Teoría y Técnica del Sonido: Guía Completa para Estudiantes
Délka: 25 minut
El poder invisible del sonido
El Óscar que lo cambió todo
El arquitecto del audio
Construyendo realidades sonoras
Pintando con sonidos
De la Teoría a la Práctica
Los 4 Elementos Expresivos
El Poder de la Voz
El Estudio de Sonido
La cabina y el control
Alta vs. Baja Frecuencia
El Corazón del Estudio: El Micrófono
¿Cardio-qué? Tipos de Micros
La Mesa de Mezclas
Cuidado con el Rojo: Los Niveles
El software de edición
Las herramientas clave
La magia del multipista
El guion es el mapa
Resumen y despedida
Daniel: ¡Es que es increíble! No había pensado que el sonido fuera tan... físico. Puedes sentirlo en el pecho en un concierto, por ejemplo.
Alba: ¡Exacto! Y no solo eso, es una fuente emocional potentísima. Una simple nota puede hacerte sentir triste o feliz. El sonido es omnidireccional, está en todas partes a la vez.
Daniel: A diferencia de la vista, que solo puede enfocar una cosa. Si miro hacia otro lado, la imagen cambia. Pero el sonido… siempre está ahí. Estás escuchando Studyfi Podcast, donde analizamos los temas clave para tus exámenes.
Alba: Y el de hoy, Daniel, es uno que a menudo pasamos por alto, pero que lo es todo: el diseño de sonido. La escucha exige atención, no es como ver. Tienes que estar activamente comprendiendo.
Daniel: Es verdad. La mayoría de las veces ni siquiera le prestamos atención al sonido en una película... hasta que falla. Si de repente se queda en silencio o el audio es malo, nos damos cuenta de lo crucial que es.
Alba: Totalmente. Es como el héroe anónimo de los medios. Siempre está ahí, haciendo el trabajo duro en el fondo, y solo lo notamos cuando se toma un día libre.
Daniel: ¡Buena analogía! Entonces, ¿hubo un momento en que la gente dijo: "Oye, esto es importante, démosle un premio"?
Alba: ¡Absolutamente! El punto de inflexión fue en 1979. La Academia de Hollywood le dio el primer Premio Óscar al Diseño de Sonido a un diseñador específico, el legendario Walter Murch.
Daniel: ¿Y por qué película fue? Déjame adivinar... ¿una con muchas explosiones?
Alba: Cerca, pero más complejo. Fue por *Apocalypse Now*, de Francis Ford Coppola. El diseño sonoro de esa película es una obra maestra que te sumerge por completo en la locura de la guerra de Vietnam.
Daniel: ¡Wow! ¿Y qué pasaba antes? ¿No había premios para el sonido?
Alba: Sí los había, pero se le daban al jefe de sonido del estudio, como un premio técnico genérico. No importaba la creatividad o la aportación artística a esa película en concreto. Era más un reconocimiento a la infraestructura que al arte.
Daniel: Así que 1979 fue el año en que el diseñador de sonido pasó de ser un técnico a ser considerado un artista. Un creador.
Alba: Precisamente. A partir de ahí, el término "Diseñador de sonido" empezó a usarse para quienes se dedican a la creatividad sonora. Y no solo en el cine. Los créditos en los CDs y en los programas de radio empezaron a ser mucho más detallados, reconociendo a todos los implicados.
Daniel: Entonces, ¿qué hace exactamente un diseñador de sonido? ¿Es como el director de fotografía, pero para los oídos?
Alba: ¡Esa es la comparación perfecta! El diseñador de sonido es el responsable del estilo artístico global del audio. Supervisa todo el paisaje auditivo de la producción, justo después del director y el productor.
Daniel: Suena a un trabajo enorme. ¿Qué tareas incluye?
Alba: Pues de todo. Desde seleccionar los micrófonos adecuados para grabar las voces, hasta crear y registrar los efectos de sonido, producir la música, editar los diálogos y, finalmente, mezclarlo todo para que suene perfecto.
Daniel: O sea, que no es solo poner efectos de explosiones. ¿Incluso la elección de un micrófono es parte del diseño?
Alba: ¡Por supuesto! Un micrófono puede dar una cualidad tonal más cálida o más fría. Incluso la acústica de la habitación es una decisión de diseño. ¿Sabes por qué cantar en la ducha suena tan bien?
