Podcast sobre Fundamentos de Gestión y Control Organizacional

Fundamentos de Gestión y Control Organizacional: Guía Completa

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El Árbol de Problemas0:00 / 25:10
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Paula¡Okey, acabo de entender algo que cambia todo! Y de verdad creo que todos los que nos preparan para un examen necesitan escucharlo.
DiegoSuena como un gran descubrimiento. ¿De qué se trata?
Capítulos

El Árbol de Problemas

Délka: 25 minut

Kapitoly

Una herramienta que lo cambia todo

¿Qué es el Árbol de Problemas?

El error más común

Transformando problemas en soluciones

Los 7 Pasos Mágicos

Investigando el Misterio

Lluvia de Ideas y Decisiones

A la Acción y Medición

El Ejemplo de las Aerolíneas

El Rol del Liderazgo

¿Qué es realmente el Liderazgo?

Liderazgo a través de distintos ojos

¿Se nace líder o se aprende a serlo?

¿Qué es el Control de Gestión?

El Factor Humano

Una Mirada al Pasado

Los Nuevos Principios

El Campo de Juego del Control

La evolución del concepto

¿Qué es realmente?

Los 4 pilares del control

Resumen y despedida

Přepis

Paula: ¡Okey, acabo de entender algo que cambia todo! Y de verdad creo que todos los que nos preparan para un examen necesitan escucharlo.

Diego: Suena como un gran descubrimiento. ¿De qué se trata?

Paula: De que a veces, para encontrar la solución... primero tienes que dibujar el problema. Literalmente. Estás escuchando Studyfi Podcast.

Diego: Exacto. Hoy hablamos de una herramienta increíblemente útil: el Árbol de Problemas.

Paula: Vale, Diego, explícanos. ¿Qué es exactamente este "árbol"? ¿Necesito habilidades de artista?

Diego: Para nada. Piénsalo así: el tronco del árbol es tu problema central. Algo concreto, como... una alta tasa de accidentes en una esquina.

Paula: Entendido. El problema principal, bien visible en el centro.

Diego: Exacto. Luego, las raíces, lo que está debajo y no se ve a simple vista, son las causas. ¿Por qué ocurren los accidentes? Pues... exceso de velocidad, mala señalización, poca visibilidad.

Paula: Ah, claro, las raíces son el "porqué". ¿Y qué hay de la copa del árbol, las hojas y las ramas?

Diego: Esos son los efectos, las consecuencias. Personas heridas, daños a la propiedad, descontento de los vecinos... Todo lo malo que resulta del problema.

Paula: Me parece una forma súper clara de organizar las ideas. Visualizas todo el panorama.

Diego: Esa es la clave. Pero hay un error muy común al definir el problema en el tronco.

Paula: ¿Cuál es?

Diego: Expresarlo como una negación. Por ejemplo, decir "No hay semáforos". Eso cierra la puerta a otras soluciones.

Paula: ¿Y cómo sería la forma correcta?

Diego: Deberías decir "Alta tasa de accidentes en la intersección". Es un problema real, no la falta de una solución específica. Así puedes pensar en más alternativas: un semáforo, reductores de velocidad, más señalización...

Paula: O sea que si mi problema es "no tengo dinero", debería decir "tengo una limitada capacidad para generar ingresos". Suena más profesional.

Diego: Exactamente. Un problema bien planteado ya está medio resuelto.

Paula: Vale, ya tengo mi árbol con el tronco-problema, las raíces-causas y la copa-efectos. ¿Y ahora qué? ¿Me quedo mirando el desastre?

Diego: ¡No! Aquí viene la magia. Ahora lo transformas en un Árbol de Objetivos.

Paula: ¿Cómo funciona eso?

Diego: Es casi como un espejo. Todo lo que era negativo, lo conviertes en positivo. El problema central se vuelve tu objetivo central.

Paula: Entonces... "Alta tasa de accidentes" se convierte en... "Baja tasa de accidentes" o "Intersección segura".

Diego: ¡Perfecto! Y las causas, que eran las raíces, se convierten en los medios para lograrlo. "Falta de señalización" se transforma en "Instalar nueva señalización".

Paula: Y los efectos se convierten en los fines, los resultados positivos que queremos alcanzar. Menos heridos, vecinos contentos...

