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Podcast sobre Psicología Institucional y Memoria Histórica

Psicología Institucional y Memoria Histórica: Análisis Completo

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Instituciones: Más Allá de las Aulas0:00 / 24:55
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MateoImagina esto. Es el primer día en una escuela, pero no eres un estudiante. Eres un investigador, y tu misión es entender qué hace que ese lugar... funcione. No las materias o los horarios, sino el alma de la institución.
MateoEstás escuchando Studyfi Podcast. Hoy vamos a desentrañar un tema que parece simple pero es fascinante: las instituciones educativas. Y para guiarnos, está con nosotros nuestra experta, Marta.
Capítulos

Instituciones: Más Allá de las Aulas

Délka: 24 minut

Kapitoly

Una mirada diferente

El investigador y la institución

La historia oficial y la extraoficial

El detective de la memoria

Construyendo nuestra identidad

Sanar el pasado para transformar el futuro

La memoria perdida

El síntoma de la desaparición

El Detective de la Memoria

El Caso de las Desapariciones

¿Por Qué se Detuvo?

Instituciones como Reservorios de Memoria

El Trabajo de Recordar

La Carga de la Nostalgia

¿Para Qué Sirve Todo Esto?

Rescatando la memoria colectiva

Historias oficiales frente a susurros

El peligro de olvidar

Reconstruir para sanar

El Espejo del Analista

Maquetas de la Infancia

La Memoria Escrita en la Piel

El mapa del tesoro

Autores que no te puedes perder

Resumen y despedida

Přepis

Mateo: Imagina esto. Es el primer día en una escuela, pero no eres un estudiante. Eres un investigador, y tu misión es entender qué hace que ese lugar... funcione. No las materias o los horarios, sino el alma de la institución.

Mateo: Estás escuchando Studyfi Podcast. Hoy vamos a desentrañar un tema que parece simple pero es fascinante: las instituciones educativas. Y para guiarnos, está con nosotros nuestra experta, Marta.

Marta: ¡Hola, Mateo! Es un placer. Porque, como bien dices, una escuela es mucho más que un edificio con aulas. Es un organismo vivo.

Mateo: Y según el texto de Ida Butelman, para entenderlo no basta con observar desde afuera, ¿verdad?

Marta: Para nada. Butelman propone que investigar una institución es un proceso complejo, atravesado por deseos, lógica y, claro, conocimiento científico. Es una relación.

Mateo: ¿Una relación? ¿Como si la escuela y el investigador tuvieran una cita?

Marta: ¡Algo así! Se crea una dinámica. De hecho, ella habla de que se tejen dos tramas al mismo tiempo.

Mateo: Suena interesante. ¿Cuáles son esas dos tramas?

Marta: Primero, la trama de la propia escuela, su historia, sus reglas no escritas. Y segundo, la trama del investigador, que se va construyendo con su propia subjetividad, con su mirada.

Mateo: O sea que el resultado no es un reporte frío, sino el cruce de dos historias.

Marta: ¡Exactamente! Es un enfoque mucho más humano y completo. Reconoce que quien investiga también forma parte de la historia que está contando.

Mateo: Fascinante. Esto cambia totalmente la perspectiva. Ahora, ¿cómo afecta esta relación a los resultados que se obtienen?

Mateo: Y justo ahí, al hablar de los valores, nos metemos de lleno en la historia, ¿no? Porque no surgen de la nada.

Marta: Exacto, Mateo. Y eso nos lleva a un punto clave: la memoria institucional. No es solo un archivo polvoriento, es algo vivo que define el presente.

Mateo: ¿Memoria institucional? Suena como el disco duro de una organización.

Marta: ¡Es una buena analogía! Pero es un disco duro con dos carpetas. Una es la historia oficial, la que lees en los documentos fundacionales, los reglamentos, las actas...

Mateo: Ya veo, la versión pulida y aprobada para todos.

Marta: Justo. Pero luego está la otra carpeta, la de los testimonios orales. Las historias que la gente se cuenta en los pasillos, los chismes, las anécdotas...

Mateo: La historia no oficial. La que tiene todo el jugo, supongo.

Marta: Ahí está el verdadero tesoro. Porque en esos relatos cotidianos descubres los valores reales, las políticas no escritas y las tensiones que mueven la organización.

