Podcast sobre Retratos: Historia, Memoria y Política en Latinoamérica

Retratos: Historia, Memoria y Política en Latinoamérica

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Historia y teoría del retrato0:00 / 23:54
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ValeriaImagina que eres un miembro de la realeza en el siglo dieciocho. Tu poder no depende solo de tus ejércitos, sino de tu cara. Específicamente, de tu mandíbula. Si no se parece a la de tu padre, podrías tener serios problemas para reclamar el trono.
LucasSuena a chiste, pero es totalmente cierto. Esto es Studyfi Podcast. Hoy hablamos de la historia del retrato, y cómo un rostro podía ser una garantía de poder... o una sentencia.
Capítulos

Historia y teoría del retrato

Délka: 23 minut

Kapitoly

Un rostro vale más que mil palabras

El retrato como herramienta de control

La fotografía y el aura perdida

Más que una cara bonita

Símbolos de Poder y Pertenencia

La verdad en un rostro

¿La fotografía no miente?

El Poder Opaco de la Imagen

El Retrato del Héroe

Más allá de las obras maestras

Imágenes que actúan

Arte salvaje y cotidiano

Símbolos para Nuevas Repúblicas

El Poder de un Color

Leer a Contrapelo

La Verdad de la Fotografía

La Imagen que Queremos Creer

Documentos, no arte

¿Quién pintó esto?

La Sed de Realidad

El Retrato para Todos

El Poder de la Imagen

Colaboraciones Académicas

Instituciones y Apoyo Personal

El Retrato es el Rey

Héroes para Nuevas Naciones

Resumen y Despedida

Přepis

Valeria: Imagina que eres un miembro de la realeza en el siglo dieciocho. Tu poder no depende solo de tus ejércitos, sino de tu cara. Específicamente, de tu mandíbula. Si no se parece a la de tu padre, podrías tener serios problemas para reclamar el trono.

Lucas: Suena a chiste, pero es totalmente cierto. Esto es Studyfi Podcast. Hoy hablamos de la historia del retrato, y cómo un rostro podía ser una garantía de poder... o una sentencia.

Valeria: Exacto. Pensemos en la famosa quijada de la dinastía de los Habsburgo. Sus retratos no eran solo arte, eran documentos que probaban su “derecho de sangre”. ¡Como un DNI de la realeza!

Lucas: ¡Me gusta esa analogía!

Valeria: Pero el retrato no solo sirvió para identificar a los nobles, ¿verdad? Se usó de formas mucho más oscuras.

Lucas: Muchísimo más. En el siglo diecinueve, se convirtió en un instrumento de clasificación y discriminación racial. Se usaba para justificar ideas de superioridad de unas personas sobre otras.

Valeria: Qué terrible. Y a eso se sumó la fisiognomía, ¿no? La idea de que tus rasgos faciales revelan tu carácter.

Lucas: Justo. De repente, los retratos se resignificaron como supuestas pruebas científicas. Se popularizaron muchísimo en Francia e Inglaterra gracias a los escritos de Johann Caspar Lavater. Era una pseudociencia con mucho poder.

Valeria: Y entonces... llegó la fotografía. ¿Cambió todo?

Lucas: Cambió las reglas del juego. El filósofo Walter Benjamin dijo algo fascinante al respecto. Él creía que en las primeras fotografías, el “aura” de una persona nos mira por última vez.

Valeria: Es una idea muy poética. Como si la cámara capturara un eco de la persona real, algo que se está perdiendo.

Lucas: Exactamente. La fotografía le dio al retrato un “valor de exhibición”, restándole el “valor de culto” que tenía antes. Pero el rostro humano… ese fue el último bastión de resistencia de esa aura.

Valeria: Y justo esa idea de la percepción nos lleva a un tema clave,

Lucas: el retrato. No es solo una cara, ¿verdad?

Lucas: Para nada. De hecho, antes se pensaba que el rostro era una ventana al alma. Hubo hasta pseudociencias como la frenología, que intentaban leer tu carácter por la forma de tu cráneo.

Valeria: ¿En serio? O sea, ¿que si tenías la frente grande ya te consideraban un genio? Suena un poco... simple.

Lucas: Lo era, pero esas ideas evolucionaron hacia cosas más oscuras. Pensemos en Cesare Lombroso, quien creía poder identificar a los criminales por sus rasgos faciales. Una idea peligrosa.

