Podcast sobre La Teoría de las Inteligencias Múltiples de Howard Gardner
La Teoría de las Inteligencias Múltiples de Howard Gardner
Podcast
Teoría de las inteligencias múltiples
Délka: 24 minut
Kapitoly
Un nuevo concepto de inteligencia
Las ocho inteligencias
¿Son todas igual de importantes?
Aplicación en la educación
El takeaway para tus estudios
El rol del docente
Herramientas para cada inteligencia
Resumen y despedida
Přepis
Sofía: ...espera, Alejandro, ¿así que toda la idea de que la inteligencia es una sola cosa que se mide con un número... es básicamente un mito? ¡Eso es increíble!
Alejandro: Exactamente, Sofía. La visión tradicional de la inteligencia como algo estático, innato, que no se puede cambiar... ha sido completamente replanteada. Ya no hablamos de *una* inteligencia, sino de *inteligencias*, en plural.
Sofía: Okay, esto me acaba de volar la cabeza, y creo que todos necesitan escucharlo. Estás escuchando Studyfi Podcast, donde desglosamos los temas complejos que necesitas para tus exámenes.
Alejandro: Y el de hoy es fascinante. La teoría de las Inteligencias Múltiples de Howard Gardner, que básicamente dice que no hay una sola forma de ser inteligente. Hay, al menos, ocho.
Sofía: ¿Ocho? Vale, esto rompe con todo lo que siempre nos han enseñado. La escuela parece enfocarse en una, o como mucho dos. ¿Cómo llegamos a esta idea tan... limitada?
Alejandro: Buena pregunta. Durante muchísimos años, todo se basó en el famoso Coeficiente Intelectual, el CI. Se medía con tests psicométricos que se centraban casi exclusivamente en dos áreas: la capacidad verbal-lingüística y el razonamiento lógico-matemático.
Sofía: Claro, las notas de lengua y matemáticas. Si eras bueno en eso, eras "inteligente". Si no, pues... tenías un problema.
Alejandro: Precisamente. Se creía que esa inteligencia se determinaba al nacer y era muy difícil de modificar. Era una visión muy estrecha y, francamente, bastante injusta para muchísimas personas con talentos increíbles en otras áreas.
Sofía: Me imagino a muchísimos estudiantes sintiéndose frustrados porque sus habilidades no encajaban en ese molde. Es como intentar medir la habilidad de un pez por su capacidad de trepar un árbol.
Alejandro: Es una analogía perfecta. Gardner llegó para decir: "Oigan, esperen un momento. ¿Y si el problema no es el estudiante, sino nuestra definición de inteligencia?".
Sofía: Y propuso que no hay una, sino varias. Como si nuestro cerebro tuviera diferentes "computadoras" independientes, como leí que él mismo decía.
Alejandro: Exacto. Gardner define la inteligencia como la "capacidad de resolver problemas o de crear productos que sean valiosos en uno o más ambientes culturales". Es una definición mucho más amplia y práctica.
Sofía: Mucho más útil para la vida real, diría yo. Porque en la vida no solo resuelves ecuaciones, también tienes que entender a otras personas, crear cosas, moverte en el espacio...
Alejandro: Justo a eso vamos. Él dice que estas inteligencias son competencias relativamente autónomas. Puedes ser un genio en una y tener un desarrollo más bajo en otra, y eso está perfectamente bien. No te hace menos inteligente.
Sofía: Esto es liberador. De verdad. Entonces, ¿cuáles son esas ocho inteligencias? ¡Necesito saber si tengo alguna!
Alejandro: Te garantizo que tienes varias a un nivel muy alto. Vamos a desglosarlas una por una.
Sofía: ¡Perfecto! Empecemos por la primera. ¿Cuál es la más "clásica"?
Alejandro: Empecemos por las que todos conocemos del colegio. La primera es la Inteligencia Lógico-Matemática. Esta es la capacidad para usar los números de manera efectiva y de razonar bien.
Sofía: La de los científicos, los matemáticos, los programadores... la que se mide en los problemas de física.
Alejandro: Exacto. Es la que se corresponde con el pensamiento del hemisferio lógico y la que, tradicionalmente, se ha considerado casi como la única inteligencia válida.
Sofía: Entendido. ¿La segunda sería la otra "favorita" del sistema escolar?
