Podcast sobre Ciencias Forenses: Biotecnología y Antropología
Ciencias Forenses: Biotecnología y Antropología (Guía Completa)
Podcast
Biotecnología Forense: El ADN como Testigo
Délka: 25 minut
Kapitoly
La Escena del Crimen
La Huella Genética
Linajes Maternos y Paternos
De Grupos Sanguíneos a SNPs
Las 'Huellas' del ADN
Cuando la Evidencia se Complica
El ADN Degradado
La Caja de Herramientas Forense
El misterio de los Romanov
De ADN a datos digitales
La carrera fluorescente del ADN
Leyendo la huella genética
La prueba de paternidad
Más allá de la coincidencia
Los Marcadores STR
¿Niño o Niña?
Pruebas de Paternidad
ADN Antiguo y Linajes
Cromosomas X e Y
La Genealogía Forense
La biografía en los huesos
¿Humano o animal?
Contando individuos y determinando el sexo
La pelvis no miente
El Cuello de Botella Logístico
Un Modelo de Respuesta Óptima
La Arquitectura Completa
Resumen y Despedida
Přepis
Pablo: Imagina la escena... una habitación desordenada, un objeto fuera de lugar y un solo cabello, casi invisible, en la alfombra. Para la mayoría, no es nada. Pero para un científico forense, ese cabello es una biblioteca genética a punto de contar una historia.
Valeria: Y qué historia, Pablo. Ese pequeño fragmento puede resolver un misterio completo. Estás escuchando Studyfi Podcast.
Pablo: Entonces, ¿qué hace que ese cabello sea tan especial? ¿Cómo se convierte en una prueba?
Valeria: Todo se reduce a los STR, o Repeticiones Cortas en Tándem. Piensa en ellos como pequeños “tartamudeos” en nuestro ADN que son súper variables entre personas. Analizando solo 15 de estos STR, la probabilidad de que dos personas no relacionadas coincidan es casi cero.
Pablo: ¿Así que básicamente mi ADN tiene un tartamudeo único?
Valeria: ¡Exactamente! Y esa es la base de CODIS, la base de datos del FBI. Comparan estos perfiles de STR de escenas del crimen con los de delincuentes ya registrados para encontrar posibles sospechosos.
Pablo: Suena increíblemente preciso. Pero ¿qué pasa si el ADN está muy degradado o es una mezcla de varias personas, como en una agresión?
Valeria: ¡Buena pregunta! Ahí es donde entran otras herramientas. Para restos antiguos, huesos, o cabellos sin raíz, usamos el ADN mitocondrial. Este se hereda solo de la madre, así que nos permite seguir el linaje materno.
Pablo: Un detective que solo sigue la pista de las mamás.
Valeria: Algo así. Y para el linaje paterno, tenemos el Cromosoma Y. Se transmite de padre a hijo, por lo que es extremadamente útil para identificar agresores masculinos en muestras mezcladas.
Pablo: Entonces, no todo son los STR. ¿Hay más marcadores en esta caja de herramientas forense?
Valeria: ¡Claro! Están los SNP, que son cambios en una sola letra del código genético. Son geniales para ADN muy dañado, aunque se necesitan muchísimos para tener el mismo poder de discriminación que los STR.
Pablo: Es increíble cómo ha evolucionado esto. ¿No empezamos con algo mucho más simple, como los tipos de sangre?
Valeria: Totalmente. En 1900 se descubrió el sistema ABO. Luego, en los 80, llegaron los VNTR, que fueron una revolución. Hoy, los STR son los reyes por su fiabilidad. Pasamos de una simple letra a un perfil genético completo.
Pablo: Okay, Valeria, entonces no todo el ADN que encontramos es igual de útil. ¿Cómo saben los científicos exactamente en qué fijarse para identificar a alguien?
Valeria: Gran pregunta, Pablo. No leen el genoma completo... ¡eso tardaría una eternidad! Se enfocan en secciones específicas llamadas polimorfismos. Son pequeñas variaciones en nuestro ADN que nos hacen únicos.
Pablo: ¿Como un código de barras genético?
Valeria: ¡Exacto! Antes se usaban los VNTR, pero hoy el estándar de oro son los STR, o Repeticiones Cortas en Tándem. Son mucho más precisos y funcionan mejor con muestras pequeñas.