Valeria: Totalmente. Da un poco de miedo pensar que tu apariencia podía condenarte.

Lucas: Exacto. Pero además de esa función de control, la función más fuerte de los retratos siempre ha sido la afectiva.

Valeria: Claro, como las fotos que guardamos de nuestros seres queridos. Pero esto también se aplica a nivel público, ¿no?

Lucas: ¡Absolutamente! Piensa en las campañas políticas, los pósters de líderes revolucionarios o los retratos de dictadores. No hay héroe sin retrato. Son el rostro visible de una idea.

Valeria: Y también pueden ser el blanco del odio. Cuando la gente tacha o quema un retrato, están atacando el símbolo.

Lucas: Precisamente. Hoy, con la tecnología digital, esto es aún más complejo. Por un lado, está el espejo de Narciso: todos creando nuestra propia imagen perfecta para las redes.

Valeria: Cierto. El desfile de la vida idealizada.

Lucas: Y por otro, vemos cómo los retratos se usan para esparcir odio a una velocidad alarmante. Pero a pesar de todo, algunas imágenes siguen significando mucho para comunidades enteras, como un ancla de pertenencia.

Valeria: Es increíble cómo una imagen puede ser tan poderosa y a la vez tan manipulable. Y hablando de manipulación y símbolos...

Valeria: Y esa idea de la construcción de una figura pública nos lleva directamente a los retratos, ¿no? Siempre me pregunto, cuando veo un cuadro antiguo, ¿esa persona se veía realmente así?

Lucas: Es la gran pregunta. Por siglos, la gente miró los retratos buscando al ser humano de carne y hueso. Existía esta creencia, este deseo, de encontrar una verdad en sus facciones.

Valeria: Como si pudiéramos leer sus ideas o su carácter solo con ver su cara. ¿Y esa obsesión sigue viva hoy?

Lucas: ¡Totalmente! Piensa en las reconstrucciones digitales en 3D que hicieron del cráneo de Simón Bolívar. Es el mismo impulso: queremos conocer el “verdadero” rostro del héroe, como si eso nos diera acceso a una verdad más profunda.

Valeria: Pero con la invención de la fotografía, ese problema se solucionó, ¿o no? Una foto no miente... o al menos, no tanto como una pintura.

Lucas: ¡Eso es lo que todos pensaron! Se le llamó el “pacto de verdad”. Y sí, tenemos daguerrotipos de algunas figuras históricas importantes. Pero aquí viene lo sorprendente...

Valeria: A ver, sorpréndeme.

Lucas: A menudo, esas fotos reales no son las imágenes que perduran en nuestra memoria colectiva. Preferimos una pintura o un grabado idealizado que encaja mejor con la leyenda.

Valeria: O sea que, incluso con la prueba fotográfica, a veces elegimos la versión que nos gusta más. Como cuando usamos un filtro en una selfie.

Lucas: ¡Exacto! Es una excelente analogía. El retrato se mueve en esa frontera extraña entre el arte y el documento. Es mucho más complejo de lo que parece a simple vista.

Valeria: Definitivamente. Y hablando de cómo se construyen las leyendas visuales, eso me hace pensar en los símbolos que las acompañan...

Valeria: Y esa capacidad de persistir en el tiempo es fascinante. Pensemos en América Latina, desde los años sesenta hasta hoy... es un caso de estudio perfecto.

Lucas: Exacto. Y no es solo que duren, es que siguen generando cosas. ¿Por qué algunas imágenes nos atrapan por generaciones, mientras que otras simplemente se olvidan?

Valeria: Buena pregunta. ¿Será que nos dicen algo diferente a cada uno?

Lucas: En parte, sí. El teórico Louis Marin decía algo clave: las imágenes tienen una dimensión "opaca". No son como las palabras, que intentan ser transparentes para que veamos la idea detrás.

Valeria: ¿Opaca? ¿Qué quieres decir con eso? ¿Como si tuviera un secreto?

Lucas: ¡Algo así! Piensa que una imagen siempre está *junto* a lo que representa. No desaparece para dejar pasar el significado. Permanece ahí, con su misterio, su ambigüedad.

Valeria: Ah, ya entiendo. Por eso podemos hablar y hablar sobre una foto o un cuadro y nunca agotarlo del todo. Siempre queda algo más que descifrar.

