aceite de pescado en la cápsula, no la cantidad de lo que nos interesa, que es el EPA y el DHA. Tienes que buscar específicamente esos valores y sumarlos.

Pablo: ¡Ah, es una trampa! O sea que de esos 1000 mg, ¿quizás solo 300 son de verdad EPA y DHA?

Carmen: Exactamente. Hice un ejercicio rápido con 5 marcas populares que cualquiera puede encontrar online o en un supermercado. El resultado es... revelador.

Pablo: ¡Cuenta, cuenta! ¿Qué encontraste?

Carmen: Bueno, había una marca, llamémosla "Eco-Omega", que en su etiqueta de 1000 mg por cápsula, solo tenía 180 mg de EPA y 120 de DHA. Si los sumas, son 300 mg de lo que importa.

Pablo: ¡Un momento! Para llegar a los 2000 mg que me recetaron, necesitaría... a ver... ¡casi 7 cápsulas al día! ¡Sería mi comida principal!

Carmen: ¡Exacto! Y esa es la "peor" opción en términos de adherencia. ¿Quién va a tomarse 7 cápsulas gigantes de aceite de pescado todos los días? Luego encontré otra, "Cardio-Plus", que era un poco mejor. De 1200 mg de aceite, te daba 600 mg de EPA+DHA.

Pablo: Vale, esa ya es más manejable. Serían unas 3 o 4 cápsulas. Sigue siendo bastante.

Carmen: Sí, pero ya es más realista. Y finalmente, encontré una, digamos "RX-Concentrate", que en una sola cápsula de 1300 mg, te daba casi 1000 mg de EPA+DHA. Era la más concentrada.

Pablo: Con esa, solo necesitaría dos cápsulas al día. Mucho más fácil. Pero apuesto a que era la más cara.

Carmen: Efectivamente. Aquí está el balance. La opción más concentrada y cómoda suele tener un costo mayor. La más barata puede requerir que te tomes un puñado de cápsulas, lo que hace que la gente abandone el tratamiento. El gran takeaway aquí es que no puedes fiarte del número grande de la etiqueta.

Pablo: Increíble. Hay que ir con lupa y calculadora a comprar suplementos.

Carmen: Siempre. Hay que sumar el EPA y el DHA por cápsula y luego dividir la dosis que necesitas entre ese número. Solo así sabrás cuántas tienes que tomar realmente y podrás comparar precios de forma justa.

Pablo: Queda clarísimo. No es solo saber *qué* tomar, sino cómo asegurarte de que lo estás tomando en la dosis correcta. Y leer la letra pequeña es fundamental. Esto me deja pensando en otros suplementos... como la fibra, que también tiene mil presentaciones.

Pablo: Exacto. Entonces, si los alimentos funcionales son una categoría tan amplia, hablemos de uno que está en todas partes... los probióticos. Los ves en yogures, en suplementos... ¿qué son exactamente?

Carmen: ¡Gran pregunta! La definición oficial es: "microbios vivos que, administrados en cantidades adecuadas, generan un beneficio medible para la salud".

Pablo: Microbios vivos... Suena un poco a que me estoy comiendo una colonia de mascotas microscópicas.

Carmen: Bueno, ¡en cierto modo sí! Pero de las buenas. El problema es que no están regulados como los fármacos, así que hay mucha variabilidad en las dosis y las cepas que se venden.

Pablo: Okay, entonces... ¿realmente funcionan? ¿Qué dice la ciencia más allá del marketing?

Carmen: Para eso, podemos ver una revisión técnica súper importante de la Asociación Americana de Gastroenterología, o AGA. Ellos analizaron solo los mejores estudios: ensayos controlados aleatorios con placebo.

Pablo: O sea, el estándar de oro de la investigación. ¿Y qué encontraron?

Carmen: Pues, es un "depende". Por ejemplo, para la diarrea causada por la bacteria *C. difficile*, una levadura probiótica llamada *Saccharomyces boulardii* mostró un posible beneficio... pero la calidad de la evidencia es baja.

Pablo: Entendido. Ayuda un poco, pero no es una cura milagrosa.

Carmen: Exacto. Y para enfermedades inflamatorias intestinales como Crohn o colitis ulcerosa, la conclusión fue clara: no hay evidencia suficiente para recomendarlos como tratamiento.

Pablo: Entonces, ¿no hay ningún caso donde sí funcionen de maravilla?

Carmen: ¡Sí lo hay! En bebés prematuros, una combinación específica de cuatro cepas redujo significativamente la mortalidad y una condición grave llamada enterocolitis necrosante. ¡Ahí la evidencia es de moderada a alta!

