Podcast sobre Psicología Clínica y de la Salud
Psicología Clínica y de la Salud: Guía Completa para Estudiantes
Podcast
Psicología clínica y de la salud
Délka: 23 minut
Kapitoly
El reto de seguir el tratamiento
La adherencia terapéutica
¿Y por qué importa tanto?
Más allá de las pastillas
Obstáculos en el Camino
El Sistema y la Enfermedad
Estrategias para el Éxito
Anorexia Nerviosa: El Miedo a Ganar Peso
Bulimia y Trastorno por Atracón
¿Cómo Darse Cuenta?
Errores del Pensamiento
El Espejo Distorsionado
El Camino a la Recuperación
¿Qué es la intervención en crisis?
Primeros Auxilios Psicológicos
Observar, Escuchar y Conectar
El primer contacto
La evaluación inicial
Escuchar de verdad
El misterio del llanto
El llanto como liberación
Juego, curiosidad y aprendizaje
Ética vs. Deontología
Confidencialidad: La Regla de Oro
Cuando el Secreto No Se Puede Guardar
Los Tres Grupos de Trastornos
Resumen y Despedida
Přepis
Paula: Hugo, piensa en la última vez que te recetaron un tratamiento, digamos, unos antibióticos por siete días. ¿Cumpliste a rajatabla hasta el último día?
Hugo: ¡Qué buena pregunta! Siendo sincero, es fácil que al quinto día, cuando ya te sientes mejor, se te olvide alguna toma. Le pasa a muchísima gente.
Paula: ¡A eso quería llegar! Ese simple acto de seguir o no seguir las indicaciones del médico es un campo de estudio enorme en psicología. Y es la clave de lo que vamos a hablar hoy.
Hugo: Exactamente. Bienvenidos a Studyfi Podcast. Hoy nos metemos de lleno en la psicología clínica y de la salud.
Paula: Entonces, este concepto de cumplir con el tratamiento tiene un nombre técnico, ¿no?
Hugo: Sí, se llama “adherencia terapéutica”. Y los datos son bastante impactantes. Mira, en países desarrollados, la tasa de adherencia en enfermedades crónicas es de solo el cincuenta por ciento. ¡La mitad de los pacientes!
Paula: ¿La mitad? ¡Eso es muchísimo! O sea, uno de cada dos pacientes no sigue su tratamiento como debería.
Hugo: Y en países en vías de desarrollo, la cifra es aún más baja. Por ejemplo, en enfermedades como la diabetes o la hipertensión, las tasas de cumplimiento pueden ser alarmantemente bajas.
Paula: Pero, ¿qué tan grave es que alguien se salte unas pastillas? Si ya se siente mejor...
Hugo: Es más grave de lo que parece. La Organización Mundial de la Salud lo considera un problema prioritario de salud pública por tres razones clave.
Paula: A ver, cuéntame.
Hugo: Primero, provoca el fracaso terapéutico. O sea, el tratamiento no funciona. Segundo, aumenta las tasas de hospitalización. Y tercero, dispara los costes sanitarios para todos.
Paula: Claro, tiene todo el sentido. No es solo un problema individual, afecta a todo el sistema.
Hugo: Correcto. Por eso el psicólogo de la salud es fundamental. No se trata solo de recetar algo, sino de entender por qué una persona no sigue el tratamiento y ayudarla a crear hábitos.
Paula: Y supongo que la adherencia no se aplica solo a tomar medicamentos.
Hugo: ¡Para nada! En psicología, la adherencia es clave. Se refiere a una relación de colaboración entre el paciente y el profesional. Pensemos en los trastornos de la conducta alimentaria, por ejemplo.
Paula: Ahí el “tratamiento” es seguir una terapia, cambiar patrones de pensamiento, cumplir con pautas de alimentación...
Hugo: Exacto. La adherencia es el compromiso del paciente con todo ese proceso. Y es igual de importante en la gestión de desastres, donde los psicólogos ayudan a las personas a seguir pautas para recuperarse tras un evento traumático.
Paula: Wow, es un campo mucho más amplio de lo que imaginaba. Entender el comportamiento humano es clave para que la medicina y la terapia realmente funcionen.
Hugo: Diste en el clavo. De eso se trata la psicología de la salud. Y ahora, vamos a ver cómo se aplica esto en las diferentes etapas de la vida.