Alejandro: Así es. La Inteligencia Lingüística. Es la capacidad de usar las palabras de manera efectiva, ya sea oralmente o por escrito. Es la inteligencia de los escritores, los poetas, los periodistas, los buenos redactores...
Sofía: Y de los grandes oradores, supongo. La gente que te cautiva cuando habla. Esta utiliza ambos hemisferios cerebrales, ¿verdad?
Alejandro: Correcto. A diferencia de la lógico-matemática que está más localizada, la lingüística es más distribuida. Y ahora, salgamos de lo tradicional. La tercera es la Inteligencia Espacial.
Sofía: ¿Espacial? ¿Como de astronautas?
Alejandro: Podría ser, pero es más amplio. Es la capacidad de pensar en tres dimensiones. De percibir el mundo viso-espacial de forma precisa y de efectuar transformaciones sobre esas percepciones.
Sofía: Ah, vale. Como los arquitectos que visualizan un edificio antes de construirlo, o los cirujanos que navegan por el cuerpo humano.
Alejandro: Exacto. Marineros, ingenieros, escultores, decoradores... todos ellos tienen una alta inteligencia espacial. Crean un modelo mental del mundo.
Sofía: Fascinante. Me imagino que la siguiente tiene que ver con el arte. ¿La Inteligencia Musical?
Alejandro: ¡Bingo! Es la capacidad de percibir, discriminar, transformar y expresar las formas musicales. Es, naturalmente, la de los cantantes, compositores, músicos y también los bailarines.
Sofía: Claro, porque tienen que sentir el ritmo. No es solo tocar un instrumento, es entender la estructura de la música. ¿Y qué hay de los deportistas? Siempre se dice que son pura fuerza, pero yo creo que hay mucha inteligencia ahí.
Alejandro: Totalmente. Y Gardner le da un nombre: Inteligencia Corporal-Kinestésica. Es la capacidad de usar todo el cuerpo para expresar ideas y sentimientos, y la facilidad en el uso de las propias manos para producir o transformar cosas.
Sofía: ¡Claro! Deportistas, artesanos, cirujanos de nuevo, y bailarines otra vez. Requiere una conexión mente-cuerpo increíble.
Alejandro: Una coordinación y un control extraordinarios. Y no, no es solo "fuerza bruta", es una forma de inteligencia muy sofisticada.
Sofía: A mí me dices que baile y parezco un robot con un cortocircuito. Mi inteligencia corporal-kinestésica debe estar de vacaciones permanentes.
Alejandro: ¡Bueno, pero seguro que destacas en las siguientes! Hablemos de dos que están muy conectadas: la Inteligencia Intrapersonal y la Interpersonal.
Sofía: Suenan parecidas pero no lo son. ¿"Intra" es hacia adentro?
Alejandro: Exacto. La Inteligencia Intrapersonal es la capacidad de construir una percepción precisa de uno mismo y de organizar y dirigir la propia vida. Es el autoconocimiento. Entendernos a nosotros mismos.
Sofía: Eso suena súper importante. Quizás la más importante de todas para ser feliz.
Alejandro: Es fundamental. No está asociada a una actividad concreta, pero influye en todas las demás. Y su hermana, la Inteligencia Interpersonal, es la que nos permite entender a los demás.
Sofía: La famosa empatía. La capacidad de leer a la gente, de entender sus motivaciones, de trabajar bien en equipo.
Alejandro: Justo. La encontramos en buenos vendedores, políticos, profesores, terapeutas... gente que sabe conectar. Juntas, la intrapersonal y la interpersonal, conforman lo que hoy llamamos Inteligencia Emocional.
Sofía: Wow. O sea que la inteligencia emocional no es un invento nuevo, ya estaba dentro del modelo de Gardner.
Alejandro: Básicamente. Él sentó las bases para entender que gestionar las emociones, tanto las propias como las ajenas, es una forma de inteligencia crucial.
Sofía: Queda una, si no me equivoco. Llevamos siete.
Alejandro: La octava, que fue añadida un poco más tarde, es la Inteligencia Naturalista. Es la que utilizamos cuando observamos y estudiamos la naturaleza. La capacidad de reconocer y clasificar miembros de una especie.
Sofía: La de los biólogos, los botánicos, los ecologistas... La gente que siente una conexión especial con el mundo natural y lo entiende a un nivel profundo.
