Podcast sobre Victimología: Crímenes Internacionales y Abuso de Poder

Victimología: Crímenes Internacionales y Abuso de Poder

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Crímenes Internacionales: Cuando el Estado es el Criminal0:00 / 23:40
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ÁlvaroImagina que un país entero despierta de una pesadilla. Una dictadura terrible acaba de terminar. Hay silencio, pero también miles de preguntas... ¿Dónde están los desaparecidos? ¿Qué pasó realmente? En Argentina, en 1983, esa fue la realidad. Y la respuesta comenzó con un informe que sacudió al mundo: el "Nunca Más".
PaulaExacto. Ese informe no era solo una lista de horrores. Fue la prueba de que a veces, los peores crímenes no los comete un ladrón en una calle oscura, sino el propio Estado. Y es que esos delitos son tan grandes, tan masivos, que rompen las fronteras de un solo país.
Capítulos

Crímenes Internacionales: Cuando el Estado es el Criminal

Délka: 23 minut

Kapitoly

La herida de un país

Definiendo lo indefendible

Los cuatro grandes crímenes

¿Quién juzga estos crímenes?

Sanando heridas: Justicia Transicional

El caso de la CONADEP

¿Qué son exactamente?

Las reglas del juego internacionales

La responsabilidad del futuro profesional

Instituciones Totales

Riesgos y Deshumanización

El Abuso de Poder y la Ley

Hacia la Prevención

¿Qué es un Delito de Cuello Blanco?

¿Por Qué es Tan Difícil de Ver?

El Dilema del Mal Necesario

¿Hay Solución? Niveles de Prevención

Resumen y Despedida

Přepis

Álvaro: Imagina que un país entero despierta de una pesadilla. Una dictadura terrible acaba de terminar. Hay silencio, pero también miles de preguntas... ¿Dónde están los desaparecidos? ¿Qué pasó realmente? En Argentina, en 1983, esa fue la realidad. Y la respuesta comenzó con un informe que sacudió al mundo: el "Nunca Más".

Paula: Exacto. Ese informe no era solo una lista de horrores. Fue la prueba de que a veces, los peores crímenes no los comete un ladrón en una calle oscura, sino el propio Estado. Y es que esos delitos son tan grandes, tan masivos, que rompen las fronteras de un solo país.

Álvaro: Y ahí es donde todo se conecta. Estás escuchando Studyfi Podcast, donde desglosamos los temas complejos que necesitas para tus exámenes.

Paula: Hoy hablamos de crímenes internacionales. Suena a película de espías, pero es un tema clave del derecho y la historia.

Álvaro: Entonces, Paula, ¿qué hace que un crimen sea "internacional"? No es simplemente un delito que ocurre en otro país, ¿verdad?

Paula: Para nada. La clave es que afectan a la humanidad en su totalidad. Piénsalo así: son ataques tan graves a los derechos más básicos que la comunidad internacional entera se siente agredida. Por eso se necesita la cooperación de varios países para perseguirlos.

Álvaro: Entiendo. Y mencionaste que a menudo son cometidos por el propio gobierno a cargo. Eso debe hacer que sea increíblemente difícil denunciarlos o investigarlos.

Paula: Exactamente. Esa es la tragedia. Generalmente, estos crímenes solo salen a la luz y pueden ser juzgados cuando el régimen que los cometió ya ha caído. Por eso el informe "Nunca Más" fue tan revolucionario en su momento.

Álvaro: El Estatuto de la Corte Penal Internacional, que es como el gran manual de esto, menciona cuatro tipos principales, ¿cierto?

Paula: Así es. Vamos uno por uno. Primero, el Genocidio. Suena fuerte, y lo es. Es cualquier acto con la intención de destruir, total o parcialmente, a un grupo nacional, étnico, racial o religioso.

Álvaro: El ejemplo más tristemente famoso es el Holocausto, el exterminio del pueblo judío por el régimen nazi.

Paula: Exacto. No se trata solo de matar. También incluye causarles daños graves, impedir nacimientos o incluso trasladar forzosamente a los niños del grupo. El objetivo es borrar a ese grupo del mapa.

Álvaro: Ok, ese es el primero. ¿Cuál sigue?

Paula: El segundo: Crímenes de lesa humanidad o contra la humanidad. Aquí la clave es que son parte de un ataque generalizado y sistemático contra la población civil. No son actos aislados.