Pablo: Suena bastante directo. Pero, ¿qué pasa cuando la muestra no es perfecta? Por ejemplo, si hay ADN de varias personas.
Valeria: Ah, las mezclas de ADN. Son un gran desafío, especialmente en agresiones sexuales, donde a menudo hay más ADN de la víctima que del agresor. Es como intentar escuchar un susurro en medio de un grito.
Pablo: Y supongo que a veces simplemente no hay suficiente ADN, ¿cierto?
Valeria: Cierto. Con menos de 100 picogramos, que son unas... 17 células, el perfil puede salir incompleto. Es como intentar armar un rompecabezas al que le faltan la mitad de las piezas.
Pablo: Y ni hablar del ADN que ha estado expuesto al sol o a la lluvia...
Valeria: Exacto. El ADN degradado es otro dolor de cabeza. El calor, la humedad o las bacterias lo rompen en pedazos. Aquí es donde los miniSTR, que son versiones más cortas de los STR, y el ADN mitocondrial se vuelven súper útiles.
Pablo: ¿ADN mitocondrial? ¿Qué tiene de especial?
Valeria: Se hereda solo de la madre y hay muchísimas copias por célula. Es muy resistente, ideal para huesos viejos o cabellos sin raíz. También tenemos los marcadores del cromosoma Y, que pasan de padre a hijo, geniales para resolver mezclas en casos de agresión sexual.
Pablo: Entonces... no es una sola técnica, sino una caja de herramientas genéticas. Usan la herramienta adecuada para cada tipo de evidencia.
Valeria: Precisamente. El objetivo siempre es el mismo: relacionar o excluir a un sospechoso, identificar víctimas o resolver una prueba de paternidad. Cada marcador —STR, ADN mitocondrial, cromosoma Y— tiene su propia especialidad.
Pablo: Es increíble cómo estas pequeñas variaciones cuentan historias tan grandes. Me pregunto cómo se aplican todas estas técnicas para resolver casos antiguos, los famosos 'cold cases'...
Pablo: Y hablando de aplicaciones específicas, me intriga mucho el cromosoma Y. Mencionaste que tiene sus propios marcadores, los Y-STR. ¿Qué los hace tan especiales?
Valeria: ¡Excelente pregunta, Pablo! Los marcadores del cromosoma Y, o Y-STRs, son fascinantes porque se heredan casi sin cambios de padre a hijo. Es como un apellido genético que pasa de generación en generación en la línea masculina.
Pablo: O sea, no hay recombinación con el ADN de la madre en esa parte... Se mantiene intacto.
Valeria: Exacto. Y por eso son increíblemente útiles. Se usan mucho en estudios de paternidad, para rastrear linajes masculinos a lo largo de la historia... y también en casos criminales, como agresiones sexuales o para identificar restos humanos de hombres.
Pablo: ¿Hay algún caso famoso donde esto haya sido clave?
Valeria: ¡Claro que sí! El caso de la familia Romanov, la última familia imperial de Rusia. Durante casi noventa años, nadie sabía qué había pasado con ellos después de la revolución. Era un misterio histórico enorme.
Pablo: Wow, ¿y la genética forense lo resolvió?
Valeria: Así es. Cuando encontraron unos restos humanos, los científicos usaron marcadores Y-STR y también ADN mitocondrial para compararlos con parientes vivos de la familia. Las coincidencias fueron la prueba científica que confirmó sus identidades. Resolvió uno de los grandes enigmas del siglo veinte.
Pablo: Increíble. Es como viajar en el tiempo con una máquina de ADN.
Valeria: Es una buena forma de verlo. Pero para llegar a esa conclusión, primero hay que convertir esa muestra biológica en algo que podamos leer.
Pablo: Cierto. Ya hablamos de la PCR, que es como una fotocopiadora de ADN. Pero una vez que tienes millones de copias, ¿qué sigue? ¿Cómo se analizan?
Valeria: Aquí entra una técnica clave: la electroforesis capilar. Suena complicado, pero la idea es simple. Necesitamos separar los fragmentos de ADN que amplificamos para poder analizarlos.
Pablo: Electroforesis capilar... vale. ¿Cómo funciona exactamente?
Valeria: Imagina que es una carrera. Metemos todos los fragmentos de ADN en un tubo súper delgado, un capilar. Luego, aplicamos una corriente eléctrica.
Pablo: ¿Y eso los hace moverse?
