Podcast sobre Enseñanza de Ciencias Sociales y Efemérides
Enseñanza de Ciencias Sociales y Efemérides: Guía SEO para Docentes
Podcast
Historia para Pequeños: ¿Cómo y Cuándo Empezar?
Délka: 24 minut
Kapitoly
Un Comienzo Sorprendente
El Verdadero Desafío
Herramientas Lejos del Libro
El Poder de una Imagen
Preguntas que Abren Puertas
Actos Escolares con Sentido
De la calle a la escuela
Una estrategia de Estado
Mitos y estereotipos perdurables
Fiestas cívicas y populares
Un cambio de aire
La receta del estereotipo
Estereotipos que no mueren
Rompiendo con la historia tradicional
La vida cotidiana como protagonista
Preguntas que abren mundos
Cuidado con las etiquetas simplistas
Un nuevo enfoque histórico
La historia de la gente común
Las claves de la historia social
Imágenes del Pasado
Viajes en el Tiempo Fotográficos
Resumen y Despedida
Přepis
Lucía: ¡Espera! ¿Entonces me estás diciendo que intentar enseñarles historia a los niños de jardín maternal es básicamente... una ficción?
Carlos: ¡Exacto! Suena un poco duro, pero a esa edad, no es significativo para ellos. Es más para cumplir con el acto escolar que para un aprendizaje real.
Lucía: Wow. Eso cambia toda la perspectiva. Están escuchando Studyfi Podcast, y hoy con nuestro experto, Carlos, vamos a desmitificar cómo se enseña la historia en el nivel inicial.
Carlos: ¡Así es, Lucía! Y el primer paso es entender que no se trata de forzar conceptos, sino de despertar la curiosidad en el momento adecuado.
Lucía: De acuerdo, entonces dejamos fuera al jardín maternal. ¿Cuál es el mayor desafío cuando sí empezamos a enseñar historia a los más grandes del nivel inicial?
Carlos: Honestamente, el desafío a menudo está en nosotros, los adultos. Muchos docentes, sin mala intención, replican los actos escolares de su propia infancia.
Lucía: Ah, claro. Las matrices de aprendizaje de las que siempre hablamos. Repetimos lo que conocemos.
Carlos: Exactamente. Se repiten estereotipos, se simplifica todo al extremo, y a veces, una maestra nueva con ideas frescas choca contra una estructura institucional muy conservadora que no la deja innovar.
Lucía: Qué frustrante. Entonces, el primer paso es que los propios docentes se actualicen y reflexionen sobre cómo enseñan.
Carlos: Esa es la clave. Romper con la idea de que la historia para niños es solo disfrazarse y repetir una frase.
Lucía: ¡Totalmente! Recuerdo haber sido un árbol en un acto del 25 de Mayo. No aprendí nada sobre la revolución, pero sí mucho sobre el papel crepé.
Carlos: ¡Un clásico! El objetivo es que sea significativo, no solo un ensayo agotador.
Lucía: Okay, entonces, si no es con la típica lección de manual, ¿cómo les acercamos el pasado? ¿Cuáles son las herramientas?
Carlos: ¡Aquí viene lo divertido! Olvídate de los textos densos. En nivel inicial, la historia se toca, se ve y se escucha. Usamos fuentes de información muy distintas.
Lucía: ¿Cómo cuáles? Dame ejemplos.
Carlos: Imágenes de la época, objetos antiguos, relatos de viajeros adaptados para ellos, cartas, incluso cuentos de ficción ambientados en ese período. Se trata de una exploración sensorial.
Lucía: ¡Eso suena mucho más atractivo! Es como ser un pequeño detective del pasado en lugar de un estudiante memorizando fechas.
Carlos: ¡Esa es la actitud! Queremos que observen, que pregunten, que interpreten. El docente guía, pero ellos construyen el conocimiento a partir de estas fuentes.
Lucía: Mencionaste las imágenes. Siempre pensé que eran solo para decorar la cartelera, pero parece que son mucho más importantes.
Carlos: ¡Muchísimo más! Una imagen no es una decoración, es un testimonio. Es un documento que nos habla de una época. Especialmente las que se conocen como "pinturas documentales".
Lucía: ¿Qué las hace tan especiales?
Carlos: Fueron pintadas por artistas que vivieron en la época que retrataban. ¡Son una ventana directa al pasado! Comunican detalles de la vida cotidiana que ningún texto podría transmitirle a un niño pequeño.