Lucas: ¡Precisamente! Y una forma genial de abordar ese enigma es comparar nuestra reacción actual con la que tuvieron los primeros espectadores.

Valeria: ¿Como... viajar en el tiempo? Suena complicado.

Lucas: Para nada. Se trata de investigar el contexto original. ¿Cómo se exhibió? ¿Qué dijo la prensa en ese momento? ¿La criticaron o la alabaron?

Valeria: Claro, eso le da muchas capas de significado. Ayuda a entender cómo se fue construyendo su poder en el imaginario colectivo.

Lucas: Exacto. Es el método que se usa para analizar esos retratos de héroes latinoamericanos que todos vimos en la escuela. Para entender por qué *esa* cara de un prócer triunfó sobre todas las demás.

Valeria: Me encanta la idea. Es como hacer de detective de la historia del arte. ¿Qué te parece si nos metemos de lleno con un ejemplo?

Valeria: ...entonces, esa es la forma tradicional de ver la historia del arte. Pero, Lucas, siento que nos estamos perdiendo una parte enorme de la historia. No todo son óleos en un museo, ¿verdad?

Lucas: Para nada, Valeria. De hecho, ahí es donde todo se pone mucho más interesante. Hoy, los expertos ya no hablan solo de "historia del arte", sino de "cultura visual".

Valeria: ¿Cultura visual? Suena muy amplio. ¿A qué te refieres exactamente?

Lucas: Piensa en esto: ya no importan solo las grandes obras maestras de artistas famosos. Lo que de verdad importa es cómo circulan *todas* las imágenes en una sociedad. Desde un retrato oficial hasta el meme que te mandaron esta mañana.

Valeria: O sea que, ¿la foto de un prócer en un libro escolar es tan importante como el cuadro original del que salió?

Lucas: ¡Exactamente! Y a veces, hasta más importante. Teóricos como Hans Belting o W. J. T. Mitchell nos ayudaron a ver que esas imágenes que se multiplican tienen un poder transformador increíble en la política y la sociedad.

Valeria: ¿Y esto tiene un impacto real en la historia, más allá de lo académico?

Lucas: ¡Totalmente! Un ejemplo clarísimo es el gobierno de Rosas en Argentina. Los retratos de él no solo colgaban en salones... ¡la gente llevaba el color rojo federal en la ropa! La imagen se volvió una declaración política andante.

Valeria: Wow, entonces las imágenes no son solo un reflejo pasivo de la historia... son protagonistas.

Lucas: Exacto. No son testigos, son partícipes necesarios. Una imagen puede ser venerada, como una figura religiosa, o despertar tanto odio que la gente intenta destruirla. Eso se llama iconoclasia.

Valeria: Como cuando alguien rompe la foto de su ex. Suena a un ejemplo muy básico, pero... ¿va por ahí?

Lucas: ¡Es una perfecta mini-iconoclasia! Demuestra que la imagen tiene un poder emocional real sobre nosotros. Puede generar devoción, violencia, miedo... de todo.

Valeria: Entiendo. La imagen deja de ser un objeto y se convierte en una fuerza activa.

Lucas: Justo eso. Como escribió Louis Marin, las palabras y las imágenes se atraviesan y se transforman mutuamente. Nunca son neutrales.

Valeria: Entonces, para recapitular, la cultura visual estudia el arte que se escapa del museo. El que vive en la calle, en nuestras casas, en internet.

Lucas: Sí, es el arte fuera del campo del arte. Los esténciles en los muros, los retratos en las aulas, los tatuajes, los afiches políticos y, por supuesto, los memes. Son los que podríamos llamar "usos salvajes" de las imágenes.

Valeria: Me encanta el término "usos salvajes". Porque describe perfectamente cómo tomamos una imagen y la hacemos nuestra, sin pedir permiso.

Lucas: Exacto. Y esa es la clave. Michel de Certeau hablaba de la creatividad que prolifera en los márgenes. No es una simple "banalización", es una reapropiación. La gente de a pie se convierte en el crítico más exigente a lo largo del tiempo.

Valeria: Fascinante. Se crea un puente entre la "alta cultura" del museo y la "baja cultura" de lo cotidiano.

Lucas: Precisamente. Y ese puente es un lugar lleno de tensiones, creatividad y significado. De hecho, analizar cómo esas imágenes de la "alta cultura" impactan a audiencias masivas nos dice muchísimo sobre una sociedad.

