Podcast sobre La estructura normativa de la ciencia
La Estructura Normativa de la Ciencia: Merton y el Giro Practicista
Podcast
Sociología de la ciencia: El motor social del conocimiento
Délka: 23 minut
Kapitoly
¿Quién se lleva el crédito?
Las reglas del juego científico
El motor: Fama y reconocimiento
Cuando las reglas se rompen
Más allá de Merton
Del Paradigma a la Práctica
Valores en Contexto
Normas como Valores
La Elección entre Teorías
El giro de Kuhn
Normas y valores en la ciencia
Las Normas en Duda
El Giro Practicista
De la Teoría a la Acción
Valores en Contexto
Cuando la Utilidad es el Rey
La Ciencia como Acción
El Significado está en el Contexto
Resumen y Despedida
Přepis
Álvaro: Piensa en el último gran descubrimiento científico que escuchaste en las noticias. ¿Recuerdas quién se llevó el crédito? Probablemente el científico principal, el jefe del laboratorio, ¿verdad? Pero, ¿y el resto del equipo? ¿El estudiante de doctorado que pasó noches sin dormir recogiendo datos? ¿Cómo decide la ciencia a quién recompensar y por qué? Bueno, la respuesta está en la sociología.
Sofía: Exacto. Y esa pregunta es el corazón de lo que vamos a explorar hoy. Estás escuchando Studyfi Podcast, donde desglosamos los temas complejos de tus exámenes.
Álvaro: Hoy nos metemos de lleno en la sociología de la ciencia. Y para hablar de eso, tenemos que hablar de un nombre clave: Robert K. Merton.
Sofía: ¡Absolutamente! Merton es como el arquitecto que diseñó los planos para entender la ciencia no solo como un montón de descubrimientos, sino como una institución social, con sus propias reglas, valores y hasta sus propias presiones.
Álvaro: De acuerdo, entonces, si la ciencia es una institución, ¿cuáles son sus reglas? ¿Tiene una especie de constitución?
Sofía: ¡Me gusta esa analogía! Merton diría que sí. Él lo llamó el "ethos de la ciencia", un conjunto de cuatro normas que, en teoría, todos los científicos internalizan. Es como el código de conducta no escrito.
Álvaro: Suena importante. ¿Cuáles son esas cuatro normas?
Sofía: La primera es el **Comunismo**. Y no, no tiene que ver con política. Significa que los descubrimientos científicos son propiedad de toda la comunidad. No puedes patentar una ley de la física. El conocimiento se comparte.
Álvaro: Entendido. ¿La segunda?
Sofía: **Universalismo**. No importa quién seas, de dónde vengas, tu género o tu religión. Si tu investigación es válida, se acepta. La ciencia, idealmente, es ciega a la persona y solo ve los datos.
Álvaro: Eso tiene mucho sentido. ¿Qué más?
Sofía: La tercera es el **Desinterés**. Los científicos deben actuar por el bien del avance del conocimiento, no para su propio beneficio personal o económico. Buscan la verdad, no la fama o el dinero.
Álvaro: Mmm, esa me parece un poco idealista, ¿no? ¿Y la última?
Sofía: Lo es, y ahora llegaremos a eso. La última es el **Escepticismo Organizado**. La ciencia es crítica por naturaleza. Cada afirmación, cada descubrimiento, debe ser examinado y cuestionado por la comunidad antes de ser aceptado. Es un proceso de validación constante.
Álvaro: Vale, Comunismo, Universalismo, Desinterés y Escepticismo. Suena como un club muy honorable. Pero, como decía antes, ¿los científicos de verdad se comportan siempre así? Porque la historia está llena de rivalidades y secretos.
Sofía: ¡Gran pregunta, Álvaro! Y ahí es donde entra la segunda parte del paradigma de Merton: la **estructura de recompensas**. Él no era ingenuo. Sabía que los científicos son humanos.
Álvaro: ¿A qué te refieres con "estructura de recompensas"? ¿Los premios?
Sofía: Exacto. Premios como el Nobel, el reconocimiento de tus colegas, que una ley o teoría lleve tu nombre... ¡la prioridad! Ser el primero en descubrir algo es la moneda de cambio más valiosa en la ciencia. Es lo que Merton llamaba el "motor del sistema".
Álvaro: Ah, entonces estas dos estructuras —el ethos y las recompensas— están en constante interacción. Las normas te dicen *cómo* jugar, y las recompensas son el *porqué* juegas.
Sofía: ¡Precisamente! Y a veces, esa interacción crea tensión. La presión por ser el primero, por ganar ese reconocimiento, puede llevar a lo que Merton llamó "conducta desviada".