Alejandro: Exacto. Desde un herbolario que conoce las plantas hasta un biólogo marino que entiende los ecosistemas. Es una inteligencia que en el pasado fue vital para la supervivencia: saber qué planta comer y cuál no, por ejemplo.
Sofía: Vale, tenemos las ocho. Lógico-matemática, lingüística, espacial, musical, corporal-kinestésica, intrapersonal, interpersonal y naturalista. La pregunta del millón,
Alejandro: ¿son todas igual de importantes?
Alejandro: Según Gardner, la respuesta es un rotundo sí. Enfatiza que todas las inteligencias son igualmente importantes para el desarrollo completo del ser humano y para la sociedad.
Sofía: Pero... eso choca de frente con la realidad, ¿no? Sobre todo con la realidad escolar.
Alejandro: Totalmente. Y ese es el gran problema que Gardner denuncia. Nuestro sistema escolar no las trata por igual. Ha entronizado, ha puesto en un pedestal a las dos primeras de la lista: la lógico-matemática y la lingüística.
Sofía: Lo que decíamos antes. Ha llegado al punto de casi negar la existencia de las demás. Si no eres bueno en mates o lengua, parece que no eres inteligente.
Alejandro: Exacto. Los estudiantes que no destacan en estas dos inteligencias académicas tradicionales a menudo no tienen reconocimiento. Sus talentos en otras áreas se diluyen, se ignoran, y hasta se llega a pensar que han fracasado.
Sofía: Es terrible. En realidad estamos suprimiendo sus verdaderos talentos. ¿Cuántos artistas, emprendedores o naturalistas geniales se han quedado por el camino porque en el colegio les hicieron sentir que no valían?
Alejandro: Es la gran crítica de Gardner. La escuela debería ser un lugar para descubrir y potenciar *todas* las inteligencias, no solo dos. Porque el mundo necesita de todas ellas.
Sofía: Necesitamos ingenieros, pero también necesitamos músicos. Necesitamos escritores, pero también terapeutas y atletas. Una sociedad solo con un tipo de inteligencia sería muy pobre.
Alejandro: Y disfuncional. Lo más importante, y esto es clave para cualquiera que esté estudiando, es que Gardner afirma que todas las personas tienen la capacidad de desarrollar las ocho inteligencias a un nivel relativamente alto.
Sofía: ¡Espera, eso es una gran noticia! No es que nazcas con una y te quedes con esa para siempre.
Alejandro: Para nada. No niega que haya un componente genético, una predisposición. Pero lo más importante es tener la motivación, el entorno y la instrucción adecuada para desarrollarlas.
Sofía: Así que, si quiero mejorar mi inteligencia espacial, ¿puedo hacerlo?
Alejandro: ¡Por supuesto! Puedes jugar ajedrez, armar rompecabezas en 3D, dibujar, usar mapas... Hay muchísimas formas de ejercitar cada una de las inteligencias.
Sofía: Esto me lleva a la aplicación práctica. Si la teoría es tan potente, ¿cómo cambia la educación?
Alejandro: La cambia radicalmente. La Teoría de las Inteligencias Múltiples cuestiona la visión tradicional porque, como vimos, se centra solo en lo cognitivo. Gardner dice que hay que incluir la personalidad, las emociones y el entorno cultural.
Sofía: Deja de ver a los estudiantes como un grupo homogéneo y empieza a verlos como individuos, cada uno con un perfil cognitivo único.
Alejandro: Exactamente. Reconoce que los estudiantes aprenden de maneras diferentes. Por lo tanto, un profesor no debería enseñar un mismo contenido de una sola manera. Debería usar estrategias metodológicas diversas.
Sofía: Para que cada estudiante pueda conectar con el material a través de sus puntos fuertes. Suena ideal, pero ¿cómo se hace eso en un aula con treinta alumnos?
Alejandro: Gardner propone algo que él llama las "cinco puertas de acceso al conocimiento". Es una forma de presentar cualquier tema de cinco maneras distintas, apelando a diferentes inteligencias.
Sofía: ¿Cinco puertas? A ver, cuéntame.
Alejandro: La primera es la puerta Narrativa. Contar una historia sobre el tema. Esto apela a la inteligencia lingüística.
Sofía: Vale, como explicar la Revolución Francesa contando la historia de un personaje que la vivió.
Alejandro: Perfecto. La segunda es la puerta Lógico-Cuantitativa. Usar números, datos, razonamientos deductivos. Esto es para la inteligencia lógico-matemática.
