Podcast sobre Psicología y Dificultades de Aprendizaje

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Trastornos del Lenguaje: Dislalias y Disfemia0:00 / 25:35
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Daniel¿Alguna vez has oído a un niño pequeño pedir "cocholate" en vez de "chocolate"? Suena adorable, ¿verdad? Bueno, ese pequeño error es la puerta de entrada a nuestro tema de hoy.
Elena¡Exacto! Lo que parece un simple tropiezo con las palabras es en realidad un ejemplo perfecto de un trastorno del habla. Estás escuchando Studyfi Podcast.
Capítulos

Trastornos del Lenguaje: Dislalias y Disfemia

Délka: 25 minut

Kapitoly

Introducción entretenida

Profundizando en la Dislalia

Ejemplos y Síntomas

Un Vistazo a la Disfemia

La Evaluación Perceptivo-Motriz

De la Teoría a la Práctica

El Plan de Intervención

Definiendo el Problema

La Tríada del TDAH

¿Cómo se Diagnostica?

La famosa dislexia

Criterios para el diagnóstico

¿Qué es la Dislexia?

Signos de Alerta

Disgrafía y Disortografía

Estrategias de Apoyo

Diferentes Niveles de Colaboración

El Enfoque Interdisciplinario

La Integración Total: Transdisciplinario

Los tres pilares del diagnóstico

Causas, etiquetas y evaluación

Las Raíces de la Discalculia

Tipos y Comorbilidad

Motivación Interna vs. Externa

Cómo Encender la Chispa

Resumen y Despedida

Přepis

Daniel: ¿Alguna vez has oído a un niño pequeño pedir "cocholate" en vez de "chocolate"? Suena adorable, ¿verdad? Bueno, ese pequeño error es la puerta de entrada a nuestro tema de hoy.

Elena: ¡Exacto! Lo que parece un simple tropiezo con las palabras es en realidad un ejemplo perfecto de un trastorno del habla. Estás escuchando Studyfi Podcast.

Daniel: Hoy nos sumergimos en las alteraciones del lenguaje. Elena, para empezar, ¿son todos los errores al hablar iguales?

Elena: Para nada. Podemos agruparlos en grandes categorías. Están los problemas de articulación, como las dislalias, que es el ejemplo del "cocholate". Luego, las alteraciones del ritmo, como la disfemia, más conocida como tartamudez.

Daniel: Ok, centrémonos en las dislalias. Suena a un término muy técnico.

Elena: Piénsalo así: es cuando una persona omite, sustituye o distorsiona ciertos sonidos. Pero, ¡ojo! Existe la "dislalia evolutiva", que es cuando los niños están aprendiendo a hablar. Es una fase normal, no un trastorno como tal.

Daniel: Ah, ¡eso es un alivio para muchos padres! Entonces, ¿cuándo deja de ser normal?

Elena: Cuando la dificultad persiste. Puede ser un problema fonético, o sea, motor, de no poder mover la lengua correctamente. O fonológico, que es más a nivel de percepción en el cerebro.

Daniel: ¿Nos puedes dar más ejemplos claros de los síntomas?

Elena: ¡Claro! La sustitución es cambiar un sonido por otro, como decir "lata" en lugar de "rata". La omisión es saltarse un sonido, como decir "apato" en vez de "zapato".

Daniel: Entiendo. ¿Y qué hay de la adición o la inversión?

Elena: Buena pregunta. Adición es meter un sonido que no va, como "balanco" por "blanco". Y la inversión es cambiar el orden de los sonidos... ¡como nuestro famoso "cocholate"!

Daniel: Vaya, así que no es ser creativo, es una inversión de sonidos. ¡Todo tiene sentido ahora!

Elena: ¡Exactamente! Y luego tenemos la disfemia o tartamudez.

Daniel: ¿Qué la caracteriza principalmente?

Elena: Se reconoce por bloqueos, repeticiones o prolongaciones de sonidos y sílabas. Interrumpe la fluidez normal del habla. Es un tema complejo con distintos tipos, como la tónica o la clónica.

Daniel: Muy interesante. Entonces, para resumir, aunque a veces suenen parecidos, cada trastorno tiene su origen y características específicas.

Elena: Has dado en el clavo. Y por eso, antes de cualquier intervención, es clave hacer un buen diagnóstico, que va desde revisar los órganos del habla hasta hacer ejercicios de respiración y soplo.