Álvaro: ¿Conducta desviada? ¿Te refieres a científicos que hacen trampa?
Sofía: Exacto. El fraude científico, ocultar datos que no encajan con tu hipótesis, o guardar tus descubrimientos en secreto para que nadie te los robe... todo eso es una violación directa del ethos científico.
Álvaro: Y la explicación de Merton es que la culpa es de la enorme presión del sistema de recompensas. Quieres tanto el premio que estás dispuesto a romper las reglas.
Sofía: Justo. Pero hay otra consecuencia más sutil y quizás más injusta, a la que Merton dedicó mucha atención: el "Efecto Mateo".
Álvaro: ¿El Efecto Mateo? ¿Como el del Evangelio?
Sofía: El mismo. La cita es "Porque a quien tiene, se le dará más". En ciencia, significa que los científicos que ya son famosos y tienen una gran reputación reciben mucho más crédito por sus contribuciones que los científicos menos conocidos, ¡incluso si el trabajo es de calidad similar!
Álvaro: Es como cuando un youtuber famoso sube un vídeo normalito y tiene millones de visitas, mientras que un creador nuevo con un vídeo increíble apenas consigue unas pocas.
Sofía: ¡Es la analogía perfecta! Un artículo de un premio Nobel será citado mil veces, mientras que el mismo artículo de un investigador desconocido podría pasar desapercibido. Es un sesgo que amplifica la fama y la desigualdad dentro de la ciencia.
Álvaro: O sea que el sistema de recompensas, que debería incentivar el buen trabajo, a veces crea efectos perversos. Suena bastante disfuncional.
Sofía: Puede serlo. Merton fue brillante al identificar estas tensiones estructurales. Su análisis nos muestra cómo la propia estructura social de la ciencia puede inducir tanto comportamientos nobles como conductas desviadas.
Álvaro: La visión de Merton es potentísima. Pero... ¿sigue siendo la forma en que entendemos la ciencia hoy en día? El texto menciona que su paradigma ha sido "casi totalmente abandonado". Eso suena muy drástico.
Sofía: Lo es, pero no porque Merton estuviera equivocado. Es más bien que el foco de las preguntas cambió. Merton se centró en la estructura *social* de la ciencia, pero deliberadamente dejó de lado una pregunta más profunda.
Álvaro: ¿Cuál?
Sofía: ¿Cómo influyen los factores sociales en el *contenido* mismo del conocimiento científico? Merton trazó una línea clara: la sociología estudia a los científicos, y la filosofía estudia si sus teorías son verdaderas. Una cosa son los problemas sociales y otra la validez del conocimiento.
Álvaro: Parece una división lógica. La sociología se encarga del contexto y la filosofía del contenido.
Sofía: Exacto. A eso se le llamó la sociología de la ciencia "estrecha". Pero en las últimas décadas del siglo XX, surgió una sociología "amplia" que dijo: "Un momento. ¿Y si el contexto social, los valores, la cultura... influyen en las teorías que consideramos verdaderas?".
Álvaro: Ah, ya veo. Borraron esa línea que dibujó Merton.
Sofía: Totalmente. Y eso llevó al llamado "giro practicista". En lugar de centrarse tanto en las normas abstractas del "ethos", los nuevos sociólogos empezaron a preguntarse: "¿Qué hacen los científicos *en la práctica*? ¿Cómo negocian, cómo construyen sus experimentos, cómo convencen a otros en su día a día?".
Álvaro: Entonces, pasamos de estudiar el "reglamento" de la ciencia a observar el "partido" en tiempo real, con todas sus complejidades y líos.
Sofía: ¡Exacto! El enfoque se volvió mucho más etnográfico. Pero ojo, nada de esto sería posible sin la base que sentó Merton. Él nos dio las herramientas para empezar a ver la ciencia como una actividad humana y social.
Álvaro: Entendido. Así que, aunque hoy se usen otros enfoques, su legado es fundamental. Nos enseñó que para entender el conocimiento, primero hay que entender a la comunidad que lo produce.
Álvaro: Y justo hablando de cómo funciona la ciencia en la vida real... me quedé pensando en la idea de los paradigmas de Thomas Kuhn. Parece que hay otra palabra clave que siempre va de la mano con paradigma, ¿no?
Sofía: ¡Exacto, Álvaro! Esa palabra es "práctica". Kuhn decía que cuando un científico se une a una comunidad, no solo aprende teorías... aprende a *hacer* ciencia de una manera concreta. Aprende una práctica.
Álvaro: O sea, ¿como un aprendiz de artesano? No solo leen el manual, sino que se ensucian las manos y aprenden el oficio junto a los maestros.