Álvaro: ¿Qué tipo de actos? Dame ejemplos.

Paula: Asesinato, exterminio, esclavitud, tortura, desaparición forzada... La lista es larga y terrible. Los crímenes de la dictadura militar argentina, documentados en el "Nunca Más", entran perfectamente en esta categoría. Era un plan sistemático del Estado.

Álvaro: Entendido. Llevamos dos. Faltan dos más.

Paula: El tercero son los Crímenes de guerra. Estos están directamente relacionados con las reglas de un conflicto armado, como las que establecen los Convenios de Ginebra. Básicamente, son las cosas que NUNCA se pueden hacer, ni siquiera en una guerra.

Álvaro: ¿Cómo qué? ¿Atacar a civiles?

Paula: Atacar a civiles, sí. También torturar prisioneros de guerra, realizar experimentos con ellos, usar armas prohibidas... Son infracciones graves a las leyes de la guerra, diseñadas para mantener un mínimo de humanidad en medio del horror.

Álvaro: Me parece irónico hablar de "leyes de la guerra", pero entiendo el punto. Es como decir "reglas para pelear a almohadazos".

Paula: ¡Exacto! Pero son increíblemente necesarias. Y el cuarto y último es el Crimen de agresión. Este es un poco distinto.

Álvaro: ¿En qué sentido?

Paula: Se enfoca en los líderes. Es el crimen que comete la persona que planifica, prepara o inicia una guerra de agresión. Es decir, usar la fuerza armada contra la soberanía de otro Estado sin justificación legal, violando la Carta de las Naciones Unidas.

Álvaro: O sea, no se juzga al soldado que dispara, sino al político o general que dio la orden de invadir. Es el crimen de empezar la guerra en primer lugar.

Paula: Has dado en el clavo. De hecho, fue tan polémico definirlo que se tardaron años en agregarlo formalmente al estatuto.

Álvaro: Bien, hemos definido estos crímenes terribles. Pero esto me lleva a la pregunta del millón: ¿quién los juzga? Si el propio Estado es el criminal, no se va a juzgar a sí mismo.

Paula: Gran pregunta, Álvaro. Aquí entran en juego dos mecanismos principales. El primero es un principio con un nombre muy potente: la "jurisdicción universal".

Álvaro: Suena a que un juez puede juzgar a cualquiera en cualquier parte del universo.

Paula: ¡Casi! Significa que hay crímenes tan graves —como los que mencionamos— que cualquier Estado puede juzgarlos, sin importar dónde se cometieron o la nacionalidad de las víctimas o los verdugos.

Álvaro: ¿De verdad? ¿Cualquier país?

Paula: En teoría, sí. Un caso famoso fue cuando España intentó usar este principio para extraditar y juzgar al dictador chileno Pinochet por crímenes contra ciudadanos españoles durante su régimen. Es una herramienta victimológica muy poderosa para evitar la impunidad.

Álvaro: Ok, esa es una vía. ¿Y la otra?

Paula: La otra es la Corte Penal Internacional, o CPI. Es un tribunal permanente, creado en 2002, para juzgar precisamente estos cuatro crímenes que vimos. Es un paso histórico en la justicia global.

Álvaro: Pero, ¿la CPI reemplaza a los tribunales de cada país?

Paula: No, es complementaria. Actúa como una red de seguridad. Solo interviene si el país donde se cometió el crimen no puede o, más importante, no quiere juzgarlo de verdad. Es el último recurso para que los responsables no se salgan con la suya.

Álvaro: Hablando de no salirse con la suya... volvamos al caso del informe "Nunca Más". Ese informe no fue un juicio en sí, pero fue fundamental, ¿no?

Paula: Fundamental es poco. Fue un pilar de lo que llamamos "justicia transicional". Este es un concepto clave para tu examen.

Álvaro: ¿Justicia transicional? Suena a algo temporal.

Paula: Lo es, en cierto modo. Son los mecanismos que usa una sociedad para pasar de un período de conflicto o dictadura a la paz y la democracia. El objetivo no es solo castigar, sino también conocer la verdad, reparar a las víctimas y asegurar que no vuelva a pasar.

Álvaro: Y ahí entran las "Comisiones de la Verdad", como la que elaboró el informe en Argentina.