Mateo: Entonces, el trabajo del psicólogo institucional es un poco como ser un detective, ¿no? Buscando pistas en el pasado.

Marta: Totalmente. Y como todo buen detective, usamos dos herramientas. Por un lado, el método histórico tradicional: analizamos los documentos, las pruebas escritas.

Mateo: La parte aburrida, los papeles.

Marta: Puede ser, pero es necesaria. Pero la segunda herramienta es la historia oral. Nos sentamos a escuchar a las personas. A los fundadores, a los que llevan años ahí...

Mateo: Y ahí es donde sale a la luz lo que ningún papel te va a contar, ¿cierto?

Marta: Exacto. Salen los vínculos afectivos, las luchas de poder, los sueños que se quedaron por el camino. Se revela una historia mucho más humana y, a menudo, más real.

Mateo: Pero, ¿para qué sirve todo este trabajo de excavación histórica? ¿No es mejor mirar hacia adelante?

Marta: Aquí está la clave: para saber a dónde vas, necesitas saber de dónde vienes. La historización, este proceso de reconstruir el pasado, es fundamental para la identidad colectiva.

Mateo: Entiendo. Es como en una familia, recordar las historias del abuelo te ayuda a entender por qué sois como sois.

Marta: ¡Precisamente! Al reconstruir su historia, los miembros de la organización se reconocen en ella. Entienden su rol, su poder o su impotencia, y por qué las cosas son como son hoy.

Mateo: Hablas de poder e impotencia, suena a que recordar también puede ser doloroso.

Marta: Lo es. Las instituciones son como continentes de nuestra memoria, y a veces olvidan cosas a propósito. Nuestro trabajo es ayudar a que esos recuerdos reprimidos salgan a la luz.

Mateo: ¿Para qué? ¿Para remover viejas heridas?

Marta: Para sanarlas. Freud decía algo genial: "Lo que has heredado de tus padres, para poseerlo tienes que ganarlo". No basta con heredar una tradición; hay que apropiarse de ella activamente para poder transformarla.

Mateo: Me gusta eso. No ser un receptor pasivo de la historia, sino un actor crítico.

Marta: Justo. Pensemos en un caso real y muy fuerte: un colegio secundario construido junto a un antiguo centro de detención clandestino. Los alumnos y profesores sentían una culpa social que no era suya.

Mateo: Qué situación tan terrible...

Marta: Si no se habla de esa historia, el trauma se convierte en un síntoma. En este caso, el edificio antiguo seguía vacío, como un fantasma. Hablar, recordar y diferenciar sus historias personales de la tragedia social era el único camino para sanar.

Mateo: Wow. Queda clarísimo que entender la memoria de una institución no es solo un ejercicio académico, es una necesidad vital. Y hablando de entender...

Mateo: Y hablando de cómo registramos el pasado, a veces las fuentes escritas no lo son todo, ¿verdad? A veces se pierden o simplemente no existen.

Marta: Exacto, Mateo. Y a veces esa pérdida es muy, pero muy reveladora. De hecho, me pasó algo que ilustra perfectamente el poder de lo que llamamos 'historia oral'.

Mateo: ¿Historia oral? Suena a... ¿chismes históricos?

Marta: No exactamente, aunque sí se basa en testimonios. Es un método para reconstruir el pasado a través de relatos hablados, sobre todo cuando los registros escritos se perdieron.

Mateo: Como tus notas de este caso, por lo que veo.

Marta: Precisamente. Y esta historia es sobre eso. Sobre el olvido y la memoria. Hace años, al volver la democracia a Argentina, nos llamó el director de una escuela técnica.

Mateo: ¿Cuál era el problema? ¿Malas notas de los alumnos?

Marta: Peor. Estaban desapareciendo cosas del laboratorio. Probetas... y sustancias tóxicas, como el mercurio.

Mateo: ¡Wow! Eso es bastante serio. Suena a una broma adolescente que salió muy mal.

Marta: Eso pensamos. El director nos mostró la escuela. Estaban ampliándola, usando un viejo edificio que antes había pertenecido a la policía.

Mateo: Ah, la trama se complica...

Marta: Y aquí es donde todo cobra un sentido terrible. Dentro de ese edificio en obras, había una habitación central que no estaban tocando.