Daniel: ...así que una vez que se detectan esas señales, el siguiente paso lógico es una evaluación formal. Pero, ¿cómo es eso exactamente, Elena? No es como un examen de matemáticas, ¿o sí?

Elena: Para nada. Es mucho más profundo. De hecho, es un proceso fascinante para entender cómo funciona la mente del estudiante.

Daniel: Entonces, ¿por dónde se empieza?

Elena: Una parte clave es la exploración perceptivo-motriz. Suena técnico, pero no lo es.

Daniel: A ver, desglósalo para nosotros.

Elena: Piénsalo así: vemos cómo el niño percibe su propio cuerpo, su lateralidad —si es diestro o zurdo— y cómo se ubica en el espacio y el tiempo. Usamos pruebas específicas como el Test de Harris o el Test de Bender para tener datos objetivos.

Daniel: Y para los estudiantes que nos escuchan, ¿cómo aprenden a hacer esto en la universidad?

Elena: ¡Gran pregunta! Usualmente, en plataformas como Blackboard, empiezan creando mapas conceptuales para organizar toda la teoría.

Daniel: Como si estuvieran construyendo su propio mapa del conocimiento.

Elena: ¡Exacto! Y luego lo aplican en casos reales. Por ejemplo, usan una prueba para medir el C.I. y después redactan un informe psicológico completo. Es un aprendizaje muy práctico.

Daniel: Okay, tenemos el diagnóstico. Y ahora, ¿qué sigue? ¿La intervención?

Elena: Correcto. Y aquí está la clave: nunca es trabajo de una sola persona. Es un manejo multidisciplinario.

Daniel: Involucrando a la familia, la escuela, psicólogos... un equipo completo.

Elena: Exactamente. El tratamiento puede incluir desde terapia conductual, usando refuerzos positivos, hasta técnicas como el "role playing" o la "técnica del espejo".

Daniel: ¿La técnica del espejo? ¿Para asegurarse de que no tienen espinacas en los dientes?

Elena: ¡Ojalá fuera tan fácil! Es para que tomen conciencia de sus propias conductas y emociones. A veces, también se necesita medicación, pero siempre como parte de un plan integral.

Daniel: Entendido. Es un enfoque de 360 grados. Esto nos lleva directamente a hablar de los problemas de conducta más específicos y el TDAH...

Daniel: Y justo esa dificultad para concentrarse nos lleva a un tema más grande, Elena... el TDAH y los trastornos conductuales en general. A veces parece que esas etiquetas se usan para todo.

Elena: Tienes toda la razón, Daniel. Es importante aclarar qué significan. No es solo “portarse mal”.

Daniel: Exacto. Entonces, ¿cuál es la definición oficial en el área educativa?

Elena: Piénsalo así... es una condición que afecta el rendimiento escolar de forma intensa y por mucho tiempo. Y se manifiesta de varias formas. Por ejemplo, una inhabilidad para aprender que no se explica por otros factores, o dificultad para mantener relaciones con compañeros.

Daniel: O sea, no es solo ser el payaso de la clase.

Elena: Para nada. También puede ser un estado de ánimo deprimido o una tendencia a desarrollar síntomas físicos, como dolores de cabeza por el estrés. La clave es que es persistente y severo.

Daniel: Entendido. Ahora, hablemos del más famoso... el TDAH. ¿Cuáles son sus síntomas principales?

Elena: El TDAH tiene lo que llamamos síntomas medulares. Son tres: falta de atención, hiperactividad e impulsividad. Es como intentar ver tres películas a la vez.

Daniel: Imposible concentrarse en una sola. ¿Puedes darnos ejemplos concretos?

Elena: ¡Claro! La inatención es cuando parece que no escuchan, pierden cosas constantemente o evitan tareas que requieren esfuerzo mental. La hiperactividad es el clásico movimiento de manos y pies, levantarse del asiento... sentir que tienen un motor encendido.

Daniel: Y la impulsividad... ¿sería como responder antes de que terminen la pregunta?

Elena: ¡Exactamente! O interrumpir a otros, o tener problemas para esperar su turno. Es actuar sin pensar primero.

Daniel: Suena complejo. Entonces, ¿cómo saben los profesionales si alguien realmente tiene TDAH?