Paula: Entendido. Así que la adherencia no es solo un acto de obediencia de "tómese la pastilla". Es más bien un acuerdo, un trabajo en equipo.
Hugo: Exactamente, Paula. Y como en todo equipo, hay factores que pueden hacer que el plan falle. La OMS los agrupa en cinco dimensiones clave.
Paula: ¡Cinco! Suena a que son bastantes. A ver, empecemos por lo obvio: el propio tratamiento.
Hugo: Claro. Imagina un régimen súper complejo, con diez pastillas a diferentes horas. ¡Es una receta para el desastre! O si el tratamiento dura años, o tiene efectos adversos que te hacen sentir fatal...
Paula: Normal que la gente lo abandone. Y luego está el propio paciente. Supongo que nuestras creencias o incluso el dinero que tenemos influyen.
Hugo: Totalmente. La falta de recursos, las creencias personales, la confianza en el médico... ¡ese es un punto gigante! Si no confías en el profesional, es como intentar seguir un tutorial de YouTube que está en un idioma que no entiendes.
Paula: Terminas haciendo cualquier cosa. Ok, entonces ya tenemos factores del tratamiento y del paciente. ¿Cuáles son los otros?
Hugo: Pues, la propia enfermedad. Si los síntomas no son muy graves, es fácil que pienses "meh, no es para tanto" y dejes de cuidarte.
Paula: Y por otro lado, está el sistema de salud. A veces parece que no ayuda mucho.
Hugo: Es un factor clave, sí. Centros de salud con pocos recursos, médicos sobrecargados de trabajo que te atienden en cinco minutos... Así es imposible generar una buena relación y educar al paciente.
Paula: Vale, ya vimos los problemas. ¡Ahora hablemos de soluciones! ¿Cómo mejoramos esto?
Hugo: No hay una sola varita mágica. Se usan varias estrategias. Lo principal son las intervenciones educativas: que el paciente entienda su enfermedad y su tratamiento.
Paula: Tiene sentido. Saber el porqué de las cosas.
Hugo: Exacto. También es crucial el apoyo familiar y social. ¡Que tu familia se una al cambio! Y funcionan muy bien las terapias de grupo y las técnicas para reforzar la conducta, como el autocontrol.
Paula: O sea, se trata de crear toda una red de apoyo alrededor del paciente. No dejarlo solo con su receta.
Hugo: Esa es la clave. Un trabajo interdisciplinario. Y hablando de cómo diferentes profesionales colaboran para lograr esto...
Paula: Exacto. Y ahora que entendemos qué son los TCA en general, me gustaría que nos explicaras cuáles son los tipos principales. Supongo que no hay uno solo, ¿verdad?
Hugo: Para nada. Aunque hay varios, el manual que usamos los psicólogos, el DSM-5, destaca tres principales. Pensemos en ellos como los “tres grandes”: Anorexia nerviosa, Bulimia nerviosa y el Trastorno por atracón.
Paula: Empecemos por la anorexia, que es quizás la más conocida. ¿Qué la define exactamente?
Hugo: La anorexia nerviosa se basa en tres pilares. Primero, una restricción muy fuerte de la comida que lleva a un peso corporal peligrosamente bajo. Segundo, un miedo súper intenso a engordar. Y tercero, una distorsión de la imagen corporal... se ven gordos aunque no lo estén.
Paula: ¿Cómo se vería eso en una persona real?
Hugo: Imagina a Lucía, una chica de 18 años. Evita comidas familiares, se pesa varias veces al día y, a pesar de estar muy delgada, está convencida de que le sobran kilos. Su autoevaluación depende completamente de ese número en la balanza.
Paula: Entiendo. Y he oído que hay subtipos, ¿no?
Hugo: Sí, básicamente dos. El tipo restrictivo, donde la persona solo hace dieta, ayuna o hace ejercicio extremo. Y el tipo con atracones y purgas, donde además de restringir, a veces tienen episodios de atracones y luego lo compensan, por ejemplo, vomitando.
Paula: Ok, eso último suena a la bulimia. ¿Cuál es la diferencia entonces?
Hugo: ¡Buena pregunta! La clave en la bulimia nerviosa es el ciclo. Primero viene un atracón, que es comer una cantidad de comida exagerada en muy poco tiempo, sintiendo una total falta de control.
Paula: Y después viene la culpa, supongo.
