Podcast sobre Historia del Trabajo Social en Argentina
Historia del Trabajo Social en Argentina: Orígenes y Evolución
Podcast
Damas de Caridad y Críticas Feroces: La Sociedad de Beneficencia
Délka: 25 minut
Kapitoly
Orígenes de la Sociedad
Un Imperio de Instituciones
Dinero y Poder sin Control
Las Voces Críticas
El Legado y la Conclusión
Una Red de Instituciones
Maternidades y Financiación
El Estado Interviene
El Fin de una Era
La Cuestión Social
La Solución Higienista
Las Visitadoras de Higiene
La División Sexual del Trabajo
Resumen y Despedida
Přepis
Lucas: Imagina el Teatro Colón, pero no para una ópera. Es 26 de mayo, a finales del siglo diecinueve. El teatro está lleno de las figuras más importantes del país: el presidente, ministros, embajadores, todos vestidos de gala. En el escenario, un grupo de damas de la alta sociedad, con vestidos fastuosos y joyas brillantes, se prepara para entregar los "Premios a la Virtud".
Paula: Y de repente, anuncian el premio "A tres huérfanas que se distingan por su buena conducta, humildad y amor al trabajo". Tres niñas pequeñas, vestidas con uniformes idénticos, suben al escenario para recibir un diploma por ser humildes... mientras la élite del país las aplaude desde sus palcos. Una escena muy potente.
Lucas: Esa escena, que parece sacada de una novela, era real. Y es el punto de partida de nuestro tema de hoy. Estás escuchando Studyfi Podcast.
Paula: Así es. Esa organización en el centro de todo era la Sociedad de Beneficencia, una institución que marcó la historia social argentina durante más de un siglo.
Lucas: Suena a algo muy antiguo. ¿Cómo empezó todo esto?
Paula: Nació en 1823. Antes, la caridad la manejaban hermandades religiosas, como la Hermandad de la Santa Caridad. Pero llegó Bernardino Rivadavia, con sus ideas reformistas, y decidió que el Estado debía tener más control.
Lucas: O sea, ¿fue una idea del gobierno?
Paula: Exacto. Rivadavia, como ministro de gobierno, impulsó un decreto que básicamente le quitaba la administración de hospitales y orfanatos a la Iglesia y se la daba al gobierno. Pero... necesitaba a alguien para que gestionara todo eso.
Lucas: Y ahí entran las damas de la alta sociedad.
Paula: Precisamente. Se creó la Sociedad de Beneficencia, compuesta por trece damas de las familias más importantes de Buenos Aires. El gobierno les dio la dirección de las escuelas para niñas, la Casa de Expósitos, hospitales de mujeres... todo lo que tuviera que ver con el "sexo débil", como se decía en la época.
Lucas: Trece damas. ¿Quiénes eran? ¿Algún nombre que nos suene?
Paula: La primera presidenta fue Mercedes de Lasala y Riglos, una figura muy respetada de la aristocracia colonial. Pero la impulsora clave, la que ayudó a Rivadavia a convencer a las demás, fue la famosa Mariquita Sánchez de Thompson.
Lucas: ¡Claro! La del himno. ¿Y por qué no fue ella la presidenta?
Paula: Buena pregunta. Al parecer, Rivadavia quería, pero su esposo era el cónsul de Francia, y no se consideraba apropiado que la esposa de un diplomático extranjero presidiera una institución tan importante. Así que eligieron a doña Mercedes, que tenía un perfil más tradicional y aristocrático.
Lucas: Entonces, estas mujeres no solo daban premios. Estaban a cargo de muchísimas cosas importantes.
Paula: Muchísimas. Se convirtieron en una institución increíblemente poderosa. Empezaron con la Casa de Expósitos, que con el tiempo se conoció popularmente como la "Casa Cuna". Hoy, en ese lugar funciona el Hospital de Pediatría Dr. Pedro de Elizalde.
Lucas: Wow, no tenía idea de esa conexión. ¿Qué más manejaban?
