Podcast sobre La Filosofía de la Enseñanza y el Saber
La Filosofía de la Enseñanza y el Saber: Guía para Estudiantes
Podcast
Enseñanza presencial
Délka: 7 minut
Kapitoly
El regreso al aula
Profesor vs. Enseñante
¿Cómo Enseñar lo Inenseñable?
El Agujero en el Saber
El Peligro de las Certezas
Resumen y Despedida
Přepis
Daniela: Imagina a un estudiante, llamémosle Leo. Después de meses viendo a su profesor en un cuadradito en la pantalla, vuelve al aula. De repente, el profesor no es solo una voz... camina por la clase, usa sus manos para explicar una idea compleja, y su mirada conecta con los alumnos. Todo se siente... diferente. Más real.
Hugo: Totalmente. Esa diferencia es clave, y es mucho más profunda de lo que parece. Se trata de entender la enseñanza como un gesto.
Daniela: ¿Un gesto? Suena un poco poético. ¿Te refieres a que el profesor mueve mucho las manos?
Hugo: Bueno, eso es parte, ¡pero no todo! El gesto es el acto completo de estar ahí. Es el cuerpo, la voz, la energía en un espacio compartido. Es algo que la virtualidad intentó imitar, pero nunca pudo reemplazar por completo.
Daniela: Claro, como cuando un profesor se acerca a tu banco para ver cómo vas. Ese simple acto de presencia cambia la dinámica.
Hugo: ¡Exacto! Retomar las clases presenciales nos hizo revalorizar esos gestos. Nos recordó que aprender no es solo recibir información, es una experiencia compartida en un mismo lugar y tiempo. Y eso, para el cerebro, es muy poderoso.
Daniela: Y hablando de todas estas ideas que parecen desafiar las respuestas fáciles, me queda una pregunta dando vueltas, Hugo. ¿Cómo se enseña algo así? O sea, después de todo lo que hemos hablado, enseñar psicoanálisis no debe ser como enseñar matemáticas, ¿verdad?
Hugo: Para nada. Es la pregunta del millón, y te juro que me la hago cada vez que entro a un aula. Y eso que llevo casi veinticinco años dando clase. Volver a la presencia, a ver los cuerpos de los estudiantes, te obliga a cuestionártelo todo de nuevo. No puedes simplemente apoltronarte en la "experiencia" y ya.
Daniela: ¿A qué te refieres con cuestionártelo todo?
Hugo: A no darlo por sentado. El psicoanalista Jacques Lacan hizo una distinción genial sobre esto. Él decía que en cuanto dejas de problematizar la enseñanza, te conviertes en un "profesor".
Daniela: Suena a lo que uno se imagina, ¿alguien que da una lección y listo?
Hugo: Exacto. El profesor, para Lacan, es el que tiene las respuestas antes de que se formulen las preguntas. El sabelotodo del salón. Pero él proponía otra figura: el "enseñante".
Daniela: ¿Y cuál es la diferencia?
Hugo: El enseñante es más como un artista que hace un collage. Va juntando piezas, construyendo el saber junto a los alumnos, sin la obsesión de que todo encaje a la perfección. No llega con un manual de instrucciones, sino con una caja de herramientas.
Daniela: Me encanta esa idea del collage. Entonces, la pregunta de Lacan era... ¿cómo enseñar algo que, por naturaleza, se resiste a ser un sistema ordenado y predecible?
Hugo: Precisamente. Su pregunta era: "lo que el psicoanálisis nos enseña, ¿cómo enseñarlo?". ¿Cómo enseñas sabiendo que el tropiezo, el error, el no entender a la primera, es parte fundamental del proceso?
Daniela: Ok, ¡no me dejes en suspenso! ¿Cuál fue su respuesta?
Hugo: Por la transmisión de un estilo. Y aquí está lo interesante: un estilo no es algo que eliges, como la ropa que te pones. No es intencional, no depende de si tienes buenas o malas intenciones. Es algo mucho más profundo.
Daniela: ¿Como una huella digital del pensamiento?