Lucía: Claro, no es lo mismo que una pintura hecha 100 años después para un aniversario, que puede idealizar las cosas.
Carlos: Exacto. Esas pinturas del Centenario de 1910 son famosas y están en muchos libros, pero las documentales tienen una riqueza y una autenticidad únicas para trabajar en el aula.
Lucía: Bien, tenemos las herramientas. Ahora, ¿cómo empezamos la conversación? ¿Cuál es la forma correcta de plantear el tema?
Carlos: Importantísimo. Hay que evitar preguntas que buscan una respuesta que el niño no puede tener. Por ejemplo, nunca preguntar "¿Qué pasó el 25 de mayo?".
Lucía: Porque... ¡no tienen por qué saberlo! No es un concurso.
Carlos: ¡Exacto! La responsabilidad de dar la información es nuestra. En lugar de eso, hacemos preguntas que inviten a investigar con las fuentes que llevamos. Por ejemplo, mostrando una imagen, podríamos preguntar: "¿Qué ropa usan estas personas? ¿Se parece a la nuestra?".
Lucía: Ah, eso tiene mucho más sentido. Partes de su curiosidad y de lo que pueden observar directamente.
Carlos: Precisamente. Y otro punto clave: los materiales los lleva el docente. No podemos pedirles a las familias que "traigan información" sin una consigna clara y acotada, porque se vuelve inmanejable.
Lucía: Entendido. O sea, la clave es una propuesta bien planificada, con buenas fuentes y, sobre todo, buenas preguntas. ¡Increíble! Esto realmente cambia el enfoque tradicional.
Lucía: Exacto, entonces no se trata solo de leer un libro, sino de hacerlo tangible. Y hablando de eso, ¿cómo llevamos esa indagación a la práctica en el aula? Supongo que no es solo hacer maquetas.
Carlos: No, para nada. Una herramienta poderosísima es el juego dramático.
Lucía: ¿Te refieres a que los niños actúen?
Carlos: Sí, pero de una forma muy intencionada. No es solo ponerse un disfraz. Es asumir un personaje después de haber investigado sobre él. O, y esto es genial, usar el juego con escenarios a pequeña escala.
Lucía: ¿Cómo funciona eso?
Carlos: Piensa en construir pequeños mundos con personajes basados en lo que han aprendido. Esto les permite recrear la vida cotidiana del pasado de una manera súper inmersiva. También se pueden usar títeres de todo tipo: de guante, de dedo, ¡incluso de sombras!
Lucía: ¡Teatro de sombras! Eso suena mucho más divertido que mis clases de historia.
Carlos: ¡Exacto! Porque el objetivo es que el aprendizaje sea genuino.
Lucía: Y supongo que todo esto se conecta con los famosos actos escolares, ¿no?
Carlos: Totalmente. El acto escolar debería ser la culminación de este proceso. Una oportunidad para que los niños muestren a sus familias lo que aprendieron. No una serie de ensayos agotadores y sin sentido.
Lucía: Claro, en lugar de una obra acartonada, muestran su investigación.
Carlos: Precisamente. Pueden hacer un teatro de títeres, un video sobre los viajes de la época, un afiche... lo que sea que comunique lo que descubrieron.
Lucía: Y que desmonte estereotipos, que es lo más importante.
Carlos: El punto clave es ese. Se trata de abandonar esas prácticas anticuadas y problemáticas, como los pregones con rimas forzadas o pintar a los niños con corcho quemado. Esas son representaciones que ya no tienen lugar.
Lucía: Cambiar esa herencia de la escuela tradicional debe ser un desafío enorme.
Carlos: Lo es, pero es posible. Y es fundamental empezar a hacerlo desde el Nivel Inicial con un trabajo creativo y comprometido. De hecho, hay ejemplos increíbles de cómo se puede aplicar todo esto en el día a día.
Lucía: Y esa idea de construir una identidad nos lleva directamente a un lugar que todos conocemos muy bien,
Carlos: la escuela. Y específicamente, a los actos escolares.
Carlos: Exacto, Lucía. Es un tema fascinante. Porque hoy los vemos como algo súper formal, ¿no? Pero su origen es muy diferente. Viene de la calle, literalmente.