Paula: La lista es larguísima. Se hicieron cargo del Hospital de Mujeres, que hoy es el Hospital Rivadavia. Fundaron el Hospital de Mujeres Dementes, que luego fue el Hospital Nacional de Alienadas. Crearon el Hospital de Niños y el Hospital Oftalmológico Santa Lucía.
Lucas: O sea que muchos hospitales que conocemos hoy tienen su origen ahí. Es impresionante.
Paula: Totalmente. También fundaron asilos para huérfanas, como el "Mercedes de Lasala y Riglos", y asilos para ancianos. En un momento, llegaron a tener 98 escuelas comunes para niñas, hasta que la Ley de Educación Común de 1876 las transfirió al Estado.
Lucas: Y no se limitaban a Buenos Aires, por lo que veo en el material. Mencionan un hospital en Mar del Plata y un asilo en Mercedes.
Paula: Exacto. Fundaron el Hospital y Asilo Marítimo en Mar del Plata y el Asilo "General Martín Rodríguez" en Mercedes. Su influencia era enorme. Incluso durante la Guerra de la Triple Alianza, sus escuelas se convirtieron en talleres para fabricar hilos y vendas para el ejército.
Lucas: Se transformaron en una especie de ministerio de bienestar social paralelo, pero manejado por un grupo de élite.
Paula: Esa es una excelente manera de describirlo. En 1908, durante la presidencia de Figueroa Alcorta, la Sociedad se transformó oficialmente en una Institución Oficial, dependiendo del Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto. Ya eran parte del Estado, pero con una autonomía gigantesca.
Lucas: Ok, la pregunta del millón: ¿de dónde salía todo el dinero para mantener este imperio de hospitales y asilos?
Paula: De varias fuentes. Recibían fuertes subsidios y subvenciones del Estado, tanto del gobierno nacional como de la Municipalidad de Buenos Aires. La ley orgánica de la Municipalidad de 1882 incluso establecía explícitamente que debían proteger a la Sociedad con subvenciones.
Lucas: O sea, dinero público.
Paula: Mucho. Pero también recibían cuantiosas donaciones y legados de particulares ricos. Familias enteras dejaban sus fortunas a la Sociedad. Incluso presidentes, como Hipólito Yrigoyen, que donó la totalidad de su sueldo presidencial entre 1916 y 1922.
Lucas: ¡Todo su sueldo! Eso es un montón de dinero.
Paula: Y había más. Se les permitían cosas que a otros no. Por ejemplo, aunque el juego estaba prohibido, en 1892 se les autorizó a organizar una lotería para construir el Hospital de Niños. Más tarde, en 1906, se sancionó la Ley de Loterías de Beneficencia, que fortaleció aún más sus finanzas.
Lucas: Suena a que tenían muchísimo poder y cero supervisión. ¿Nadie controlaba en qué gastaban todo ese dinero público y privado?
Paula: Ese era el gran problema. El control del Estado era, y cito, "inadecuado, cuando no inexistente". El gobierno daba el dinero, pero no había una planificación real ni una coordinación. Se financiaba sin control, lo que atentaba contra la utilidad real de los fondos públicos.
Lucas: Un cheque en blanco, básicamente.
Paula: Prácticamente. El Estado no solo erraba al no controlar, sino que consolidaba el poder de una entidad que, según muchos críticos, no estaba realmente enfocada en los problemas de fondo de la gente.
Lucas: Me imagino que no todo el mundo estaba feliz con estas "damas benefactoras". Hablemos de las críticas, porque la escena del Teatro Colón que describiste al principio ya se sentía... extraña.
Paula: Muy extraña. Y las críticas fueron feroces. Ya a principios del siglo veinte, las voces en contra eran muy fuertes. El Dr. Alfredo Palacios, un referente del socialismo, escribió en 1900 algo durísimo.
Lucas: ¿Qué dijo?
Paula: Dijo, y voy a parafrasear para suavizarlo un poco, que las sociedades de beneficencia eran "mistificaciones burdas con que se engaña a los tontos". Acusaba a las damas de estar más interesadas en organizar fiestas y kermeses para exhibir sus trajes y joyas que en acercarse a un conventillo para ver cómo vivían los pobres.
Lucas: Uf, directo al hueso.