Paula: Exactamente. Estas comisiones investigan, documentan y, sobre todo, dan voz a las víctimas. Sacan a la luz lo que ocurrió, que había estado oculto en el silencio y el miedo. Su impacto es inmenso para sanar las heridas de una sociedad.

Álvaro: Entonces, para recapitular: los crímenes internacionales son actos atroces a gran escala, a menudo estatales, que ofenden a toda la humanidad. Y para combatirlos, tenemos la jurisdicción universal, la Corte Penal Internacional y los procesos de justicia transicional.

Paula: Lo has resumido perfectamente. Es la forma en que el mundo intenta decir "Nunca Más" y que esa promesa, esta vez, se cumpla.

Álvaro: Un tema denso, pero súper importante. Ahora, cambiemos de registro y hablemos de otro tipo de abuso de poder, uno que no siempre deja cicatrices visibles pero que puede afectar a millones: los delitos económicos.

Álvaro: Paula, justo antes hablábamos de estas comisiones que buscan sanar heridas históricas. Pero, ¿cuál es su objetivo final? ¿Solo escribir un informe?

Paula: No, para nada. Es mucho más que eso. Estas comisiones de la verdad se orientan a cuatro pilares clave: asegurar la verdad, la justicia, la reparación y, muy importante, las garantías de no repetición.

Álvaro: O sea, el famoso “Nunca más” que hemos escuchado, sobre todo en Latinoamérica.

Paula: Exacto. Ese lema resume perfectamente la idea. La experiencia latinoamericana es fundamental aquí. En estas comisiones, las víctimas deben tener un papel central, no ser meros espectadores.

Álvaro: ¿Puedes darnos un ejemplo concreto? ¿Cómo funcionó en Argentina?

Paula: Claro. Pensemos en la CONADEP, la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas. Su trabajo fue crucial. Crearon un espacio para que familiares y sobrevivientes dieran sus testimonios.

Álvaro: Le dieron voz a quienes habían sido silenciados.

Paula: Precisamente. Esto permitió reconstruir lo que había ocurrido. Y aquí viene lo más importante: ese informe no se quedó en una estantería. Se usó como prueba fundamental en el juicio a los responsables de la dictadura.

Álvaro: Wow, entonces no es solo un acto simbólico, tiene consecuencias legales reales.

Paula: Totalmente. Demuestra que la memoria puede convertirse en justicia.

Álvaro: Entonces, para que quede claro, ¿qué son estas comisiones? ¿Son como un tribunal?

Paula: Buena pregunta. No son judiciales. Son organismos oficiales, pero temporales. Su única misión es investigar los crímenes de un período específico para entender qué pasó y por qué.

Álvaro: Y al final, entregan un informe con conclusiones, ¿no?

Paula: Sí, y con recomendaciones para el futuro. Pero desde el punto de vista de las víctimas, su mayor poder es el reconocimiento público de su sufrimiento. Imagina lo que significa para una familia saber por fin qué le ocurrió a un ser querido.

Álvaro: Ayuda a cerrar heridas y a que la sociedad entienda la magnitud de la tragedia para no repetirla.

Paula: Exacto, reconstruye la memoria colectiva sobre bases sólidas.

Álvaro: Supongo que para algo tan delicado debe haber reglas internacionales, ¿o cada país hace lo que quiere?

Paula: ¡Claro que las hay! Y es súper importante. La Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó en 2005 una resolución clave sobre esto.

Álvaro: ¿Cuál es?

Paula: Prepárate para el título... “Principios y directrices sobre el derecho de las víctimas de violaciones manifiestas de las normas internacionales de los derechos humanos y de violaciones graves del Derecho Internacional Humanitario a interponer recursos y obtener reparaciones”.

Álvaro: ¡Casi me quedo sin aire solo de escucharlo! ¿Y qué dice en versión corta?

Paula: Básicamente, es un manual de instrucciones. Define quién es considerado una víctima, qué derechos tiene y cómo se debe garantizar la reparación del daño. Establece un estándar de trato digno y respetuoso.

Álvaro: Ok, todo esto habla de grandes procesos históricos, pero ¿cómo nos afecta hoy? ¿Hay contextos actuales que nos hagan más vulnerables?

Paula: Por supuesto. Y aquí es donde los futuros profesionales, como nuestros oyentes, tienen una responsabilidad enorme. Ciertos contextos, como instituciones cerradas o situaciones de dependencia, aumentan la vulnerabilidad a la victimización.