Sofía: Siguiendo con el ejemplo, sería analizar las estadísticas de la población, los impuestos, las fechas clave...
Alejandro: Exacto. La tercera puerta es la Estética. Enfocarse en los aspectos sensoriales y artísticos. Aquí entran la inteligencia musical y la espacial.
Sofía: Podríamos ver cuadros de la época, escuchar la música que se componía, analizar la arquitectura... Me gusta esta puerta.
Alejandro: La cuarta es la puerta de la Experiencia Práctica o "Hands-On". Hacer algo, manipular objetos. Esto activa la inteligencia corporal-kinestésica.
Sofía: ¿Como hacer una pequeña obra de teatro representando una escena de la revolución o construir una maqueta de la Bastilla?
Alejandro: ¡Genial! Y la quinta puerta es la Interpersonal. Aprender a través del debate, del trabajo en grupo, del juego de roles. Apela a la inteligencia interpersonal.
Sofía: Organizar un debate en clase donde unos defienden a la monarquía y otros a los revolucionarios. Wow, así el tema cobra vida.
Alejandro: Ves? Con estas cinco puertas, estás dando a cada estudiante una oportunidad de entender el mismo concepto desde su fortaleza. No se trata de etiquetar a un niño como "inteligente espacial" y solo enseñarle así, sino de ofrecer un menú variado para que todos puedan participar y desarrollar todas sus inteligencias.
Sofía: Esto es súper útil no solo para los profesores, sino para nosotros mismos a la hora de estudiar. Es un cambio de paradigma total.
Alejandro: Totalmente. El gran takeaway aquí es el autoconocimiento. Si entiendes cuál es tu perfil de inteligencias, puedes adaptar tu forma de estudiar para que sea mucho más efectiva y menos frustrante.
Sofía: Entonces, el primer paso sería intentar identificar mis puntos fuertes. ¿Soy más visual? ¿Aprendo mejor moviéndome? ¿La música me ayuda a concentrarme o me distrae?
Alejandro: Exacto. Haz una pequeña auto-evaluación. Piensa en qué actividades disfrutas más y se te dan mejor. No hay un test oficial de Gardner, pero hay muchos cuestionarios online que te pueden dar una idea.
Sofía: Y una vez que tengo una idea, ¿cómo lo aplico a, por ejemplo, estudiar biología para un examen?
Alejandro: Pongamos ejemplos. Si tienes una alta inteligencia lingüística, no te limites a leer. Escribe resúmenes, explícaselo a alguien en voz alta, crea historias con los conceptos. Usa el poder de la palabra.
Sofía: Si soy más lógico-matemático, ¿qué hago?
Alejandro: Busca patrones, haz esquemas, diagramas de flujo, clasifica la información en categorías lógicas. Convierte la información en un sistema ordenado.
Sofía: Para la inteligencia espacial, supongo que los mapas mentales son clave. Dibujar, usar colores, visualizar los procesos biológicos como si fueran un mapa o una maquinaria 3D.
Alejandro: Perfecto. Para la corporal-kinestésica: ¡muévete! Estudia de pie, actúa los conceptos. Si estás aprendiendo sobre el sistema circulatorio, camina por la habitación siguiendo la ruta que haría la sangre. Suena tonto, pero funciona.
Sofía: ¡Me encanta esa idea! Y para la musical, ¿estudiar cantando?
Alejandro: ¿Por qué no? Puedes poner ritmo a una lista de conceptos para memorizarla, o estudiar con música clásica de fondo si te ayuda a concentrarte. La música puede ser una herramienta de aprendizaje potentísima.
Sofía: Y para las inteligencias interpersonal e intrapersonal, ¿cómo se aplicaría?
Alejandro: Para la interpersonal, estudia en grupo. Debate los temas, explicaos las cosas unos a otros. El acto de enseñar a otro es una de las mejores formas de aprender. Para la intrapersonal, relaciona el tema contigo mismo. ¿Cómo funciona este proceso biológico en mi propio cuerpo? Hazlo personal.
Sofía: Y finalmente, para la naturalista, si estudias biología es casi un superpoder.
Alejandro: ¡Desde luego! Pero puedes aplicarla a otras materias. Para historia, relaciona los eventos con la geografía, el clima, los recursos naturales de la zona. Entiende cómo la naturaleza moldeó la historia.