Daniel: ¡Porque nadie me juzga! Pero supongo que tiene que ver con el eco.
Alba: ¡Exacto! Las superficies duras como los azulejos reflejan el sonido y crean esa textura rica. En cambio, una habitación con alfombras y cortinas absorbe el sonido, haciéndolo más íntimo y confortable. Todo eso es diseño de sonido.
Daniel: Vale, entiendo la parte técnica. Pero, ¿cómo usan esto para crear, por ejemplo, misterio en una escena?
Alba: ¡Gran pregunta! Aquí es donde entra la creatividad. Para crear misterio, el diseñador podría usar el sonido de una puerta que chirría, o el viento aullando afuera para resaltar la soledad del personaje.
Daniel: Y podrías contrastarlo con un sonido de multitud para que la soledad se sienta aún más intensa.
Alba: ¡Justo! O podrían usar gemidos extraños en lugar de chirridos, o una música sutil y tensa. Cada elección cambia por completo la emoción de la escena. A veces, incluso construyen los sonidos desde cero.
Daniel: ¿A qué te refieres con "construir"? ¿Como si fueran Legos de sonido?
Alba: Algo así. Se llaman efectos Foley, en honor a su pionero, Jack Foley. Son los sonidos que se crean en un estudio para sincronizarlos con la imagen. El sonido de los pasos, el roce de la ropa, una puerta cerrándose... casi todo eso se añade después.
Daniel: O sea, ¿que el sonido de alguien caminando sobre la nieve podría ser en realidad una persona estrujando una bolsa de maicena cerca de un micrófono?
Alba: ¡Exactamente esa es la magia del Foley! Pero eso lo veremos más a fondo en el próximo tema.
Daniel: Has mencionado "paisaje auditivo". He oído hablar del término "paisaje sonoro" o *soundscape*. ¿Es lo mismo?
Alba: Está muy relacionado. El término lo acuñó Murray Schafer y es fascinante. Se refiere al ambiente sonoro de un lugar real y concreto. Piénsalo: el paisaje sonoro de un pueblo rural es muy distinto al de una gran ciudad.
Daniel: Claro, en uno tienes pájaros, el viento, campanas... y en el otro tienes tráfico, sirenas, obras. Es el ADN sonoro de un lugar.
Alba: Exacto. Pero aquí viene lo interesante. El término tiene dos acepciones. Una es esa, la grabación del ambiente real. La otra es la *creación* de un paisaje sonoro. Podemos construir el sonido de un parque usando efectos de sonido de una librería digital.
Daniel: O sea, que podemos coger el sonido de unos pájaros de un archivo, el de unos niños jugando de otro, el de un columpio... y crear un parque sonoro totalmente artificial pero creíble.
Alba: ¡Esa es la idea! Y en comunicación audiovisual, ambas versiones son súper útiles. A veces grabas la realidad, y otras veces la construyes. Y para terminar, no hay que confundir esto con los mapas sonoros.
Daniel: ¿Otra cosa más? Mi cerebro va a explotar.
Alba: ¡Tranquilo, es fácil! Un mapa sonoro es literalmente un mapa, una cartografía, que asocia sonidos a lugares. Por ejemplo, hay proyectos como Audiomapa, que es un mapa sonoro colaborativo de Latinoamérica. Puedes hacer clic en un punto y escuchar los sonidos de ese lugar exacto. Es una forma increíble de viajar con los oídos.
Daniel: ¡Qué pasada! Tengo que probarlo. Así que el sonido no es solo lo que oímos, es cómo construimos y percibimos el mundo. Me ha quedado clarísimo. ¿Qué sigue ahora?
Alba: ¡Ahora vamos a lo bueno! A la “Teoría del Sonido”. De hecho, para que veas que no es solo algo abstracto, en la asignatura de Teoría y Técnica del Sonido hacemos justo lo que hablábamos. Los alumnos crean mapas sonoros de la facultad o incluso del Real Jardín Botánico Alfonso XIII.
Daniel: ¡Qué guay! O sea que no es solo una idea loca de internet, es algo que se estudia de verdad en la universidad. Es una práctica real. Vale, pues si vamos a la teoría... ¿cuáles son los ladrillos fundamentales de todo esto?