Paula: Totalmente. Decía que "el pobre es lo último que se tiene en cuenta por estas caritativas damas". Era una crítica a la superficialidad de esa caridad, que se quedaba en el evento social y no en la raíz del problema.
Lucas: ¿Y hubo otras críticas más adelante?
Paula: Sí, incluso décadas después. En 1960, la asistente social Isabel Luraschi señaló que la Sociedad se había vuelto insensible a los cambios de la comunidad. Dijo que se había "paralizado su afán de superación", especialmente con los menores, y que actuaba con total independencia de los planes del gobierno.
Lucas: O sea, iban por su cuenta, sin coordinar con nadie.
Paula: Exacto. Y ya no daban abasto para cubrir las necesidades de una población creciente, lo que llevó a que surgieran otras entidades privadas. Arturo Jauretche también fue muy crítico, diciendo que la presidencia de la Sociedad era "el más alto símbolo de figuración social".
Lucas: Entonces, volviendo a esos premios en el Colón... Eran una forma de reforzar un sistema, más que de ayudar de verdad, ¿no?
Paula: Esa es la crítica central. Fíjate en los nombres de los premios: "A la humildad", "A la persona enferma más paciente", "A personas ciegas que sufren su desgracia con resignación cristiana".
Lucas: Premiaban la resignación. Qué generoso.
Paula: Exacto. Premiaban que los pobres aceptaran su situación. El abogado Pedro Vives Heredia los llamó "ridículos" y dijo que era humillante exhibir a las huérfanas en su miseria, pidiendo caridad y destinándolas a ser criadas mal pagadas en las casas de esas mismas damas.
Lucas: Una forma de que los ricos se sintieran bien consigo mismos mientras mantenían el status quo. "Te premio por no quejarte de tu pobreza".
Paula: Precisamente. La "alta sociedad", como dice el texto, se congratulaba de su "enorme vocación y capacidad de dar", pero sin cuestionar nunca por qué existía esa pobreza. Consideraban una virtud tener vergüenza de ser pobre.
Lucas: A pesar de todo, esta Sociedad existió por más de 120 años, hasta que fue intervenida en 1947. ¿Cuál es la conclusión que podemos sacar? ¿Fue buena, fue mala?
Paula: Como todo en la historia, es complejo. Por un lado, crearon una red de hospitales y asilos que fue fundamental en una época donde el Estado no llegaba. Muchas de esas instituciones son la base de nuestro sistema de salud actual.
Lucas: Eso es innegable.
Paula: Pero por otro lado, su enfoque era la caridad y la beneficencia, no la justicia social. No buscaban cambiar las estructuras que generaban la pobreza, sino aliviar sus síntomas de una manera paternalista y, a menudo, humillante. Y lo hacían con un poder casi absoluto y sin control.
Lucas: Y por eso es tan importante su estudio, ¿verdad?
Paula: Exacto. Más allá de si nos parece bien o mal, la Sociedad de Beneficencia es un antecedente directo de lo que hoy conocemos como Asistencia Social o Trabajo Social. Entender su historia, con sus luces y sus muchas sombras, es clave para comprender cómo evolucionó la idea de ayuda social en Argentina.
Lucas: De la caridad de élite a la idea de derechos sociales. Un cambio de paradigma total que seguro vamos a explorar más adelante.
Lucas: Entonces, Paula, la Sociedad de Beneficencia no era solo un club de damas de la alta sociedad. Realmente construyeron cosas, ¿no? ¿Qué tipo de instituciones manejaban?
Paula: ¡Absolutamente! Y la escala de su obra es impresionante. No hablamos de un par de escuelas, sino de una red enorme. Por ejemplo, en 1916 arrancan con el Asilo "Estela Matilde Otamendi" para niñas muy pequeñas, de 3 a 7 años.
Lucas: Qué específico. ¿Y seguían con ellas después?
Paula: Exacto. Años más tarde, ese mismo asilo se reorientó para adolescentes de 14 a 18. Y no solo se ocupaban de la infancia. También inauguraron un Solarium en Mar del Plata en 1918, como un anexo del Sanatorio Marítimo.
Lucas: Un solarium... suena casi a un spa.
