La filosofía de la ciencia tradicionalmente ha buscado entender la naturaleza del conocimiento científico. Sin embargo, en las últimas décadas, ha surgido una perspectiva crucial: la filosofía de la ciencia: valores y objetividad. Esta corriente desafía la idea clásica de que la ciencia puede ser completamente neutral, argumentando que los valores juegan un papel indispensable en la investigación, lo que nos lleva a reevaluar la noción de objetividad científica. Este artículo explorará cómo la visión clásica e historicista abordaron esta cuestión y cómo la filosofía política de la ciencia propone una nueva comprensión.
Análisis de la Filosofía de la Ciencia: Valores y Objetividad en Debate
La visión clásica de la ciencia, predominante durante mucho tiempo, sostenía una clara dicotomía entre hechos y valores. Para esta perspectiva, los enunciados descriptivos (que informan sobre el mundo empírico, como “El agua disuelve la sal”) se distinguen tajantemente de los enunciados normativos (que expresan deseos o prescripciones, como “Se debe proteger el medioambiente”).
Los enunciados descriptivos pueden ser verdaderos o falsos según su correspondencia con el mundo. En cambio, los valores, al expresar lo deseable o no, no se corresponden con un estado de cosas empírico, sino que buscan regular el comportamiento. Así, la fundamentación de los hechos va del mundo al lenguaje, mientras que la de los valores va del lenguaje al mundo.
La concepción heredada argumentaba que la ciencia solo utilizaba enunciados descriptivos en la evaluación y desarrollo del conocimiento. Ni la contrastación de hipótesis ni las teorías científicas tenían lugar para enunciados normativos. Según Hempel, la ciencia nos ayuda a lograr objetivos deseables, pero no a determinar qué es moralmente valioso, garantizando así la imparcialidad del científico.
Críticas de la Filosofía Política de la Ciencia a la Visión Clásica
La filosofía política de la ciencia cuestiona fuertemente este ideal de investigador imparcial. Argumenta que la investigación científica rara vez satisface este modelo. Existen varias razones fundamentales para esta crítica:
- Valores Epistémicos: Los científicos utilizan valoraciones epistémicas al elegir entre teorías (por ejemplo, preferir teorías más simples o aquellas formuladas matemáticamente).
- Influencia en la Observación: La observación no solo está influida por la teoría, como señaló Hanson, sino también por valoraciones. El científico ve y reporta lo que la teoría y sus valoraciones le indican.
Kuhn, basándose en Hanson, explicó la incomensurabilidad de los paradigmas. Científicos en distintos paradigmas ven el mundo de manera diferente, y la observación por sí sola no permite decidir entre teorías. En estos casos, los investigadores recurren a valores cognitivos para elegir qué teoría adoptar, como la simplicidad o la capacidad explicativa.
La Perspectiva Historicista: Un Paso Hacia la Incorporación de Valores
Los enfoques historicistas, a diferencia del clásico, enfatizan que los factores lógicos no son los únicos importantes. El holismo de la contrastación sugiere que las hipótesis nunca se evalúan de forma aislada, sino en conjunción con supuestos auxiliares.
Esto implica que la lógica y la evidencia empírica por sí solas no pueden asegurar concluyentemente la verdad o falsedad de una hipótesis. El desarrollo científico se complejiza, involucrando la rivalidad entre teorías entendidas en un sentido más amplio, como programas de investigación o paradigmas.
El Científico Situado Históricamente
Para el historicismo, el científico es un sujeto situado históricamente. Se forma en una cultura de investigación que acepta ciertas teorías y no otras, y asume la existencia de ciertas entidades (electrones, átomos) sobre otras (dioses). Su decisión al elegir entre teorías rivales no solo considera la capacidad de la teoría para resolver problemas, sino también:
- Valores Epistémicos: Predominantemente propios del quehacer científico, como la precisión matemática, la simplicidad, la elegancia, la compatibilidad con otros enfoques exitosos o la fertilidad explicativa.
La evaluación de un paradigma es un proceso colectivo, no individual, que puede llevar mucho tiempo. Es la comunidad científica, guiada por un conjunto de valores epistémicos, la que finalmente converge en la aceptación de un enfoque.
La Filosofía Política de la Ciencia: Una Nueva Dimensión de los Valores
La filosofía política de la ciencia, también conocida como epistemología social (Longino y Anderson), va un paso más allá de los historicistas. Concibe a los investigadores como sujetos políticos que no dejan sus valores personales fuera del laboratorio. Los científicos ven el mundo a través de una cosmovisión donde confluyen conocimientos y valoraciones diversas.
Al escoger entre teorías alternativas, el científico no solo utiliza valores epistémicos, sino también, consciente o inconscientemente, valores no epistémicos. Entre estos se incluyen:
- Valores políticos: Como los institucionales o los de sexo-género. (Gómez, 2014)
Helen Longino (1990) argumenta que los valores no epistémicos, que forman parte del bagaje conceptual de trasfondo (supuestos auxiliares), permiten extraer las implicaciones contrastadoras para evaluar hipótesis. Esto significa que la investigación científica es, en principio, permeable a valores e intereses externos.