Hugo: Exacto. Y para “compensar” ese atracón y no ganar peso, recurren a conductas como inducirse el vómito, usar laxantes o hacer horas de ejercicio. Es un ciclo que se repite al menos una vez por semana.
Paula: ¿Y el trastorno por atracón?
Hugo: Es muy parecido al primer paso de la bulimia. Hay atracones recurrentes, esa misma sensación de pérdida de control y mucha culpa después. Pero... y esta es la gran diferencia... no hay conductas compensatorias. No intentan “deshacer” el atracón.
Paula: Suena complicado de detectar desde fuera. ¿Hay señales de alerta que amigos o familiares puedan notar?
Hugo: Sí, y son importantes. El aislamiento social es una señal clave. De repente, ya no quieren comer con nadie. También una preocupación obsesiva por la comida, las calorías y el cuerpo.
Paula: ¿Algo más?
Hugo: Mucho ejercicio, rituales extraños con la comida, irritabilidad... Y por dentro, la persona suele tener una autoestima muy baja, ser muy perfeccionista y sentir un miedo terrible al futuro o a las responsabilidades.
Paula: Wow, es mucho más que solo la comida. Es toda una batalla interna.
Hugo: Totalmente. La comida es solo el síntoma de algo mucho más profundo. Y entender eso es el primer paso para poder ayudar, que es justo de lo que hablaremos ahora: los factores que influyen en su desarrollo.
Paula: Exacto. Entonces, no es solo la comida, es la mente. Y ahí es donde entran las 'distorsiones cognitivas', ¿verdad Hugo?
Hugo: Totalmente, Paula. Son como trampas del pensamiento que nos juegan una mala pasada. Fairburn y Cooper describieron varias que son clave en los trastornos alimentarios.
Paula: ¿Trampas? Suena interesante. Dame un ejemplo para que lo entendamos bien.
Hugo: Claro. Piensa en la 'abstracción selectiva'. Te enfocas en un detalle negativo, como 'he engordado un kilo', e ignoras todo lo demás. Tu mente lo magnifica hasta el extremo.
Paula: Ah, y de ahí sale el pensamiento de 'nunca más podré ponerme unos shorts'. Es un salto lógico... bastante grande.
Hugo: Exacto. O el 'pensamiento dicotómico': todo o nada. 'Si subí un kilo, subiré cincuenta'. No hay grises, solo blanco o negro, lo cual es muy poco realista.
Paula: Y supongo que esto se aplica muchísimo a la imagen corporal, a cómo nos vemos en el espejo.
Hugo: Precisamente. Cash y Grant hablaron de distorsiones específicas. Por ejemplo, 'la lupa', que es poner una atención excesiva en defectos que solo nosotros percibimos.
Paula: O 'leer la mente'... Creer que si tú piensas que te ves mal, todos los demás también lo están pensando. ¡Qué agotador!
Hugo: Totalmente. Y es un círculo vicioso. Ahí entra la terapia, como la Terapia Cognitivo-Conductual o TCC, que busca identificar y cambiar esos pensamientos erróneos.
Paula: Entonces, el rol del psicólogo es fundamental para desmontar estas trampas mentales.
Hugo: Es una pieza clave. Ayudamos a fomentar la autoaceptación, a manejar emociones como la culpa y, sobre todo, a coordinar con otros profesionales, como médicos y nutricionistas.
Paula: Entendido. Así que el primer paso es reconocer que nuestros pensamientos no siempre son la realidad... y que hay ayuda disponible.
Hugo: Ese es el mensaje más importante. Reconocer la distorsión es el inicio del cambio.
Paula: Me parece un punto crucial. Ahora, además de la terapia, ¿qué papel juega el entorno social y familiar en todo esto? Vamos a profundizar en eso.
Paula: Eso tiene sentido para el estrés del día a día. Pero Hugo, ¿qué pasa cuando la crisis no es personal, sino que afecta a toda una comunidad? Pienso en desastres naturales o accidentes graves.
Hugo: Es una pregunta clave, Paula. Y nos lleva directamente a la intervención en crisis y desastres. No se trata de terapia profunda en medio del caos, sino de algo mucho más inmediato.
Paula: Suena... intenso. ¿Cuál es el objetivo principal de esa intervención?
