Podcast sobre Trabajo, Delito y Sociabilidad Juvenil

Trabajo, Delito y Sociabilidad Juvenil: Un Análisis Completo

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Delincuencia Juvenil: Más Allá del Estereotipo0:00 / 23:47
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LauraCasi el 80% de los estudiantes cree que la delincuencia juvenil es una elección simple: o trabajás o robás. Pero ¿y si te dijera que la realidad es mucho más compleja y se esconde en un concepto clave que lo cambia todo? Si entendés esto, no solo vas a clavar el examen, sino que nunca más vas a ver este tema de la misma manera.
DanielExacto. Es una zona gris que la mayoría ignora por completo.
Capítulos

Delincuencia Juvenil: Más Allá del Estereotipo

Délka: 23 minut

Kapitoly

El Error Más Común

Del Trabajo al Delito

La Lógica del Proveedor

¿Quiénes Son Realmente?

La Falacia Ecológica

Inestabilidad, no Desempleo

De Trabajador a Proveedor

Más Allá del Sueño Americano

Las Fronteras Borrosas de la Desviación

Grupos sin Conciencia

La Escalada Casual

Amigos vs. Conocidos

Códigos No Escritos

Aceptación y Rechazo

Grupos Flexibles

Negociando con el Vecino

El Amigo que Trabaja y el que Roba

La Lógica de la Provisión

Cuando los Mundos Chocan

Relaciones Pre-existentes

Estrategias Barriales

La Brecha Generacional

'El Bardo' para Existir

Resumen y Cierre

Přepis

Laura: Casi el 80% de los estudiantes cree que la delincuencia juvenil es una elección simple: o trabajás o robás. Pero ¿y si te dijera que la realidad es mucho más compleja y se esconde en un concepto clave que lo cambia todo? Si entendés esto, no solo vas a clavar el examen, sino que nunca más vas a ver este tema de la misma manera.

Daniel: Exacto. Es una zona gris que la mayoría ignora por completo.

Laura: Estás escuchando Studyfi Podcast. Soy Laura, y hoy con nuestro experto, Daniel, vamos a desarmar la relación entre la falta de empleo y la delincuencia juvenil.

Daniel: ¡Hola a todos! Y sí, vamos a romper ese mito de que son dos mundos separados. La cosa es mucho más mezclada de lo que parece.

Laura: Para entenderlo, nos basamos en un estudio increíble hecho en el Gran Buenos Aires con jóvenes que habían cometido delitos.

Daniel: Así es. Y una frase de un chico entrevistado, Lucas, lo resume todo. Dijo: “Necesitás guita sí o sí, salís a buscar, tratás de conseguir trabajo; si no encontrás, salís a robar”.

Laura: El orden es clave, ¿no? No es que se levantan un día y deciden ser delincuentes. Primero está la necesidad, después la búsqueda de trabajo y, solo como una opción ante el fracaso, aparece el delito.

Daniel: Totalmente. No es un interruptor de luz que se apaga y se prende. Es un camino, a veces con idas y vueltas, donde se mueven entre lo legal y lo ilegal.

Laura: Y acá viene el concepto que prometimos, el que te va a dar esa ventaja en el examen. Daniel, ¿qué es la 'lógica del proveedor'?

Daniel: ¡Esta es la joya del estudio! La crisis laboral hizo que muchos jóvenes pasaran de una 'lógica del trabajador', donde tu identidad es tu empleo, a una 'lógica del proveedor'.

Laura: ¿Qué significa ser un 'proveedor' en este contexto?

Daniel: Significa que tu objetivo principal es llevar plata a casa, como sea. No importa si es con un trabajo precario, una changa, o un robo. Se combinan todos los recursos disponibles, legales e ilegales, para sobrevivir.

Laura: O sea, no es que dejan de buscar trabajo. Es que... ¿amplían su currículum de formas... poco convencionales?

Daniel: ¡Exactamente! Es la mejor forma de verlo. Crean una zona intermedia donde alternan entre un empleo y un delito contra la propiedad, según la necesidad y la oportunidad.

Laura: Otra cosa que me sorprendió del estudio es que estos chicos no venían de familias con tradición delictiva.

Daniel: Para nada. La mayoría eran nuevos en esto, llevaban menos de un año y medio cometiendo delitos. El estudio se centró específicamente en robos donde había violencia o amenaza, para entender las formas más nuevas de delito juvenil.