Pablo: Wow, eso es increíble. Demuestra que no todos los probióticos son iguales y no sirven para todo.

Carmen: ¡Ese es el punto clave! El efecto depende de la cepa y del contexto. No puedes extrapolar los resultados. Lo que funciona para un bebé prematuro no necesariamente te ayudará a ti.

Pablo: Y... ¿qué pasa con la gente sana? Muchos los toman para “mejorar la diversidad” de su microbiota. ¿Sirve de algo?

Carmen: Pues, un metaanálisis reciente de 2026 concluyó que, en adultos sanos, los suplementos de probióticos no alteran de forma consistente la diversidad del microbioma.

Pablo: O sea que tomar un probiótico no va a convertir mi intestino en una selva amazónica de microbios.

Carmen: ¡Exactamente! No hay evidencia firme para recomendarlos solo con ese fin en gente sana. Aquí la clave no es tanto añadir bacterias, sino alimentar a las que ya tienes. Y eso nos lleva a otro tema...

Pablo: Y justo hablando de recuperación, Carmen, eso nos lleva directamente a un tema que genera muchísimas dudas: las proteínas y, sobre todo, los suplementos.

Carmen: Totalmente, Pablo. Es un mundo lleno de mitos. La gente ve botes gigantes de polvo y piensa que son la solución mágica, pero la ciencia es más específica.

Pablo: Exacto. Empecemos por lo básico. ¿Cuánta proteína necesitamos? Siempre oigo el número de 0.8 gramos por kilo de peso, pero ¿eso aplica para un atleta?

Carmen: ¡Esa es la pregunta del millón! Mira, esos 0.8 gramos por kilo es la dosis recomendada para prevenir una deficiencia en una persona sedentaria. Es el punto de partida, no la meta para alguien activo.

Pablo: Ah, ok. Entonces, para alguien que entrena duro, ¿cuál es la meta?

Carmen: El consenso para la mayoría de los atletas está entre 1.2 y 2.0 gramos por kilo de peso corporal al día. Y aquí viene lo interesante... no es lo mismo para todos.

Pablo: ¿A qué te refieres? ¿Depende del deporte?

Carmen: ¡Exacto! Si haces entrenamiento de fuerza, para ganar músculo, apuntas a 1.6 gramos por kilo. Pero si además estás en déficit calórico para definir, necesitas más, hasta 2.2 o incluso 3.1 gramos, para proteger esa masa muscular que tanto te costó ganar.

Pablo: Wow, es una gran diferencia. ¿Y para los que corren o nadan?

Carmen: Para atletas de resistencia, las necesidades suelen ser un poco menores, entre 1.4 y 1.8 gramos por kilo. Usan más aminoácidos como combustible, especialmente si restringen los carbohidratos.

Pablo: Entendido. Ahora, hablemos de los polvos. Vas a la tienda y ves “whey”, “caseína”, “vegana”... ¿cuál es la diferencia real?

Carmen: Piénsalo así: la proteína de suero, o whey, es el velocista. Se absorbe súper rápido, así que es ideal para después de entrenar porque le da a tus músculos los ladrillos que necesitan de inmediato.

Pablo: ¿Y la caseína sería el corredor de maratón?

Carmen: ¡Justo así! La caseína es de liberación lenta. Es como un goteo constante de aminoácidos, perfecta para tomar antes de dormir y ayudar a la recuperación durante la noche.

Pablo: Tiene todo el sentido. ¿Y las opciones vegetales, como la de soya o chícharo?

Carmen: Son una excelente alternativa, pero tienen un pequeño truco. Generalmente son menos anabólicas, así que necesitas tomar un poco más o buscar mezclas que combinen distintas fuentes para tener un perfil completo de aminoácidos.

Pablo: Okay, entonces no solo importa *cuánta* proteína, sino también *cuál*. Pero... ¿importa *cuándo* la tomas? ¿Sigue viva la famosa “ventana anabólica”?

Carmen: La “ventana anabólica” no es una ventanita que se cierra a los 30 minutos, es más como una puerta de garaje que se queda abierta un buen rato, hasta 24 horas. Pero... tomarla justo después, en las primeras dos horas, sí maximiza la respuesta.

Pablo: Interesante. ¿Y cómo la distribuimos durante el día?

Carmen: Aquí está la clave. Es mejor distribuir la ingesta en varias comidas. En lugar de una cena gigante con 80 gramos de proteína, es mucho más efectivo hacer 4 comidas con 20 o 40 gramos cada una, cada 3 o 4 horas.