Valeria: ¡Exacto! Y aquí viene lo importante: los fragmentos más pequeños se mueven más rápido que los grandes. Al final de la carrera, terminan perfectamente ordenados por tamaño. Los pequeños primero, los grandes al final.
Pablo: ¡Ah, ya veo! Como en una carrera de obstáculos, los más ágiles llegan antes.
Valeria: Justamente. Pero, ¿cómo vemos esos fragmentos? Son invisibles. Para eso, a cada uno le pegamos un pequeño colorante fluorescente, un fluorocromo.
Pablo: ¿Para que brillen en la oscuridad?
Valeria: Algo así. Cuando cada fragmento, ya separado por tamaño, pasa frente a un láser, ese colorante se ilumina. Emite un destello de fluorescencia.
Pablo: Y supongo que hay algo que captura esa luz.
Valeria: Una cámara especial, llamada CCD, capta esos destellos. Luego, un software traduce esa señal de luz en datos digitales. Y el resultado final de todo este proceso es un gráfico llamado electroferograma.
Pablo: Un electroferograma... Me suena a electrocardiograma, pero para los genes. ¿Qué aspecto tiene?
Valeria: No vas mal encaminado. Es una gráfica con picos de diferentes colores. Piensa en ello como el código de barras único de una persona.
Pablo: ¿Y cómo se interpreta ese... código de barras?
Valeria: Se miran dos cosas principales. Primero, la posición del pico en el eje horizontal. Eso nos dice el tamaño del fragmento, o sea, cuántas repeticiones tiene ese STR. Por ejemplo, si un pico está en la posición 7, significa que la secuencia se repite siete veces.
Pablo: Entendido. ¿Y lo segundo?
Valeria: La altura del pico. Eso nos indica la cantidad de ADN que se detectó para ese alelo. Un pico más alto significa más ADN.
Pablo: Vale, posición es el tipo de alelo y altura es la cantidad. Y si solo hay un pico en un marcador, ¿qué significa?
Valeria: Significa que esa persona es homocigota para ese marcador. Heredó el mismo alelo, por ejemplo, el alelo '7', tanto de su madre como de su padre. Verías un solo pico en la posición 7.
Pablo: Y si es heterocigota, heredó alelos diferentes... supongo que aparecerán dos picos.
Valeria: ¡Exactamente! Si heredó un alelo '7' de un progenitor y un '9' del otro, verás dos picos en el electroferograma: uno en la posición 7 y otro en la 9.
Pablo: Y esto me lleva directamente a las pruebas de paternidad. Aquí es donde se compara todo, ¿no?
Valeria: Correcto. En una prueba de paternidad, analizamos el perfil genético de la madre, del hijo y del supuesto padre. La regla de oro es simple: el hijo debe heredar un alelo de la madre y el otro del padre, para cada marcador que estudiamos.
Pablo: Entonces, se va mirando marcador por marcador. El hijo tiene un alelo que coincide con la madre... y el otro *debe* coincidir con el del padre.
Valeria: Eso es. Si en dos o más marcadores, el alelo que no viene de la madre no coincide con ninguno de los alelos del supuesto padre... entonces ese hombre queda biológicamente excluido. No hay forma de que sea el padre.
Pablo: Suena bastante definitivo. Pero, ¿y si todos los marcadores coinciden? ¿Eso ya confirma la paternidad al cien por cien?
Valeria: Aquí es donde la estadística se vuelve crucial. Una coincidencia no es suficiente. Necesitamos saber qué tan probable es esa coincidencia. Quizás otro hombre al azar podría tener ese mismo perfil genético.
Pablo: Ah, claro. Hay que darle un peso numérico a esa prueba.
Valeria: Exacto. Se realiza un análisis bioestadístico, usando el Teorema de Bayes. Primero calculamos algo llamado Índice de Paternidad, o IP. Este índice compara dos probabilidades... la de que el supuesto padre sea el biológico contra la de que un hombre cualquiera de la población pudiera serlo.
Pablo: Y con ese índice, ¿qué se hace?
Valeria: Ese índice se convierte en la Probabilidad de Paternidad. Y la norma es que si esa probabilidad es mayor al 99.9%, se considera una evidencia fortísima. Prácticamente una confirmación.
Pablo: 99.9%... eso es muchísima certeza. Es fascinante cómo pasamos de una muestra, a una carrera de ADN fluorescente y terminamos con un porcentaje de probabilidad tan exacto. Y esto, claro, nos abre la puerta a otros temas, como las bases de datos de ADN...