Laura: Entonces, para resumir y que quede claro: la clave no es ver el trabajo y el delito como opuestos, sino como parte de una misma estrategia de supervivencia bajo la 'lógica del proveedor'.

Daniel: Diste en el clavo. Entender esa transición es lo que separa una respuesta correcta de una respuesta brillante.

Laura: Y justo esa idea de la desigualdad nos lleva a otro tema que siempre sale en las conversaciones: la relación entre el empleo y la delincuencia.

Daniel: Totalmente, Laura. Es una de esas ideas que todo el mundo asume como cierta: si sube el desempleo, sube el crimen. Pero la realidad es... mucho más complicada.

Laura: ¿A qué te refieres? Suena bastante lógico. Si la gente no tiene trabajo, busca otras formas de conseguir dinero, ¿no?

Daniel: Es lo que parece, pero los estudios científicos no lo tienen tan claro. De hecho, a finales de los 80, un investigador llamado Chiricos revisó toda la evidencia y demostró que esa relación positiva era, como mínimo, cuestionable. Se llegó a un “consenso de duda”.

Laura: ¿Un consenso de duda? Vaya, eso desmonta una creencia popular bastante grande. ¿Entonces no hay ninguna conexión?

Daniel: La hay, pero no es tan directa. Aquí es donde caemos en un error muy común, algo que los expertos llaman la “falacia ecológica”.

Laura: Suena a algo que le pasaría a un oso en el bosque. ¿Qué es exactamente?

Daniel: No, no tiene que ver con osos. Piénsalo así: que en un país suban las ventas de helado y también los ahogamientos en la playa, no significa que comer helado te haga ahogarte. La causa real es el verano, que hace que la gente haga ambas cosas.

Laura: ¡Ah, ya entiendo! Así que, aunque el desempleo y el delito suban al mismo tiempo a nivel nacional, no significa que sean los desempleados los que están cometiendo los delitos.

Daniel: ¡Exacto! De hecho, muchas investigaciones muestran que los que delinquen suelen ser jóvenes que ni siquiera han entrado al mercado laboral. El problema es más profundo: el desempleo debilita el tejido social del barrio, las normas se relajan y ahí surgen pautas alternativas, como las actividades ilegales.

Laura: Entonces, el problema no es tanto el individuo sin trabajo, sino el entorno que se crea. Eso cambia la perspectiva por completo.

Daniel: Y hay más. Otro problema es pensar que la situación es igual en todas partes. En Argentina, por ejemplo, el problema no es tanto el desempleo de larga duración, como en Europa. Es la inestabilidad laboral.

Laura: ¿Inestabilidad laboral? ¿Te refieres a tener trabajos temporales?

Daniel: Sí, y mucho más. Hablamos de puestos precarios, mal pagados, sin cobertura social, sin protección al despido... Son trabajos que aparecen y desaparecen muy rápido. Esto crea lo que llamamos “trayectorias inestables”: la gente salta de un trabajito a otro, con periodos de desempleo en medio. Es un ciclo agotador.

Laura: Me imagino que vivir así, sin ninguna seguridad, debe tener un impacto psicológico enorme.

Daniel: Gigante. Y aquí está la clave para entender el vínculo con el delito. Lo que vemos es que muchas de estas personas no son delincuentes a tiempo completo. Combinan actividades legales con ilegales.

Laura: O sea, ¿tienen un trabajo de día y... otro de noche, por así decirlo?

Daniel: Algo así. Hacen una “changa”, un trabajo temporal, y si no alcanza, lo complementan. Esto provoca un cambio de mentalidad fundamental. Se pasa de la “lógica del trabajador” a la “lógica del proveedor”.

Laura: ¿Cuál es la diferencia?

Daniel: En la lógica del trabajador, la legitimidad del dinero viene de su origen: es fruto del trabajo honesto. Pero en la lógica del proveedor, la legitimidad viene de su uso: si el dinero sirve para cubrir una necesidad, no importa de dónde venga.

Laura: Wow. Eso es un cambio de paradigma. Y supongo que “necesidad” se vuelve un término muy amplio...

Daniel: Exacto. Puede ser ayudar a tu mamá a pagar una factura, pero también comprarte ropa nueva, ir a bailar o festejarle el cumpleaños a un amigo. El fin justifica los medios.

