La relación entre la ciencia social y sus clásicos es un tema fundamental, no solo en la teoría social sino en los estudios culturales. Este artículo explora la centralidad de los clásicos en la ciencia social contemporánea, una postura que genera debate desde distintas perspectivas. Analizaremos las críticas empiristas y humanistas, la definición de un clásico, y la defensa post-positivista de su relevancia, siguiendo las ideas de Jeffrey C. Alexander.
¿Qué Son los Clásicos? Definición y su Papel en la Ciencia Social
Un clásico se define como un producto de investigación al que se le concede un rango privilegiado frente a las investigaciones contemporáneas. Los científicos de una disciplina creen que al entender estas obras anteriores pueden aprender tanto de su campo como de la obra de sus contemporáneos.
Este rango privilegiado implica que la obra establece criterios fundamentales para el campo. La exégesis y reinterpretación de los clásicos, dentro o fuera de un contexto histórico, forma corrientes destacadas en varias disciplinas debido a la amplia influencia del "verdadero significado" de una obra clásica.
Ejemplos claros incluyen la Biblia para teólogos, Shakespeare para la literatura inglesa y Platón y Aristóteles para la teoría política durante siglos. La persistencia de estas obras demuestra su impacto duradero.
Críticas Empiristas a la Centralidad de los Clásicos: Un Análisis Profundo
Las razones para rechazar la centralidad de los clásicos en la ciencia social son evidentes para muchos. En las ciencias naturales, no existen "clásicos" en el sentido de obras a las que se recurra constantemente para el conocimiento actual.
Whitehead (1974) afirmó que "una ciencia que vacila en olvidar a sus fundadores está perdida". Un estudiante universitario de física hoy día sabe más que Galileo o Newton, lo que sugiere un progreso acumulativo que prescinde de textos antiguos.
Para los positivistas, esto significa que la ciencia social también debería prescindir de los clásicos a largo plazo. A corto plazo, su atención debería limitarse estrictamente a buscar información empírica.
La exégesis y el comentario, distintivos del estatus privilegiado de los clásicos, no tienen lugar en las ciencias naturales. Estas conclusiones se basan en dos supuestos principales:
- La ausencia de textos clásicos en la ciencia natural indica su estatus puramente empírico.
- La ciencia natural y la ciencia social son básicamente idénticas.
Sin embargo, Jeffrey C. Alexander argumenta que ninguno de estos supuestos es cierto. Merton (1947) criticó la mezcla de historia y sistemática en la teoría sociológica, abogando por un modelo de teoría sistemática similar a las ciencias naturales.
Según Merton, la teoría científica contrasta leyes de subsunción experimentalmente, acumulando conocimiento. En una verdadera ciencia, la conmemoración de grandes aportaciones pasadas se reserva a la historia de la disciplina, no al trabajo científico actual.
Él contrastó esto con las humanidades, donde "toda obra clásica... suele seguir formando parte de la experiencia de generaciones subsiguientes" (Merton, 1967a, p. 28).
Merton reconocía que los sociólogos "están en una situación intermedia entre los físicos y biólogos y los humanistas". No obstante, recomendaba un acercamiento a las ciencias naturales, citando a Weber sobre cómo los logros científicos se anticuan rápidamente.
Consideraba que "los intentos de mantener una posición intermedia entre orientaciones humanistas y científicas suelen tener como resultado la fusión de la sistemática de la teoría sociológica con su historia". Esto, para Merton, impedía la acumulación de conocimiento empírico.
Merton criticaba lo que llamaba "tendencias intelectualmente degenerativas" que mezclan lo sistemático con lo histórico, privilegiando obras anteriores y enfocándose en la "reverencia" y "exégesis" en lugar de la originalidad.
Proponía dos alternativas para los textos anteriores:
- Perspectiva sistemática: Tratarlos como fuentes de "información todavía no recuperada" que puede ser "provechosamente empleada como nuevo punto de partida". Deben apuntar hacia el futuro científico.