Mateo: ¿Y eso por qué?

Marta: Nos dijeron que había sido un centro de detención clandestino. Un 'chupadero'. Era como una cámara frigorífica, sin luz ni ventilación.

Mateo: Qué espanto... tener una escuela justo al lado de un lugar así.

Marta: Exacto. Ahí conectamos todo. La 'desaparición' de las probetas era un síntoma. Era un eco de la historia terrorífica del lugar.

Mateo: Claro... Los adolescentes, quizás sin ser conscientes, estaban repitiendo el trauma de la 'desaparición' en su propio entorno.

Marta: Era un juego macabro. Un intento fallido de procesar algo horrible. Lo tóxico no era solo el mercurio, sino la propia historia del edificio.

Mateo: ¿Y qué pasó con la consulta?

Marta: Se interrumpió de repente, sin explicación. Y, como te dije, nuestras notas escritas del caso... también desaparecieron. Tuvimos que reconstruirlo todo oralmente.

Mateo: Increíble. La historia se repite hasta en los detalles más pequeños. Es un recordatorio muy potente de cómo el pasado sigue presente.

Marta: Así es. Y nos muestra que a veces, las historias más importantes no están en los libros, sino en las memorias que luchan por ser contadas. Hablando de historias que marcan, pasemos a analizar cómo los traumas sociales pueden afectar directamente la educación.

Mateo: Entonces, al escuchar al director de esa escuela, estaban actuando como... ¿una especie de testigos?

Marta: Exacto. Pero no testigos directos. Piensa en nosotros como "testigos de segundo orden". ¿Sabes a qué me refiero?

Mateo: Hmm, como que escuchas el testimonio de otra persona. No estuviste ahí, pero ayudas a registrar la historia.

Marta: Justamente. Como un psicoanalista que ayuda a conectar las piezas del pasado de una persona. Nosotros hacemos eso, pero para una institución entera.

Mateo: Wow, un terapeuta para escuelas.

Marta: Algo así. La idea es ponerle palabras a todo, conectar las huellas del pasado con los problemas del presente.

Mateo: Y en este caso, ¿cuál era esa conexión?

Marta: Bueno, el problema era la "desaparición" de sustancias tóxicas en la escuela. Pero el director nos contaba historias de la época represiva del país...

Mateo: La época de la desaparición de personas. Ya veo la conexión... es escalofriante.

Marta: Mucho. El trauma social del país se estaba repitiendo como un síntoma doloroso en la escuela. Lo que no se habla, se actúa. Y en este caso, lo que desaparecía eran químicos, no personas.

Mateo: Entonces, el silencio era el verdadero problema.

Marta: El silencio y el miedo a recordar. Nuestra función era ser ese espacio seguro, ese garante para que pudieran empezar a hablar y a oírse, incluso las historias más dolorosas.

Mateo: Pero dices que la consulta no continuó. Se... desapareció, igual que el problema inicial.

Marta: Irónico, ¿verdad? Y creemos que fue por varias razones. Primero, el miedo. Hablar de desapariciones era... y es, muy difícil. Pero también por nuestra propia implicación.

Mateo: ¿Cómo que su implicación?

Marta: Como equipo, también éramos parte de esa historia social reciente. Quizás nosotros mismos reprodujimos ese silencio al no insistir más. Es algo complejo. El punto clave es que para sanar, para superar ese trauma, hay que relatar los hechos en colectivo.

Mateo: Rescatar la memoria para no repetir la historia. Suena a que de eso se trata el siguiente punto, ¿no?

Mateo: Y justo eso que mencionas sobre cómo recordamos las cosas me deja pensando... ¿cómo funciona la memoria no solo en una persona, sino en un grupo entero? Como en una escuela o una empresa.

Marta: Esa es exactamente la puerta de entrada a nuestro siguiente tema, Mateo. Pasamos de lo individual a lo colectivo, a lo que llamamos psicología institucional.

Mateo: Psicología institucional. Suena... grande. ¿Por dónde empezamos?

Marta: Es más sencillo de lo que parece. Piénsalo así: cada institución, ya sea un club de fútbol, un hospital o tu propio instituto, es como un gran cofre de recuerdos.