Álvaro: ¿Qué quieres decir?

Paula: La falta de control sobre tu propia vida, la pasividad forzada, la pérdida de vínculos... todo eso te hace más propenso a sufrir abusos. Es crucial estar alerta.

Álvaro: Entonces, la lección es que debemos aprender a detectar estas señales de riesgo para intervenir a tiempo.

Paula: ¡Exacto! Se trata de una alerta temprana y de la intervención preventiva. La victimología no solo mira al pasado, nos da herramientas para proteger el futuro.

Álvaro: Muy potente. Y esto nos lleva a pensar en los diferentes tipos de victimización que existen, que no siempre son tan evidentes...

Álvaro: Y justo hablando de desequilibrios de poder... eso me hace pensar, ¿qué pasa cuando el abuso no viene de una persona, sino de toda una institución?

Paula: Exacto, Álvaro. Has dado en el clavo. Porque ese es un nivel de abuso completamente diferente y mucho más complejo. Nos lleva a un concepto clave en sociología.

Álvaro: ¿Un concepto clave? A ver, ilumíname.

Paula: Se llaman “instituciones totales”. El término es del sociólogo Erving Goffman, y se refiere a lugares donde se concentran todas las necesidades de una persona en una sola organización.

Álvaro: ¿Cómo que... todas las necesidades? ¿Comer, dormir, trabajar, todo en el mismo sitio?

Paula: Precisamente. Piensa en una prisión, un hospital psiquiátrico, un cuartel militar o incluso un convento muy estricto. Son mundos aparte, con sus propias reglas.

Álvaro: Ya veo... Suena intenso. ¿Y qué las define exactamente?

Paula: Goffman identificó varias características. La primera es la ruptura de fronteras. Tu vida de trabajo, ocio y descanso, que normalmente están separadas, aquí se fusionan en un solo lugar y bajo la misma autoridad.

Álvaro: Entiendo. O sea, no hay escapatoria. No puedes simplemente “irte a casa” después del trabajo.

Paula: Para nada. Luego está la homogeneización. Todos hacen lo mismo, de la misma manera, casi como si fueran una sola unidad. Y todo esto está súper planificado.

Álvaro: ¿Planificado?

Paula: Sí, tu día entero está programado. Una actividad te lleva a la siguiente, todo diseñado para cumplir los objetivos de la institución, no necesariamente los tuyos. Y claro, todo esto se sostiene con una jerarquía muy estricta.

Álvaro: Con esa descripción, me imagino que el potencial para el abuso es... enorme.

Paula: Es altísimo. Por sus características, estas instituciones son un caldo de cultivo para el abuso de poder. La comunicación puede volverse violenta, coercitiva o basada en el miedo.

Álvaro: Claro, si no tienes a dónde ir, ¿cómo te defiendes? Da miedo solo pensarlo.

Paula: Exacto. Hay varios factores de riesgo. Uno de los más importantes es la desindividualización. La organización se vuelve más importante que las personas.

Álvaro: Te conviertes en un número, en una pieza más del engranaje.

Paula: Justo así. Se pierden los elementos que te hacen único. Esto puede llevar a la deshumanización. Y en ese ambiente, las relaciones de poder se vuelven muy abusivas.

Álvaro: Y no solo entre el personal y los internos, ¿verdad?

Paula: Buena observación. La violencia se replica. Entre trabajadores, entre los propios internos... es un sistema que se retroalimenta. Además, la victimización suele estar oculta. La gente tiene demasiado miedo a denunciar.

Álvaro: Porque las represalias pueden ser terribles. Y no tienes una red de apoyo externa a la que acudir fácilmente.

Paula: Es un círculo vicioso. Y los individuos desarrollan estrategias de adaptación, como crear subculturas o aislarse, solo para sobrevivir a la opresión y al control constante.

Álvaro: Esto me recuerda al caso de George Floyd. Ahí vimos el abuso de poder del Estado en su máxima expresión.

Paula: Es un ejemplo perfecto y trágico. La agresión viene de un policía, alguien que representa el poder estatal. Eso cambia todo. ¿Te opondrías a un oficial de la misma forma que a cualquier otra persona?