- Perspectiva histórica: Estudiarlos como documentos históricos en sí mismos, centrándose en el "entorno de las ideas" y no en las ideas propias. Esto incluye la interacción entre teoría, orígenes sociales, organización de la sociología y transformaciones de las ideas.
Merton creía que la "investigación [de la ciencia social] avanza a partir de las fronteras alcanzadas por el trabajo acumulativo de generaciones anteriores" (Merton, 1967a, pp. 29-31). Su confianza en el progreso de la historia de la ciencia lo llevó a oponerse a la centralidad de los clásicos.
Un tercer supuesto auxiliar en el argumento de Merton es la idea de que el significado de los textos anteriores relevantes es obvio, lo que facilita su resumen y clasificación, pero no su reinterpretación creativa.
La Visión Post-Positivista de la Ciencia: Rehabilitando el Discurso
La crítica post-positivista a la visión empirista de la ciencia argumenta que la ciencia es más compleja de lo que el positivismo sugiere. La tesis contraria a la centralidad de los clásicos supone que la ciencia es acumulativa y, por ende, no crea clásicos.
Alexander sostiene, por el contrario, que la existencia de clásicos en una disciplina no depende de su empirismo, sino del consenso existente en torno a cuestiones no empíricas. En Theorical Logic in Sociology (Alexander, 1982a, pp. 5-15), él identifica cuatro postulados fundamentales del positivismo:
- Ruptura epistemológica radical entre observaciones empíricas y proposiciones no empíricas.
- Cuestiones filosóficas o metafísicas no tienen importancia fundamental para una disciplina empírica.
- Cuestiones generales, abstractas y teóricas solo se evalúan en relación con observaciones empíricas.
- El desarrollo científico es "progresivo", lineal y acumulativo.
Estos postulados, aunque comunes en la ciencia social norteamericana, han sido criticados por la filosofía, historia y sociología post-positivista de la ciencia natural. Mientras el positivismo reduce la teoría a los hechos, el post-positivismo rehabilita los aspectos teóricos.
Desafío a los Supuestos Empiristas: La Ciencia Natural y sus Dimensiones No Empíricas
El primer supuesto de Merton (sobre el carácter de la ciencia natural) es insostenible si las consideraciones no empíricas desempeñan un papel tan decisivo. Alexander expone cuatro postulados post-positivistas sobre la ciencia natural:
- Datos empíricos inspirados por la teoría: La distinción teoría/hechos es analítica, no epistemológica u ontológica. Las observaciones están inspiradas por teorías consideradas con mayor certeza.
- Compromisos científicos no basados únicamente en evidencia empírica: El rechazo por principio de la evidencia es fundamental para la continuidad de la ciencia (Polanyi, 1958).
- Elaboración teórica general: horizontal y dogmática: Cuanto más general es una proposición, menos se cumple el teorema de falsación popperiano. La formulación teórica desarrolla hipótesis ad hoc para "explicar" nuevos fenómenos sin renunciar a formulaciones generales.
- Dinámicas fundamentales en las creencias científicas: Los cambios empíricos van acompañados de alternativas teóricas convincentes. Estos cambios de fondo no son siempre visibles, explicando por qué los datos parecen obtenidos por inducción.
Holton (1973) señala que el enfrentamiento entre compromisos teóricos generales es un poderoso catalizador de la investigación empírica y un componente esencial de las transformaciones fundamentales en las ciencias naturales.
¿Por Qué No Hay Clásicos en la Ciencia Natural? Una Visión Post-Positivista
La epistemología no determina los temas específicos de una disciplina, pero su aplicación sí determina su "sensibilidad" empírica. Aunque la física moderna se constituye por "tesis" supraempíricas, la ciencia natural se enfoca explícitamente en problemas empíricos, excluyendo discusiones temáticas de su práctica.
Collingwood (1940) admite que el científico no propone supuestos metafísicos, sino que solo los presupone. La atención explícita en cuestiones empíricas permite a la "ciencia normal" (Kuhn, 1970) dedicarse a la resolución de rompecabezas.
