Podcast sobre Salud Mental en la Adolescencia: Conducta Suicida, TCA y Adicciones
Salud Mental en la Adolescencia: Suicidio, TCA y Adicciones
Podcast
Conducta Suicida: Entendiendo las Señales
Délka: 22 minut
Kapitoly
Una historia demasiado común
Diferenciando los términos clave
¿Crisis de la edad o señal de alarma?
La magnitud real del problema
La tormenta perfecta de factores de riesgo
Aprendiendo a ver y escuchar las señales
El Ciclo de la Bulimia
Prevalencia y Comorbilidades
Trastorno por Atracón
Cuando la Comida da Miedo: ARFID
Resumiendo las Diferencias
La Ansiedad Más Allá del Estrés
El Círculo Vicioso del Insomnio
Caminos Opuestos Ante el Estrés
Un Cerebro en Construcción
De la Curiosidad al Problema
Las Sustancias Más Comunes
Nuevas Amenazas: Vapers y Tussi
¿Cuándo se Vuelve un Trastorno?
Resumen y Despedida
Přepis
Daniela: Imagina a una estudiante. Llamémosla Sofía. Las notas la agobian, siente que nunca es suficiente. En redes sociales, ve vidas perfectas que la hacen sentir invisible. En casa, la tensión es constante. Un día, después de una pelea y un examen fallido, el dolor es tan grande que no cabe en su pecho. Y hace algo que nunca pensó que haría... se hace un corte en el brazo. No quería morir... solo quería que el dolor parara.
Álvaro: Esa frase, Daniela, es una de las más importantes y desgarradoras que escuchamos en la clínica. Resume una confusión enorme que existe sobre este tema.
Daniela: Es una historia que lamentablemente se repite. Estás escuchando Studyfi Podcast.
Álvaro: Exacto. Y por eso es tan vital que hablemos de esto. Lo que vivió Sofía, ¿es un intento de suicidio? ¿Es otra cosa? Aclarar esto puede salvar vidas.
Daniela: Totalmente. Entonces, vamos al grano. La gente usa términos como "ideación suicida", "autolesión", "intento de suicidio" casi como si fueran lo mismo. ¿Cuál es la diferencia real, Álvaro?
Álvaro: Gran pregunta, y la diferencia es la intención. Pensemos en dos caminos distintos que, a veces, peligrosamente se cruzan. Por un lado, tenemos la autolesión no suicida, o ANS. Esto es lo que hizo Sofía: un daño deliberado al cuerpo, como cortes o quemaduras, pero sin la intención de morir.
Daniela: ¿Y por qué alguien haría eso? Suena contradictorio.
Álvaro: Porque cumple una función psicológica inmediata. Es una forma desesperada de disminuir una angustia insoportable, de castigarse, de sentir algo de control, o de hacer visible un dolor que por dentro es invisible. Es como gritar a través de la piel.
Daniela: Entiendo. Es un mecanismo de afrontamiento, aunque sea dañino. ¿Y la conducta suicida?
Álvaro: Ese es el otro camino. Aquí el objetivo es terminar con la vida. Y no es un interruptor de "encendido/apagado", es un continuo. Empieza con la ideación suicida, que son los pensamientos sobre morir.
Daniela: ¿Como pensar "ojalá no despertar"?
Álvaro: Exacto. Esa es una ideación pasiva. Pero puede volverse activa, con pensamientos como "quiero matarme", e incluso avanzar hacia la planificación y la preparación de un intento. El intento de suicidio es la acción donde la intención es morir, aunque no se consume.
Daniela: Entonces, la diferencia fundamental es el objetivo: aliviar el dolor versus terminar con la vida. Pero, ¿un camino puede llevar al otro?
Álvaro: Ahí está el punto más crítico. Absolutamente. La autolesión es uno de los mayores predictores de riesgo suicida a futuro. ¡Hasta un 70% de los adolescentes que se autolesionan llegan a tener ideación suicida! Es una bandera roja gigante.
Daniela: Eso es muy potente. Y me lleva a otra duda común. Muchos adultos a veces dicen "ah, es solo una crisis de la adolescencia, ya se le pasará". ¿Cómo sabemos cuándo deja de ser una rabieta o un mal día y se convierte en una psicopatología peligrosa?