Diego: Exacto. Pasas de un mapa del problema a un plan de acción claro y lógico. Es una técnica súper poderosa, no solo para empresas, sino para cualquier proyecto que tengas.

Paula: Increíble. Así que no solo identificas lo que está mal, sino que automáticamente creas una hoja de ruta para solucionarlo. Eso es genial. Ahora, hablando de hojas de ruta y planificación...

Paula: Y hablando de tomar las riendas, Diego, una parte fundamental de la dirección es saber qué hacer cuando las cosas no salen como esperábamos... cuando surgen problemas.

Diego: Totalmente, Paula. Y aquí hay algo que a menudo se nos olvida: los problemas tienen su propio ciclo de vida. No nacen siendo un monstruo de cinco cabezas.

Paula: ¿Ciclo de vida? Suena a documental de naturaleza. ¿Nacen, crecen, se reproducen y mueren?

Diego: ¡Casi! Piénsalo así. Primero, está la etapa emergente. Es como una pequeña gotera en el techo. Apenas la notas. No es una amenaza inmediata, pero... está ahí.

Paula: La ignoras y esperas que se arregle sola. La mejor estrategia, claro.

Diego: La estrategia de la negación. Pero si la ignoras, la gotera crece. Esa es la etapa madura. Ahora ya no es una gotera, es un chorrito. Ya ves que hay una posibilidad real de daño. El techo se está manchando.

Paula: Y si sigues sin hacer nada...

Diego: Llegas a la etapa de crisis. De repente, el techo se derrumba. El problema es tan grande que si no lo solucionas ya, la organización, o tu proyecto, puede morir. Se nos fue de las manos.

Paula: Entiendo. Así que la clave es actuar en la etapa emergente, cuando el problema es pequeño y manejable. Cuesta menos tiempo y menos energía.

Diego: Exacto. Es como estudiar para un examen. No es lo mismo repasar un poco cada día que intentar aprenderte todo el temario la noche antes. El resultado es mucho más estresante.

Paula: Okay, entonces, ¿cómo lo hacemos? ¿Existe un método, una especie de guía para no entrar en pánico?

Diego: ¡Claro que sí! Hay un proceso bastante claro de siete pasos. Es casi una receta. El primer paso es el más crucial: definir el problema.

Paula: ¿No es obvio cuál es el problema? Si el techo se cayó, ¡el problema es el techo!

Diego: Buen punto, pero no siempre es tan fácil. Debes distinguir entre la causa y el efecto. El techo caído es el efecto, el síntoma. El problema real, la causa, podría ser una tubería rota o una mala construcción. Si solo arreglas el yeso, volverá a pasar.

Paula: Ah, vale. Entonces, definirlo es encontrar la raíz, no solo tapar el agujero. Una frase clara que lo resuma.

Diego: Precisamente. Si no puedes definir tu problema en una sola oración, probablemente no lo entiendes del todo. Y si no lo entiendes, no puedes resolverlo.

Paula: Una vez que tenemos al culpable, o sea, el problema definido... ¿qué sigue? ¿Lo mandamos a juicio?

Diego: Casi. El paso dos es analizarlo a fondo. Hacer de detectives. Nos preguntamos: ¿qué lo ocasionó?, ¿cómo empezó?, ¿cuándo?, ¿dónde?, ¿quién estuvo involucrado? Recopilamos toda la información posible.

Paula: Entendido. Y eso nos lleva directamente al paso tres, que es identificar las causas, ¿no? Pero ya hablamos de eso.

Diego: Sí, pero aquí profundizamos. Buscamos no solo las causas superficiales, sino la causa raíz. A veces hay varias capas. Por ejemplo, un empleado comete un error. Causa superficial: el empleado. Causa raíz: falta de capacitación, un proceso confuso o herramientas inadecuadas.

Paula: Claro, si solo culpas al empleado sin arreglar la falta de capacitación, el próximo que contrates cometerá el mismo error. Hay que hacerse las preguntas difíciles.

Diego: Exacto. ¿Nos ha pasado antes? ¿Es un problema de habilidad o de actitud? ¿Necesitamos ayuda externa? ¿Qué tan grave puede llegar a ser si no hacemos nada?

Paula: Bien, ya somos expertos en nuestro problema. Lo conocemos íntimamente. Ahora, ¿cómo lo solucionamos? ¿Paso cuatro?