Elena: El diagnóstico es clínico. Esto es clave: no hay un análisis de sangre o una radiografía para el TDAH. Se basa en entrevistas, historial médico y, muy importante, el funcionamiento en casa y en la escuela.

Daniel: ¿Y esas encuestas que a veces les dan a los padres y maestros?

Elena: ¡Esas son herramientas cruciales! Se llaman escalas, como las de Conners. Ayudan a medir la severidad de los síntomas desde diferentes puntos de vista. Recopilan información para que el especialista tenga el panorama completo.

Daniel: Muy interesante. Saber identificarlo es el primer paso. Pero una vez que tienes el diagnóstico... ¿qué sigue? Hablemos de las intervenciones y cómo se puede ayudar a estos chicos.

Daniel: Entendido. Así que no es solo "no poder concentrarse". Es mucho más complejo. Y mencionaste que hay trastornos específicos, ¿verdad?

Elena: Exacto. Hoy nos centraremos en tres muy conocidos que afectan la lectoescritura: dislexia, disgrafía y disortografía. Son como los tres mosqueteros... pero de los problemas de aprendizaje.

Daniel: ¡Buena analogía! Entonces, ¿qué es exactamente cada uno?

Elena: Piénsalo así: la dislexia afecta principalmente a la lectura, a la decodificación de palabras. La disgrafía tiene que ver con el acto físico de escribir, la caligrafía. Y la disortografía se enfoca en las reglas de ortografía.

Daniel: De acuerdo, la dislexia es la más famosa del grupo. ¿Cómo se define hoy en día?

Elena: Se considera un trastorno de origen constitucional, o sea, neurobiológico. Aquí está la clave: la dificultad para aprender a leer no se debe a una falta de inteligencia ni a una mala enseñanza. El cerebro de una persona con dislexia simplemente procesa el lenguaje escrito de forma diferente.

Daniel: O sea que ven las letras al revés, ¿como en las películas?

Elena: Ese es un mito muy común, aunque a veces puede pasar que inviertan letras. El problema real es más profundo. Radica en la dificultad para asociar los sonidos con las letras, lo que llamamos la ruta fonológica.

Daniel: Y, ¿cómo se diagnostica? No es tan simple como decir "leo lento", ¿cierto?

Elena: Para nada. Se requieren varios criterios. Por ejemplo, el rendimiento en lectura debe estar al menos dos años por debajo de lo esperado para su edad, y esto no puede explicarse por una discapacidad intelectual o problemas visuales o auditivos.

Daniel: Suena bastante estricto. ¿Es muy común?

Elena: Más de lo que crees. Afecta a entre el 5% y el 17% de los niños en edad escolar. De hecho, es la discapacidad del aprendizaje más común, y además, tiene un componente genético importante.

Daniel: Wow, es un porcentaje altísimo. Eso significa que en casi todas las aulas hay alguien lidiando con esto.

Elena: Exactamente. Y por eso es tan crucial entenderlo bien para poder ofrecer el apoyo adecuado, que es justo de lo que hablaremos a continuación: las estrategias de intervención.

Daniel: Y justo ahí, Elena, es donde creo que se complican las cosas para muchos padres y profes. Hemos hablado de los trastornos del aprendizaje en general, pero ¿qué pasa cuando el problema está en algo tan fundamental como leer y escribir?

Elena: Exacto, Daniel. Es un área súper importante. Entramos en el terreno de la dislexia y la disgrafía, que son mucho más que simplemente “no gustarte leer” o “tener mala letra”.

Daniel: Empecemos por la lectura. ¿Qué es exactamente la dislexia? Mucha gente cree que es solo ver las letras al revés.

Elena: Sí, ese es el mito más común. En realidad, es una dificultad con la forma escrita del lenguaje. Y lo más importante—es independiente de la inteligencia de la persona.

Daniel: O sea, un chico puede ser súper brillante pero tener problemas para leer.

Elena: Precisamente. Su nivel de lectura y deletreo está muy por debajo de lo esperado para su edad y su capacidad intelectual. Es un problema cognitivo, específicamente en cómo el cerebro pasa de ver un símbolo, una letra, a procesarlo como un sonido verbal.

Daniel: Entonces, ¿qué señales deberían buscar los padres o maestros?