Alba: Buena pregunta. Los elementos expresivos del sonido, los ingredientes básicos, son cuatro. Apunta: la palabra, la música, los efectos sonoros... y el silencio.
Daniel: ¿El silencio? ¿En serio? ¿El silencio es un elemento sonoro? Eso suena a una especie de acertijo zen o algo así.
Alba: Totalmente. Pero es que el silencio es clave. Es la pausa que crea tensión, el espacio que da importancia a lo que viene después o a lo que acaba de sonar. Piensa en una peli de miedo— el silencio justo antes del susto es lo que te pone los pelos de punta.
Daniel: Tienes toda la razón, qué buen ejemplo. Vale, entonces tenemos palabra, música, efectos y el importantísimo silencio. ¿Y cómo nos transmiten significados?
Alba: Pues la mayoría de los sonidos tienen un significado casi universal que hemos aprendido culturalmente. Si oyes una campana...
Daniel: Piensas en una celebración, una iglesia, una fiesta.
Alba: ¡Exacto! Si oyes una sirena...
Daniel: Alerta. Una ambulancia, la policía... sabes que algo está pasando.
Alba: Justo. Y la intensidad también importa muchísimo. Un sonido fuerte puede representar cercanía, fuerza o importancia. Por el contrario, uno suave puede indicar distancia, debilidad o tranquilidad. Es todo un lenguaje.
Daniel: Es increíble cómo nuestro cerebro decodifica todo eso al instante. De los cuatro elementos, me dijiste que la palabra —la voz— era la que más información daba, ¿no?
Alba: Sin duda. La voz humana es la herramienta más potente que tenemos. No es solo lo que dices, es *cómo* lo dices. La entonación, la inflexión... todo puede cambiar el significado por completo.
Daniel: Claro. No es lo mismo decir "qué bien" con ironía, que decir "¡qué bien!" con alegría de verdad.
Alba: ¡Ahí lo tienes! Con la voz puedes expresar preocupación, condescendencia, defensa, enfado... De hecho, una de las primeras prácticas en la asignatura es locutar un texto con ambientación musical, para aprender a jugar con esa expresividad.
Daniel: Entendido. Así que la magia final viene de combinarlo todo: la palabra precisa, con la música adecuada, los efectos justos y las pausas de silencio perfectas.
Alba: Esa es la clave. De esa combinación surgen nuevos significados e intenciones. Y todo ese trabajo de creación... normalmente se hace en un lugar muy específico.
Daniel: Déjame adivinar... ¿el estudio de sonido?
Alba: ¡Bingo! Un estudio de sonido es una instalación, o un grupo de salas, que se usa para la realización, producción y el procesamiento de materiales sonoros. Ya sea para un podcast como este, para cine o para grabar música.
Daniel: Y me imagino que no todos serán iguales, claro.
Alba: Para nada. Varían muchísimo en tamaño y uso. El más pequeño puede ser una cabina para una sola persona, para grabar una voz en off, y un gran estudio puede tener hasta gradas para alojar público, como en los programas de televisión.
Daniel: Alucinante. O sea que tenemos los ingredientes —palabra, música, efectos, silencio— y el lugar donde se cocina todo, el estudio. Me queda claro el "qué" y el "dónde". Pero ahora me muero de curiosidad por el "cómo".
Alba: ¡Claro que sí! El "cómo" empieza con la propia estructura del estudio de radio. No es solo una habitación con un micro, para nada.
Daniel: A ver, sorpréndeme. ¿Hay pasadizos secretos?
Alba: Casi. Piensa en dos habitaciones. Una es el estudio o locutorio, y la otra es la sala de control. Y entre las dos, un cristal enorme.
Daniel: Ah, la clásica pecera. La he visto en mil películas.
Alba: Exacto. Pero es una pecera muy sofisticada. Están completamente aisladas acústicamente la una de la otra. Lo que se habla en el control no se cuela en los micros del locutorio.
Daniel: Tiene todo el sentido. ¿Y quién se sienta en cada lado del cristal?
Alba: Pues es muy sencillo. En el locutorio está el talento: los presentadores, actores, músicos... los que generan el sonido. Y en el control, el equipo técnico: el realizador, los operadores de sonido... los que lo moldean.
Daniel: Vale, pero si están aislados, ¿cómo se comunican? ¿Por WhatsApp?