Pablo: ¿Eso optimiza la construcción de músculo?

Carmen: Sí, mantiene la síntesis de proteína muscular elevada de forma más constante a lo largo del día. Y un tip extra: tomar entre 30 y 40 gramos de caseína antes de dormir ha demostrado ser muy beneficioso, sobre todo para atletas máster.

Pablo: Suena muy bien, pero tengo que preguntar por el lado oscuro. ¿Son seguros estos suplementos? He oído historias de terror.

Carmen: Es un punto crucial, Pablo. La industria de los suplementos está muy poco regulada. El mayor riesgo es que el producto no contenga lo que dice la etiqueta.

Pablo: ¿Cómo que no? ¿Te refieres a que tenga menos proteína?

Carmen: Exacto, o peor. Existe una práctica fraudulenta llamada “amino spiking”, donde añaden aminoácidos baratos como la glicina para pasar las pruebas de contenido de nitrógeno y hacer parecer que tiene más proteína de la que realmente hay.

Pablo: ¡Qué estafa! ¿Y hay otros riesgos?

Carmen: Sí, contaminación con metales pesados como plomo, sobre todo en algunas proteínas vegetales, o incluso con sustancias prohibidas que pueden dar positivo en un control antidopaje. Por eso es vital buscar productos con certificaciones de terceros.

Pablo: Entendido. Calidad sobre cantidad, y siempre de fuentes confiables. Un gran resumen, Carmen.

Carmen: El mensaje final es simple: los suplementos son una herramienta, no un requisito. Si tu dieta es adecuada, probablemente no los necesites. Son convenientes, sí, pero la comida real siempre va primero. Ahora, esta idea de optimizar nutrientes nos lleva a otro campo fascinante...

Pablo: Y hablando de hábitos saludables, eso nos lleva perfectamente a nuestro último tema de hoy, uno que está por todas partes: los probióticos.

Carmen: Sí, es imposible ignorarlos. Están en yogures, suplementos, bebidas... en todo.

Pablo: Para empezar, Carmen, ¿qué es exactamente un probiótico? En términos sencillos.

Carmen: Piénsalo así: son microorganismos vivos, como bacterias buenas, que si los tomas en cantidades adecuadas, te pueden dar beneficios para la salud.

Pablo: Y la gran promesa es que mejoran la diversidad de nuestra microbiota intestinal, ¿cierto?

Carmen: Exacto. La idea es que al añadir más "soldados buenos" a tu intestino, mejoras la digestión y hasta tu sistema inmune. Pero la pregunta es... ¿realmente funciona así?

Pablo: Me encanta que preguntes eso. Porque justo encontré un meta-análisis de Éliás y su equipo que investigó esto.

Carmen: ¡Excelente! Un meta-análisis es la mejor calidad de evidencia. Y su objetivo era claro: ver si los suplementos con probióticos de verdad cambian la diversidad de la microbiota en gente sana.

Pablo: Compararon a personas que tomaron probióticos contra otras que tomaron un placebo. Muy riguroso.

Carmen: Y aquí viene lo sorprendente... No encontraron efectos estadísticamente significativos. La diversidad de bacterias no cambió de forma relevante.

Pablo: Espera, ¿quieres decir que no hubo diferencia? ¿Ni un poquito?

Carmen: Bueno, algunos índices casi llegaron a ser significativos, pero no lo lograron. Analizaron todo: el tipo de probiótico, cuánto tiempo lo tomaron... y el resultado fue el mismo.

Pablo: O sea que todo ese dinero en suplementos carísimos... ¿quizás no está haciendo lo que creemos?

Carmen: Para una persona sana, parece que no son la solución mágica para aumentar la diversidad. Ojo, no digo que no sirvan para nada, pero para *ese* objetivo específico, la evidencia es débil.

Pablo: Entonces, el gran resumen de hoy es que, si ya estás sano, los probióticos quizás no cambian tu ecosistema intestinal como promete la publicidad.

Carmen: Exactamente. El consejo de siempre sigue siendo el mejor: una dieta variada y rica en fibra es la clave para una microbiota feliz.

Pablo: Un consejo fantástico para cerrar. Carmen, como siempre, un placer tenerte aquí y aclarar estos mitos.

Carmen: El placer es mío, Pablo.

Pablo: Y a todos nuestros oyentes, gracias por acompañarnos en otro episodio de Studyfi Podcast. ¡Hasta la próxima!