Diego: ¡El paso más divertido! Desarrollar soluciones creativas. Aquí es donde entra la famosa tormenta de ideas o brainstorming.

Paula: Ah, ¡el momento de las ideas locas! Donde dices cualquier cosa que se te ocurra sin que nadie te juzgue.

Diego: ¡Esa es la actitud! La regla de oro es no evaluar. Cero juicios. Aquí hay palabras prohibidas como: “No”, “Eso nunca funcionará”, “Ya lo intentamos antes” o la peor de todas... “Esa es una idea tonta”.

Paula: Todas esas frases matan la creatividad al instante. El objetivo es cantidad, no calidad, al menos al principio.

Diego: Justo. Ya en el paso cinco, llega el momento de ser críticos y seleccionar la mejor solución. Ahora sí evaluamos.

Paula: ¿Y cómo elegimos? ¿La que suene más bonita?

Diego: No exactamente. Analizamos la viabilidad, el costo, el tiempo que tomará, los recursos que necesita. Una técnica útil es la votación, o hacer una simulación. Preguntarnos: “¿Qué pasaría si implementamos esta idea? ¿A quién afectaría? ¿Qué podría salir mal?”.

Paula: Okay, ya tenemos una solución ganadora. Supongo que el paso seis es bastante obvio: implementarla.

Diego: Sí, poner manos a la obra. Decidir cómo y cuándo vamos a ejecutar el plan que elegimos. Pero no termina ahí. Y este es el paso que muchos olvidan.

Paula: ¿El postre?

Diego: Algo así. El paso siete: medir los resultados. La implementación no es el final del camino. Necesitamos saber si nuestra solución realmente funcionó.

Paula: Claro, porque si no medimos, es como lanzar una flecha con los ojos vendados y no ir a ver si le diste a la diana.

Diego: ¡Qué buena analogía! Necesitamos definir quién es el responsable de evaluar, qué indicadores vamos a usar para medir el éxito, y cuándo revisaremos los avances. ¿Estamos satisfechos con el resultado o necesitamos hacer ajustes?

Paula: Un ciclo completo. Entonces, para recapitular: definir, analizar, identificar causas, generar ideas, seleccionar, implementar y, finalmente, medir. Suena a un plan a prueba de balas.

Diego: No es infalible, pero te da una estructura sólida para no correr en círculos. Te obliga a pensar antes de actuar, que es la clave para apagar el fuego en lugar de solo esparcir el humo.

Paula: Fantástico. Y una vez que resolvemos un problema, es crucial organizar al equipo para que no vuelva a ocurrir. Eso me hace pensar en cómo estructuramos los equipos en primer lugar... lo que nos lleva directamente a los distintos tipos de organizaciones.

Paula: ...y justo por eso es que suena tan complejo en la teoría. ¿Pero tienes algún ejemplo del mundo real para que podamos visualizarlo mejor?

Diego: ¡Claro que sí! Y es uno que todos conocemos. Piensa en las grandes aerolíneas internacionales.

Paula: ¿Las aerolíneas? ¡Interesante! ¿Cómo funciona ahí?

Diego: Es un caso de libro. Primero, se organizan por divisiones geográficas, como “América del Norte” o “Latinoamérica”. Esa es una dimensión.

Paula: Ok, tiene sentido. Un jefe para cada región, básicamente.

Diego: Exacto. Pero, y aquí viene lo matricial, dentro de cada una de esas divisiones, se organizan por funciones. Tienes “Operaciones de Vuelo”, “Servicios en Tierra”, “Reservaciones”...

Paula: ¡Wow! O sea que un empleado en tierra en México, por ejemplo, le reporta tanto al jefe de Latinoamérica como al jefe global de Servicios en Tierra. ¡Suena a que tienes dos jefes!

Diego: ¡Exactamente! Por eso se llama matricial. De hecho, las empresas de consultoría hoy en día también usan mucho este modelo para gestionar proyectos y expertos.

Paula: Entendido. Pero con dos jefes y tantas líneas cruzadas... ¿cómo se asegura alguien de que todo funcione sin caos?

Diego: Esa es la pregunta del millón, Paula. Y nos lleva directamente al siguiente punto clave. No puedes tener una estructura así sin una dirección y un liderazgo súper sólidos.

Paula: Ah, claro. La estructura es el esqueleto, pero necesitas a alguien que lo mueva.