El razonamiento contrastador es dependiente del contexto. Para deducir implicaciones, se asumen como correctas ciertas creencias que a menudo involucran valoraciones externas a la ciencia. La Laguna Lógica entre hipótesis y datos observacionales es donde entran en juego estos supuestos auxiliares, que facilitan y restringen el razonamiento.
La Carga Valorativa de la Observación y la Imbricación Hecho-Valor
La filosofía política de la ciencia subraya que no solo existe una carga teórica en la observación, sino también una carga valorativa. Esta carga incluye tanto valores cognitivos como no cognitivos, provenientes del contexto sociopolítico más amplio en el que se forman los investigadores. Nancy Tuana, Emily Martin y Sarah Hrdy, por ejemplo, han demostrado que descripciones de fenómenos naturales, como el comportamiento sexual de primates o la fecundación, están cargadas de valores de sexo-género.
Se utilizan conceptos éticamente densos (Putnam, 2002 [2004]), que tienen componentes tanto descriptivos como normativos. Por ejemplo, al decir “Las mujeres contienen óvulos” (pasivo) en contraste con “Los hombres producen espermatozoides” (activo), se perpetúan valoraciones culturales específicas.
Ejemplo histórico de la influencia de valores de sexo-género:
- Durante mucho tiempo, la observación de espermatozoides en el líquido seminal se tomó como evidencia de que los hombres eran los únicos responsables de la forma del nuevo ser humano.
- Esto se apoyaba en supuestos auxiliares como el preformismo (el embrión ya está completamente formado en el espermatozoide) y el prejuicio sexista de que las mujeres eran inferiores y solo aportaban nutrición.
- Estos valores sexistas obstaculizaron el estudio de las funciones de las gametas femeninas.
- Hoy sabemos que el desarrollo embrionario es complejo y requiere tanto el ADN del espermatozoide como el del óvulo, sin que una gameta sea más importante que la otra.
Autonomía e Integridad de la Ciencia en Cuestión
Al afirmar que hechos y valores están imbricados, la filosofía política de la ciencia no solo desafía la dicotomía tradicional, sino también las tesis de la autonomía y la integridad de la ciencia.
- Autonomía de la ciencia: La idea de que la investigación científica se desarrolla sin ser afectada por los valores e intereses de su contexto social y cultural.
- Integridad de la ciencia: La creencia de que las prácticas internas de la ciencia (observación, experimentación, construcción de teorías) no están influidas por valores contextuales.
Longino (1990) argumenta que estas tesis son incorrectas. La financiación de la ciencia moderna por corporaciones o gobiernos hace que su trayectoria sea vulnerable a intereses externos. La ciencia es una actividad humana colaborativa, con objetivos y criterios de éxito que se desarrollan en un contexto sociopolítico dinámico.
Hacia una Nueva Concepción de la Objetividad Científica
Reconocer la influencia de los valores contextuales no niega que la ciencia ofrezca conocimiento objetivo. Sin embargo, requiere una revisión de la noción de objetividad. Para Longino, la objetividad deja de ser un producto (una descripción rigurosa de los hechos “tal como son”) y se convierte en un proceso de la actividad científica.
La objetividad de la investigación científica reside en su aspecto social y colectivo, no en la imparcialidad individual. Se logra a través de procedimientos como:
- La replicabilidad de los experimentos.
- La revisión por pares de los resultados.
- El carácter público de la evidencia.
Este proceso comunitario asegura que las hipótesis aceptadas no reflejen las asunciones idiosincrásicas de un solo individuo. La objetividad no es un rasgo absoluto de las teorías, sino más bien gradual. Una teoría es más o menos objetiva según el grado en que sus procedimientos de validación han seguido estos pasos, alcanzando un consenso crítico en la comunidad.
La filosofía política de la ciencia refuerza la idea historicista de que la elección teórica es un proceso social y colectivo. La dinámica interna de la ciencia requiere interacción con valores externos, y el establecimiento de teorías mediante la crítica racional de pares implica un consenso tanto en las relaciones evidenciales como en el conocimiento de trasfondo cargado de valores.
Implicaciones y Casos de Estudio de los Valores en la Ciencia
La influencia de los valores en la ciencia es vasta y se manifiesta de diversas maneras. Algunos ejemplos importantes incluyen:
- Valores de sexo-género: Como vimos, pueden moldear la interpretación de la reproducción o el comportamiento animal, llevando a descripciones sesgadas que refuerzan estereotipos sociales.
- Valores institucionales: Las instituciones que financian la investigación influyen en qué temas se abordan y cómo se investigan, afectando la agenda científica y las prioridades de investigación.
Estos ejemplos demuestran cómo los valores contextuales no son meros