Lucía: ¿Cómo que de la calle? ¿A qué te refieres?
Carlos: Antes de que existieran los actos como los conocemos, las conmemoraciones eran fiestas populares. Fiestas cívicas. Después de la Revolución de Mayo, por ejemplo, la gente se juntaba en la Plaza de la Victoria, la actual Plaza de Mayo.
Lucía: ¡Fiestas en la plaza! Suena mucho más divertido que estar parados en un patio.
Carlos: Totalmente. Había desfiles, música, fuegos artificiales... La Asamblea de 1813 hasta oficializó el 25 de mayo como las "Fiestas Mayas". Duraban varios días. Era un evento social, no escolar.
Lucía: Ok, entonces, ¿en qué momento la escuela se apropia de esto? ¿Cuándo pasamos de la fiesta al acto formal?
Carlos: Aquí está el punto clave. Ocurrió a fines del siglo XIX, con la consolidación del Estado Nacional. De repente, el país recibió una oleada masiva de inmigrantes europeos.
Lucía: Claro, la famosa Ley 1420 de educación pública, gratuita y laica de 1884. Tenían que integrar a toda esa gente.
Carlos: Precisamente. Y para eso, necesitaban crear un fuerte sentimiento de pertenencia, una identidad argentina. Las fiestas populares se fueron apagando y, en su lugar, se encendió el "fervor patriótico escolar".
Lucía: ¿Y hay un registro del primer acto escolar o algo así?
Carlos: Se considera que lo más parecido a un primer acto lo hizo un director llamado Pablo Pizzurno en 1887. Juntó a los chicos en el patio, les explicó qué pasó el 25 de mayo y cantaron el himno. ¡Fue noticia en los diarios!
Lucía: ¡Increíble! O sea que no fue algo espontáneo, fue una estrategia. Una política de Estado para, como decís, 'argentinizar' a la población.
Carlos: Exacto. Para 1890, el Consejo Nacional de Educación ya había reglamentado cómo celebrar las fechas patrias en las escuelas. Se crearon instructivos, había controles... La escuela se convirtió en la fábrica de patriotas.
Lucía: Y con eso llegaron los libros de texto, los símbolos, el himno, la bandera... todo ese ritual que conocemos tan bien.
Carlos: Todo. Se buscaba crear una historia única, inamovible. Una historia que, además, reforzaba las jerarquías sociales de la época. Y vaya si tuvieron éxito... ¡esos formatos perduran hasta hoy!
Lucía: ¡Totalmente! Y se crearon esos relatos míticos que todos escuchamos. "Sarmiento nunca faltó a la escuela", "Belgrano renunció a todo por la patria"...
Carlos: Esos mismos. Se enseñaba una historia moralizante, con héroes perfectos. Y los actos se llenaron de personajes estereotipados: las damas antiguas, los caballeros, los vendedores ambulantes...
Lucía: Uf, y ni hablar de cómo se representaba a la población afrodescendiente. Las "negritas" con polleras a lunares y la cara pintada con corcho quemado.
Carlos: Un desfile de representaciones descontextualizadas e irreales. Se naturalizó una forma de festejar que hoy nos hace mucho ruido. Se transmitía un pasado sin conflictos, lo que dificulta pensar los conflictos del presente.
Lucía: Viéndolo así, es impresionante cómo algo que parece tan inocente como un acto del jardín de infantes tiene una carga histórica y política tan fuerte.
Carlos: Así es. Y esa es la gran pregunta que nos interpela hoy: ¿qué sentido tienen esos actos en el contexto actual? ¿Qué noción de patria les transmitimos a los chicos? Es una discusión que va mucho más allá de la escuela.
Lucía: Definitivamente. Y eso nos conecta directamente con cómo se enseña la historia en general, no solo en las efemérides. Hablemos un poco de eso...
Lucía: ...así que no eran para nada como los actos escolares que conocemos. ¡Suena mucho más divertido!
Carlos: ¡Totalmente! De hecho, en 1817 se sumaron las famosas “Fiestas Julias”, que el mismo Rosas hizo oficiales en 1835.
Lucía: ¿Y cómo eran? ¿Qué las hacía tan especiales?
Carlos: ¡Eran una locura! Imaginate la ciudad entera de fiesta. La gente embanderaba sus casas, había fuegos artificiales, globos aerostáticos, música por todos lados...