Hugo: Es más simple de lo que parece. Buscamos disminuir los efectos negativos y, sobre todo, psicoeducar. Queremos que la gente sepa cómo responder con más seguridad y confianza ante el peligro.
Paula: ¿Y esto es solo para las víctimas directas?
Hugo: Para nada. Y esto es muy importante. La intervención debe aplicarse a todos: los afectados, sus familiares y hasta los equipos de emergencia que están trabajando en el lugar.
Paula: De acuerdo, entiendo. Entonces, ¿cómo se ve eso en la práctica? ¿Qué es lo primero que se hace?
Hugo: Lo primero son los Primeros Auxilios Psicológicos, o PAPS. Piensa en ellos como un botiquín de primeros auxilios, pero para las emociones. No vas a hacer una cirugía, pero sí vas a limpiar la herida y poner una venda.
Paula: Me gusta esa analogía. Un botiquín emocional. Así que no se necesita ser un terapeuta experto para aplicarlos.
Hugo: ¡Exacto! Se trata de dar una respuesta humana de apoyo. Es reconfortar a alguien que está sufriendo, de forma práctica y sin ser invasivo. El objetivo es estabilizar, no resolver toda su vida en ese momento.
Paula: ¿Y qué hay en ese "botiquín"? ¿Cuáles son las herramientas?
Hugo: Se basa en tres acciones muy sencillas: Observar, Escuchar y Conectar. Es un modelo fácil de recordar.
Paula: A ver, desglósalo para nosotros.
Hugo: Claro. Primero, **Observar**: miras a tu alrededor. ¿Hay peligros? ¿Qué necesidades inmediatas tiene la persona? ¿Agua, un lugar seguro? Después, **Escuchar**: te acercas, pero sin forzar a nadie a hablar. Si quieren contarte algo, escuchas con atención y respeto. Sin juicios.
Paula: ¿Y la última? Conectar.
Hugo: Exacto. **Conectar**: ayudas a la persona a contactar a sus redes de apoyo, como su familia o amigos, y le das información sobre los servicios de ayuda disponibles. No le das falsas promesas, solo apoyo real.
Paula: Entendido. Observar, escuchar y conectar. Es algo que, en realidad, cualquiera podría aprender a hacer. Y es increíblemente útil.
Hugo: Totalmente. Es una habilidad fundamental. Y hablando de habilidades, después de esta primera respuesta, es crucial entender las reacciones que pueden aparecer a largo plazo...
Paula: Bien, y justo hablando de aplicar la teoría... ¿qué pasa cuando alguien está en una crisis *ahora mismo*? Hablemos de la intervención clínica.
Hugo: Exacto. No es como en las películas donde solo gritas "¡Cálmate!" y funciona. El primer paso es el contacto, y mucho es no verbal.
Paula: ¿A qué te refieres con no verbal? ¿Sentarse, no quedarse de pie sobre la persona?
Hugo: Justo eso. Siéntate al mismo nivel, mantén contacto visual, muestra que estás ahí sin juzgar. Tu lenguaje corporal debe decir "estás a salvo". Es crear un distanciamiento psicológico del caos que acaban de vivir, un pequeño espacio seguro.
Paula: Okay, tiene sentido. Y una vez que estableces esa conexión, ¿qué preguntas?
Hugo: Te presentas y haces preguntas para ordenar sus pensamientos. Algo como: "Soy Hugo. ¿Qué ha sucedido? ¿Dónde estabas? ¿Qué hiciste después?". La idea es ayudarles a construir una narrativa coherente de un evento caótico.
Paula: Es como ayudarles a encontrar el principio del hilo. Y mientras hablan, ¿qué estás evaluando tú?
Hugo: Varias cosas clave. Primero, su estado de conciencia. ¿Saben dónde están, qué día es, quiénes son? Preguntas simples como "¿Sabes en qué lugar estamos?" son cruciales.
Paula: Para ver si están orientados. ¿Qué más?
Hugo: Observas su estado emocional. Les preguntas directamente: "¿Cómo te sientes ahora?". Buscamos la emoción predominante: miedo, ira, confusión... Y también la intensidad, en una escala del uno al diez.
Paula: Entiendo. No es solo saber que están tristes, sino *cuán* tristes están.
Hugo: Exacto. Y también identificamos sus recursos. ¿Tienen a quién llamar? ¿Cuáles son sus fortalezas? Buscamos anclas en medio de la tormenta. Es un mapa rápido de su estado actual.