Laura: Es increíble cómo la inestabilidad económica puede reconfigurar hasta los valores más básicos de una persona. Y supongo que esto nos lleva a pensar en las políticas públicas que se necesitan...

Daniel: Justamente. Porque si entendemos mal el problema, aplicamos las soluciones equivocadas. Y eso es lo que vamos a ver a continuación: cómo las políticas de seguridad a menudo fallan porque no atacan estas raíces del problema.

Laura: ...entonces, esa idea de la anomia asume que todos queremos lo mismo, ¿no? El típico éxito individual.

Daniel: Exacto. Y ese es uno de sus puntos más débiles. No podemos suponer que todas las culturas valoran el éxito al estilo de la clase media estadounidense.

Laura: ¿Hay ejemplos de esto?

Daniel: ¡Claro! Pensemos en algunos estudios ingleses sobre pandillas. Para ellos, la desviación no era por no poder alcanzar el éxito... sino una respuesta hedonista a una vida que consideraban aburrida y demasiado ordenada.

Laura: O sea, ¿eran rebeldes porque el resto era muy... respetable?

Daniel: En cierto modo, sí. Era una forma de diferenciarse, de crear su propia identidad en oposición a la norma. La respetabilidad de unos generaba la desviación de los otros.

Laura: Eso cambia la perspectiva. Pero, ¿qué hay de la idea de que solo la gente de clases bajas es la “desviada”? Suena a prejuicio.

Daniel: Totalmente. Y es un prejuicio alimentado por errores metodológicos. Estos estudios sobrepredecían la delincuencia. Es como si dijeran que todos los adolescentes que escuchan música fuerte terminarán en una banda de rock.

Laura: Lo cual, obviamente, no pasa.

Daniel: Exacto. El sociólogo David Matza señaló este problema. La pregunta clave que no respondían era: ¿por qué solo una minoría elegía el camino delictivo?

Laura: Entonces, la línea entre “desviado” y “no desviado” no es tan clara.

Daniel: Para nada. De hecho, muchos estudios más recientes muestran que el delito se concentra en la adolescencia y luego la mayoría lo abandona. Es más una fase que una carrera de por vida.

Laura: Entiendo. No es una etiqueta permanente. Y supongo que los delitos de “cuello blanco” también complican esa visión, ¿cierto?

Daniel: Justamente. Ahí la desviación no tiene que ver con la pobreza o la falta de oportunidades. Pero eso nos lleva a otro punto fascinante... el poder de las etiquetas.

Laura: Okay, pero no todos los grupos son tan estructurados, ¿verdad? A veces parece que los problemas simplemente... suceden, sin un gran plan detrás.

Daniel: Exacto. Y eso nos lleva a un punto clave: muchos de estos grupos no tienen una conciencia de ser una "banda". Son más bien una juntada de conocidos que termina mal.

Laura: ¿Cómo es eso? ¿Puedes darme un ejemplo?

Daniel: Claro. Pensemos en el caso de Alejo. Él dice que simplemente "estaba ahí". Alguien sugirió robar algo, y en medio de la locura del momento, pasó. No fue una decisión planeada, fue casi un accidente.

Laura: Wow, entonces el delito surge casi sin querer, como una continuación de estar pasando el rato.

Daniel: Precisamente. Marcela cuenta una historia similar. Empezaron a salir todos juntos, a bailar, a fiestas... y de repente, en una conversación, alguien dice que tiene un revólver y propone salir a robar.

Laura: Así, de la nada. Es una escalada muy rápida y peligrosa.

Daniel: Totalmente. Y aquí viene la parte más extraña: a veces le añaden un elemento casi teatral. Marcela hablaba de cambiarse el peinado o usar gorras. Como si fuera un juego.

Laura: Un juego muy arriesgado. No es exactamente jugar a las escondidas.

Daniel: Para nada. Porque el miedo a las consecuencias, como que la policía apareciera en su casa, era muy real para ella.

Laura: Entonces, si no hay un plan y los lazos son débiles, ¿qué hacen juntos además de meterse en problemas?

Daniel: Buena pregunta. A veces, muy poco. Un chico, Julián, lo resume perfectamente: se juntan a "escabiar y fumar". O sea, beber y fumar. Nada más.

Laura: ¿Solo eso? Suena a que no hay una conexión muy profunda.