Sofía: Precisamente. Se unen a personas que aprendieron de los mismos modelos. Por eso, rara vez discuten sobre las bases. Ya comparten las mismas reglas y estándares. Están en la misma "práctica".
Álvaro: Entiendo. Así que no es solo un conjunto de ideas, es una forma de trabajar, de ver y de hacer.
Sofía: Eso es. Y este enfoque en las prácticas específicas, en lugar de en la "Ciencia" con mayúsculas, fue un cambio de perspectiva enorme. Se le conoce como "el giro practicista".
Álvaro: ¿Y por qué importa tanto ese giro? ¿Qué nos permite ver que antes no veíamos?
Sofía: Bueno, nos aleja de la idea de que todos los científicos operan con las mismas normas y valores universales. Nos obliga a mirar con lupa. Pensemos en un ejemplo actual: los biotecnólogos.
Álvaro: Vale, me gusta. Un tema muy relevante.
Sofía: Imagina dos biotecnólogos. Uno trabaja para una empresa transnacional gigante que crea organismos genéticamente modificados. El otro trabaja para una institución pública de investigación.
Álvaro: Ok, los tengo. ¿Realmente toman decisiones basados en los mismos valores?
Sofía: ¡Claro que no! Para el científico de la empresa, la ganancia económica es un valor central. El secreto, mientras no tengan la patente, es importantísimo. Para el de la institución pública, quizás el valor principal es ofrecer conocimiento confiable a la sociedad para, digamos, tomar decisiones sobre bioseguridad.
Álvaro: ¡Wow! Para uno el secreto es bueno, para el otro es malo. Es el mismo campo, pero son mundos opuestos.
Sofía: Exacto. Los valores se forman dentro de cada práctica específica y están condicionados por los intereses de ese contexto. El enfoque practicista nos da las herramientas para entender esas diferencias tan cruciales.
Álvaro: Entonces, ¿qué pasa con las famosas "normas" de la ciencia? Como la objetividad, el universalismo...
Sofía: El enfoque practicista las replantea. No las ve como reglas estrictas que determinan la acción, como si fueran un código penal. Kuhn decía que funcionan más bien como *valores*.
Álvaro: ¿Valores? ¿Como la honestidad o la valentía?
Sofía: Algo así. Son guías para la acción, pero son incompletas. Necesitan ser interpretadas por cada científico en su situación particular. Piénsalo así: una teoría científica es buena si cumple con valores como la precisión, la simplicidad o el alcance.
Álvaro: Claro, tiene sentido. Quieres que tu teoría sea simple y precisa.
Sofía: Pero, ¿qué es "simple"? ¿Qué es "preciso"? Nunca lo son en términos absolutos. Siempre son científicos de carne y hueso, con sus propias pasiones y convicciones, los que deciden si una teoría es lo suficientemente simple o precisa.
Álvaro: O sea que la relación entre la regla y la acción no es causal, es... interpretativa. Un científico interpreta el valor de la "simplicidad" de una forma, y otro, de otra.
Sofía: ¡Le diste en el clavo! No es una máquina que sigue un programa. Son personas tomando decisiones basadas en criterios que, aunque compartidos, son flexibles.
Álvaro: Y supongo que esto se vuelve crítico cuando hay que elegir entre dos teorías rivales.
Sofía: Totalmente. Kuhn dio el ejemplo perfecto. Puedes tener a dos científicos que aceptan la misma lista de valores: precisión, coherencia, simplicidad... todo. Y aun así, pueden llegar a conclusiones totalmente opuestas.
Álvaro: ¿Cómo es posible?
Sofía: ¡Porque le dan un peso diferente a cada valor! Quizás para uno la simplicidad es lo más importante de todo. Para el otro, lo es el alcance, que la teoría explique muchos fenómenos distintos, aunque sea un poco más compleja.
Álvaro: Entonces, al final, la decisión depende de características que varían de un científico a otro. No hay una fórmula mágica.
Sofía: Exacto. Y esa subjetividad no es un defecto del sistema, ¡es parte fundamental de cómo avanza la ciencia! Y nos lleva directamente a otro punto fascinante: el papel que juega el cuerpo y la identidad en estas prácticas, como por ejemplo, en la discriminación de género dentro de la ciencia.
Álvaro: Entonces, esta sociología del conocimiento más amplia no surgió de la nada. ¿Qué la impulsó?
Sofía: ¡Buena pregunta! Y la respuesta es bastante sorprendente. No fue tanto un desarrollo interno de la sociología...