Álvaro: Me alegra que preguntes eso, porque esa minimización es muy peligrosa. Es normal que un adolescente llore, se irrite, se aísle un rato con sus amigos o se frustre. Son respuestas adaptativas al estrés. Son temporales, y la persona sigue funcionando en su día a día.
Daniela: Ok, ¿y cuál es el punto de quiebre?
Álvaro: El quiebre ocurre cuando esas respuestas se vuelven persistentes y rígidas. Cuando ya no es tristeza, sino desesperanza. Cuando no es no querer salir un día, sino un aislamiento extremo y la pérdida de placer en todo, lo que llamamos anhedonia. Cuando la impulsividad es severa, aparecen las autolesiones o la ideación de muerte... ya no estamos en una "crisis normal".
Daniela: Es como si el termostato emocional se rompiera, ¿no? Ya no puede volver a un estado de equilibrio.
Álvaro: Exacto. La flexibilidad emocional se pierde. Si el estado de ánimo es constantemente bajo, si la visión del futuro es siempre negra y el funcionamiento en el colegio o con la familia se desploma, eso ya no es una crisis de la edad. Es una señal de alarma que requiere atención profesional urgente.
Daniela: Hablemos de cifras, porque a veces eso ayuda a entender la escala. ¿Qué tan grande es este problema en Chile y en el mundo?
Álvaro: Las cifras son... impactantes. A nivel mundial, la OMS nos dice que el suicidio es una de las principales causas de muerte en jóvenes de 15 a 29 años. ¡Una muerte cada 40 segundos! Y por cada suicidio consumado, hay muchísimos más intentos.
Daniela: ¿Y en nuestro país? ¿Cómo estamos en Chile?
Álvaro: Históricamente, Chile ha tenido una de las tasas más altas de suicidio adolescente en Latinoamérica. Después de la pandemia, las consultas por ideación suicida en jóvenes se dispararon. Y los estudios en población escolar chilena son para prestarles atención.
Daniela: ¿Qué dicen esos estudios?
Álvaro: Apuntan a que cerca de un 20% de los escolares ha tenido ideación suicida. Alrededor de un 10% ha llegado a planificarlo, y entre un 7 y 8% lo ha intentado. ¡Estamos hablando de que en una sala de 30 compañeros, probablemente 2 o 3 han intentado quitarse la vida!
Daniela: Wow... eso pone los números en una perspectiva muy real y cercana. Da escalofríos.
Álvaro: Totalmente. No son números abstractos, son nuestros jóvenes, nuestros compañeros, nuestros amigos o familiares. El problema es enorme y está aquí mismo.
Daniela: Si el problema es tan grande, la causa no puede ser una sola cosa. No es tan simple como "reprobó un examen y por eso lo hizo", ¿verdad?
Álvaro: Para nada. Ojalá fuera tan simple, sería más fácil de prevenir. La conducta suicida es una tormenta perfecta, una confluencia de múltiples factores. No hay una causa única.
Daniela: Ok, ¿cuáles son los ingredientes de esa tormenta?
Álvaro: Podemos agruparlos. Están los factores biológicos: una predisposición a la impulsividad, temas genéticos o una disfunción en la serotonina, que es nuestro neurotransmisor del "bienestar".
Daniela: Como tener el hardware más vulnerable, por así decirlo.
Álvaro: ¡Exacto! Luego, los factores psicológicos: una mala regulación de las emociones, traumas infantiles, desesperanza aprendida, una autocrítica brutal... Y, por supuesto, la presencia de otros trastornos como depresión, ansiedad o bipolaridad.
Daniela: Tiene sentido. ¿Y el entorno?
Álvaro: Crucial. Los factores familiares como la violencia, el abuso, la negligencia o que los padres invaliden constantemente tus emociones, pesan muchísimo. Y luego están los factores sociales: el bullying o ciberbullying, la exclusión, la presión académica extrema o la discriminación por ser diferente. Todo suma.
Daniela: Sabiendo todo esto, que es complejo y multifactorial, vamos a lo práctico. Para un amigo, un profesor, un padre... ¿cuáles son las señales de alerta concretas que no podemos ignorar?