Lucía: ¡Wow! Nada que ver con cantar el himno en el patio.
Carlos: Para nada. Había corridas de toros, disfraces, bailes... Era casi un carnaval. Lo más interesante es que las distinciones sociales parecían borrarse por unos días. Todos festejaban juntos.
Lucía: ¿Y las escuelas? ¿Qué papel jugaban en todo esto?
Carlos: Uno muy secundario. En esa época había pocas escuelas, casi todas privadas o de la iglesia. Los chicos simplemente desfilaban con sus estandartes y se sumaban a la fiesta de toda la comunidad.
Lucía: O sea, la fiesta no era *de* la escuela, la escuela iba *a* la fiesta.
Carlos: ¡Exacto! Como dice el historiador Siede, la celebración era de todos. Esto siguió así por décadas. Un diario de 1870 llegó a decir: “Sin payaso no hay alegría, no hay fiestas patrias posibles”.
Lucía: ¡Me encanta! Un payaso como requisito para celebrar la patria.
Carlos: Era el espíritu de la época. Pero todo empezó a cambiar hacia finales del siglo, por 1880 y 1890.
Lucía: ¿Qué pasó?
Carlos: La gran ola de inmigración. Ellos traían sus propias celebraciones, sus propias costumbres. Y ahí es cuando los grupos dominantes vieron la necesidad de unificar el sentimiento patrio.
Lucía: Ah, claro. Y me imagino que ahí es cuando la escuela empieza a tomar un rol mucho más central en estas conmemoraciones, ¿verdad?
Lucía: Y hablando de esa identidad nacional única, eso nos lleva directamente a los estereotipos, que son como los ladrillos de esa construcción, ¿no?
Carlos: Exactamente, Lucía. Los estereotipos son esas ideas súper conocidas y compartidas sobre un grupo. Y casi siempre... tienen una connotación negativa.
Lucía: Claro, como etiquetas peyorativas que le ponemos a la gente. Pero, ¿por qué son tan poderosos? Mucha gente los ve como si fueran la pura verdad.
Carlos: Aquí está la clave. Un estereotipo es falso y verdadero al mismo tiempo. Suena raro, lo sé.
Lucía: Un poco sí. ¿Cómo es eso posible?
Carlos: Se basa en rasgos que existen, que son reales. No se inventan de la nada. Pero lo falso está en la distorsión, en tomar un rasgo y decir: “esto define a TODO el grupo”. Se naturaliza.
Lucía: Entiendo. Como el clásico ejemplo del “descubrimiento” de América, con los europeos civilizados y los indígenas salvajes.
Carlos: ¡Ese es el ejemplo perfecto! Refuerza esa idea de civilización contra salvajismo. De hecho, la investigadora Robyn Quin lo resume en cuatro pasos muy claros.
Lucía: A ver, ¡dame la receta para crear un estereotipo!
Carlos: ¡Anotá! Primero, identificas una condición social. Segundo, la evalúas negativamente. Tercero, dices que esa evaluación es una característica innata del grupo.
Lucía: Ok, hasta ahí te sigo. ¿Y el cuarto paso?
Carlos: Este es el más retorcido. Presentas esa evaluación negativa como la CAUSA de su condición social, y no como el efecto.
Lucía: ¡Wow! Es una inversión total. Es como culpar a la víctima, básicamente.
Carlos: Precisamente. Con esa inversión de causa y efecto, el estereotipo se “prueba” a sí mismo y se justifica. Es un círculo vicioso.
Lucía: Por eso son tan rígidos, a diferencia de las representaciones sociales que son más dinámicas, ¿verdad?
Carlos: Exacto. El estereotipo es terco. Permanece y se adapta a los cambios históricos para sobrevivir. Y lo vemos en todas partes, incluso en lugares que no esperaríamos.
Lucía: ¿Cómo en las revistas infantiles?
Carlos: ¡Sí! Piensa en la revista Billiken. En 1977 publicaba imágenes que hoy nos parecen de otra época... ¡pero en 2017 seguían reafirmando los mismos estereotipos colonizantes!
Lucía: ¿En serio? ¿En 2017? Eso es bastante desalentador. Demuestra la urgencia de ofrecer otra mirada, otra perspectiva.
Carlos: Totalmente. Hay que reflexionar sobre la validez de estos recursos que usamos sin pensar.