Elena: Hay varias. Una muy clásica es la confusión entre izquierda y derecha. También problemas de percepción visual, una memoria a corto plazo un poco frágil para los contenidos, o incluso un desarrollo tardío del habla.

Daniel: Vaya, no es solo sobre las letras entonces. Afecta a más áreas.

Elena: Correcto. Piensa que la lectura es una secuencia. Si tienes problemas para percibir el orden o secuenciar información, leer se convierte en un desafío enorme. No es que no quieran, es que su cerebro procesa la información de una forma distinta.

Daniel: Entendido. Y ahora, pasemos a la escritura. ¿Qué es la disgrafía?

Elena: La disgrafía es la prima hermana de la dislexia, pero para la escritura. Es un trastorno que afecta la forma o el significado de lo que se escribe, y de nuevo, no hay un déficit intelectual que lo explique.

Daniel: O sea, ¿la famosa “letra de doctor”?

Elena: Podría ser, ¡pero va más allá! Hay síntomas claros. Por ejemplo, una postura muy forzada al escribir, agarrar el lápiz con demasiada fuerza o, al contrario, muy flojo.

Daniel: Y en el papel, ¿cómo se ve?

Elena: Pues, letras de tamaños muy irregulares, muy inclinadas, deformes, a veces irreconocibles. O un espaciado terrible, con letras amontonadas o demasiado separadas. El texto, en general, es muy difícil de comprender.

Daniel: Suena frustrante para el que escribe.

Elena: Lo es. Y a menudo se confunde con la disortografía, que es más específica. La disortografía es una dificultad puntual con la ortografía, con las reglas de escritura.

Daniel: ¿Como no poner acentos o confundir la 'b' con la 'v'?

Elena: Justo. La disgrafía es más motora y de forma, mientras que la disortografía es sobre aplicar las normas ortográficas correctamente. Ambos pueden aparecer juntos, claro.

Daniel: Con todo esto sobre la mesa, que puede sonar un poco abrumador, ¿cómo se puede ayudar a un estudiante con estos trastornos?

Elena: La clave es una intervención educativa temprana y específica. Para la lectura, por ejemplo, se hacen actividades para diferenciar dibujos de letras, juegos con nombres propios, o la creación de un “léxico visual” con murales y tarjetas.

Daniel: Hacerlo visual y tangible, me gusta.

Elena: Exacto. Y para la disgrafía, trabajamos mucho la base. Mejorar la postura, la coordinación viso-manual... cosas que parecen simples como recortar con tijeras, modelar con plastilina o seguir un trazo punteado son fundamentales.

Daniel: Es como entrenar los músculos antes de correr la maratón de la escritura.

Elena: ¡Esa es una gran analogía! Se trata de reeducar los movimientos básicos para que el acto de escribir sea más fluido y menos... una batalla. Lo importante es entender que hay estrategias y que el apoyo correcto marca toda la diferencia.

Daniel: Sin duda. Y hablando de estrategias, esto me lleva a pensar en cómo la memoria juega un papel crucial en todo el aprendizaje...

Daniel: ...y eso aclara mucho el rol del orientador. Pero, ¿qué pasa con los equipos? Siempre oigo hablar de equipos multidisciplinarios, interdisciplinarios... suenan todos un poco iguales para mí.

Elena: Es una confusión súper común, Daniel. Pero las diferencias son muy importantes. Piénsalo como si fueran diferentes niveles de colaboración entre profesionales.

Daniel: De acuerdo, niveles. ¿Cuál sería el primer nivel, el más básico?

Elena: Ese es el equipo multidisciplinario. Aquí tienes a diversos profesionales, como un psicólogo, un pedagogo y un logopeda. Cada uno evalúa al niño por separado y entrega su propio informe.

Daniel: Ah, ya veo. Como un grupo de médicos especialistas donde cada uno te da su diagnóstico, pero no necesariamente hablan entre ellos.

Elena: ¡Exactamente esa es la idea! Cada uno aporta su pieza del puzle, pero no se sientan juntos a armarlo.

Daniel: Entendido. Entonces, ¿cómo mejora esto? ¿Cuál es el siguiente nivel?

Elena: El equipo interdisciplinario. Aquí, esos mismos profesionales no solo evalúan, sino que se reúnen periódicamente para discutir los logros y dificultades del niño.

Daniel: O sea, ahora sí se sientan a armar el puzle juntos. ¡Eso suena mucho más útil!