Hugo: ¡Exacto! Es una posición. Es el resultado de haber dejado de buscar tu reflejo en espejos de supuesto saber. El estilo es involuntario, pero nace de una decisión: la de no aferrarte a lo que ya sabes como si fuera un tesoro.
Daniela: Vale, eso de "no aferrarte a lo que sabes" suena un poco a paradoja para alguien que enseña. ¿Cómo funciona?
Hugo: Sí, lo es. Piensa en esto: puedes enseñar desde una posición de fortaleza, donde no se te escapa nada y controlas toda la información. O puedes enseñar desde una posición donde tu propio saber puede ser... agujereado.
Daniela: ¿Agujereado? Suena a que te pueden pillar en una pregunta.
Hugo: ¡Y esa es la idea! Se trata de estar dispuesto a eso. La diferencia clave es nuestra relación con el "agujero en el saber". Con aceptar que hay cosas que no sabemos, y que ese hueco es, de hecho, un espacio increíblemente productivo.
Daniela: O sea, ¿la diferencia está en si pretendes saberlo todo o no?
Hugo: De eso está hecha toda la diferencia. El estilo es ese filo, ese instante en el que algo pasa en el aula que va más allá de las palabras del programa. Como dice el analista Jorge Jinkis, enseñar y aprender no son dos caras de la misma moneda. Son prácticas que se cruzan, pero no encajan perfecto. Y en ese espacio, en ese hiato, es donde ocurre la magia.
Daniela: Entiendo. Entonces, no se trata de reproducir información, sino de transmitir algo más vivo, más personal.
Hugo: Justamente. Juan Ritvo advierte que cuando un profesor pretende dictar siempre *lo mismo*, no el mismo contenido, sino la misma lección estática, eso ya no es transmisión, es simple reproducción. En la transmisión real, tu subjetividad está en juego. Tu voz, tu cuerpo, tus gestos... todo eso forma parte del mensaje.
Daniela: Y me imagino que eso choca un poco con la época actual, ¿no? Pareciera que todos buscamos respuestas rápidas, certezas, tutoriales de cinco pasos para todo.
Hugo: Totalmente. Jinkis dice que hoy se espera que el saber "funcione". Hay una demanda que nos vuelve pasivos y que le delega todo el poder al otro, al supuesto experto. Queremos que nos tapen los agujeros, los propios y los ajenos. Es lo que se llama la "pedagogización de la vida". Todo tiene que ser una lección.
Daniela: Y de ahí sale el famoso *mansplaining*.
Hugo: Claro, pero no es solo cosa de hombres. Es una posición. Hay mucha gente que demanda saber, y eso legitima a otros que están desesperados por enseñar, por ponerse en ese lugar de poder. Es un círculo vicioso que anula la experiencia singular de cada uno.
Daniela: Entonces, para resumir todo esto, la enseñanza del psicoanálisis nos da una lección que va mucho más allá de su propio campo.
Hugo: Absolutamente. Nos enseña a valorar el no-saber, a desconfiar de los discursos solemnes y a buscar un aprendizaje que sea más una investigación compartida que una lección magistral. El escritor Roland Barthes lo llamaba "sapientia": ningún poder, un poco de saber y el máximo posible de sabor.
Daniela: Qué bonito. Me quedo con esa idea del "sabor". El conocimiento no tiene por qué ser insípido. Y como decía ese otro autor que mencionaste, Juan José Becerra, a veces lo que más nos marca no es lo que se dijo, sino el gesto, la pasión con la que se transmitió.
Hugo: Ese es el corazón del asunto. La electricidad que se siente en el cuerpo al enfrentarse a lo desconocido y la pasión de quien te acompaña en ese viaje. De eso está hecha una marca duradera.
Daniela: Pues una lección increíble para cerrar nuestro podcast de hoy. Gracias, Hugo, por agujerear nuestro saber una vez más.
Hugo: El placer, como siempre, ha sido mío. Estar dispuesto a no saberlo todo es el primer paso para aprender algo nuevo.
Daniela: Y con esa gran reflexión nos despedimos. Esto fue Studyfi Podcast. Gracias por acompañarnos y hasta la próxima.