Alba: Sería una opción, pero un poco lenta. Usamos dos cosas: un intercomunicador, que llamamos "Talkback", para hablar directamente. Y... un montón de señales con las manos.
Daniel: O sea, que para ser técnico de sonido tienes que hacer un cursillo de mimo.
Alba: Totalmente. A veces parecemos controladores aéreos indicando cuándo empezar, cuándo cortar, o si hay que acercarse más al micro. Es todo un lenguaje.
Daniel: Qué bueno. O sea, tenemos a los artistas en la pecera y a los técnicos al otro lado, gesticulando. Me queda claro el espacio físico. ¿Y los cacharros? ¿Toda esa tecnología que se ve?
Alba: Buena pregunta. Para no volvernos locos, podemos dividir todo el equipamiento en dos grandes familias: los equipos de baja frecuencia y los de alta frecuencia.
Daniel: Suena a clase de física. A ver, explícame eso para que lo entienda.
Alba: Es más fácil de lo que parece. Los equipos de baja frecuencia son los que vamos a usar nosotros. Son todos los que generan, captan y manejan la señal de audio. Piensa en micrófonos, reproductores, la mesa de mezclas...
Daniel: O sea, todo lo que "toca" el sonido directamente dentro del estudio.
Alba: ¡Exacto! Es nuestro campo de juego. Ahí es donde ocurre la magia del diseño de sonido.
Daniel: ¿Y la alta frecuencia? ¿Qué es eso? ¿Armas secretas?
Alba: No, no. Los equipos de alta frecuencia son los que cogen nuestra señal ya terminada y la preparan para viajar por el aire. Son los transmisores que la convierten en ondas electromagnéticas para que llegue a las radios de los coches.
Daniel: Ah, vale. O sea, el botón de "lanzar al mundo".
Alba: Justo. Y de eso se suelen encargar los ingenieros de sonido y telecomunicaciones. Nosotros nos quedamos con la parte creativa, la de baja frecuencia.
Daniel: Entendido. Nos quedamos con lo divertido. Pues empecemos por el principio de la cadena: el micrófono. ¿Qué es exactamente, más allá de "esa cosa a la que le hablas"?
Alba: El micrófono es un transductor. Una palabra técnica que significa que transforma un tipo de energía en otro. En este caso, transforma las ondas sonoras de tu voz en una señal eléctrica.
Daniel: Convierte mi voz en electricidad. Suena a superpoder.
Alba: ¡Lo es! Pero no todos los micros son iguales. La característica más importante que define para qué sirve cada uno es su direccionalidad.
Daniel: ¿Direccionalidad? ¿Te refieres a si apunta al norte o al sur?
Alba: No, no tiene que ver con la brújula. Se refiere a desde qué dirección capta mejor el sonido. Piensa en ello como el campo de audición del micro. Algunos oyen todo a su alrededor y otros son casi sordos si no les hablas de frente.
Daniel: Vale, eso ya lo entiendo mejor. Es como las personas, que algunas se enteran de todos los cotilleos y otras solo si les hablas a la cara.
Alba: ¡Esa es la analogía perfecta! Y para visualizar esto, usamos unos gráficos muy chulos que se llaman diagramas polares.
Daniel: Diagramas polares... esto cada vez se pone más interesante. ¿Cuántos tipos de "oído" tienen los micros?
Alba: Principalmente, hay tres tipos que tienes que conocer: omnidireccionales, unidireccionales y bidireccionales.
Daniel: Omni, uni y bi. Suena a prefijos latinos. A ver, desglosemos eso.
Alba: ¡Vamos allá! El omnidireccional, como su nombre indica, lo capta todo. "Omni" significa "todo". Tiene la misma sensibilidad al sonido venga de donde venga: de frente, de los lados, de detrás...
Daniel: ¿Y para qué querrías un micro tan cotilla?
Alba: Es perfecto para captar el ambiente de una sala, o para una mesa redonda donde varias personas hablan alrededor de un solo micro. Graba el sonido de forma muy natural.
Daniel: Vale. ¿Siguiente? El unidireccional.
Alba: Este es el rey de los podcasts y los estudios de radio. El más común se llama cardioide. ¿Sabes por qué?
Daniel: Uf, ni idea. ¿Tiene que ver con el corazón?