Álvaro: ¿Ah, no? ¿De dónde vino entonces?
Sofía: Principalmente de fuera, con la enorme influencia de un libro: *La Estructura de las Revoluciones Científicas* de Thomas Kuhn. ¡Ese libro fue una bomba!
Álvaro: ¿Así que un filósofo de la ciencia básicamente les dijo a los sociólogos cómo hacer su trabajo?
Sofía: ¡En cierto modo, sí! El éxito de Kuhn, y otros como Feyerabend o Lakatos, fue tan grande que sacudió la sociología de la ciencia que se hacía hasta entonces, la de Merton.
Álvaro: Entiendo. ¿Hubo otras figuras importantes en este cambio?
Sofía: Claro. Por ejemplo, en Latinoamérica, el filósofo mexicano Luis Villoro escribió un libro increíble, *Creer, saber, conocer*. Lleva como veinte ediciones, ¡imagínate!
Álvaro: ¡Wow! Entonces su impacto debe ser global, ¿no?
Sofía: Pues aquí está lo curioso... fuera de Latinoamérica, su repercusión ha sido bastante limitada. Es casi un misterio sociológico en sí mismo. Un tema para otro día, quizás.
Álvaro: De acuerdo, lo dejamos pendiente.
Sofía: Exacto. Pero mira, más allá de la historia, quiero que nos centremos en algo que todos estos debates sacaron a la luz... la dimensión normativo-valorativa de la ciencia.
Álvaro: ¿Normas y valores? Suena a que nos alejamos de los hechos y las fórmulas.
Sofía: Justo a eso vamos. Porque la ciencia no es solo lo que se descubre, sino *cómo* y *por qué* se valora ese conocimiento. Y esa es la pieza clave que vamos a analizar ahora.
Álvaro: Ok, Sofía, entonces las normas de Merton que mencionamos antes... no eran tan simples como parecían. ¿Cuál fue el problema principal con ellas?
Sofía: Exacto, Álvaro. El debate se centró en si esas normas realmente describían cómo se comportan los científicos. Un sociólogo, Storer, se preguntó por su "realidad".
Álvaro: ¿Su realidad? ¿Como si fueran un fantasma o algo así?
Sofía: Algo así. La pregunta era: ¿son reglas que los científicos siguen de verdad, o solo un ideal bonito? El problema, como señaló Mulkay, es que quizás no entendíamos bien cómo funcionan las normas en la ciencia.
Álvaro: Entiendo. Entonces, ¿cómo intentaron resolver ese problema?
Sofía: ¡Aquí viene el gran cambio! Se le conoce como el "giro practicista". En vez de enfocarse en grandes "estructuras" o "sistemas", los teóricos empezaron a mirar las "prácticas".
Álvaro: Las prácticas... O sea, lo que los científicos hacen en el laboratorio día a día, ¿no? No solo lo que *dicen* que hacen.
Sofía: ¡Precisamente! Theodore Schatzki lo explicó muy bien. Dijo que el concepto de "práctica" se volvió central en la sociología, la filosofía... ¡en casi todo!
Álvaro: Suena lógico. Es como aprender a cocinar. No basta con leer la receta, tienes que ponerte a mezclar los ingredientes.
Sofía: ¡Esa es una analogía perfecta! El foco se movió de las reglas abstractas a las acciones concretas. Y por eso se llama giro "practicista" y no "pragmático", para distinguirlo de otras corrientes filosóficas.
Álvaro: Entonces, para resumir, el gran salto fue dejar de lado el manual de instrucciones ideal y empezar a observar el juego real en el campo.
Sofía: Exacto. Y eso nos lleva a analizar qué descubrieron exactamente al observar esas prácticas científicas... que es a donde vamos ahora.
Álvaro: Ok, entonces el enfoque de Merton que vimos antes es como un conjunto de mandamientos para la ciencia... "Serás universal, serás comunal", etc. Pero mencionaste que hay otra forma de verlo, el enfoque practicista. ¿En qué se diferencia?
Sofía: ¡Cambia por completo la perspectiva! En lugar de ver los valores como un código de ética rígido que los científicos deben "internalizar", el enfoque practicista dice que los valores se aprenden y se negocian *haciendo* ciencia.
Álvaro: ¿Cómo que se negocian? ¿Se sientan a discutir si una teoría es lo suficientemente "simple"?
Sofía: ¡A veces sí! Piénsalo así. Dos científicos pueden mirar la misma teoría. Uno dice: "Es precisa y de amplio alcance". El otro responde: "No, es menos simple y menos fecunda que esta otra alternativa".
Álvaro: Y ahí es donde empiezan las discusiones científicas, ¿no?