Mateo: ¿Un cofre? Me gusta la analogía.

Marta: Exacto. No es un cofre con oro, sino con algo mucho más valioso: los recuerdos individuales de todas las personas que han pasado por ahí. Juntos, esos recuerdos forman una trama, una memoria institucional.

Mateo: O sea que la historia de mi instituto no está solo en los libros de actas, sino en las anécdotas de los profes, de los alumnos, de los que limpiaban las aulas...

Marta: ¡Precisamente! Y nuestro trabajo como psicólogos institucionales es rastrear esa memoria. Es como ser detectives del pasado para entender el presente de la organización.

Mateo: ¿Y cómo se hace eso? ¿Vas con una libreta y preguntas “oiga, ¿se acuerda de algo interesante?”?

Marta: Es un poco más metódico que eso, pero la idea va por ahí. Usamos algo llamado "historia oral colectiva". Básicamente, recolectamos esos recuerdos individuales a través de entrevistas.

Mateo: Y me imagino que no todos recuerdan lo mismo.

Marta: Para nada. Y ahí está la magia. En los grupos, los recuerdos se confrontan, se corrigen, se amplían... Alguien dice “yo recuerdo que el patio era azul” y otro salta “¡no, era verde! Se pintó de azul después del incendio del 98”.

Mateo: Y de repente, tienes una historia mucho más rica y compleja. Entiendo.

Marta: Justo. Por eso decimos que el trabajo de los psicólogos institucionales se parece mucho al de los historiadores orales. Ambos hacemos lo que llamamos “el trabajo del recordar”.

Mateo: El trabajo de recordar... suena a que no es fácil.

Marta: No lo es. Requiere remover obstáculos, no solo de memoria, sino también afectivos. Hay una palabra clave aquí: nostalgia.

Mateo: ¿Nostalgia? Siempre pensé que era algo bonito, como recordar tu infancia.

Marta: Tiene esa cara, sí. Pero la palabra viene del griego *nostos*, que es regreso, y *algos*, que es dolor. Es el dolor por el regreso a un pasado que ya no existe.

Mateo: Wow, no lo había visto así. El dolor de la ausencia.

Marta: Exacto. Y esa emoción, esa nostalgia, compromete tanto al que recuerda como al que escucha. No es un trabajo frío, de leer documentos. Es escuchar las voces vivas, con toda su carga emocional.

Mateo: Claro, es una aventura mucho más... humana. Con sus riesgos.

Marta: Totalmente. Es una aventura que se mete de lleno en la tensión entre la vida y la muerte, entre el cambio y la quietud. Pero es fundamental.

Mateo: Entonces, al final del día, ¿cuál es el gran objetivo de reconstruir esta memoria institucional?

Marta: El objetivo es inmenso. Al entender la historia de nuestras instituciones —las escuelas, los hospitales, los gobiernos—, recuperamos nuestra identidad colectiva.

Mateo: No solo como organización, sino como sociedad.

Marta: Como sociedad. Especialmente en lugares como Latinoamérica, donde la historia ha dejado heridas profundas. Entender cómo esas heridas afectaron a nuestras instituciones es clave para sanar y para construir un futuro mejor.

Mateo: Es como si cada escuela o cada club tuviera una pieza del rompecabezas de la historia de un país.

Marta: ¡Esa es la idea! Se trata de que lo cotidiano se convierta en historia, para que la historia sea de todos y la podamos usar para mejorar nuestro día a día. Es un trabajo que une la psicología, la historia, la sociología... todo para entendernos mejor.

Mateo: Fascinante. Me dejas pensando en todas las historias que debe haber en las paredes de este estudio. Y eso me lleva a nuestro próximo tema... la comunicación dentro de estas organizaciones.

Mateo: ...entonces, está claro que cada sociedad moldea sus instituciones. Pero, Marta, ¿qué pasa con la memoria de esas instituciones? ¿Tienen memoria como las personas?

Marta: ¡Esa es la pregunta clave, Mateo! Absolutamente. Y es crucial. El análisis psicológico de las instituciones busca justamente eso: rescatar la memoria colectiva. Piensa en una institución como una persona que ha vivido mucho tiempo. Tiene historias oficiales que cuenta en las fiestas, pero también tiene secretos y recuerdos escondidos.