Habermas (1972) señala que el consenso sobre la validez de la información es lo que diferencia la actividad científica de la no científica. La ciencia moderna busca un "consenso espontáneo y permanente" sobre los puntos de vista.
Si no hay desacuerdo sobre los supuestos de fondo, las cuestiones no empíricas no se discuten explícitamente. Las crisis de paradigma, en palabras de Kuhn, son momentos donde se "recurre a la filosofía y al debate de fundamentos".
La ciencia natural no tiene clásicos porque su atención se centra normalmente en sus dimensiones empíricas. Las dimensiones no empíricas están enmascaradas, y las hipótesis especulativas parecen decidirse por datos sensibles.
Alexander argumenta que la ciencia natural no es menos apriorística que la ciencia social. La ausencia de clásicos se explica por la forma en que se fusionan el conocimiento apriorístico y el contingente.
En lugar de clásicos, la ciencia natural tiene "modelos ejemplares" (Kuhn, 1970, p. 182). Estos son ejemplos concretos de trabajo empírico exitoso, que definen campos paradigmáticos. Aunque incorporan compromisos metafísicos, son una pauta para la explicación específica del universo.
Los modelos ejemplares se aprenden en libros de texto y laboratorios antes de que los neófitos puedan examinarlos críticamente. Se interiorizan por su posición de privilegio en la socialización científica, más que por su validez demostrada.
La Defensa Post-Positivista de los Clásicos: Desacuerdo y Discurso
La proporción entre modelos y clásicos es diferente en la ciencia social debido al "desacuerdo mucho mayor" inherente a la aplicación de la ciencia a la sociedad. Las condiciones de crisis de paradigma en las ciencias naturales son habituales en las ciencias sociales.
No se niega la posibilidad de conocimiento objetivo o leyes de subsunción en la ciencia social. Sin embargo, Alexander sugiere que "las condiciones de la ciencia social hacen altamente improbable el acuerdo consistente acerca de la naturaleza exacta del conocimiento".
¿Por Qué el Desacuerdo Es Fundamental en la Ciencia Social?
Existen razones cognoscitivas y valorativas para estas diferencias en el grado de consenso:
- Objetos de estudio: En ciencias naturales, los objetos externos a la mente humana son más fáciles de acordar. En ciencia social, los objetos (estados mentales, condiciones sociales con estados mentales) conllevan una posibilidad endémica de confundir los estados mentales del observador con los de los sujetos observados.
- Naturaleza valorativa: La ciencia social tiene una relación simbiótica entre descripción y valoración. Sus descubrimientos conllevan implicaciones sobre la organización deseable de la vida social. Las implicaciones ideológicas influyen en la descripción de los objetos de investigación, reflejando estimaciones de las consecuencias para valores políticos (Mannheim, 1936).
- Dificultad de consenso en abstracciones: Cuanto más difícil es el consenso sobre referentes empíricos, más difícil es sobre las abstracciones teóricas. Los intentos de matematizar la ciencia social solo pueden encubrir puntos de vista concretos (Hagstrom, 1965).
- Debate sobre elementos no empíricos: Sin acuerdo sobre referentes empíricos o leyes, todos los elementos no empíricos son objeto de debate. La ciencia social se divide en tradiciones y escuelas debido a este desacuerdo endémico, sensibilizando a los científicos sociales a las dimensiones no empíricas de su campo.
Por estas razones, el discurso –más allá de la mera explicación– se convierte en una característica esencial de la ciencia social. El discurso es argumentativo, se centra en el razonamiento y busca persuadir con coherencia lógica, amplitud de visión, perspicacia interpretativa y fuerza retórica.
Foucault (1973) describió las prácticas intelectuales como "discursos" para negar su estatus puramente empírico. Sin embargo, en la ciencia social hay discursos (plural), no uno único, que buscan la verdad mediante estipulaciones racionales (Habermas, 1984).