Valeria: Así que esta cultura visual era una herramienta de poder. Pero, ¿cómo se usó en la práctica durante las independencias sudamericanas?

Lucas: ¡Excelente punto! Ahí es donde la iconografía se vuelve protagonista. Las nuevas repúblicas necesitaban, con urgencia, crear sus propios símbolos para romper con la monarquía española.

Valeria: Claro, una ruptura visual total con el antiguo régimen.

Lucas: Exactamente. Pensemos en Perú. La investigadora Natalia Majluf documentó cómo, entre 1820 y 1825, se forjaron los nuevos símbolos nacionales. No fue algo espontáneo, fue un proyecto.

Valeria: Y supongo que no fue un caso aislado, ¿verdad?

Lucas: Para nada. ¡Fue un fenómeno continental! En Argentina, por ejemplo, María Lía Munilla Lacasa estudió las fiestas cívicas como constructoras de identidad. En Colombia, Juan Ricardo Rey Márquez hizo lo mismo con su iconografía nacional.

Valeria: Es como si todo el continente hubiera entrado a un concurso de diseño de marca al mismo tiempo.

Lucas: ¡Es una analogía perfecta! Y a veces, esa “marca” era tan simple como un color.

Valeria: ¿Un color? ¿Cómo puede ser?

Lucas: Pues en Argentina, durante el gobierno de Rosas, el rojo punzó se volvió un símbolo político potentísimo. Carlos Vertanessian lo llama

Valeria: Entonces, es clave cuestionar esas imágenes idealizadas. Me recuerda a la propuesta de la historiadora Griselda Pollock de “leer a contrapelo” el canon, de no solo aceptar la versión oficial.

Lucas: ¡Exactamente! Y no es algo solo del pasado. Un ejemplo increíble fue la polémica del “Zapata gay” en una exposición en México en 2019. La gente se indignó muchísimo.

Valeria: ¿Por qué? ¿Porque no encajaba con la imagen del héroe revolucionario?

Lucas: Justo por eso. Chocaba de frente con el estereotipo idealizado y masculino que se construyó de él. Demuestra la fuerza que tienen estas imágenes en nuestra mente.

Valeria: Y uno pensaría que la invención de la fotografía llegó para terminar con todo eso. O sea, una foto es la verdad y punto, ¿no?

Lucas: Ojalá fuera tan simple. La verdad es que la fotografía llegó tarde para la mayoría de los héroes de la independencia. De los grandes libertadores, solo tenemos un daguerrotipo de José de San Martín, y ya en su vejez.

Valeria: Ah, claro. Y aun así, esa no es la imagen que todos recordamos de él. Pasa lo mismo con otras figuras como Javiera Carrera o Manuelita Rosas. Reconocemos más sus retratos al óleo.

Lucas: Ese es el punto central. Aquí hay una encrucijada fascinante entre pintura y fotografía. Para el uso público, no ha prevalecido la estricta semejanza de la foto.

Valeria: Entonces, ¿qué es lo que prevalece?

Lucas: Prevalece la imagen que se adecúa mejor a las ideas que tenemos sobre esa figura. El retrato al óleo, idealizado, heroico... ese refuerza mejor el mito que una foto más cruda y real.

Valeria: O sea, elegimos la imagen que confirma la historia que ya nos contamos. Suena a que nos gusta nuestro propio marketing.

Lucas: Totalmente. Y esa capacidad de los retratos para sostener comunidades, tanto de devoción como de odio, es un tema que sigue muy vigente. Y de hecho, nos lleva directamente a nuestro próximo tema.

Valeria: ...y esa es una visión general. Pero Lucas, quiero enfocarme en algo específico que mencionaste: el retrato. Parece que en Latinoamérica, los retratos no siempre fueron vistos como los vemos hoy.

Lucas: Exacto. Por mucho tiempo, la historia del arte los miró casi exclusivamente desde un punto de vista iconográfico.

Valeria: ¿Icono... qué? Suena complicado.

Lucas: No lo es. Significa que a nadie le importaba *cómo* estaba pintado el cuadro. Solo importaba *quién* estaba en el cuadro. ¿Era un general? ¿Un presidente? Eso era todo.

Valeria: O sea, ¿más como una foto de anuario que como una obra de arte?

Lucas: ¡Justo así! Hay un ejemplo genial de 1895 en Buenos Aires. Estaban creando el Museo Nacional de Bellas Artes...