Pablo: Y entonces, con esa pequeña muestra, ¿puedes reconstruir todo el perfil genético de una persona? Suena a ciencia ficción.
Valeria: Parece, ¿verdad? Pero es ciencia real. No necesitamos el genoma completo, sino que nos enfocamos en puntos muy específicos y variables de nuestro ADN. Puntos que actúan como una huella dactilar genética.
Pablo: Una huella dactilar genética... me gusta cómo suena eso. ¿Cómo funciona exactamente?
Valeria: Usamos algo llamado STR, que son Repeticiones Cortas en Tándem. Imagina que en tu ADN hay pequeñas secuencias que se repiten, como un eco. Por ejemplo, la secuencia "GATA" podría repetirse 8, 9 o 10 veces.
Pablo: Y la cantidad de repeticiones varía entre personas, ¿cierto?
Valeria: ¡Exacto! Analizamos 13 de estos lugares o "loci" específicos, un estándar llamado CODIS. Al combinar los resultados de los 13, la probabilidad de que dos personas no emparentadas coincidan es de una en... bueno, miles de billones. Es increíblemente específico.
Pablo: Wow. ¿Y esto también sirve para saber el sexo de la persona?
Valeria: Sí, para eso miramos un gen llamado Amelogenina. Este gen se encuentra tanto en el cromosoma X como en el Y, pero hay una pequeña diferencia.
Pablo: ¿Cuál es la diferencia?
Valeria: El gen en el cromosoma X, AMEL-X, es un poquito más corto que el del cromosoma Y, AMEL-Y. Si en el análisis solo vemos la versión corta, es una mujer, XX. Si vemos ambas, la corta y la larga, es un hombre, XY.
Pablo: Así que, con una sola prueba, tienes una identificación casi única y sabes si es hombre o mujer. ¡Impresionante!
Valeria: Y muy útil para la ciencia forense. Y por supuesto, para las pruebas de paternidad.
Pablo: Claro, el clásico "¡No es mi hijo!". ¿Cómo se aplica esto ahí?
Valeria: Es el mismo principio. Un niño hereda la mitad de su ADN de la madre y la otra mitad del padre. Para cada marcador STR, uno de los alelos del niño debe coincidir con el de la madre, y el otro debe coincidir con el del presunto padre.
Pablo: O sea, si en varios marcadores no hay coincidencia con el supuesto padre... no hay duda.
Valeria: Exacto. Si no aporta el alelo esperado, se calcula la probabilidad y se le excluye como padre. Si coincide en todos, la probabilidad de paternidad suele ser superior al 99.9%. No hay mucho margen de error.
Pablo: ¿Qué pasa si la muestra de ADN es muy vieja o está dañada? Pienso en huesos antiguos o un caso sin resolver de hace décadas.
Valeria: ¡Gran pregunta! Ahí es cuando el ADN nuclear no nos sirve tanto. Por suerte, tenemos un plan B: el ADN mitocondrial.
Pablo: ¿El de las mitocondrias, las "centrales energéticas" de la célula?
Valeria: Ese mismo. Se hereda solo de la madre, así que es perfecto para seguir linajes maternos. Y como hay miles de mitocondrias por célula, es mucho más fácil de recuperar en muestras degradadas. Ha resuelto muchísimos casos antiguos.
Pablo: ¿Y hay algo similar para la línea paterna?
Valeria: Por supuesto. Para eso analizamos los marcadores del cromosoma Y, o Y-STR. Como el cromosoma Y pasa casi sin cambios de padre a hijo, nos permite rastrear el linaje paterno, como si siguiéramos un apellido a través de generaciones.
Pablo: Entonces, además de los marcadores STR de los que hablamos, ¿hay otras herramientas en el ADN que se usen?
Valeria: ¡Claro que sí! Pensemos en los cromosomas sexuales: el Y y el X. Son como herramientas especializadas.
Pablo: De acuerdo. El cromosoma Y pasa de padre a hijo, ¿verdad? Sigue la línea paterna.
Valeria: Exacto. Se mantiene casi sin cambios, lo que es genial para rastrear un linaje masculino o en casos de agresión sexual, donde necesitamos aislar el ADN del hombre.
Pablo: ¡Suena perfecto! Entonces encuentras ese ADN y tienes al culpable.