Lucía: Entonces, aquí va la gran pregunta. Si desarticulamos los estereotipos, si dejamos de usar estos productos que nos da el mercado… ¿qué materiales didácticos nos quedan?
Lucía: Y es que justo ese enfoque tradicional es el que aleja a tantos estudiantes. Lo convierte en una lista de fechas y nombres que hay que memorizar.
Carlos: Exacto. Pero aquí viene el cambio de paradigma. Por suerte, la didáctica de la historia ha evolucionado muchísimo.
Lucía: ¿A qué te refieres con un cambio de paradigma? Suena... grande.
Carlos: Lo es. Pasamos de la historia positivista, esa que se enfoca en los grandes héroes, las batallas y la política... a lo que llamamos la historia social.
Lucía: ¿Historia social? ¿Como la vida de la gente común?
Carlos: ¡Precisamente! Inspirados por corrientes como la escuela francesa de los Annales, empezamos a preguntarnos por el pasado desde el presente, buscando explicaciones, no solo hechos.
Lucía: ¡Eso suena mucho más interesante! Dejamos de ver solo a los próceres en sus caballos.
Carlos: Exacto. Nos bajamos del caballo y empezamos a caminar por las calles de tierra para ver qué pasaba de verdad.
Lucía: Entonces, ¿qué tipo de cosas investiga esta historia social?
Carlos: La vida cotidiana. Algo tan simple y a la vez tan revelador. Por ejemplo, en lugar de solo hablar del 25 de Mayo de 1810, nos preguntamos: ¿cómo era la Plaza Mayor en esos días?
Lucía: ¿Quiénes estaban ahí además de los señores del Cabildo?
Carlos: ¡Esa es la pregunta clave! De repente, aparecen los grupos que antes eran invisibles: afrodescendientes, pueblos originarios, artesanos, mercaderes, mujeres... la gente del "bajo pueblo".
Lucía: Claro, porque la sociedad era mucho más diversa que la elite que siempre nos muestran.
Carlos: Totalmente. Podríamos investigar el uso social del río. ¿Quiénes iban y para qué? No era solo para pasear, te lo aseguro.
Lucía: Me imagino que no había tiempo para tomar sol y ya.
Carlos: Y esa es la clave: hacer buenas preguntas. La indagación es el motor. Preguntas como: ¿Había mujeres en el Cabildo? ¿Quién vendía la comida en el mercado? ¿Cómo se vestían?
Lucía: ¡O cómo se divertían! ¿Tenían sus propias fiestas o formas de ocio que no eran los grandes bailes de la elite?
Carlos: ¡Excelente pregunta! Pensar en la recreación de los distintos grupos sociales nos da una visión riquísima de la época. Permite ver cómo resolvían sus vidas, que al final no es tan distinto a lo que hacemos hoy... aunque sin celulares, claro.
Lucía: Un mundo sin memes... qué difícil de imaginar.
Carlos: Y hablando de no simplificar, un error común es cómo nombramos el tiempo histórico. Especialmente con los más chicos.
Lucía: ¿Te refieres a decir "en la época colonial" para todo?
Carlos: ¡Exacto! Es una muletilla que arrastramos. Después del 25 de mayo de 1810, políticamente, ya no éramos una colonia. Usar esa etiqueta para hablar del 9 de Julio, por ejemplo, es un error histórico.
Lucía: Vaya, no lo había pensado así. ¿Y qué hay de las comparaciones tipo "antes y ahora"?
Carlos: Otro punto a evitar. Es una simplificación que distorsiona la complejidad del tiempo. Un mejor enfoque es ser específico.
Lucía: ¿Cómo por ejemplo?
Carlos: En vez de "juegos de la época colonial", podríamos proponer: "Los juegos en Buenos Aires en los años de la revolución". O "La comida en la época de Belgrano".
Lucía: Entiendo. Es mucho más preciso y enmarca la investigación en un contexto real, no en una etiqueta vaga.
Carlos: Justo a eso iba. Y para investigar todo esto, no hay nada mejor que recurrir a las fuentes, especialmente a las visuales, que nos ayudan a demoler estereotipos. Pero de eso podemos hablar ahora.
Lucía: Y entonces, la historia deja de ser solo sobre grandes hombres y batallas, ¿no? Se vuelve... más completa.
Carlos: Exacto. Los procesos económicos, sociales, religiosos… todo entra en juego. Buscamos una historia más totalizadora.