Valeria: ¡Qué emoción!

Lucas: Sí, pero en el decreto dijeron que recibirían todos los cuadros de oficinas públicas... excepto, y cito, "la mayor parte de los retratos, si no todos".

Valeria: ¿¡Qué!? ¿Por qué?

Lucas: Porque "naturalmente" no se consideraban arte elevado. Se veían como documentos. Si el retratado era importante, su retrato iba al Museo Histórico, no al de Bellas Artes.

Valeria: Qué fuerte. ¿Y los artistas? ¿Qué pensaban ellos?

Lucas: Para muchos era una obligación tediosa para sobrevivir. Un trabajo para clientes ricos y poderosos, nada más.

Valeria: Me imagino... Entonces, si no les importaba mucho, ¿qué pasaba con la autoría? Con firmar la obra y todo eso.

Lucas: ¡Esa es la parte más fascinante! Como eran vistos como documentos, se copiaban muchísimo. Para otros museos, para oficinas... era el "copiar y pegar" del siglo diecinueve.

Valeria: ¡Claro! Antes de Photoshop.

Lucas: Totalmente. Y esto creó un caos. Era súper común que los copistas firmaran sus copias, ¡y que los artistas originales no firmaran las suyas!

Valeria: No puede ser. Entonces un mismo retrato podría tener varios "autores" a lo largo del tiempo.

Lucas: Exacto. Un verdadero misterio. Así que para resumir: los retratos eran documentos, no arte, y la autoría era... digamos, flexible.

Valeria: Entendido. Y esto me hace pensar... ¿cómo se comparaba este estilo con lo que pasaba en Europa en ese momento? Porque suena un poco... fuera de sintonía.

Lucas: ¡Excelente pregunta! Justamente ese debate sobre su supuesta "asincronía" con la modernidad europea es clave para entender lo que viene después.

Valeria: Y hablando de cómo la tecnología cambia el arte, eso nos lleva directamente a la invención de la fotografía, ¿verdad? No apareció de la nada.

Lucas: Para nada. De hecho, su inventor, Louis Daguerre, era pintor. A principios del siglo XIX, los artistas estaban obsesionados con crear una sensación de realidad casi perfecta. Usaban la cámara oscura, el fisionotrazo... cualquier truco para lograr un parecido exacto.

Valeria: O sea, ¿buscaban una especie de 'filtro de realismo' para sus pinturas?

Lucas: ¡Exacto! Querían que el espectador se sintiera inmerso en la escena. Daguerre creaba dioramas y escenografías teatrales gigantescas para lograr esa ilusión. La fotografía fue el siguiente paso lógico en esa búsqueda.

Valeria: Pero, ¿qué fue lo que realmente impulsó su invención? ¿Solo las ganas de pintar paisajes más realistas?

Lucas: Buena pregunta. El motor principal fue el retrato. Con el ascenso de la burguesía, de repente todo el mundo quería su propio retrato, algo que antes era solo para reyes y nobles.

Valeria: Claro, era un símbolo de estatus. Como decir: "¡Hey, yo también importo!"

Lucas: Precisamente. La demanda era tan grande que se necesitaban métodos más rápidos y mecánicos. El daguerrotipo llegó para democratizar la imagen personal. Hacía posible que cualquiera pudiera tener su reflejo exacto, sin depender de la mano de un artista.

Valeria: Y eso lo cambió todo. De repente, las imágenes tenían un nuevo tipo de poder, un "pacto de credibilidad", como decía Roland Barthes.

Lucas: Totalmente. La gente creía en las fotos de una forma distinta. Por eso los museos históricos empezaron a buscar daguerrotipos para ponerle un rostro "verdadero" a sus héroes. La imagen se convirtió en prueba.

Valeria: Pero ese poder no es solo institucional, ¿cierto? Pienso en imágenes icónicas que desafiaron al poder.

Lucas: Exacto. El mejor ejemplo es el retrato del Che Guevara hecho por Alberto Korda. Se convirtió en un emblema mundial de rebeldía, circulando clandestinamente. Una sola foto con un poder inmenso para inspirar y persistir en la memoria colectiva. Y esa dualidad nos lleva a pensar en cómo las imágenes en movimiento llevaron esto a otro nivel.