Paula: Bueno, era para los enfermos del sanatorio, ¡así que tenía un fin terapéutico! Pero sí, el nombre suena glamoroso. Y la expansión siguió. Para 1925, abrieron el Instituto "José María Pizarro y Monje" en Buenos Aires.
Lucas: ¿Y ese qué hacía?
Paula: Se dedicaba a la educación industrial de chicas mayores de 14 y también recibía niños externos más pequeños. Piensa en la variedad: asilos, sanatorios, educación técnica... hasta un Instituto de Odontología que abrió en 1926.
Lucas: ¡Wow! Estaban en todos lados. Cubrían casi todo el ciclo de la vida, desde la niñez hasta la salud dental.
Paula: Y hablando del ciclo de la vida, uno de sus proyectos más grandes fueron las maternidades. En 1928 inauguraron el Instituto de Maternidad, que hoy conocemos como la Maternidad "Dr. Alberto Peralta Ramos".
Lucas: Eso ya suena como una institución médica muy seria. ¿De dónde salía todo ese dinero?
Paula: Muy buena pregunta. Aquí la cosa se pone interesante. Para la Maternidad Peralta Ramos, por ejemplo, usaron recursos del gobierno y un terreno comprado con un legado, o sea, una herencia donada.
Lucas: Ah, una mezcla de público y privado, entonces.
Paula: Exactamente. Y algunos legados eran... gigantescos. Para construir la famosa Maternidad "Ramón Sardá", una señora llamada Delfina Marul de Sardé dejó un legado de 4 millones y medio de pesos de la época.
Lucas: ¡Cuatro millones y medio! Eso es una fortuna. Es como si hoy un millonario donara un hospital entero.
Paula: Tal cual. La entregaron en 1934 y al año siguiente ya estaba funcionando a pleno. Era una obra monumental, y todo gracias a la donación de una sola persona. Eso te muestra el poder que tenían estas alianzas.
Lucas: Clarísimo. No era solo caridad, era una verdadera gestión de grandes capitales para fines sociales.
Paula: Así es. Y con esa misma lógica, fundaron decenas de otros establecimientos por todo Buenos Aires y hasta en Córdoba. Asilos, internados, talleres... una red que no paraba de crecer.
Lucas: Pero si crecía tanto, me imagino que el Estado empezó a mirar más de cerca, ¿no? No podía ser algo totalmente independiente.
Paula: Diste en el clavo. A medida que el Estado se modernizaba, quería más control. Y acá viene el dato revelador: para 1941, ¿adivinas qué porcentaje de los fondos de la Sociedad venía del Presupuesto Nacional?
Lucas: Mmm... ¿un 40%? ¿50%?
Paula: Un 76,3%. ¡Más de tres cuartas partes! Otro 20% venía de la Lotería Nacional y solo un 3% de rentas de legados y donaciones.
Lucas: ¡Es muchísimo! Entonces, en la práctica, ya era casi una entidad estatal. Dependían totalmente del gobierno.
Paula: Totalmente. Y los gobiernos de la época se dieron cuenta. En 1943, durante el gobierno de Ramírez, se crea la Dirección Nacional de Salud Pública y Asistencia Social, y la Sociedad pasa a depender de ella.
Lucas: Ahí empezó el cambio de mando, por así decirlo.
Paula: Sí, y se complicó un poco. Al año siguiente, en 1944, el área de asistencia social pasó a depender de la Secretaría de Trabajo y Previsión, mientras que los hospitales seguían bajo Salud Pública.
Lucas: Suena a burocracia. O sea, ¿la Sociedad de Beneficencia ahora tenía que reportarle a dos organismos distintos?
Paula: Exacto. Un lío. Tenían un control técnico por partida doble. Imagínate los trámites. Era el principio del fin de su autonomía.
Lucas: Y con este nuevo panorama político, ¿cómo terminó la historia?
Paula: El proceso se aceleró. En 1947, ya con Perón en el gobierno, la Sociedad fue intervenida directamente. La independencia que había tenido durante más de un siglo se esfumó.
Lucas: Un final abrupto después de 125 años.