Álvaro: Ni de broma. El desequilibrio de poder es abismal. ¿Y cómo se define legalmente este “abuso de poder”?

Paula: Aquí se pone interesante. Las definiciones no son únicas. La ONU lo define como acciones que, aunque no sean delitos penales nacionales, violan derechos humanos reconocidos internacionalmente.

Álvaro: O sea, cosas como la intimidación, las represalias, o negar protección a una víctima...

Paula: Exacto. Sin embargo, en criminología, el término se aplica a cualquier delito relacionado con el abuso de la función pública. Y lo más preocupante es que, aunque estos delitos sí suelen estar tipificados, la “cifra negra” es altísima.

Álvaro: La cifra negra... te refieres a todos los casos que nunca se denuncian.

Paula: Justamente. Es la punta del iceberg. Los malos tratos y la tortura por parte de figuras de autoridad son mucho más comunes de lo que las estadísticas oficiales muestran, incluso en democracias.

Álvaro: Entonces, ¿tener leyes contra la tortura no es suficiente?

Paula: Es un primer paso fundamental, claro. La Convención contra la Tortura de la ONU de 1984 es la guía. Pero las leyes penales suelen llegar tarde, cuando el daño ya está hecho.

Álvaro: Siempre reactivas, nunca proactivas. Qué sorpresa.

Paula: Totalmente. Por eso el valor real está en la prevención. Hay que tomar medidas para que el abuso ni siquiera ocurra.

Álvaro: ¿Y qué tipo de medidas funcionan? ¿Más cámaras en las salas de interrogatorio?

Paula: Eso ayuda. Regular los interrogatorios y traslados, por ejemplo, recomendando su filmación. Pero hay más. Es crucial quitarle la utilidad a la tortura. ¿Cómo? Prohibiendo que cualquier información obtenida bajo coacción sea usada como prueba.

Álvaro: ¡Claro! Si no sirve para nada, pierde su propósito. Eso es inteligente.

Paula: También es vital la formación de los funcionarios. Y establecer sistemas de control independientes, como visitas sorpresa a centros de detención, sin previo aviso.

Álvaro: Para que no tengan tiempo de “arreglar” las cosas antes de que llegue la inspección.

Paula: Exactamente. Se trata de crear un sistema de obligaciones y controles que hagan que el abuso de poder sea mucho más difícil y costoso de ejercer. La vigilancia constante es necesaria.

Álvaro: Es un tema enorme y complejo. Y me deja pensando en las víctimas... una vez que salen de estas instituciones, ¿cómo siguen adelante?

Paula: Esa es la siguiente gran pregunta, Álvaro. Porque el proceso de desvictimización, de dejar atrás esas heridas, es un camino increíblemente difícil y lleno de obstáculos.

Álvaro: Y con eso cerramos el tema anterior. Pero, Paula, hay otro tipo de delito que no siempre sale en las noticias con sirenas y persecuciones. Hablemos de la delincuencia de cuello blanco.

Paula: Exacto, Álvaro. Es un tema fascinante y muy relevante. Dejamos atrás la violencia callejera para entrar en las oficinas y las salas de juntas.

Álvaro: Me imagino que la expresión “cuello blanco” ya nos da una pista, ¿no? No estamos hablando de alguien que roba una cartera en la calle.

Paula: Para nada. El término lo acuñó un sociólogo llamado Edwin Sutherland, allá por 1939, en plena Gran Depresión. Se dio cuenta de que había delitos que no encajaban en el molde tradicional.

Álvaro: ¿Y cuál era ese nuevo molde?

Paula: Sutherland identificó tres características clave. Primero, los cometen personas de un alto nivel económico. Segundo, son personas con una gran respetabilidad social, o sea, gente que nadie sospecharía.

Álvaro: El vecino perfecto que resulta ser un estafador de primera.

Paula: Justamente. Y la tercera, y más importante, es que cometen el delito en el contexto de su actividad profesional. Usan su poder, su confianza y su conocimiento para delinquir.

Álvaro: Suena a que son delitos difíciles de detectar. No hay una escena del crimen obvia.

Paula: Exacto. Hay varios factores que los hacen casi invisibles. Uno de los principales es lo que llamamos “victimización difusa”.

Álvaro: ¿Difusa? ¿Qué significa eso?

Paula: Piensa en una fábrica que soborna a un funcionario para saltarse los controles ambientales. Contamina el aire y el agua de toda una región. ¿Quién es la víctima?