Daniel: Ahí está la clave. Ellos mismos hacen una gran diferencia entre "amigos" y "conocidos". El grupo es el escenario del delito, pero no crea lealtad ni vínculos fuertes. Son solo personas que coinciden en un lugar.

Laura: Entiendo. Esto cambia por completo la idea que uno tiene de una pandilla. Ahora, si los vínculos son tan frágiles, me pregunto qué pasa cuando las cosas se ponen realmente serias...

Laura: Entonces, Daniel, no estamos hablando de pandillas súper cerradas como en las películas, ¿verdad? Donde o estás dentro o estás fuera.

Daniel: Exacto, Laura. La realidad es mucho más fluida. Y eso nos lleva directamente a la relación de estos jóvenes con su entorno, con su barrio. Es un punto clave.

Laura: ¿Cómo es esa relación? Me imagino que debe ser tensa.

Daniel: Lo es. Está llena de contradicciones. Por un lado, muchos de los chicos que entrevistamos mencionan una norma clásica: “en el barrio no se roba”.

Laura: Suena lógico. No quieres problemas donde vives. ¿Pero es por miedo o por respeto?

Daniel: Es una mezcla de ambas cosas. Claramente, hay una evaluación de riesgo... es mucho más fácil que te identifiquen. Pero también existe un leve sentimiento de pertenencia, un “nosotros” comunitario.

Laura: ¿Y se respeta esa norma? ¿O es más una idea que una realidad?

Daniel: Es más una idea. Como muchas normas, no se respeta demasiado. Sin embargo, y aquí está lo interesante, la mirada del barrio les importa. En sus relatos, el barrio es el único sujeto colectivo del que hablan. Es como un personaje más en su historia.

Laura: O sea, no le temen a la policía tanto como a lo que pueda decir Doña María, la de la tienda de la esquina.

Daniel: ¡Exactamente! La desaprobación social de tus vecinos a veces pesa más. Pero esa conexión tiene sus límites.

Laura: ¿A qué te refieres con límites?

Daniel: A que una cosa es el “barrio” como concepto y otra muy distinta son los vecinos como personas. Hay un claro distanciamiento cuando hablan de ellos en particular.

Laura: ¿Por qué esa desconexión?

Daniel: Nuestra hipótesis es que se vincula a la crisis de las formas tradicionales de empleo que antes unían a las generaciones. Piénsalo, antes estaba la fábrica, el comercio del barrio, el rol del aprendiz... Esos lazos se han debilitado mucho.

Laura: Entiendo. Esas redes que antes daban cohesión y un sentido de futuro, ya no están. Y eso crea un vacío.

Daniel: Precisamente. Y ese vacío influye en lo que se acepta y lo que no. Por ejemplo, hay una cierta aceptación no estigmatizante de los delitos contra la propiedad. Se ven como una forma de “provisión” ante la falta de trabajo.

Laura: Como una justificación, un atenuante.

Daniel: Sí. Pero aquí viene el contraste fuerte: el consumo de drogas es mucho menos aceptable. Eso sí que crea fracturas y separaciones dentro de los grupos. La lógica de la provisión puede justificar el robo, pero no el consumo.

Laura: Entonces, el robo no es un criterio que te separe del resto, pero las drogas sí.

Daniel: Totalmente. Robar para conseguir recursos es algo que muchos entienden, aunque no lo compartan. No requiere una gran planificación ni un grupo súper cerrado.

Laura: Es una acción más... individual o de grupos que se forman para la ocasión.

Daniel: Justo así. En cambio, el consumo regular de drogas exige conseguir dinero constantemente, ir a comprar, tener reglas de distribución... eso necesita una organización más aceitada y, por lo tanto, un grupo más cerrado y excluyente.

Laura: Qué interesante cómo se definen las fronteras sociales dentro del propio grupo. No es lo que uno esperaría desde fuera.

Daniel: Para nada. La consecuencia es que estos grupos de pares tienen muy poca regulación interna, casi no hay liderazgos claros y tampoco un sentido fuerte de apropiación del territorio.

Laura: Wow. Entonces, la imagen que tenemos de la pandilla que “controla” su barrio no siempre aplica. La realidad es mucho más compleja y menos estructurada.

Daniel: Exacto. Y comprender esa flexibilidad y esas tensiones es fundamental. Ahora, esta diferencia entre lógicas de acción nos lleva a analizar los distintos perfiles que encontramos, como los “proveedores” y los “barderos”.