Elena: Lo es. La comunicación es más fluida. Discuten los casos según la ocurrencia, buscando un enfoque más unificado para ayudar al estudiante.

Daniel: Vale, me queda uno. El equipo transdisciplinario. Me imagino que este es el nivel experto de la colaboración.

Elena: ¡Has acertado! En este modelo, se conforman equipos de trabajo estables. Y aquí viene lo interesante... el docente es quien a menudo lidera el grupo.

Daniel: ¡El profesor al mando! Eso le da un poder increíble para integrar todo en el día a día del aula.

Elena: Totalmente. Las barreras entre las disciplinas se difuminan. El objetivo es que el conocimiento fluya constantemente para dar un apoyo verdaderamente integral.

Daniel: Clarísimo. Entonces, los tres niveles son como pasar de informes individuales a reuniones puntuales y finalmente a un equipo de trabajo fijo. Ahora, me pregunto cómo se decide qué equipo necesita un estudiante...

Daniel: Y hablando de cómo evaluamos el desarrollo, eso nos lleva de forma natural a un tema que a menudo se malinterpreta: la discapacidad intelectual. Es un término que todos hemos oído, pero ¿qué significa realmente hoy en día, Elena?

Elena: Es una pregunta clave, Daniel, porque la definición ha evolucionado mucho. Ya no se trata solo de un número en un test de inteligencia. Es mucho más completo.

Daniel: Entonces, ¿cuál es la definición moderna? ¿Cómo se determina?

Elena: El DSM-5, que es como la biblia del diagnóstico en salud mental, establece tres criterios que deben cumplirse. Primero, hay limitaciones significativas en el funcionamiento intelectual. Esto incluye el razonamiento, la planificación, el pensamiento abstracto...

Daniel: Ok, la parte que la mayoría de la gente asocia con el término.

Elena: Exacto. Pero el segundo criterio es igual de importante: limitaciones en el comportamiento adaptativo. Y aquí es donde la cosa se pone más real.

Daniel: ¿Comportamiento adaptativo? ¿Te refieres a las habilidades para la vida diaria?

Elena: ¡Justo eso! Hablamos de comunicación, de la participación social, de la vida independiente... Y el tercer criterio es que estas limitaciones deben empezar durante el período de desarrollo, es decir, antes de los 18 años.

Daniel: Entendido. O sea, es un cuadro completo. Y me imagino que las causas pueden ser muy variadas.

Elena: Muchísimo. Pueden ser factores genéticos, problemas durante el embarazo, enfermedades en la infancia o incluso factores ambientales muy adversos como la desnutrición o la falta de estímulos. Rara vez es una sola cosa.

Daniel: Y a lo largo de la historia hemos usado muchos términos, ¿no? Como “retraso mental”.

Elena: Sí, y muchos otros. Afortunadamente, hemos avanzado. La Organización Mundial de la Salud y otras asociaciones han empujado hacia una terminología más respetuosa y precisa. No es solo cambiar palabras, es cambiar la perspectiva.

Daniel: Tiene todo el sentido. Entonces, si el diagnóstico es tan complejo, ¿cómo se hace? No es solo pasarle un test a un niño, ¿verdad?

Elena: ¡Para nada! Un diagnóstico equivocado puede ser devastador. Es un proceso muy cuidadoso que hace un profesional. Incluye la historia clínica, entrevistas con la familia, observación directa y, sí, pruebas estandarizadas.

Daniel: Como las famosas escalas de Wechsler, el WISC o el WAIS.

Elena: Exacto. Esas nos dan una idea del cociente intelectual, que nos ayuda a clasificar el nivel de apoyo necesario: leve, moderado, grave o profundo. Pero siempre, siempre, como parte de una evaluación global de la persona.

Daniel: Clarísimo. Así que no es una etiqueta simple, sino una comprensión profunda de las necesidades de una persona. Y hablando de necesidades, eso me lleva a pensar en las estrategias de apoyo...

Daniel: Entonces, no es tan simple como ser "malo para las mates". Hay mucho más detrás, ¿verdad?

Elena: Exactamente. Y es crucial entender el porqué para poder ayudar de verdad.

Daniel: Vale, pues vamos al grano. ¿Cuáles son las causas de estas dificultades?