Diego: ¡Precisamente! Y es que la dirección es mucho más que solo dar órdenes. Involucra competencias muy específicas que son fundamentales para que estas máquinas complejas, como una aerolínea, realmente vuelen.

Paula: Perfecto, entonces hablemos de eso. ¿Cuáles son esas competencias clave en la función de dirección?

Paula: Y justo ahí, en esa ejecución de los planes, es donde entra una palabra que escuchamos por todas partes,

Diego: liderazgo.

Diego: Exactamente, Paula. Ya pasamos por la planeación, donde definimos los objetivos, y la organización, donde asignamos los recursos. Ahora toca la dirección, que es, básicamente, poner todo en marcha. Y para eso se necesitan varias competencias clave.

Paula: ¿Como cuáles, por ejemplo?

Diego: Pues mira, hablamos de motivación, comunicación, trabajo en equipo y, la que mencionaste, que es quizás la más importante de todas: el liderazgo.

Paula: Entendido. Pero ¿qué es el liderazgo? Parece que cada persona tiene su propia definición.

Diego: Es una excelente observación. La definición cambia muchísimo dependiendo de a quién le preguntes. Es súper interesante ver las distintas perspectivas.

Paula: A ver, ¡sorpréndeme! Dame algunos ejemplos.

Diego: ¡Claro! Piensa en un político como Harry Truman. Para él, un líder era alguien que podía persuadir a la gente para que hiciera lo que no deseaba hacer... y que además le gustara hacerlo.

Paula: Vaya, eso suena un poco a magia negra. ¿Y qué tal una perspectiva menos... manipuladora?

Diego: Bueno, la Fuerza Aérea de Estados Unidos tiene una visión más estructurada. Para ellos, es el arte de influenciar y dirigir a la gente para ganar su obediencia, confianza y cooperación para lograr un objetivo común.

Paula: Eso ya suena más a trabajo en equipo. Más inspirador.

Diego: Totalmente. Y luego tienes al empresario Murray Johannsen, que dijo algo muy simple pero potente: "Los gerentes tienen subordinados, los líderes tienen seguidores".

Paula: ¡Wow! Esa frase es muy poderosa. La diferencia es enorme. Una es una obligación, la otra es una elección.

Diego: Exacto. Y para terminar esta ronda, mi favorita es la del estratega Warren Bennis: "El primer trabajo de un líder es definir la visión. El liderazgo es la capacidad de transformar esa visión en realidad".

Paula: Espectacular. No se trata solo de dirigir, sino de crear un futuro y hacer que todos quieran ser parte de él.

Diego: Precisamente. Lo que nos lleva a la pregunta del millón: ¿los líderes nacen o se hacen?

Paula: ¡La gran pregunta! Siempre he tenido esa duda. ¿Hay una respuesta definitiva?

Diego: Pues hay dos grandes corrientes. Por un lado, está la idea de que "se nace líder". Esta visión asocia el liderazgo con el carisma y con atributos con los que naces, como la inteligencia, la creatividad o la iniciativa.

Paula: La típica persona que desde niño era el capitán del equipo, ¿no?

Diego: Justo esa. El problema es que esta idea no mide la efectividad. Puedes nacer con mucho carisma, pero ser un líder terrible. De hecho, el gran pensador Peter Drucker decía que la mayoría de los fracasos empresariales se deben a un liderazgo ineficaz.

Paula: Entonces, ¿cuál es la otra opción?

Diego: La que a mí más me convence: que se aprende a ser líder. Esta se basa en la efectividad. Un líder efectivo no es necesariamente el más carismático, sino el que entiende que el liderazgo es un trabajo, que es una responsabilidad y no un privilegio, y lo más importante, el que genera confianza en sus seguidores.

Paula: O sea que todos podemos desarrollar estas habilidades. Eso es mucho más esperanzador. ¡Hay esperanza para todos nosotros!

Diego: Totalmente. No necesitas nacer con un don especial. Se trata de aprender, practicar y asumir la responsabilidad. Pero esto se conecta directamente con los diferentes estilos que un líder puede adoptar, que es un tema fascinante por sí mismo.

Paula: Wow, entonces esas estructuras modernas realmente cambian el juego. Pero una vez que eliges una, ¿cómo te aseguras de que la empresa realmente avance hacia sus metas? No es como poner el piloto automático, ¿o sí?