Laura: ...así que no es una decisión que se toma en el vacío. Pero, Daniel, ¿qué pasa con el entorno? ¿La comunidad simplemente los rechaza y ya está?

Daniel: Esa es la idea que todos tenemos, Laura, pero la realidad es mucho más... complicada. Y fascinante. No hablamos de una exclusión total, de una ruptura de lazos.

Laura: ¿A qué te refieres? Si un grupo de jóvenes causa problemas en tu barrio, lo normal es quererlos lejos, ¿no?

Daniel: Claro, esa es la primera reacción. Pero los estudios muestran algo distinto. Más allá del miedo inicial, los vecinos desarrollan estrategias de... negociación.

Laura: ¿Negociación? ¿Cómo que negocian con los delincuentes? Suena a película.

Daniel: No es tan dramático. Piensa en formas de convivencia para minimizar riesgos. A veces, incluso, algunos vecinos pueden aprovecharse de los bienes que consiguen los chicos. Es una relación compleja, no un simple rechazo.

Laura: O sea que no es un muro invisible que los separa del resto.

Daniel: Para nada. Hay lazos, hay intercambios... hay vida social. Y donde de verdad se ve esto es en los grupos de amigos. Ahí la cosa se pone aún más interesante.

Laura: A ver, cuéntame. ¿Cómo manejan los amigos esta situación?

Daniel: Hay un caso de estudio genial. Un chico, llamémosle Joaquín, que roba para irse de vacaciones con su mejor amigo, que trabaja en un McDonald's.

Laura: Wow. Eso debe generar tensión.

Daniel: ¡Pues no tanta como creerías! El amigo le decía que no le gustaba lo que hacía, pero Joaquín lo resume así: “Él se fijaba en mí, no en lo que yo hacía”. La amistad era más importante.

Laura: Es una lealtad muy fuerte.

Daniel: Exacto. Y esto nos lleva a una idea clave de un sociólogo llamado Howard Becker: el etiquetado. Según Becker, para que alguien sea visto como “desviado”, se necesita un “emprendedor moral” que le ponga la etiqueta.

Laura: Un chismoso con autoridad, básicamente.

Daniel: ¡Exactamente! Y en estos grupos de pares, ese “emprendedor moral” no existe. Nadie los señala, así que no se ven forzados a justificarse ni a aislarse en una banda cerrada.

Laura: Entonces, si no hay juicio moral, ¿qué es lo que une a Joaquín y su amigo?

Daniel: Aquí está la clave: ambos comparten lo que los investigadores llaman la “lógica de la provisión”. El objetivo es conseguir dinero, proveerse. Uno lo hace trabajando y el otro robando.

Laura: Y mientras ambos consigan su objetivo... ¿el método pasa a un segundo plano?

Daniel: En gran medida, sí. Parece haber un principio de equivalencia. No es que aprueben el robo, pero suspenden el juicio moral porque entienden la necesidad de fondo. Es una lógica de supervivencia económica, por así decirlo.

Laura: Pero, ¿esto funciona siempre? ¿Se puede mantener un pie en el mundo del delito y otro en un grupo de amigos que no tienen nada que ver?

Daniel: Ahí es donde se complica. Tenemos el caso de Mara, una chica que empezó a delinquir y poco a poco se alejó de sus amigas del colegio, las que “no sabían nada”.

Laura: ¿Por qué? ¿Le dijeron algo?

Daniel: Ni siquiera. Ella misma se apartó porque sus nuevos amigos se burlaban de las chicas “buenas”, llamándolas “panchos”... o sea, tontos, por no drogarse ni hacer nada ilegal.

Laura: Qué fuerte. La presión del nuevo grupo la hizo elegir.

Daniel: Exacto. Ella asumió que sus viejas amigas no compartirían esa “lógica de la provisión” y la juzgarían. Cuando los valores chocan de esa manera, mantener ambos mundos se vuelve casi imposible y la separación es inevitable.

Laura: Así que el entorno social no solo reacciona, sino que moldea activamente el camino de estos jóvenes. Es mucho más que una simple elección individual.

Daniel: Totalmente. El juicio, o la ausencia de él, en sus círculos más cercanos es determinante. Y eso nos lleva a pensar en el papel que juegan las instituciones...