Álvaro: Hay que aprender a escuchar y a observar. Las señales verbales a veces son muy directas, aunque nos asusten. Frases como "soy una carga para todos", "no valgo nada", "todos estarían mejor sin mí" o "me quiero morir". Nunca, jamás, hay que tomarlas como un juego o un llamado de atención manipulador.
Daniela: Tomarlas en serio, siempre. ¿Y en el comportamiento?
Álvaro: También hay cambios muy notorios. Un aislamiento repentino y extremo, regalar pertenencias muy queridas como si se estuvieran despidiendo, un aumento en el consumo de alcohol o drogas, buscar en internet métodos para morir, o cambios drásticos en el sueño o el apetito.
Daniela: Son como piezas de un rompecabezas que, juntas, muestran una imagen preocupante.
Álvaro: Exactamente. Y no olvidemos las señales emocionales: una desesperanza que lo tiñe todo de gris, una culpa o vergüenza extremas, o una sensación de vacío insoportable. Si ves estas señales en alguien, es momento de actuar, de preguntar, de ofrecer ayuda y de buscar a un adulto o profesional. No hay que quedarse callado.
Daniela: Un mensaje clave: la prevención empieza por no mirar para otro lado.
Daniela: Álvaro, acabamos de hablar sobre la anorexia, que se centra mucho en la restricción y el control extremo. Pero ese no es el único trastorno alimentario, ¿verdad? Hay otros patrones que son muy diferentes.
Álvaro: Exactamente, Daniela. Y uno muy conocido es la bulimia nerviosa. Aquí el ciclo es distinto. No se trata solo de restringir, sino de episodios de atracones seguidos de un intento desesperado por compensar.
Daniela: ¿Atracones? ¿Te refieres a comer mucho de una sola vez?
Álvaro: Sí, pero es más que eso. Es comer una cantidad de comida que la mayoría consideraría excesiva, y sentir una total falta de control mientras lo haces. Es como si no pudieras parar, aunque quisieras.
Daniela: Uf, eso suena muy angustiante. Y mencionaste la compensación… ¿qué significa eso?
Álvaro: Son las conductas que la persona usa para intentar "anular" el atracón. Lo más conocido es el vómito autoinducido, pero también puede ser el uso de laxantes, diuréticos o hacer ejercicio de forma excesiva y compulsiva.
Daniela: Entiendo. Entonces es un ciclo de descontrol y luego un intento de retomar el control de una manera muy dañina.
Álvaro: Precisamente. Para que se considere un diagnóstico, este ciclo de atracón y compensación debe ocurrir al menos una vez a la semana durante tres meses. Y como te imaginarás, viene con muchísima vergüenza y culpa.
Daniela: ¿Es muy común? ¿Qué nos dicen los números, por ejemplo, en Chile?
Álvaro: A nivel mundial, afecta a entre el 1 y el 1.5% de las mujeres jóvenes. En Chile, las cifras son un poco más altas, entre el 1 y el 3%. Y es importante destacar que, aunque son más comunes en mujeres, también afectan a los hombres.
Daniela: Y supongo que no viene solo. ¿Suele estar asociado a otros problemas?
Álvaro: Casi siempre. La bulimia tiene una alta comorbilidad con la depresión y los trastornos de ansiedad. También vemos mucha impulsividad, lo que puede llevar al consumo de sustancias e incluso a conductas suicidas.
Daniela: Okay, entonces en la bulimia está el atracón y la compensación. Pero, ¿y si solo ocurre el atracón?
Álvaro: ¡Excelente pregunta! Eso nos lleva a otro diagnóstico: el trastorno por atracón. De hecho, es el TCA más frecuente que existe hoy en día.
Daniela: ¿En serio? ¿Más que la anorexia o la bulimia?
Álvaro: Sí, bastante más. Afecta a casi el 2% de las mujeres y hasta un 0.8% de los hombres a nivel mundial. Aquí la característica principal son los atracones recurrentes, esa misma sensación de pérdida de control...
Daniela: Pero sin las conductas compensatorias regulares, como los vómitos. ¿Correcto?