Alba: ¡Exacto! Su diagrama polar tiene forma de corazón. Es súper sensible a los sonidos que le llegan de frente, pero rechaza muy bien los que vienen de los lados o de detrás.
Daniel: Ah, por eso en la radio siempre nos dicen que hablemos directos al micro.
Alba: Precisamente. La regla no escrita es ponerse a un palmo de distancia, unos 24 centímetros. Y por eso usamos ese filtro redondo delante, el antipop, para que las letras "p" no suenen como un golpe.
Daniel: Entendido. Corazón para uno solo. ¿Y el último, el bidireccional?
Alba: Pues como dice la palabra, capta el sonido por dos direcciones: por delante y por detrás, pero es sordo a los lados. Es el micro ideal para una entrevista cara a cara entre dos personas.
Daniel: Pones el micro en medio de la mesa y capta a los dos. Es brillante.
Alba: Es súper útil, sí. Cada micro es una herramienta para una situación concreta.
Daniel: Muy bien, ya hemos elegido nuestro micro cardioide, nos hemos puesto a un palmo y hemos convertido nuestra voz en electricidad. ¿A dónde va ese cable? ¿A un enchufe?
Alba: ¡No, por favor! El cable va al cerebro de la operación, al corazón del estudio: la mesa de mezclas.
Daniel: La famosa mesa llena de botones, luces y deslizadores que parece la cabina de un avión.
Alba: Esa misma. Su función es recibir todas las señales de audio, no solo la tuya. Recibe los micrófonos, la música de un ordenador, un reproductor de CD, una llamada de teléfono...
Daniel: Recibe todos los ingredientes que mencionamos al principio.
Alba: ¡Justo! Y en la mesa, el técnico puede amplificar cada señal, ecualizarla, y lo más importante, mezclarla para crear el resultado final que se va a grabar o emitir.
Daniel: ¿Y hay algún orden en esa locura de botones?
Alba: Sí, claro, tiene su lógica. Normalmente, los canales de los micrófonos están a la izquierda. A su lado, se conectan las demás fuentes sonoras. Y en la parte derecha de la mesa suelen estar los controles generales y los de escucha, para que el técnico pueda oír cada cosa por separado.
Daniel: Vale, la mesa lo junta todo. Pero aquí viene el gran miedo de todo novato: ¿cómo sabes que no está sonando demasiado alto o demasiado bajo?
Alba: Para eso tenemos a nuestro mejor amigo en el control: el vúmetro. Es ese medidor con una aguja o unas luces que no para de moverse.
Daniel: El VU-metro. Lo he visto. ¿Qué nos dice exactamente?
Alba: Mide el nivel de la señal de audio, la "cantidad" de electricidad que llega. Nos ayuda a mantener el volumen en un nivel óptimo.
Daniel: ¿Y cuál es el nivel óptimo? ¿Dónde tiene que estar la aguja?
Alba: El punto dulce es el 0 VU, que equivale al 100% de la señal. La aguja debe bailar alrededor de ese cero. Si se queda muy abajo, en la zona del -20%, el sonido será demasiado bajo y con ruido.
Daniel: ¿Y si se va para arriba, a la zona roja?
Alba: ¡Peligro! Esa es la zona de saturación. Si la aguja golpea constantemente el rojo, el sonido se distorsiona. Es lo que llamamos "picar" o "clippear". Suena horrible, como roto.
Daniel: Como cuando un altavoz carraspea porque le has subido demasiado el volumen.
Alba: Exactamente ese efecto. Es el pecado capital del sonido. Por eso el técnico vigila los vúmetros como un halcón.
Daniel: Entendido. O sea que el trabajo es un baile constante: controlar los micros, mezclar las fuentes y vigilar que la aguja no se vuelva loca. Parece estresante.
Alba: Es emocionante. Y para hacerlo bien, en el control escuchamos el resultado por los altavoces, que llamamos monitores. Mientras, tú en el locutorio lo escuchas todo por auriculares, para que el sonido de los altavoces no se cuele por tu micro.
Daniel: ¡Claro! ¡Para no crear un bucle! Qué pasada. O sea que el "cómo" es una coreografía perfecta entre el locutorio, el control, los micros y la mesa. fascinante.
Alba: Y esto es solo el principio de la técnica. Pero sí, esa es la base de cómo cocinamos el sonido.