Valeria: Casi. Aquí está el truco: no distingue entre hombres de la misma familia paterna. Un padre, su hijo y su hermano... todos tendrán el mismo perfil del cromosoma Y.
Pablo: Ah, o sea que encuentras a la familia, pero no necesariamente al individuo exacto. ¿Y qué hay del cromosoma X?
Valeria: Ese se usa en casos de parentesco más complejos. Por ejemplo, para confirmar si dos mujeres son medias hermanas por parte de padre, o en relaciones como tío-sobrina. Es más versátil.
Pablo: Esta idea de encontrar familias me lleva a pensar en algo más grande... ¿cómo se usa eso en la práctica?
Valeria: ¡Buena pregunta! Nos lleva directamente a la genealogía forense, una técnica increíblemente poderosa.
Pablo: Suena a serie de detectives. ¿En qué consiste?
Valeria: Prácticamente lo es. Consiste en tomar el ADN de una escena del crimen y compararlo con bases de datos genealógicas públicas. Esas donde la gente sube su ADN para encontrar parientes o conocer sus orígenes.
Pablo: ¡Espera! ¿Usan las bases de datos de empresas como... 23andMe o AncestryDNA?
Valeria: No directamente esas, sino otras como GEDMatch, donde los usuarios suben voluntariamente sus datos. Y aquí no buscamos STRs, sino cientos de miles de marcadores llamados SNPs.
Pablo: ¿Y qué pasa cuando encuentran una coincidencia?
Valeria: El sistema te dice: "Esta persona comparte ADN con tu muestra". Puede ser un primo tercero, un tío segundo... Y ahí empieza el trabajo del genealogista.
Pablo: ¡Wow! Entonces, construyen un árbol genealógico gigante hacia atrás y hacia adelante hasta que... ¿encuentran un posible sospechoso?
Valeria: ¡Exacto! Usan registros públicos, censos, redes sociales... todo para construir ese árbol. Luego los investigadores cruzan esa información con datos del caso: edad, ubicación, etc.
Pablo: Y al final, le piden una muestra de ADN al sospechoso para confirmar. Es impresionante.
Valeria: Lo es. No solo identifica culpables, también exonera a inocentes y ayuda a identificar restos humanos de hace décadas.
Pablo: Fascinante. Esto nos da una idea del poder que tienen estas técnicas. Ahora, supongo que todo esto plantea algunas preguntas éticas importantes, ¿no?
Pablo: Y todo eso nos lleva a una de las especialidades más fascinantes... la que vemos en las series de televisión. La antropología forense.
Valeria: Exacto. Aunque en la vida real es un poco menos glamuroso y mucho más científico. Pero sí, es increíble lo que los huesos nos pueden contar.
Pablo: Entonces, ¿qué es exactamente la antropología forense? ¿Es solo mirar huesos?
Valeria: Es mucho más que eso. Es aplicar la antropología física, el estudio del cuerpo humano, al ámbito legal. Buscamos reconstruir lo que unos autores llamaron la "biografía biológica" de una persona.
Pablo: ¿Biografía biológica? Suena profundo.
Valeria: Lo es. Queremos saber quién era esa persona... su sexo, su edad, su estilo de vida, incluso qué enfermedades tuvo. Cada hueso es un capítulo de su vida.
Pablo: Ok, y cuando encuentran restos, ¿cuál es el primer paso? ¿Asegurarse de que no sea el pollo de la cena de alguien?
Valeria: Pues, aunque suene a broma, es la primera pregunta: ¿son restos humanos o de un animal? Y hay formas de saberlo.
Pablo: ¿Cómo cuáles? ¿No se ven diferentes a simple vista?
Valeria: A veces sí, pero si están fragmentados, no tanto. Los huesos de animales suelen ser más pesados y densos. Los humanos son más porosos. ¡Incluso suenan diferente!
Pablo: ¿Suenan diferente? ¿Cómo?
Valeria: Si golpeas dos huesos de animal, el sonido es más metálico. En cambio, un hueso humano tiene un sonido más apagado, más... sordo. Es una prueba muy básica, claro.
Pablo: Vale, ya sabemos que son humanos. ¿Y si hay muchos huesos mezclados? ¿Cómo saben a cuántas personas pertenecen?