Álvaro: Exacto. No hay ese intento sistemático de purga. La persona come rápidamente, a menudo en secreto, sigue comiendo aunque ya se sienta llena, y después siente una culpa y un malestar enormes.
Daniela: Me imagino que eso tiene consecuencias físicas y psicológicas muy fuertes.
Álvaro: Absolutamente. A nivel físico, puede causar problemas digestivos, dolores y a menudo se asocia con la obesidad. Psicológicamente, vemos mucha ansiedad, ánimo bajo, problemas de autoestima y alteraciones del sueño.
Daniela: Wow, es un panorama complejo. Hemos hablado de restricción, de atracones, de compensación... ¿hay algún trastorno que no tenga que ver con el miedo a engordar o la imagen corporal?
Álvaro: Qué bueno que lo preguntas, porque sí. Hay uno llamado Trastorno Evitativo/Restrictivo de la Ingesta Alimentaria, o ARFID por sus siglas en inglés.
Daniela: ARFID... suena a un robot de una película de ciencia ficción.
Álvaro: Podría ser, pero es algo muy serio. La clave del ARFID es que la persona evita o restringe la comida, pero... y esto es fundamental... no lo hace por miedo a engordar ni por una distorsión de su imagen corporal.
Daniela: Entonces, ¿por qué lo hacen?
Álvaro: Las razones son variadas. Puede ser por una hipersensibilidad sensorial a las texturas, olores o sabores de la comida. También por miedo a atragantarse o vomitar después de una mala experiencia. O simplemente un bajísimo interés por comer.
Daniela: Ah, o sea que la motivación es completamente diferente a la de la anorexia, aunque ambos restrinjan la comida.
Álvaro: Exacto. En la anorexia el motor es el miedo a ganar peso. En el ARFID, el motor es el miedo a la comida misma o a sus consecuencias sensoriales o físicas. No hay distorsión corporal.
Daniela: Okay, esto es mucho para procesar. Anorexia, bulimia, trastorno por atracón, ARFID... ¿Podemos hacer una comparación rápida para que quede claro?
Álvaro: ¡Claro! Pensemos en dos preguntas clave: ¿Hay atracones? ¿Y hay miedo a engordar? En el trastorno por atracón, sí hay atracones, pero no necesariamente conductas compensatorias. En la bulimia, sí hay atracones y también conductas compensatorias. En ambos, suele haber preocupación por el peso.
Daniela: Entendido. ¿Y en la anorexia y ARFID?
Álvaro: En la anorexia, no suele haber atracones —aunque un subtipo sí los tiene— pero el miedo a engordar es el núcleo de todo. En el ARFID, no hay atracones y, lo más importante, no hay miedo a engordar ni distorsión de la imagen corporal. La restricción es por otras causas.
Daniela: Esa es una forma muy clara de verlo. Es increíble cómo algo tan fundamental como comer puede volverse tan complicado y doloroso para tantas personas. Y todo esto nos lleva a una pregunta crucial, Álvaro... ¿cómo se tratan estos trastornos?
Daniela: Y esa conexión entre el estrés diario y nuestra salud mental es justo lo que nos lleva al tema de hoy,
Álvaro: los trastornos de ansiedad.
Álvaro: Exacto, Daniela. Mucha gente usa la palabra 'ansiedad' para describir nerviosismo, pero un trastorno es diferente. Es cuando esa preocupación no desaparece y empieza a interferir con tu vida diaria.
Daniela: Entiendo. ¿Y hay diferentes tipos? Supongo que no es una talla única para todos.
Álvaro: Para nada. Hay varios, pero uno que a menudo se malinterpreta es la agorafobia. La gente cree que es solo miedo a los espacios abiertos, pero es más complejo.
Daniela: ¿Ah, sí? ¿Cómo es realmente?
Álvaro: Es el miedo a situaciones donde escapar podría ser difícil si tienes un ataque de pánico. Piensa en un cine lleno, el transporte público o incluso hacer una fila.
Daniela: Wow, eso suena increíblemente limitante. Me imagino que el estrés y la falta de sueño deben empeorarlo todo, ¿verdad?