Álvaro: Pues... ¿todos los que viven ahí? Incluso las generaciones futuras. Es imposible señalar a una sola persona.

Paula: Eso es la victimización difusa. El daño se reparte entre miles de personas que a menudo ni siquiera se dan cuenta de que han sido victimizadas. Es un daño social, generalizado.

Álvaro: Claro, y si no sabes que eres una víctima, no denuncias. Eso me lleva a la “victimización oculta”, ¿verdad?

Paula: Totalmente. O no saben que son víctimas, o a veces no quieren hacerlo público por vergüenza o por sentir que es inútil. Hay una sensación de impotencia muy grande. Se normaliza.

Álvaro: Hay otro punto que me parece muy complicado: la ambivalencia de sus efectos. ¿A qué se refiere eso?

Paula: Este es el nudo del problema. Imagina una empresa que es la más grande de un pueblo. Da trabajo a cientos de familias y mueve la economía local.

Álvaro: El motor del pueblo, básicamente.

Paula: Correcto. Pero, ¿qué pasa si descubrimos que los dueños consiguieron el contrato más importante con el gobierno a través de sobornos? Si se suspende el contrato, la empresa quiebra.

Álvaro: Y 300 familias se van a la calle. Es un dilema terrible. El delito es claro, pero el “remedio” parece peor.

Paula: Esa es la ambivalencia. Coexisten actividades legales, como dar empleo, con otras ilegales. Y eso distorsiona todo el sistema y hace que la gente, incluso los propios empleados, mire para otro lado.

Álvaro: Entiendo. Y por eso la organización ciudadana contra estos delitos es tan escasa. No es como unirse para pedir más seguridad en el barrio. Es mucho más complejo.

Paula: Muchísimo más. Las víctimas de otros delitos se organizan, reclaman, pero aquí es raro verlo. Organizaciones como Transparencia Internacional hacen un trabajo clave al medir la percepción de la corrupción, pero falta esa movilización desde abajo.

Álvaro: Entonces, ante este panorama tan complejo, ¿qué podemos hacer? ¿Estamos condenados a convivir con la corrupción y el abuso de poder?

Paula: No, claro que no. La prevención es posible, pero debe ser a varios niveles. Pensemos en prevención primaria y secundaria, que van de la mano.

Álvaro: ¿Qué implicarían?

Paula: Por un lado, generar conciencia social. Que entendamos que la corrupción nos afecta a todos en el bolsillo y en la calidad de vida. Y por otro, dotar de recursos reales a los organismos de control.

Álvaro: O sea, que no sean un adorno. Que tengan dientes para morder.

Paula: ¡Exacto! Fiscales especializados, cooperación internacional, transparencia... se trata de cambiar la cultura, desde las escuelas de negocios hasta la administración pública.

Álvaro: ¿Y la prevención terciaria? ¿Qué pasa cuando el daño ya está hecho?

Paula: Ahí el foco está en las víctimas. Primero, reconocer que la victimización en estos delitos suele ser, en términos de dinero y daño social, mucho mayor que la de los delitos comunes.

Álvaro: Aunque no sea tan violenta o visible.

Paula: Correcto. Se necesita asegurar la reparación del daño y dar un trato digno a las víctimas, mejorar su acceso a la justicia e incluso usar herramientas como la justicia restaurativa. Hay que darles voz.

Álvaro: Perfecto. Entonces, para recapitular nuestro último tema de hoy: la delincuencia de cuello blanco es cometida por personas respetables y poderosas en su ámbito profesional. No es fácil de ver por la victimización difusa, la ambivalencia de sus efectos y la complejidad para perseguirla.

Paula: Así es. Y la prevención no pasa solo por más leyes, sino por un cambio cultural profundo, más transparencia y un apoyo real a las víctimas para que dejen de ser invisibles.

Álvaro: Un desafío enorme, sin duda. Bueno, Paula, hemos cubierto muchísimo terreno hoy. Como siempre, un placer tenerte aquí para aclarar estos temas tan importantes.

Paula: El placer es mío, Álvaro. Gracias por la invitación.

Álvaro: Y a todos ustedes que nos escuchan en Studyfi Podcast, gracias por acompañarnos una vez más. Esperamos que les haya sido útil. ¡Hasta la próxima!