La teoría en ciencias sociales es polivalente, y los intentos de replicar la lógica de las ciencias naturales suelen ser infructuosos. Los empiristas, como Turner (1986) y Stinchcombe (1968), lamentan la "metateoría" y el "culto" a figuras como Marx, Weber y Durkheim, abogando por un trabajo teórico más centrado en la "explicación restringida".
Sin embargo, el discurso general es esencial y la teoría inherentemente polivalente. La subdeterminación por los hechos significa que no hay una traducibilidad definida entre los distintos niveles de generalidad. Las proposiciones generales rara vez son confirmadas o negadas por correlaciones empíricas exactas, debido a las múltiples operacionalizaciones posibles.
La obra States and Social Revolutions de Skocpol, por ejemplo, ha sido evaluada en todos los niveles del continuo sociológico: supuestos, ideología, modelo, método, definiciones, conceptos y hechos. Las respuestas se centran en criterios de verdad supraempíricos, no solo en la contrastación empírica.
La Necesidad de los Clásicos: Funcionalidad e Intelecto
El desacuerdo endémico en la teoría social crea serios problemas de comprensión mutua. Los clásicos intervienen aquí como un punto de referencia común, necesario para que el desacuerdo sea coherente y no interrumpa el avance de la ciencia.
La necesidad funcional de los clásicos se origina en la integración del campo del discurso teórico, permitiendo mantener una delimitación y comunicación básica. Un clásico reduce la complejidad y es un símbolo que condensa diversas tradiciones generales. Sus ventajas funcionales son:
- Simplifica y condensa la discusión teórica: Un número reducido de obras reemplaza la miríada de formulaciones matizadas. Al hablar en términos de los clásicos, los interlocutores tienen una base de entendimiento mutuo.
- Permite sostener compromisos generales sin explicitarlos: Hace posible discutir sobre un autor (ej. Parsons) o un concepto sin necesidad de definir exhaustivamente todos los criterios subyacentes.
- Encubre el discurso general: Al reconocer la importancia de los clásicos, el científico social puede comenzar un estudio empírico "discutiendo el tratamiento del trabajo en los primeros escritos de Marx", sin tener que justificar explícitamente consideraciones no empíricas.
- Potencialidades privilegiadas estratégicas e instrumentales: Los clásicos sirven para legitimar nuevas escuelas o teorías. Si los criterios normativos de una disciplina son cuestionados, los clásicos deben ser criticados, releídos o redescubiertos.
Pero Alexander también propone razones intrínsecas e intelectuales para el estatus de los clásicos: hacen una "contribución singular y permanente a la ciencia de la sociedad". Cuanto más general es una discusión científica, menos acumulativa puede ser, ya que los compromisos generales son difíciles de establecer inequívocamente.
Las valoraciones generales se basan en gustos y preferencias de una comunidad cultural, así como en cualidades estéticas, interpretativas y filosóficas. La "gran" ciencia social es un don que, como el "gran" arte, varía transhistóricamente (Nisbet, 1976).
Dilthey (1976) señaló que la ciencia social se basa en la "experiencia, comprensión y conocimiento de la vida". No se aprende por imitación de resolución de problemas empíricos, sino por la capacidad idiosincrásica del científico para entender la vida.
Este conocimiento individual tiene al menos tres características distintivas:
- Interpretación de estados mentales: Toda generalización sobre fenómenos sociales depende de una concepción de los motivos implicados. Las obras de científicos sociales que manifiestan estas capacidades (empatía, perspicacia) en sumo grado se convierten en clásicos. Ejemplos incluyen la sociología de la religión de Durkheim o el microanálisis de Goffman.
- Construcción de taxonomías: Los grandes científicos sociales han formulado conceptos clave que han permitido la organización del conocimiento. Estos conceptos ofrecen marcos para comprender la realidad. Por ejemplo, el concepto de anomia de Durkheim.