Sofía: Alejandro, esto es oro puro. No se trata de que seamos deficientes en algunas áreas, sino de que tenemos fortalezas en otras y podemos usarlas a nuestro favor para aprender mejor cualquier cosa.
Alejandro: Esa es la esencia de la teoría de Gardner. Empoderarte. Darte cuenta de que tienes un set de herramientas único y que aprender a usarlas es la clave del éxito, no solo en los exámenes, sino en la vida.
Sofía: Increíble. Nos has dado una nueva forma de vernos a nosotros mismos. En el próximo segmento, vamos a cambiar de tercio y a hablar de algo que nos afecta a todos a la hora de estudiar: la procrastinación.
Sofía: Y hablando de cómo el cerebro aprende, eso nos lleva de una manera súper natural a nuestro último gran tema de hoy, Alejandro. Las inteligencias múltiples.
Alejandro: Exacto, Sofía. Es el broche de oro perfecto. Porque si entendemos que no todos aprendemos igual, el siguiente paso es entender que no todos somos 'inteligentes' de la misma manera.
Sofía: ¡Totalmente! La idea de que solo existe una inteligencia, la que se mide con un examen de matemáticas o de lengua, ya se siente... un poco anticuada, ¿no?
Alejandro: Anticuada y, sobre todo, limitante. La teoría de Howard Gardner nos abrió los ojos. Nos dijo que no hay una, sino múltiples inteligencias: la musical, la lógico-matemática, la espacial, la lingüística...
Sofía: ...la corporal-kinestésica, que es la de los deportistas y bailarines, y las que me parecen fascinantes: la intrapersonal y la interpersonal.
Alejandro: Esas dos son clave. La intrapersonal es conocerte a ti mismo, y la interpersonal es entender y relacionarte con los demás. Y ya se habla incluso de una inteligencia espiritual y moral.
Sofía: Entonces, ¿cómo llevamos toda esta teoría tan increíble al salón de clases? Porque suena genial, pero la aplicación parece el verdadero desafío.
Alejandro: Ahí está la clave de todo. El rol del docente es fundamental. Lo primero es cambiar el chip: la inteligencia no es fija, se puede potenciar. Podemos hacer que los chicos sean más inteligentes.
Sofía: O sea, no enfocarnos en lo que les falta, sino en lo que ya tienen. En sus potencialidades.
Alejandro: ¡Exactamente! Y el efecto en los alumnos es casi inmediato. Una de las consecuencias más alentadoras que vemos es el subidón de motivación. De repente, ir a la escuela se vuelve algo divertido y útil.
Sofía: Claro, porque si mi fuerte es la música, y la clase de historia incluye crear una canción sobre la revolución... ¡de pronto la historia me interesa!
Alejandro: ¡Por supuesto! El humor y la alegría empiezan a aparecer en las tareas. El colegio deja de ser una obligación y se convierte en un lugar donde descubres tus talentos.
Sofía: Vale, me convenciste. Quiero transformar mi escuela en una de inteligencias múltiples. ¿Por dónde empiezo? ¿Hay un manual?
Alejandro: Ojalá fuera tan fácil. No existe un modelo único para copiar. Cada escuela tiene que crear el suyo. Pero el primer paso, el más importante, es que los docentes *quieran* hacerlo.
Sofía: Tiene que ser un proceso voluntario, no una imposición.
Alejandro: Absolutamente. Y es un trabajo en equipo. Nadie puede hacer esto solo. Se crean equipos: uno trabaja en nuevas estrategias didácticas, otro en cómo adaptar el aula, otro en nuevos métodos de evaluación...
Sofía: Suena como un proyecto enorme, pero muy colaborativo.
Alejandro: Lo es. Pero genera un efecto sinérgico increíble. El todo es mucho mayor que la suma de las partes. Al principio se dividen tareas, pero luego todos intervienen en todo. Es un proceso vivo, dinámico.
Sofía: Y me imagino que también es crucial que el propio profesor conozca sus propias inteligencias, ¿no? Para poder empatizar y ayudar mejor a los alumnos.
Alejandro: Diste en el clavo. El docente debe hacer una pequeña exploración, primero en sí mismo y luego con sus alumnos. Así sabrá qué inteligencias necesitan más estímulo y cómo usar sus propias fortalezas para ayudar.