Mateo: ¿Y por qué es tan importante separar esas historias, las individuales de las colectivas? Suena complicado.

Marta: Es que si no lo haces, se crea una especie de... ruido. Un tiempo ambiguo donde nadie sabe bien qué es de quién. Esa confusión perturba la capacidad de pensar y de sentir. Es como intentar escuchar tu canción favorita mientras todos los demás ponen la suya al mismo tiempo.

Mateo: ¡Qué caos! Entiendo. Necesitamos claridad para poder funcionar.

Marta: Exacto. Y aquí entra algo fascinante: la diferencia entre la historia oficial y los "documentos psicológicos". La historia oficial es la que impone el poder, la versión pulida. Es como el anuario escolar, donde todos salen sonriendo.

Mateo: ¿Y los documentos psicológicos qué serían? ¿Los chismes en el pasillo?

Marta: ¡Algo así! Son esas "confidencias insignificantes", los recuerdos personales, las anécdotas. Son las historias que no salen en el anuario pero que, en realidad, cuentan la verdadera vida de la institución. Los institucionalistas, que somos como los detectives de estas historias, tenemos que escuchar esos susurros.

Mateo: Me gusta esa idea, ser un detective de recuerdos. Pero, ¿no te involucras demasiado? Al final, también eres una persona con tu propia historia.

Marta: Totalmente. Es un baile constante en el borde entre lo personal y lo institucional. Nuestra propia subjetividad está en juego, y es ahí donde podemos entender el sufrimiento y también las satisfacciones de la gente dentro de la organización.

Mateo: Entonces, ¿qué pasa si una institución simplemente... olvida? ¿Si borra su pasado?

Marta: Uf, las consecuencias son graves. Instaurar el olvido, ya sea por represión social o personal, rompe los vínculos. Genera desinterés, pasividad o, peor aún, conflictos muy violentos.

Mateo: Suena a que el olvido es una enfermedad para la institución.

Marta: Lo es. Y para las personas también. Produce un desligamiento psíquico, una ruptura interna. A veces, las consultas más complejas vienen de organizaciones que nacieron en épocas autoritarias, como refugios.

Mateo: ¿Refugios que se vuelven trampas?

Marta: Precisamente. Se crean como lugares protectores, pero paradójicamente, terminan reproduciendo el mismo terror del que intentaban escapar. La gente solo se da cuenta del malestar cuando llega un tiempo de más libertad, como la democracia, y es ahí cuando piden ayuda.

Mateo: Wow. Así que el trabajo es reconstruir esa historia para entender el presente. ¿Cómo lo hacen?

Marta: Escuchamos principalmente dos tipos de relatos. Primero, las historias fundacionales, que suelen estar llenas de mitos y ritos sobre cómo empezó todo. Y segundo, las historias vocacionales de cada persona: sus sueños, sus frustraciones, su recorrido.

Mateo: El mito fundador y el viaje del héroe de cada empleado.

Marta: ¡Exacto! Al juntar todas esas piezas, de todos los niveles —individual, grupal e institucional—, podemos reconstruir la memoria. Ayudamos a recordar, para poder olvidar de una forma sana. Liberar el pasado para poder construir un futuro diferente.

Mateo: Es un trabajo de arqueología emocional, básicamente. Desenterrar el pasado para que la institución pueda respirar de nuevo. Fascinante. Y esto nos lleva a pensar en cómo las crisis actuales se conectan con esos orígenes...

Mateo: ...y esa idea de que las instituciones tienen una "personalidad" es fascinante. Pero, Marta, ¿cómo empezamos a entender la memoria de una institución? ¿Le hacemos una entrevista?

Marta: ¡Ojalá fuera tan fácil! En realidad, el primer paso es que los propios analistas, los institucionalistas, miren su propia historia. Es como un espejo.

Mateo: ¿Cómo que un espejo? ¿Tienen que ir a terapia para analizar una escuela?

Marta: Algo así. Se le llama "obrador de la memoria". Es un espacio donde ellos exploran sus propias raíces. Indagan en sus recuerdos para entender por qué eligieron esa profesión.

Mateo: ¡Ah, ya veo! Quieren saber qué momentos de su vida, qué instituciones... los marcaron a ellos primero.