Daniel: Qué pasada. Entonces, una vez que hemos grabado nuestras voces... ¿qué pasa después? ¿Cómo se convierte eso en un podcast terminado?
Alba: ¡Ah, entramos en el mundo de la edición! Para eso, usamos un programa que seguro que muchos conocen: Audacity.
Daniel: ¡Audacity! Lo he oído nombrar. Es software libre, ¿verdad?
Alba: Exacto. Y lo más importante para nuestros estudiantes de Ciencias de la Información en la Complutense es que está instalado en todos los estudios y salas de edición de la facultad.
Daniel: O sea, que lo que aprendes en clase, lo puedes aplicar directamente en las instalaciones. ¡Eso es muy práctico!
Alba: Totalmente. La idea es que te familiarices con la herramienta que vas a usar en tus prácticas.
Daniel: Vale, abro Audacity. Y... veo un montón de botones. ¿Por dónde empezamos?
Alba: Tranquilo, no muerde. Hay dos zonas que son fundamentales. La primera es la barra de herramientas y el panel de control de audio.
Daniel: Ok, las veo. Supongo que ahí están el play, el stop, el botón de grabar...
Alba: Sí, y mucho más. Desde ahí controlas los niveles, seleccionas herramientas para cortar, pegar, mover... Piensa en ello como tu navaja suiza para el sonido.
Daniel: Una navaja suiza, me gusta. ¿Y si me pierdo entre tanto botón?
Alba: ¡Buena pregunta! En el campus virtual tenéis un documento llamado "Manual Audacity". Es un PDF que explica las operaciones principales. ¡Es vuestro mejor amigo al principio!
Daniel: Anotado: hacerme amigo del PDF.
Alba: La otra zona clave es el área de edición. Es donde ves las pistas de audio, esas ondas de sonido azules.
Daniel: Eso es, la línea de tiempo. A veces, si grito mucho, veo que la onda se sale por arriba y se pone roja.
Alba: ¡Exacto! Eso es audio saturado. Significa que la señal era demasiado fuerte y el sonido se distorsiona. La edición te ayuda a controlar eso.
Daniel: O sea, a controlar mi emoción.
Alba: Un poco sí. En esta área puedes trabajar con múltiples pistas. Pones tu voz en una pista, la música en otra, los efectos de sonido en una tercera...
Daniel: ¡Ah, es como cocinar por capas! Pones la base, luego los ingredientes principales y al final las especias.
Alba: ¡Qué buena analogía! Y la "Regla de tiempos" que ves arriba te permite sincronizar todo al milisegundo.
Daniel: Y para no perderse en medio de tantas pistas y sonidos, ¿cómo os organizáis?
Alba: Con un guion, pero un guion con un formato especial. Lo dividimos en dos columnas: CONTROL y LOCUCIÓN.
Daniel: ¿Como el estudio? ¿Una columna para cada sala?
Alba: Justo. En la columna de CONTROL escribimos todas las indicaciones técnicas: qué canción suena, si sube o baja la música, si entra una ráfaga...
Daniel: Y en LOCUCIÓN va lo que yo tengo que decir.
Alba: Eso es. Por ejemplo, en CONTROL puede poner: "Sube música Clair de Lune". Y en tu columna de LOCUCIÓN, justo al lado, lees tu texto: "Yo no sé, mira, es terrible cómo llueve".
Daniel: Qué bueno. Así el técnico sabe exactamente qué hacer mientras yo hablo. Es una coreografía perfecta, como decías antes.
Alba: Totalmente. Desde la técnica hasta el guion, todo está conectado. Y cuando terminas... simplemente vas a "Exportar archivo" y ya tienes tu audio listo.
Daniel: Pues qué viaje, Alba. Hemos pasado de la física del sonido a los micros, la mesa de mezclas y, ahora, la edición en Audacity con guiones profesionales. Es todo un mundo.
Alba: Lo es, pero es un mundo fascinante donde la técnica y la creatividad van de la mano. Espero que a nuestros oyentes les haya picado la curiosidad.
Daniel: Seguro que sí. Muchísimas gracias, Alba, por iluminarnos. Ha sido un placer, como siempre.
Alba: El placer ha sido mío, Daniel. ¡Hasta la próxima!
Daniel: Y a todos vosotros, gracias por escuchar Studyfi Podcast. ¡Nos oímos en el siguiente episodio!