Sofía: Exacto. La clave aquí es que el valor no es una propiedad del objeto, como el color. Es una relación entre la teoría y los científicos que la valoran, dependiendo de sus intereses en ese momento.
Álvaro: O sea que no hay una regla para decidir si una demostración matemática es "elegante". ¿Es algo que simplemente... se sabe?
Sofía: Se aprende. Se aprende a través del entrenamiento y la práctica. Un gran ejemplo fue la demostración del teorema de los cuatro colores. Se apoyó muchísimo en una computadora.
Álvaro: Suena moderno. ¿Cuál fue el problema?
Sofía: Que para un matemático del siglo XIX, ¡eso era casi una herejía! La idea de que una máquina pudiera validar una prueba chocaba con su valor de lo que era una demostración "real". Generó una controversia enorme.
Álvaro: Entiendo. Entonces, los valores pueden cambiar con el tiempo a medida que cambian las prácticas. ¿Pasa lo mismo con teorías que ya damos por sentadas?
Sofía: Totalmente. Tomemos la mecánica clásica de Newton. Hoy sabemos que no es la teoría más precisa que existe, la relatividad y la cuántica la superaron. Pero, ¿la desechamos?
Álvaro: Claro que no, ¡la usamos para todo! Desde construir puentes hasta lanzar satélites.
Sofía: ¡Exacto! Su valor principal ya no es su precisión absoluta, sino su increíble *utilidad*. Se sigue enseñando y usando porque resuelve una cantidad enorme de problemas prácticos de forma muy eficiente.
Álvaro: Así que la comunidad científica, en la práctica, la valora porque es útil. Interesante.
Sofía: Ese es el punto central del enfoque practicista. Los valores no son permanentes ni absolutos. Son dinámicos y dependen del contexto pragmático de cada comunidad científica.
Álvaro: Entonces, para resumir: no es un conjunto de reglas grabadas en piedra, sino un sistema vivo que evoluciona con la propia ciencia. Me gusta más esa idea, es menos dogmática.
Sofía: Mucho menos. Y nos ayuda a entender por qué la ciencia es tan dinámica y, a veces, tan conflictiva. Ahora, esto tiene implicaciones muy interesantes cuando hablamos de la conducta de los científicos hoy en día...
Álvaro: ...y con eso cerramos el tema anterior, lo que nos lleva perfectamente a nuestro último punto de hoy. Siempre hablamos de los hechos de la ciencia, pero ¿qué hay de sus valores?
Sofía: ¡Excelente pregunta! A menudo creemos que en la ciencia solo se valoran los resultados... la teoría final, el experimento exitoso. Pero el filósofo Javier Echeverría señala algo clave: la ciencia es, sobre todo, un conjunto de acciones.
Álvaro: ¿Acciones? ¿Te refieres a medir, observar, experimentar?
Sofía: Sí, pero también a publicar, discutir, enseñar, criticar... ¡e incluso atacar las ideas de otros! Todas esas acciones se valoran, positiva o negativamente. No solo el producto final.
Álvaro: O sea, ¿un debate acalorado en una conferencia también tiene un "valor" científico?
Sofía: ¡Por supuesto! La ciencia no es un monólogo en un laboratorio. Es una conversación, a veces bastante ruidosa.
Álvaro: Entiendo. Entonces, ¿qué pasa con palabras como "precisión" o "simplicidad"? Yo pensaba que eran valores absolutos.
Sofía: Pues no lo son. Su significado depende completamente del contexto. No es lo mismo la "precisión" de una persona al describir algo, que la "precisión" de un aparato de medición.
Álvaro: Claro. Si yo soy preciso, no olvido comprar el aguacate. Si un GPS es preciso, no acabo en un río.
Sofía: ¡Exactamente! La palabra es la misma, pero su valor y significado cambian según a qué se aplique. Lo mismo ocurre con valores como la libertad de investigación o de expresión en la ciencia.
Álvaro: Entonces, para resumir este último punto: los valores en la ciencia no son etiquetas fijas. Adquieren su verdadero significado en las prácticas diarias de los científicos y las comunidades.
Sofía: No podría haberlo dicho mejor. El valor se crea en la acción, en el contexto humano.
Álvaro: Fascinante. Bueno, Sofía, creo que hemos cubierto muchísimo terreno hoy. Ha sido una sesión increíblemente clara. Muchísimas gracias.
Sofía: El placer ha sido mío, Álvaro. ¡Hasta la próxima!
Álvaro: Y a todos ustedes, gracias por acompañarnos en Studyfi Podcast. ¡Nos oímos en el siguiente episodio!