Marta: Exacto. Descubren cómo su propia historia, sus pasiones y sus ideas, se conectan con su trabajo. Es un trabajo de historización personal que los capacita para el trabajo con otros.

Mateo: Suena profundo. ¿Puedes darnos un ejemplo?

Marta: Claro. Piensa en el recuerdo de una familia. Pero no una familia "típica". Una donde hay distintos colores de piel, diversas religiones, ¡hasta gustos musicales que chocan! De música clásica a folclore.

Mateo: Me suena sospechosamente parecido a mis navidades.

Marta: ¡Exacto! Vista con ojos de niño, esa familia es como una maqueta de la sociedad. Un pequeño laboratorio social. Ese recuerdo ya te está formando como persona y como futuro profesional.

Mateo: Entiendo. Y no solo recuerdos familiares, ¿cierto?

Marta: Para nada. Piensa en un evento histórico como "La Noche de los Bastones Largos" en 1966. Para muchos, ver a sus profesores renunciar por falta de libertad se convirtió en una herida... y en una motivación.

Mateo: Entonces, al recuperar estos recuerdos, se preparan para entender a los demás. ¿Cómo lo explica la psicología?

Marta: Aquí es donde se pone interesante. Freud tenía una metáfora genial: el "block maravilloso", una especie de pizarra mágica. Una capa recibe los estímulos y la otra guarda las huellas, las marcas.

Mateo: Las huellas mnémicas, ¿no? Como cicatrices de la memoria.

Marta: Justo así. Y esas huellas se inscriben en nosotros. El psicoanalista Didier Anzieu decía que nuestra piel es como el primer papiro. Piel y pensamiento están conectados desde que nacemos.

Mateo: Wow, qué imagen tan potente. La memoria grabada en la piel. Así que recordar no es solo mental, es corporal.

Marta: Totalmente. Y recordar en grupo, como en estos "obradores", ayuda a reparar esas mutilaciones sociales que son los olvidos. Reconstruye el tejido social. De hecho, esto nos lleva a una idea clave: el tiempo.

Mateo: Wow, qué montón de ideas. Mi cabeza todavía está procesando todo sobre la memoria y las instituciones.

Marta: Es mucho, lo sé. Pero todo está conectado. Y hablando de conexiones, creo que es el momento perfecto para hablar de nuestra última parada... la bibliografía.

Mateo: Ah, la temida lista de libros al final. ¡La parte que muchos se saltan!

Marta: ¡Pero no deberían! Piensa en la bibliografía no como una tarea, sino como un mapa del tesoro. Cada libro y artículo es una pista que te lleva a un conocimiento más profundo.

Mateo: Me gusta esa analogía. Así que no es un callejón sin salida, sino el comienzo de muchas nuevas aventuras intelectuales.

Marta: ¡Exacto! Por ejemplo, si te interesó la idea de lo "imaginario social", tienes que mirar a Cornelius Castoriadis. Su libro "La institución imaginaria de la sociedad" es fundamental.

Mateo: Anotado. ¿Algún otro autor clave que nuestros oyentes deberían tener en su radar?

Marta: Definitivamente. Para la historia y la memoria, Jacques Le Goff es increíble. Y para entender las "envolturas psíquicas", Didier Anzieu es una referencia obligada.

Mateo: Es como conocer a los Vengadores del mundo académico. Cada uno con su superpoder.

Marta: ¡Me encanta! Exactamente así. Saber quiénes son los jugadores principales te da una gran ventaja. Y todos estos nombres estarán en las notas del episodio.

Mateo: Perfecto. Bueno, para resumir nuestro viaje de hoy: hemos explorado cómo las instituciones tienen memoria, cómo nuestra historia personal se entrelaza con la colectiva y, finalmente, cómo seguir explorando con las fuentes adecuadas.

Marta: Ha sido un recorrido intenso pero fascinante. La clave es recordar que las instituciones están vivas, llenas de historias, y nosotros somos parte de ellas.

Mateo: Totalmente. Muchísimas gracias, Marta, por iluminarnos una vez más. Y a todos nuestros oyentes, gracias por acompañarnos en Studyfi Podcast.

Marta: ¡Gracias a ti, Mateo! ¡Hasta la próxima!

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