Paula: Sí. El golpe de gracia llegó el 13 de octubre de 1948. Se creó la Dirección Nacional de Asistencia Social, y la Sociedad de Beneficencia fue absorbida por completo. Todos sus bienes, edificios, personal y deudas pasaron al nuevo organismo estatal.
Lucas: O sea, desapareció. Dejó de existir como tal.
Paula: Se integró al Estado. Y acá hay una crítica interesante que hizo un autor de la época, Pessagno. Él decía que la Sociedad hizo una gran labor, pero que a veces parecía que concedía la ayuda como un favor, no como un derecho.
Lucas: Entiendo. Como si fuera un regalo de los ricos a los pobres, en lugar de una obligación del Estado para con sus ciudadanos.
Paula: Justamente. Esa es la transición clave que se estaba dando. Se pasaba del viejo modelo de la caridad y la beneficencia privada, manejada por una élite, a un nuevo paradigma de asistencia social como una función central del Estado.
Lucas: Un cambio de mentalidad total. Y esa transformación nos lleva directamente a pensar en cómo se configuró el Estado de bienestar en Argentina, ¿verdad?
Lucas: Y ese análisis de la economía nos lleva perfectamente a nuestro último tema de hoy, que también tiene que ver con cómo se estructura la sociedad y el trabajo. Hablaremos del Trabajo Social.
Paula: Exacto, Lucas. Es un campo fascinante, especialmente si miramos sus orígenes en Argentina, que están muy ligados a una idea específica sobre el rol de las mujeres en la sociedad.
Lucas: Suena a que hay una historia interesante ahí. ¿Por dónde empezamos?
Paula: Empecemos por el principio, con la génesis de la profesión y por qué surgió en primer lugar.
Lucas: De acuerdo. Entonces, ¿cuál fue la chispa que encendió la necesidad del Trabajo Social en Argentina?
Paula: Bueno, para entenderlo, tenemos que viajar a finales del siglo diecinueve y principios del veinte. Argentina estaba en plena ebullición.
Lucas: ¿A qué te refieres con ebullición?
Paula: Piensa en esto: una expansión urbana gigante, muchísima inmigración de Europa y la consolidación de un mercado de trabajo. Todo esto trajo consigo... conflictos.
Lucas: Claro, más gente en las ciudades, más problemas. La famosa "cuestión social", ¿verdad?
Paula: Justamente. La clase obrera empezó a organizarse, a exigir derechos, a pedir que se cubrieran necesidades básicas que el salario no alcanzaba a pagar. Y esto, como te imaginarás, puso nerviosa a la élite gobernante.
Lucas: Me lo imagino. No les gustaría mucho el desorden.
Paula: Para nada. El estado necesitaba una nueva forma de intervenir. Ya no bastaba con la caridad o la filantropía. Necesitaban algo más... sistemático.
Lucas: Y esa nueva forma de intervención, ¿cuál fue?
Paula: Fue una estrategia basada en el discurso higienista. Se presentaba como una solución sanitaria y educativa, pero en el fondo, también era una solución moral.
Lucas: ¿Higienista? Suena a que todo se trataba de limpieza.
Paula: En parte sí, pero iba mucho más allá. Se apoyaba en dos teorías muy potentes de la época. Por un lado, el darwinismo social.
Lucas: Uy, eso suena un poco siniestro. ¿Aplicar la supervivencia del más apto a la sociedad?
Paula: Exactamente. Se hacían analogías entre la sociedad y un organismo vivo que podía ser... manipulado. Y por otro lado, estaba la eugenesia, que buscaba "mejorar la raza".
Lucas: Wow. O sea que para la élite, esto era una forma de "limpiar" la sociedad de lo que consideraban "desechos humanos". Qué fuerte.
Paula: Muy fuerte. Era una forma de control social disfrazada de ciencia y salud pública. En este contexto, surge la demanda de un agente específico, alguien que pudiera intervenir en nombre del estado en estas situaciones de conflicto.
Lucas: Y aquí es donde entran en escena las trabajadoras sociales, o al menos sus precursoras.
Paula: Precisamente. El primer antecedente clave es el curso de Visitadoras de Higiene, proyectado en 1922 por el médico Alberto Zwanck.