Valeria: Ahí calculamos el Número Mínimo de Individuos, o NMI. Es bastante lógico. Contamos los huesos que no se repiten en una sola persona.
Pablo: A ver si entiendo. Si tienes veinte fémures derechos y veinticinco izquierdos...
Valeria: ¡Exacto! Sabes que tienes, como mínimo, veinticinco individuos, porque nadie tiene dos fémures izquierdos.
Pablo: Bien, tiene sentido. Y una vez que tienes los esqueletos separados... ¿lo siguiente es saber si son hombres o mujeres?
Valeria: Correcto. Nos basamos en el dimorfismo sexual, las diferencias anatómicas entre sexos. Y para esto, hay un hueso que es el rey indiscutible.
Pablo: ¿Cuál es? ¿El cráneo?
Valeria: El cráneo es el segundo mejor, pero el indicador más confiable es la pelvis. El hueso coxal.
Pablo: ¿Por qué la pelvis?
Valeria: Es simple: por la adaptación al parto. La pelvis de una mujer es estructuralmente diferente a la de un hombre. Es más ancha, más abierta... las diferencias son muy claras.
Pablo: O sea que la pelvis es la que da la pista más grande.
Valeria: Sin duda. Por ejemplo, el ángulo bajo el pubis en las mujeres es mucho más abierto, de 90 grados o más, mientras que en los hombres es una "V" muy cerrada. Es una diferencia enorme.
Pablo: Fascinante. Entonces, pelvis ancha y abierta es mujer; pelvis estrecha y cerrada es hombre. Una regla general, supongo.
Valeria: Eso es. Huesos más pequeños y gráciles suelen ser de mujer, mientras que los más grandes, gruesos y rugosos suelen ser de hombre. Es un gran punto de partida.
Pablo: Increíble. Ya sabemos el sexo. Pero nos falta algo crucial que siempre preguntan en las películas... la edad. ¿Cómo se determina eso?
Pablo: Wow, la ciencia detrás de todo esto es increíble. Pero, ¿qué pasa en una catástrofe real? ¿Funciona todo tan bien?
Valeria: Esa es la pregunta clave, Pablo. A menudo, el mayor problema no es la ciencia, sino la organización. Es lo que llamamos el cuello de botella logístico.
Pablo: ¿Cuello de botella? Suena... atascado.
Valeria: Exacto. Imagina un estado caótico total. La comunicación entre instituciones se corta y cada uno trabaja por su lado, provocando retrasos enormes.
Pablo: Y la burocracia no ayuda, me imagino.
Valeria: Para nada. No hay decisiones rápidas ni un protocolo unificado. Y no olvidemos el colapso humano... el personal de rescate sufre un estrés brutal que afecta su trabajo.
Pablo: Entonces, ¿cuál es la solución para evitar ese caos?
Valeria: Se propone un modelo de Mando Único Integrado. Piénsalo como tener un director de orquesta para toda la operación.
Pablo: ¿Un director? ¿Y quiénes son los músicos?
Valeria: Los músicos son equipos multidisciplinarios. Antropólogos forenses, genetistas, odontólogos, policías… todos trabajando juntos desde el principio y con una jerarquía clara.
Pablo: Tiene sentido. Y supongo que ese director también cuida a su orquesta.
Valeria: ¡Exacto! Es vital incluir apoyo psicológico para el personal. Ayuda a disminuir el impacto del estrés y mejora la respuesta general.
Pablo: Así que, al final, la identificación de una víctima no es solo una prueba de ADN en un laboratorio.
Valeria: Para nada. Es el resultado del trabajo coordinado de muchísimas áreas: biología, medicina forense, antropología, policía y equipos de rescate.
Pablo: Es como construir un edificio. Necesitas al arquitecto, al ingeniero, a los albañiles... a todos.
Valeria: ¡Esa es la metáfora perfecta! Solo con esa coordinación podemos devolver la identidad a las víctimas de forma rápida y precisa.
Pablo: Increíble. Desde los pioneros de la identificación hasta la gestión moderna de catástrofes, hemos cubierto muchísimo hoy. La clave, al parecer, es la colaboración.
Valeria: Así es. Ciencia y coordinación, mano a mano. Gracias por invitarme, Pablo. Ha sido un placer.
Pablo: El placer ha sido nuestro, Valeria. Y a todos nuestros oyentes, gracias por acompañarnos en otro episodio de Studyfi Podcast. ¡Hasta la próxima!