Diego: ¡Ojalá fuera tan fácil, Paula! Para nada. Ahí es exactamente donde entra un concepto clave: el control de gestión.

Paula: Control de gestión... suena un poco... controlador. Como un jefe mirando por encima de tu hombro todo el día.

Diego: Se podría pensar eso, ¡pero es todo lo contrario! Piénsalo más como el GPS de la empresa. No solo te dice a dónde ir, sino que te recalcula la ruta si hay un problema y te asegura que llegues a tu destino.

Paula: Un GPS para la empresa, me gusta esa analogía. Entonces, ¿qué es exactamente? ¿Qué mide ese GPS?

Diego: Es un proceso. Un proceso estructurado que permite a los directivos ver si los planes se están ejecutando como deberían. Y lo más importante, les ayuda a tomar medidas correctivas a tiempo.

Paula: O sea, no es para castigar, sino para corregir el rumbo.

Diego: ¡Exacto! Se resume en cinco palabras: Implementar y Controlar la Estrategia. Buscamos reducir la brecha entre lo que planeamos y lo que realmente pasa.

Paula: Entendido. La idea es que la estrategia no se quede solo en un papel bonito, sino que se convierta en acciones reales.

Diego: Precisamente. Usamos cosas como presupuestos, indicadores clave de rendimiento o KPIs, y metas para asegurarnos de que todos remen en la misma dirección.

Paula: Pero has dicho que es un proceso. Eso involucra a personas, ¿no? No son solo números y gráficos.

Diego: ¡Has dado en el clavo! Ese es el verdadero propósito del control de gestión. No se trata solo de herramientas o finanzas. El centro de todo es influir en el comportamiento de las personas en la organización.

Paula: ¿Influir en el comportamiento? Suena a psicología organizacional.

Diego: Un poco sí. Por ejemplo, cuando delegas un presupuesto, no solo controlas los recursos. También le das autonomía y poder a la gente, lo que se conoce como *empowerment*.

Paula: Claro, y me imagino que si pones incentivos, motivas a la gente a alcanzar esas metas que mencionabas.

Diego: Exacto. Guías sus acciones, defines sus prioridades y premias el desempeño sobresaliente. Es un ciclo completo que conecta la estrategia con las personas.

Paula: Todo esto suena muy dinámico y moderno. ¿Siempre se ha visto así el control de gestión?

Diego: ¡Qué buena pregunta! Y la respuesta es un rotundo no. La perspectiva antigua era... bastante rígida, por decirlo suavemente. Se basaba en las ideas de Frederick Taylor.

Paula: ¿Taylor? ¿El de la administración científica?

Diego: El mismo. Antes se pensaba que todo era estable y predecible. Creían que los directivos tenían información perfecta, que la eficiencia era simplemente minimizar costos y que todo dependía de un solo factor, como la mano de obra.

Paula: Vaya, qué mundo tan simple. ¡Ojalá los exámenes tuvieran "información perfecta"!

Diego: ¡Totalmente! Pero claro, el avance de la tecnología y la administración moderna demostraron que esos principios ya no servían en un mundo tan cambiante.

Paula: Entonces, ¿cuáles son las reglas del juego ahora?

Diego: Hoy todo se basa en cuatro ideas. La primera es el **Diagnóstico Permanente**. La empresa debe analizarse continuamente, porque como dicen, quien no avanza, retrocede.

Paula: Tiene sentido. Estar siempre alerta a los cambios.

Diego: Exacto. Lo que nos lleva al segundo punto: la **Administración del Cambio**. La estabilidad ya no existe, es una ilusión. Hay que gestionar el cambio que viene tanto de fuera, por la innovación, como de dentro de la propia organización.

Paula: Vale, diagnóstico y cambio. ¿Qué más?

Diego: Tercero, la **Administración de Valor**. Ya no basta con ser barato. Hay que entender qué es lo que el cliente realmente valora y medirlo. La perspectiva del cliente es la que manda.

Paula: Me gusta eso. Poner al cliente en el centro. ¿Y el último?

Diego: Se llama **Saber Limitado y Saber Distribuido**. Es reconocer que nadie tiene toda la información y que las decisiones son inciertas. La solución es aprovechar el conocimiento de todo el equipo.

Paula: Como un rompecabezas, donde cada pieza del equipo es fundamental para ver la imagen completa. ¡Qué genial!