Lucas: ¿Visitadoras de Higiene? ¿Qué hacían exactamente?
Paula: La idea era formar personal capacitado para luchar contra lo que veían como "la pobreza y el hacinamiento". El primer curso arrancó en 1924, en la Facultad de Medicina de la UBA. Duraba dos años y fue el primero en Latinoamérica en ser estatal, no religioso.
Lucas: Eso es un dato importante. El estado tomando las riendas.
Paula: Sí. Y el director, el Dr. Manuel Carbonell, lo tenía clarísimo. ¿Adivinas a quién veía como el sujeto perfecto para esta intervención?
Lucas: Déjame pensar... ¿mujeres?
Paula: ¡Bingo! Carbonell decía que ellas, que al principio eran "simples enfermeras de los pobres", se transformarían en "mensajeras de la higiene".
Lucas: Mensajeras de la higiene... suena a título de superheroína.
Paula: Una superheroína con la misión de enseñar orden, limpieza, higiene y economía doméstica. Básicamente, llevar el rol del hogar a la esfera pública.
Lucas: Pero, ¿él explica por qué debían ser mujeres? ¿Da alguna razón científica o algo así?
Paula: Ahí está la clave: no lo hace. Simplemente lo asume. Omite por completo que esta elección se basa en una división sexual del trabajo que supone que las mujeres son "naturalmente" cuidadoras.
Lucas: Claro, es la idea de que cuidar es cosa de mujeres. Una extensión del trabajo doméstico, pero ahora para el estado.
Paula: Exacto. Y hay otro punto que Carbonell menciona que es revelador. Dice que la intervención de las visitadoras en los domicilios resulta "más humano y económico".
Lucas: Más económico... Me pregunto para quién.
Paula: Obviamente para el estado. No se detalla, pero se puede ver que en la figura de la visitadora se unían tareas médicas, sanitarias y de recolección de datos. Era una forma de explotación laboral concentrada en una sola trabajadora.
Lucas: Increíble. Se aprovechan de un estereotipo de género para crear una fuerza de trabajo barata y dócil.
Paula: Totalmente. Y aquí viene la reflexión crítica que hace la autora Canela Gavrila. No basta con decir "oh, había muchas mujeres". Tenemos que preguntarnos: ¿cómo capitalizó el estado esta intervención femenina para controlar la cuestión social? ¿A qué intereses respondía esa división?
Lucas: Es una pregunta fundamental. No es solo visibilizar a las mujeres, sino entender las relaciones de poder que había detrás.
Paula: Justo eso. Analizar la jerarquía, la desigualdad, y cómo se usó el trabajo de las mujeres para los fines del estado.
Lucas: Bueno, para ir cerrando este tema y nuestro episodio de hoy... ha sido un viaje increíble. Déjame ver si lo entendí bien.
Paula: Adelante.
Lucas: El Trabajo Social en Argentina nace como una respuesta del estado a la conflictividad social de principios del siglo veinte. La estrategia fue el higienismo, que usaba un discurso de salud para ejercer control moral y social.
Paula: Perfecto.
Lucas: Y las primeras agentes de esta intervención fueron las Visitadoras de Higiene, un rol que desde su concepción fue pensado casi exclusivamente para mujeres.
Paula: Sí, y esto se basó en una división sexual del trabajo no cuestionada, que veía a las mujeres como cuidadoras naturales y, además, como mano de obra más económica.
Lucas: The key takeaway here is... que los orígenes de una profesión tan importante como el Trabajo Social están marcados por estas complejas dinámicas de poder, género y control social. No es tan simple como "ayudar a los pobres".
Paula: Has dado en el clavo, Lucas. Entender esa génesis nos ayuda a comprender mucho del Trabajo Social actual, sus desafíos y sus tensiones.
Lucas: Pues muchísimas gracias, Paula, por iluminarnos una vez más con tu conocimiento. Ha sido un placer, como siempre.
Paula: El placer ha sido mío, Lucas.
Lucas: Y a ustedes, que nos escuchan, gracias por acompañarnos en otro episodio de Studyfi Podcast. Esperamos que hayan aprendido tanto como nosotros. ¡Hasta la próxima!