Valeria: Y bueno, después de todo ese análisis profundo, es increíble pensar en toda la gente que está detrás de un libro así. Es un trabajo de equipo gigantesco.

Lucas: Totalmente. Y el autor lo deja muy claro. De hecho, los agradecimientos son una parte clave para entender la red de apoyo que hizo posible la investigación.

Valeria: ¿Y a quiénes menciona primero? ¿Por dónde empieza este viaje de agradecimientos?

Lucas: Empieza en Europa, concretamente en la Università degli Studi di Udine, en Italia. Menciona que le invitaron a estadías de investigación súper productivas.

Valeria: ¡Qué genial! Y luego se expande por toda Latinoamérica, ¿cierto?

Lucas: Exacto. Nombra a colegas de México, Ecuador, Chile, Argentina, Uruguay, Brasil... ¡La lista es enorme! Es como un quién es quién del arte latinoamericano.

Valeria: Me imagino las conversaciones tan interesantes. ¿Menciona a alguien en especial con quien haya trabajado de cerca?

Lucas: Sí, destaca a Carolina Vanegas Carrasco. Con ella no solo investigó y curó una exposición en el Museo Nacional de Colombia, sino que también comparte la cátedra de Historia del Arte. Dice que ella leyó y comentó varios capítulos del libro.

Valeria: Eso es clave, tener a alguien que te dé una segunda opinión. Y, ¿qué hay de las instituciones? Los museos, los archivos...

Lucas: Ah, esa es otra red de apoyo fundamental. Agradece a museos y bibliotecas de casi toda la región: Uruguay, Chile, Venezuela, Perú, Bolivia, Argentina... Es un esfuerzo continental.

Valeria: Wow, es que sin el acceso a esos archivos, mucho se perdería. Y después de todo ese recorrido profesional... supongo que llega el agradecimiento más personal, ¿no?

Lucas: Así es. La dedicatoria final es para su familia. Dice, "como siempre, desde hace tantos años, el agradecimiento a los amores de mi vida: Juan, las hijas y los hijos, las nietas y los nietos y el bisnieto".

Valeria: Qué bonito cierre. Demuestra que detrás del gran investigador, siempre hay un pilar afectivo fundamental. Esto nos lleva a pensar en el lado más humano de la historia...

Valeria: Y conectando con lo que decíamos sobre la representación, llegamos a nuestro último gran tema de hoy: la increíble historia del retrato y el poder.

Lucas: Un tema fascinante, Valeria. Porque un retrato es mucho más que una cara bonita. Es una declaración de intenciones.

Valeria: ¿A qué te refieres? ¿Cómo puede una pintura ser tan poderosa?

Lucas: Piénsalo de esta forma. El teórico Louis Marin decía que el retrato del rey no solo lo representaba... en cierto modo, *era* el rey. Su presencia simbólica estaba ahí, en el lienzo.

Valeria: Vaya... o sea que colgar el cuadro era como tener al mismísimo rey vigilando en la sala. ¡Qué presión!

Lucas: Exacto. Su imagen garantizaba la autoridad y la permanencia del poder, incluso a miles de kilómetros. Era una herramienta política de primer nivel.

Valeria: Y me imagino que esto cambió radicalmente con las independencias.

Lucas: Justo ahí está la clave. Cuando el rey desaparece, hay un vacío de poder... y de imagen. Las nuevas naciones necesitaban sus propios símbolos.

Valeria: Claro, necesitaban nuevos rostros para la nueva identidad.

Lucas: Precisamente. Así nace lo que algunos historiadores llaman la "fábrica de héroes". Los retratos de los líderes de la independencia ayudaron a crear esas "comunidades imaginadas" de las que habla Benedict Anderson.

Valeria: El retrato pasó de ser el rey a ser el héroe fundador de la patria.

Lucas: ¡Exacto! Se convirtió en el rostro de la nueva nación.

Valeria: Qué increíble. Entonces, para resumir, ya sea un monarca absoluto o un héroe de la independencia, el retrato ha funcionado como un dispositivo para construir y visualizar el poder a lo largo de la historia.

Lucas: Ese es el gran takeaway. La imagen nunca es neutral, y mucho menos cuando se trata de poder.

Valeria: Muchísimas gracias, Lucas, por otro episodio lleno de ideas. Y a todos los que nos escuchan, gracias por acompañarnos en Studyfi Podcast. ¡Nos oímos en la próxima!