Diego: Esa es la metáfora perfecta. El conocimiento armónico de todo el equipo minimiza los riesgos y potencia la eficiencia.

Paula: Entonces, para resumir todo esto, ¿dónde actúa exactamente el control de gestión? ¿En qué parte de la empresa?

Diego: Actúa como un puente. Conecta la formulación de la estrategia, que son los grandes objetivos y políticas, con el control de las operaciones del día a día.

Paula: Es el engranaje que hace que la gran visión de la empresa se traduzca en tareas eficientes y eficaces.

Diego: Justo así. Se asegura de que la estrategia se implemente correctamente en todos los niveles de la organización. Es una pieza fundamental, sin duda.

Paula: Clarísimo. Es mucho más que solo "controlar". Y ahora que entendemos qué es y por qué es tan importante, me pregunto... ¿qué herramientas específicas se usan para implementarlo?

Paula: Y con eso, cerramos nuestro tema anterior. Ahora, para nuestro último segmento, vamos a hablar de algo que es crucial para cualquier empresa... el control interno.

Diego: Exacto, Paula. Es el sistema nervioso de una organización. Y es fascinante ver cómo ha evolucionado. ¡No siempre fue tan complejo!

Paula: ¿A no? ¿Cómo empezó todo?

Diego: Bueno, a principios del siglo veinte, el control interno era básicamente para una cosa... que los empleados no se robaran el efectivo.

Paula: ¡Directo al grano! Suena bastante simple.

Diego: Lo era. Luego, con el tiempo, se expandió. Ya no era solo el efectivo, sino proteger todos los activos, asegurarse de que los registros contables fueran correctos y promover la eficiencia.

Paula: Entiendo. Pasó de ser un simple guardia de seguridad a ser un entrenador de equipo completo.

Diego: ¡Exacto! Y desde 1992, con el modelo COSO, el enfoque es total. Se busca la efectividad de las operaciones, la confianza en la información y el cumplimiento de las normas.

Paula: Entonces, ¿cómo lo definiríamos hoy? Porque suena a que abarca... todo.

Diego: Prácticamente. La definición moderna, del informe COSO II, es que es un proceso. Un proceso manejado por todos en la empresa, desde la junta directiva hasta el último empleado.

Paula: ¿Un proceso para qué, exactamente?

Diego: Para identificar riesgos y asegurarse de que la empresa logre sus objetivos de forma razonable. Es una red de seguridad que cubre todo el negocio.

Paula: ¿Y hay diferentes tipos de control? ¿O es un solo sistema gigante?

Diego: Gran pregunta. Se puede clasificar de varias formas. Por ejemplo, hay control administrativo, que se enfoca en la eficiencia, y el financiero, que se centra en los registros contables.

Paula: Ok, eso tiene sentido. Pero si tuvieras que resumirlo, ¿cuáles serían los aspectos básicos que no pueden faltar?

Diego: Me gusta esa pregunta. Son cuatro pilares fundamentales. Primero, la separación de funciones.

Paula: ¿Qué significa eso?

Diego: Que una sola persona no debe manejar una transacción de principio a fin. Quien autoriza, quien custodia el activo y quien lo registra deben ser personas diferentes.

Paula: ¡Ah! Para evitar tentaciones.

Diego: Exacto. El segundo pilar es la supervisión. Siempre debe haber alguien revisando el trabajo. El tercero son los procedimientos claros y establecidos.

Paula: Para que todos sepan cómo hacer las cosas y no improvisen.

Diego: Precisamente. Y el cuarto, y quizás el más importante, es tener personal idóneo. Gente capacitada y responsable.

Paula: Separación de funciones, supervisión, procedimientos y personal idóneo. Esos son los cuatro fantásticos del control interno.

Diego: Me gusta esa analogía. Si tienes esos cuatro, tienes una base muy sólida para que la organización funcione bien y de forma segura.

Paula: Perfecto. Y con esa nota, llegamos al final de nuestro episodio y de nuestra serie sobre los fundamentos de la administración. Diego, ha sido un placer.

Diego: El placer ha sido mío, Paula. Gracias a todos por escucharnos en Studyfi Podcast. Esperamos que hayan aprendido tanto como nosotros disfrutamos enseñando.

Paula: ¡Así es! No olviden repasar sus notas. ¡Hasta la próxima!