Álvaro: Totalmente. La ansiedad, el estrés y el insomnio forman un círculo vicioso. La ansiedad te mantiene despierto por la noche, y la falta de sueño aumenta tu estrés y ansiedad al día siguiente.
Daniela: Es como un teléfono que nunca se carga por completo. Siempre funciona con la batería baja.
Álvaro: ¡Exacto! Y con esa batería baja, cualquier pequeño problema parece gigante. Tu cerebro está demasiado cansado para manejar las preocupaciones de forma racional.
Daniela: Entonces, el insomnio no es solo un síntoma, sino que también alimenta el propio trastorno. Qué complicado...
Álvaro: Así es. Romper ese ciclo es clave. Y justamente sobre cómo podemos empezar a romperlo y qué herramientas existen hablaremos a continuación.
Daniela: Y hablando de cómo manejamos las emociones difíciles, creo que es clave tocar un último tema que genera muchas dudas... y a veces, mucho miedo. El consumo de sustancias.
Álvaro: Absolutamente, Daniela. Es un tema fundamental. Porque cuando un adolescente enfrenta estrés —ya sea por problemas en casa, en el colegio, una ruptura… lo que sea— se abre una encrucijada.
Daniela: ¿Una encrucijada? ¿A qué te refieres?
Álvaro: A que hay dos caminos principales para afrontar ese malestar. Por un lado, están las estrategias adaptativas: hablar con amigos, hacer deporte, buscar ayuda... Son las que te ayudan a resolver el problema de fondo.
Daniela: OK, las que construyen. ¿Y el otro camino?
Álvaro: El de las estrategias desadaptativas. Aislarse, autolesionarse o... consumir alcohol y drogas. Estas parecen un alivio rápido, una escapatoria, pero en realidad, solo posponen el problema y crean otros nuevos.
Daniela: Y supongo que en la adolescencia, ese camino de la escapatoria rápida es... ¿más tentador?
Álvaro: Mucho más. Y hay una razón biológica para ello. Piensa que el cerebro es como un auto que se está armando. El acelerador, que es el sistema límbico, ya está instalado y funcionando a toda máquina. Busca placer, recompensa inmediata, impulsividad...
Daniela: ¡Suena como las ganas de comerse una pizza entera a medianoche!
Álvaro: ¡Exactamente ese impulso! Pero el freno, que es la corteza prefrontal —responsable de planificar y ver los riesgos—, todavía está en el taller. No terminará de instalarse hasta los 25 o 30 años.
Daniela: Entonces, tenemos mucho acelerador y pocos frenos. Eso explica la búsqueda de sensaciones y, a veces, no medir bien las consecuencias.
Álvaro: Precisamente. Por eso es tan importante entender que no todo consumo es igual. No es lo mismo la experimentación, que es probar por curiosidad, que un consumo problemático.
Daniela: ¿Y cómo se diferencia eso? ¿Dónde está la línea?
Álvaro: Es un espectro. Primero está el *uso* ocasional, como probar alcohol en una fiesta familiar, sin consecuencias. Luego, el *uso de riesgo*, cuando consumes para encajar o repetidamente en fiestas. Aún no hay un desastre, pero aumentas la probabilidad de que ocurra.
Daniela: Y el último paso sería el *consumo problemático*.
Álvaro: Exacto. Ahí es cuando ya afecta tu vida. Bajan tus notas, discutes con tu familia, dejas de hacer cosas que te gustaban... El consumo deja de ser una elección y empieza a ser una necesidad para manejar el malestar.
Daniela: Hablemos de las sustancias más comunes. Me imagino que el alcohol sigue siendo el número uno.
Álvaro: Sin duda. A nivel mundial y en Chile, es la más consumida por adolescentes. Cerca de un 30% de los escolares chilenos dice que es fácil conseguirlo. Y eso es peligroso, porque normalizamos su consumo sin pensar en los riesgos: accidentes, violencia, problemas académicos...
Daniela: Y después del alcohol, está el cannabis, la marihuana.
Álvaro: Así es. Es la droga ilícita más usada. Y aquí hay una percepción de riesgo muy baja. Muchos jóvenes piensan que es inofensiva, pero no lo es. Especialmente si se empieza a consumir muy joven.