- Provisión de modelos explicativos: Los clásicos ofrecen teorías o marcos explicativos que trascienden el tiempo y son aplicables a diversos contextos. La teoría del conflicto de Marx o el ideal-tipo de Weber son ejemplos claros de esto.
Estas "autointerpretaciones" empiristas de los debates clásicos, que los presentan como históricos o interpretativos, en realidad encubren su función como debates teóricos. Este encubrimiento es funcional porque si los participantes fueran conscientes de que sus investigaciones son debates teóricos, se sentirían obligados a justificar sus posiciones directamente.
Los científicos sociales deben adoptar una "actitud ingenua" (Husserl, 1977) respecto a sus clásicos. No pueden comprender que son ellos mismos, con sus intereses e intenciones teóricas, quienes los convierten en clásicos y les otorgan significado contemporáneo.
Derrida (1981) sugería que todo texto es una construcción intencional, no un mero reflejo de la realidad. La "presencia" en un texto se basa en la idea de que puede contener los elementos esenciales de la realidad, pero la "ausencia" también determina su naturaleza. Los textos se basan en ausencias y deben ser "deconstruidos".
La Interpretación de los Clásicos como Argumento Teórico: Talcott Parsons y su Crítica
La teoría sociológica entre la Segunda Guerra Mundial y principios de los ochenta estuvo marcada por el funcionalismo estructural, liderado por Talcott Parsons. Este movimiento teórico sistemático inspiró y fue inspirado por debates de gran alcance sobre obras clásicas de la sociología.
Parsons, en su obra The Structure of Social Action (1937), buscó definir los resultados importantes de la generación anterior. Excluyó a pragmatistas, institucionalistas americanos, Simmel y Marx, y se centró en Marshall, Pareto, Durkheim y Weber como la tradición clásica fundamental.
El éxito de Parsons se debió a su interpretación, que sostenía que estos sociólogos enfatizaban los valores culturales y la integración social. Su brillantez interpretativa le permitió defender una lectura de Durkheim que ponía énfasis unilateral en la normatividad, pasando por alto aspectos materialistas y ecológicos de su obra.
Por ejemplo, Parsons interpretó el capítulo quinto de La división social del trabajo de Durkheim como un argumento a favor del control normativo y cultural, ignorando el libro segundo que trataba sobre causas materiales del cambio social. De modo similar, su análisis de Weber ignoró la sociología política sustantiva de Economía y sociedad, centrándose en la legitimidad moral y política.
La interpretación parsoniana de los clásicos fue ampliamente aceptada después de la Segunda Guerra Mundial. Parsons insistía en que el funcionalismo era una continuación lógica de sus antecesores. Releía a Durkheim y Weber en cada nueva fase de su desarrollo teórico, viendo en ellos la justificación de su paradigma funcionalista.
Parsons lamentó no haber incluido a Freud en su selección original de clásicos, un descuido que se hizo "peligrosamente anómalo" en los años cincuenta. Dedicó ensayos a demostrar que Freud veía en la introyección objetiva la base del desarrollo de la personalidad.
Cuando surgió una corriente teórica y empírica opuesta al funcionalismo a finales de los cincuenta, la interpretación parsoniana de los clásicos se convirtió en un tema principal. Las críticas buscaban restaurar una teoría sociológica más orientada al poder y la economía, y recuperar la importancia de la acción contingente.
Coser (1956) atacó la selección de Parsons basándose en la teoría institucionalista y el conflicto. Levine (1980) criticó explícitamente la exclusión de Simmel por parte de Parsons, argumentando que se hizo para apoyar un "sesgado" interés teórico antifuncionalista.
La ausencia más conspicua, Karl Marx, no recibió atención generalizada en esta primera fase. Solo más tarde, en el debate antifuncionalista, Marx fue elevado a la categoría de clásico. Zeitlin (1968) desbarató la interpretación de Parsons, afirmando que los clásicos parsonianos eran conservadores que reaccionaban a Marx.