Paula: Un mapa para saber por dónde empezar a ayudar. Increíblemente útil. Ahora, después de esta primera ayuda, a veces se necesitan cuidados a más largo plazo, ¿verdad?
Paula: Y esa idea de la comunicación nos lleva directamente a los más pequeños... los que aún no usan palabras. Hugo, ¿cómo se supone que debemos entender a un bebé?
Hugo: ¡Qué buena pregunta, Paula! Y es más simple de lo que parece. Se trata de escuchar de verdad.
Paula: ¿Escuchar? Pero si solo hacen ruiditos y lloran.
Hugo: Exacto. Y en esos sonidos está todo el mensaje. Cuando escuchamos de verdad a un bebé, le estamos diciendo: "Te respeto. Te acepto tal como eres".
Paula: O sea, cubrimos sus necesidades emocionales, no solo las físicas.
Hugo: Precisamente. Y aquí viene lo importante: eso llena su "espacio para el amor". Un bebé que se siente escuchado y aceptado crece con confianza, sintiendo que tiene un lugar en el mundo.
Paula: Suena hermoso. Pero seamos honestos, la mayoría de las veces, el llanto de un bebé es... estresante. ¿Por qué nos confunde tanto?
Hugo: Porque es fácil caer en una postura mecanicista. Pensar que el llanto siempre significa lo mismo y que hay que calmarlo y ya. Pero las razones son distintas: puede ser hambre, dolor, una queja...
Paula: Y supongo que nuestras propias inseguridades influyen, ¿no?
Hugo: Totalmente. Filtramos su llanto a través de nuestras proyecciones. La clave es desarrollar la capacidad de intuir qué sienten, de reconocer los matices en su llanto.
Paula: Entonces, ¿el objetivo no es detener el llanto a toda costa?
Hugo: Para nada. De hecho, a veces el llanto es un proceso de recuperación. Es su forma de liberar tensión. Como adultos, aprendemos a reprimirlo, a verlo como un signo de debilidad.
Paula: Claro... "los niños grandes no lloran".
Hugo: Exacto. Pero para un bebé, llorar puede curar. Si nos acercamos con cariño, hacemos contacto visual y simplemente escuchamos sin juzgar, les permitimos procesar su dolor. Se vuelven más fuertes y seguros, no más débiles.
Paula: Entonces, si el llanto es una forma de expresión, ¿qué hay de las otras?
Hugo: Ahí entra el juego espontáneo. Cuando un niño juega, se libera de las reglas del mundo real. Él pone las normas. Es su forma de tomar decisiones y desarrollar autonomía.
Paula: Impulsado desde su propia curiosidad.
Hugo: ¡Esa es la clave! Las conexiones neuronales que se forman al aprender algo por interés propio son increíblemente fuertes y difíciles de perder. Así es como entienden el mundo de forma profunda.
Paula: Fascinante. Entender el llanto y respetar el juego... dos pilares de la atención infantil. Y creo que esto se conecta directamente con los patrones de sueño, que sé que es otro gran tema para los padres.
Paula: ...y esa responsabilidad es enorme. Me hace pensar, ¿qué evita que un psicólogo use mal toda esa información? ¿Hay... reglas?
Hugo: ¡Excelente pregunta, Paula! Y sí, claro que las hay. No es el salvaje oeste. A eso le llamamos ética profesional. Son las normas que guían nuestro comportamiento.
Paula: Entiendo. Entonces, ¿ética es como un manual de instrucciones para no meter la pata?
Hugo: Es una buena forma de verlo. Pero hay un matiz importante. Solemos hablar de ética y de deontología. Son dos caras de la misma moneda.
Paula: Suena complicado.
Hugo: Para nada. Piensa así: la ética son los grandes valores, los principios. Por ejemplo, buscar siempre el bienestar del paciente. La deontología son las reglas concretas, las obligaciones legales. Como no revelar lo que te cuentan en sesión.
Paula: Ah, okey. Ética es el “porqué” y deontología es el “qué”.
Hugo: ¡Exacto! Lo has pillado. La ética es la brújula y la deontología es el mapa de carreteras.
Paula: Y una de las reglas más famosas es la confidencialidad, ¿verdad? Lo que se dice en terapia, se queda en terapia. ¿Como en Las Vegas?