Elena: Son muy variadas. A nivel neurológico, a veces se habla de una "disfunción cerebral mínima". No es que el cerebro esté dañado, sino que ciertos sistemas no se coordinan del todo bien.

Daniel: O sea, ¿como una orquesta donde el director está de vacaciones?

Elena: ¡Justo así! También hay déficits cognitivos, como problemas de atención o de memoria. Y no olvidemos los factores emocionales... la ansiedad matemática es muy real.

Daniel: Entiendo. Y supongo que eso se ve en errores concretos, ¿no?

Elena: Claro. Piensa en los déficits visuoespaciales. Ahí es donde ves la clásica confusión entre un 6 y un 9, o la dificultad para alinear números en una resta o una multiplicación.

Daniel: Entonces, ¿hay diferentes "sabores" de discalculia?

Elena: Así es. El psicólogo Kosc describió varios tipos. Por ejemplo, la discalculia verbal es tener problemas para nombrar cifras, mientras que la gráfica es para escribirlas. Otra es la operacional, que es la dificultad para... bueno, para hacer las operaciones.

Daniel: Suena complicado. Me imagino que esto no suele venir solo, ¿o sí?

Elena: Rara vez. Es muy común que la discalculia coexista con otras condiciones como el TDAH o la dislexia. El cerebro está todo conectado, al fin y al cabo.

Daniel: Fascinante y complejo a la vez. Hemos hablado mucho de números, pero sé que también existen desafíos similares con las palabras. ¿Qué te parece si ahora exploramos los trastornos del lenguaje?

Daniel: Y creo que eso cierra el círculo perfectamente. Pero, Elena, hemos hablado de técnicas y herramientas, pero ¿qué pasa si simplemente no tienes ganas? ¿De dónde sacas la motivación?

Elena: Esa es la pregunta del millón, Daniel. La motivación es esa voluntad, esa energía que nos empuja a alcanzar nuestras metas. Sin ella, hasta la mejor técnica de estudio es inútil.

Daniel: De acuerdo, entonces, ¿es algo con lo que naces o algo que puedes construir?

Elena: ¡Definitivamente se puede construir! Piénsalo de esta manera: hay dos tipos principales. La motivación intrínseca, que viene de ti. Es cuando estudias historia porque simplemente te fascina.

Daniel: Y la extrínseca, me imagino, es la que viene de fuera. ¿Como estudiar para sacar una buena nota?

Elena: Exacto. Son las calificaciones, la aprobación de tus padres, o evitar un castigo. Es hacer algo por la recompensa que obtienes al final. No es que sea mala, pero no puede ser tu único combustible.

Daniel: Entiendo. Es como mi perro, que hace trucos por un premio.

Elena: ¡Justo así! Y la motivación intrínseca es cuando él corre en el parque solo por la alegría de correr. Necesitamos un poco de ambas.

Daniel: Entonces, ¿cómo podemos, como estudiantes, encender esa chispa interna?

Elena: Hay varias claves, según expertos como Keller. Primero, el interés. Intenta conectar lo que aprendes con tus gustos. Busca la relevancia: ¿cómo te servirá esto en el futuro?

Daniel: ¿Como conectar la química con querer ser chef algún día?

Elena: ¡Perfecto ejemplo! También es crucial la expectativa. La tarea debe tener la dificultad justa. Ni tan fácil que te aburra, ni tan difícil que te frustre y te haga abandonar.

Daniel: Claro, tienes que sentir que puedes lograrlo con un esfuerzo razonable.

Elena: Exacto. Y finalmente, la satisfacción. Encuentra placer en el proceso de aprender, no solo en la calificación final. Eso crea un círculo virtuoso.

Daniel: Fantástico. Entonces, para resumir todo lo que hemos visto hoy, desde las técnicas de estudio hasta la importancia de la motivación, la clave es ser un participante activo en tu propio aprendizaje.

Elena: Así es. Entender cómo funciona tu mente, usar las herramientas adecuadas y, sobre todo, encontrar tu propio "porqué" para estudiar. Eso lo cambia todo.

Daniel: Muchísimas gracias, Elena, por compartir tu sabiduría con nosotros una vez más.

Elena: Un placer, Daniel.

Daniel: Y a todos los que nos escuchan, gracias por sintonizar "Studyfi Podcast". ¡Sigan aprendiendo y hasta el próximo episodio!