Ausencias más sutiles en la interpretación parsoniana de Durkheim, Weber y Freud también fueron centro del movimiento antifuncionalista. Gouldner (1956) editó Socialism and Saint-Simon de Durkheim, una obra ignorada por Parsons, para mostrar un Durkheim materialista y radical.
Giddens (1972) sostuvo que Durkheim coincidía con Marx en su interés por cuestiones económicas e institucionales, rechazando la concepción evolucionista parsoniana y degradando Las formas elementales de la vida religiosa para destacar obras anteriores de Durkheim.
Los teóricos del conflicto, como Rex, Dahrendorf y Coser, reintrodujeron a Simmel, Weber y Marx, reinterpretándolos como teóricos del conflicto, el poder coercitivo y el cambio, en oposición a la visión funcionalista. Homans (1964) reinterpretó a Parsons como "acción antihumana" para justificar la teoría individualista del intercambio.
La etnometodología, con Garfinkel (1963), inicialmente intentó introducir a Schutz entre los clásicos. Sin embargo, al establecerse como escuela, Garfinkel presentó la etnometodología como surgida de estudios empíricos y atacó el estatus clásico de Parsons, describiéndolo como un autor que veía a los actores como "idiotas culturales".
La sociología radical, con Friedrich (1970) y Gouldner (1970), atacó la vigencia ideológica de Parsons para legitimar una sociología alternativa. La reinterpretación de los clásicos fue una estrategia clave para preparar el camino a nuevas corrientes teóricas.
Preguntas Frecuentes sobre La Centralidad de los Clásicos
¿Qué significa "la Centralidad de los Clásicos" en sociología?
"La Centralidad de los Clásicos" se refiere a la idea de que ciertas obras fundamentales del pasado mantienen un rango privilegiado en la ciencia social contemporánea. Se considera que entenderlas es tan crucial para la disciplina como estudiar las investigaciones actuales, sirviendo como puntos de referencia y marcos interpretativos para el debate teórico continuo.
¿Por qué los clásicos son más importantes en las ciencias sociales que en las naturales?
Los clásicos son más importantes en las ciencias sociales debido al desacuerdo endémico sobre cuestiones no empíricas, como los estados mentales, los valores y las ideologías. A diferencia de las ciencias naturales, donde el consenso empírico es más fácil de lograr, la ciencia social utiliza los clásicos para establecer un terreno común de discurso y dar coherencia a los debates teóricos profundos.
¿Cómo contribuyó Talcott Parsons a la discusión sobre la Centralidad de los Clásicos?
Talcott Parsons jugó un papel crucial al seleccionar e interpretar un conjunto específico de autores (Durkheim, Weber, Pareto, Marshall) como los "clásicos" fundacionales de la sociología, excluyendo a otros como Marx o Simmel. Su interpretación, centrada en valores culturales y la integración social, sirvió para legitimar y dar forma a su propia teoría funcionalista, influyendo profundamente en el canon sociológico y provocando posteriores debates críticos.
¿Qué críticas se hacen a la idea de la Centralidad de los Clásicos desde una perspectiva empirista?
Desde una perspectiva empirista, la Centralidad de los Clásicos es vista como una "tendencia degenerativa" que impide el progreso acumulativo del conocimiento. Argumentan que, al igual que en las ciencias naturales, la ciencia social debería desechar o relegar al ámbito histórico las obras pasadas si su contenido ha sido verificado o falsado, en lugar de someterlas a "exégesis" o "reverencia acrítica".
¿Cuáles son las razones funcionales e intelectuales de la Centralidad de los Clásicos?
Funcionalmente, los clásicos reducen la complejidad del discurso teórico, permiten sostener compromisos generales sin explicitarlos, y sirven como puntos de referencia estratégicos para legitimar nuevas ideas o escuelas. Intelectualmente, se les otorga un rango privilegiado porque realizan contribuciones singulares y permanentes a la ciencia de la sociedad, especialmente en la interpretación de estados mentales y la construcción de taxonomías, lo cual es menos acumulativo que la investigación empírica. Puedes aprender más sobre la sociología en Wikipedia.