Sofía: Es un cambio de paradigma total. Pasar de 'enseñar una materia' a 'desarrollar personas'.
Alejandro: Ese es el corazón del asunto. Y no hay que empezar de cero. Se puede aprovechar la experiencia de otros colegas, pedir ayuda a los propios estudiantes... ¡ellos tienen ideas geniales! Y, por supuesto, usar la tecnología.
Sofía: Ok, vayamos a lo práctico. Dame algunos ejemplos. Si quiero potenciar la inteligencia lingüística, ¿qué puedo hacer en clase?
Alejandro: ¡Claro! Para la lingüística, es bastante intuitivo: debates, exposiciones orales, escribir un diario, crear un periódico escolar, incluso juegos de palabras. Todo lo que implique usar el lenguaje creativamente.
Sofía: Sencillo y efectivo. ¿Y para la lógico-matemática? Más allá de hacer ecuaciones.
Alejandro: Mucho más. Puedes usar rompecabezas de lógica, juegos de estrategia, ejercicios de clasificación, experimentos científicos... Se trata de enseñar a pensar, a resolver problemas de forma estructurada.
Sofía: Me encanta. ¿Qué hay de la inteligencia espacial, la de los artistas y arquitectos?
Alejandro: Aquí es donde se pone visual. Usar gráficos, mapas mentales, videos, modelos en 3D... incluso algo tan simple como pedirles que visualicen una historia que estás contando. La pintura, los montajes, todo eso funciona de maravilla.
Sofía: ¡Wow! ¿Y la corporal-kinestésica? Esa siempre parece la más difícil de incluir en un aula tradicional.
Alejandro: Es un desafío, pero es súper gratificante. Piensa en dramatizaciones, excursiones, usar el lenguaje corporal para expresarse, experimentos táctiles... ¡incluso ejercicios de relajación! Se trata de aprender haciendo, moviéndose.
Sofía: ¡Ojalá mis clases hubieran tenido más de eso y menos de estar sentada quieta! Me habría ido mejor en física, seguro.
Alejandro: Probablemente. Y no nos olvidemos de la musical. No se trata solo de cantar. Puedes usar música de fondo para crear ambiente, crear ritmos para memorizar algo, analizar letras de canciones...
Sofía: Es increíble la cantidad de herramientas que hay. Y para las inteligencias personales, ¿la interpersonal y la intrapersonal?
Alejandro: Para la interpersonal, todo lo que sea colaborativo: trabajos en grupo, mediación de conflictos, juegos de mesa, simulaciones. Se aprende a interactuar. Y para la intrapersonal, es un viaje hacia adentro: diarios de reflexión, actividades de autoestima, definir metas personales...
Sofía: Es que, escuchándote, Alejandro, parece tan obvio. Aplicar esto en las aulas puede minimizar problemas de conducta, aumentar la autoestima de los chicos, desarrollar el liderazgo...
Alejandro: Exacto. Los beneficios son enormes. Cuando un niño descubre que es inteligente a su manera, su confianza se dispara. Y su interés por aprender también, porque el aprendizaje se conecta con sus pasiones.
Sofía: Entonces, el mensaje para los educadores, padres y hasta para los propios estudiantes que nos escuchan es que no hay una sola forma de ser brillante. Hay muchas.
Alejandro: Muchísimas. Y el objetivo de la educación debería ser ayudar a cada persona a descubrir y potenciar su combinación única de inteligencias. Eso es crear un aprendizaje verdaderamente significativo.
Sofía: Qué manera tan potente de cerrar nuestro episodio de hoy. Hemos viajado desde los fundamentos de la neurociencia hasta las aplicaciones prácticas en el aula, y todo apunta a lo mismo: una educación más humana, más personalizada y mucho más efectiva.
Alejandro: No podría haberlo dicho mejor, Sofía. El potencial está ahí, en cada estudiante. Solo tenemos que darles las herramientas correctas para que brille.
Sofía: Pues con esa idea tan inspiradora nos despedimos. Muchísimas gracias, Alejandro, por compartir tu sabiduría una vez más con nosotros. Ha sido un placer.
Alejandro: El placer ha sido mío, Sofía. Siempre es un gusto.
Sofía: Y a todos ustedes que nos acompañan en Studyfi Podcast, gracias por su curiosidad y sus ganas de aprender. Esperamos que estas ideas les sirvan para sus estudios y para la vida. ¡Hasta la próxima!