Lucía: Suena mucho más complejo.
Carlos: Lo es, pero también más real. Aquí fue clave un historiador francés, Fernand Braudel. Él nos enseñó a pensar en distintas velocidades del tiempo.
Lucía: ¿Velocidades? ¿Cómo que el tiempo tiene un velocímetro?
Carlos: Algo así. Él distinguía entre procesos de corta, media y larga duración. No todo cambia al mismo ritmo.
Lucía: Entiendo. Y este cambio de enfoque, ¿cuándo se populariza?
Carlos: Sobre todo en los años 70 y 80. Ahí la historia social explota y pone la mirada en las microhistorias.
Lucía: ¿Microhistorias? ¿Te refieres a la gente anónima?
Carlos: Justamente. La vida cotidiana de quienes definieron una época sin salir en los libros. ¡Tu tatarabuela es ahora una protagonista!
Lucía: ¡Le habría encantado saberlo! Y para estudiar eso, supongo que no alcanzan los documentos oficiales.
Carlos: Para nada. Por eso la historia se enriqueció con la antropología, la sociología, la filosofía... Se necesitan nuevas herramientas para nuevas preguntas.
Lucía: Entonces, para resumir, ¿cuáles serían los puntos clave de esta historia social?
Carlos: Bueno, Brisa Varela lo sintetiza genial. Primero, buscar múltiples causas y perspectivas. Nada es por una sola razón.
Lucía: Lógico. ¿Qué más?
Carlos: El interés por la vida cotidiana, las relaciones de poder y, sobre todo, dar voz a los actores sociales que fueron silenciados o "invisibilizados".
Lucía: Me encanta esa idea. Conectar lo pequeño con lo grande.
Carlos: ¡Esa es la clave! Estudiar un caso local pero en relación con lo que pasa a nivel nacional o incluso mundial. El problema es que muchos de estos avances no siempre llegan a las aulas...
Lucía: Y de eso justo quería que habláramos. ¿Cómo se traduce todo esto a la enseñanza en la escuela?
Lucía: Y con todas estas ideas, Carlos, me pregunto... ¿cómo podemos realmente *ver* cómo era la vida en esa época?
Carlos: ¡Excelente pregunta! Aquí es donde entran los recursos didácticos. No se trata solo de leer, ¡se trata de observar!
Lucía: ¿Te refieres a cosas como pinturas o grabados?
Carlos: ¡Exacto! Piensa en las acuarelas de Emeric Essex Vidal o las litografías de Hipólito Bacle. Nos muestran la vida cotidiana, la gente en el mercado, en el río...
Lucía: ¡Claro! No solo los grandes próceres. Ves a la gente común y corriente. Me encanta eso.
Carlos: Justo ese es el punto. Y luego tienes las pinturas más “oficiales”, como las de Pedro Subercaseaux hechas para el Centenario, que muestran los grandes momentos.
Lucía: Okey, pinturas lo entiendo. ¿Y qué más podemos usar?
Carlos: ¿Qué tal un viaje en el tiempo con fotografías? Podemos tomar una foto actual de la Plaza de Mayo y compararla con un daguerrotipo del siglo diecinueve.
Lucía: Wow, eso suena increíble. Ver los cambios y lo que increíblemente permanece...
Carlos: Exacto. El Archivo General de la Nación tiene muchísimo material digitalizado. ¡Es una verdadera mina de oro visual!
Lucía: Una mina de oro sin tener que ensuciarse las manos. ¡Perfecto!
Carlos: Y no olvidemos los relatos de viajeros. Leer fragmentos de sus diarios es como tener un guía turístico de otra época.
Lucía: Fantástico. Entonces, para resumir un poco todo lo que charlamos hoy... la historia está viva, no solo en los libros, sino en las imágenes y relatos.
Carlos: Totalmente. La clave es interactuar con ella, hacerla nuestra, y estas herramientas son el camino perfecto para lograrlo.
Lucía: Así es. Bueno, Carlos, se nos acabó el tiempo por hoy. ¡Muchísimas gracias, como siempre, un placer!
Carlos: El placer es mío, Lucía. ¡Hasta la próxima!
Lucía: Y a todos ustedes, gracias por acompañarnos en Studyfi Podcast. ¡Nos oímos en el siguiente episodio!