Laura: Y todo esto que hemos hablado nos lleva al último punto, Daniel. ¿Cómo se vive el día a día en el barrio? ¿Cómo es esa convivencia?

Daniel: Es una pregunta clave, Laura. Y lo sorprendente es que el deterioro de los vínculos a menudo es anterior a los delitos. Un chico, Carlos, contaba que antes de que empezara a robar, ya sentía las miradas de los vecinos.

Laura: ¿Como si ya lo juzgaran de antes?

Daniel: Exacto. Él sentía que lo miraban como “el que iba a la iglesia y ahora anda en cosas raras”. Y nadie se le acercó a hablar. Él cree que no se animaban porque ya de antes no había mucha relación.

Laura: Entonces, si la relación ya está rota, ¿qué hacen los vecinos cuando los conflictos escalan?

Daniel: Desarrollan estrategias de supervivencia, a veces sin darse cuenta. A primera vista, parece que simplemente los excluyen, pero la realidad es más compleja. Conviven con ellos, los conocen desde chicos.

Laura: Suena a una mezcla de emociones muy fuerte. Miedo, bronca, pero también... ¿afecto?

Daniel: Justamente. Y de ahí surgen tácticas. Por ejemplo, algunos quiosqueros les fían o regalan cervezas para asegurarse de que no les roben. O si los jóvenes cobran “peaje” para pasar, los vecinos pagan sin denunciar.

Laura: Es una especie de... cordialidad defensiva. Te saludo de lejos como si nada, para evitar problemas mayores.

Daniel: Precisamente. A veces incluso buscan atenuantes para justificar sus acciones: “estaban drogados”, “no son malos chicos”. Es una forma de poder seguir viéndolos cara a cara.

Laura: Pero, ¿cuál es la raíz de este distanciamiento tan profundo? ¿Por qué se rompió esa conexión entre generaciones?

Daniel: La hipótesis principal es una ruptura generacional por la crisis del trabajo. Antes, los jóvenes entraban al mundo adulto como aprendices, en fábricas, en comercios del barrio.

Laura: Tenían un rol, una forma de integrarse y relacionarse con los mayores.

Daniel: Eso es. Había una interdependencia. Hoy, eso desapareció. Ya no entran a esas fábricas ni trabajan en los comercios locales. Se sienten ajenos a los adultos.

Laura: Así que quedan en una especie de “tierra de nadie”. No son niños, pero tampoco son vistos como adultos funcionales o estudiantes. Están... flotando.

Daniel: Exacto. Y esa falta de un lugar definido genera una enorme dificultad para relacionarse.

Laura: Y en medio de ese vacío, surge un fenómeno muy particular que mencionan los textos: “el bardo”. ¿Qué es exactamente?

Daniel: Es la forma que encuentran para hacerse presentes. Para tener protagonismo. No es un movimiento contracultural, sino una ruptura de las reglas básicas de convivencia para generar una reacción.

Laura: Dame un ejemplo, que no sea mi vecino con el taladro el domingo a la mañana.

Daniel: Es parecido, pero con más intención. Un chico contaba que iban al pool y le daban tan fuerte a la bola que saltaba de la mesa, solo para molestar al dueño. O sacaba un parlante gigante a la hora de la siesta a todo volumen.

Laura: ¡Claro! Y cuando los vecinos se quejan, él responde “¡es mi casa!”. Busca la confrontación.

Daniel: Exacto. El bardo es una manera de decir “estoy aquí”. Obliga a los otros a reaccionar y, aunque sea de forma negativa, construye un tipo de vínculo y marca su presencia en el barrio.

Laura: Increíble. Entonces, para resumir todo lo que vimos hoy, pasamos de entender las trayectorias individuales a ver cómo la desintegración del trabajo afecta la vida comunitaria, creando estrategias de convivencia forzadas y fenómenos como “el bardo” para reclamar un lugar.

Daniel: Exacto. No son temas aislados, sino partes de un mismo sistema complejo donde lo social, lo económico y lo personal están totalmente entrelazados. La clave es ver esas conexiones.

Laura: Un análisis fundamental para entender la realidad social. Daniel, muchísimas gracias por tu claridad y por acompañarnos en este viaje.

Daniel: El placer fue mío, Laura. Gracias por la invitación.

Laura: Y a ustedes, que nos escuchan, gracias por llegar hasta el final. Esto fue Studyfi Podcast. ¡Hasta la próxima!