Daniela: ¿Qué riesgos tiene?
Álvaro: Aumenta el riesgo de dependencia, de abandono escolar y, sobre todo, de desarrollar trastornos psiquiátricos como ansiedad o psicosis. La idea de que es una droga "suave" es un mito peligroso.
Daniela: Ahora, más allá de lo "clásico", han aparecido nuevas tendencias que preocupan mucho. Hablemos de los vapers.
Álvaro: Este es un punto crítico. Uno de cada tres escolares en Chile ha probado un vaper. ¡Uno de cada tres! Y la mayoría cree que es menos dañino que fumar.
Daniela: Pero no es solo vapor de agua con sabor a frutilla, ¿verdad?
Álvaro: Para nada. Contienen nicotina, que es súper adictiva y afecta la atención y el control de impulsos. Además, tienen metales pesados y químicos que pueden ser tóxicos. No son inofensivos.
Daniela: Y luego están las drogas sintéticas, como la ketamina o el famoso "tussi".
Álvaro: El "tussi", o "cocaína rosada", es una de las trampas más grandes. Los adolescentes creen que es una droga específica, pero no lo es. Es una mezcla impredecible de sustancias.
Daniela: ¿Qué quieres decir con impredecible?
Álvaro: Que cada vez que alguien consume "tussi", está jugando a la ruleta rusa. Puede contener ketamina, éxtasis, calmantes, anfetaminas... lo que sea. El consumidor nunca sabe qué se está metiendo al cuerpo.
Daniela: Wow, eso aumenta muchísimo el riesgo de una sobredosis o una reacción psiquiátrica grave, como un ataque de pánico o un episodio psicótico.
Álvaro: Exactamente. Estudios del ISP en Chile han encontrado que muchas muestras son principalmente ketamina mezclada con otras cosas. No es un juego.
Daniela: Entonces, ¿cuándo todo esto —el alcohol, el cannabis, el tussi— se convierte oficialmente en un trastorno por consumo de sustancias?
Álvaro: El manual DSM-5-TR nos da una guía. Se vuelve un trastorno cuando hay un patrón que causa problemas serios en tu vida. Por ejemplo, el caso de Tomás, un chico de 16 años cuyos padres se están separando de mala manera.
Daniela: ¿Qué le pasó a Tomás?
Álvaro: Empezó bebiendo en fiestas para olvidarse, pero ahora consume alcohol todos los fines de semana y cannabis varias veces por semana. Ya no es para divertirse, es para escapar. Ha faltado a clases, dejó el fútbol y discute siempre con su mamá.
Daniela: Y aunque quiere parar, no puede. ¿Eso sería un indicador?
Álvaro: Es uno de los más claros. El criterio de "control alterado". Cuando consumes más de lo que querías, o intentas dejarlo y no puedes. Él cumple varios criterios: abandono de actividades, problemas interpersonales y usarlo a pesar del daño que le causa.
Daniela: Qué importante es todo esto, Álvaro. Me queda claro que el consumo de sustancias a menudo empieza como una respuesta... una mala respuesta, al estrés y al dolor.
Álvaro: Esa es la clave. Una respuesta que parece una solución, pero se convierte en un problema mayor. Aquí lo fundamental es recordar que existen factores protectores. Tener una buena comunicación en casa, participar en deportes o actividades culturales, tener una red de amigos que te apoye de verdad... todo eso construye una barrera contra el riesgo.
Daniela: La diferencia, entonces, está en el impacto que esa conducta tiene en tu vida, en tu bienestar y en tu futuro. La identificación temprana y pedir ayuda son fundamentales.
Álvaro: Exacto. No hay que tener miedo a hablarlo. Siempre hay alternativas más saludables para enfrentar los problemas.
Daniela: Muchísimas gracias, Álvaro, por esta conversación tan necesaria. Y a todos nuestros oyentes de Studyfi Podcast, gracias por acompañarnos. Esperamos que estas herramientas les sirvan para tomar mejores decisiones y cuidarse mucho. ¡Hasta la próxima!
Álvaro: Un placer, Daniela. ¡Adiós a todos!