Hugo: ¡Justo! Es el principio de confidencialidad, y es sagrado. Protege la información del paciente. Pero... tiene límites.
Paula: ¿Límites? ¿Cómo cuáles?
Hugo: Imagina este caso real. Una psicóloga de un colegio recibe la orden de la dirección de entregar los informes de todos los estudiantes con “problemas emocionales”.
Paula: Uf, qué presión. ¿Qué debería hacer?
Hugo: Aquí es donde la ética la protege. Su deber de confidencialidad es más fuerte que la orden de su jefe. La respuesta correcta es negarse, explicando que el código de ética se lo prohíbe.
Paula: Eso tiene mucho sentido. Protege al estudiante. Pero, ¿hay casos donde SÍ deba romper ese secreto?
Hugo: Sí, y son situaciones muy serias. Por ejemplo, si un paciente menor de edad, digamos de 17 años, revela que está sufriendo un abuso grave en casa.
Paula: Oh, vaya.
Hugo: En ese caso, el “riesgo de daño grave” es más importante que la confidencialidad. El psicólogo tiene la obligación de denunciar para proteger a la menor.
Paula: Entiendo. Así que la ética no es solo un conjunto de reglas frías, sino una herramienta para tomar decisiones difíciles, siempre pensando en el bienestar y la seguridad de las personas.
Hugo: Esa es la clave. Es una guía para actuar siempre de forma correcta y responsable.
Paula: Fascinante. Y hablando de actuar de forma correcta... esa responsabilidad se aplica a los problemas específicos que tratan, ¿no? Como los trastornos afectivos, por ejemplo.
Paula: Y con eso, llegamos a nuestro último tema, Hugo. Hablemos de los trastornos de la personalidad. Suena bastante serio, la verdad.
Hugo: Lo es, pero es crucial entenderlo. Básicamente, es un patrón de pensamiento y comportamiento poco saludable que se mantiene en el tiempo. Afecta cómo una persona percibe y se relaciona con todo.
Paula: ¿Y cómo se clasifican? Porque he oído que hay muchos tipos diferentes.
Hugo: Exacto. Para simplificar, el DSM-5 los agrupa en tres "clústeres". El Grupo A son los que se consideran excéntricos o raros.
Paula: ¿Excéntricos? ¿Cómo se ve eso en la práctica?
Hugo: Piensa en desconfianza extrema y distancia social. Aquí están el trastorno paranoide, donde la persona cree que todos quieren hacerle daño, o el esquizoide, que prefiere la soledad y muestra muy pocas emociones.
Paula: Ya veo. ¿Cuál es el segundo grupo?
Hugo: Ese es el Grupo B, los dramáticos o emocionales. Aquí el rasgo predominante es la impulsividad y la inestabilidad emocional. Digamos que las cosas pueden ser... intensas.
Paula: Suena a que sí. ¿Nos das algún ejemplo?
Hugo: Claro. Tenemos el trastorno histriónico, donde la persona busca atención constantemente. Y el conocido trastorno narcisista, con esa creencia de que son especiales y más importantes que los demás.
Paula: Entendido. ¿Y el último grupo, el C?
Hugo: El Grupo C agrupa a los ansiosos o temerosos. El rasgo principal es la inseguridad. Incluye el trastorno por evitación, con un miedo terrible a la crítica, o el dependiente, con una necesidad excesiva de que le cuiden.
Paula: Y aquí también está el obsesivo-compulsivo, ¿cierto? ¿Es lo mismo que el TOC?
Hugo: ¡Excelente pregunta! No, no lo son. El trastorno de la personalidad obsesivo-compulsiva es una rigidez extrema con el orden y las normas. El TOC, en cambio, es un trastorno de ansiedad. Es una confusión muy común.
Paula: Para cerrar, Hugo, ¿cuál es el mensaje final sobre esto?
Hugo: La clave es que estos no son episodios, sino patrones estables que suelen empezar en la adolescencia y causan problemas reales en la vida diaria, ya sea en el trabajo, la escuela o en las relaciones.
Paula: Un tema complejo pero necesario. Muchísimas gracias, Hugo, por toda la claridad que nos has dado hoy y en todos los episodios.
Hugo: Ha sido un placer, Paula. Espero que a nuestros oyentes les sirva para sus estudios.
Paula: ¡Seguro que sí! Y a todos ustedes que nos escuchan, gracias por acompañarnos en Studyfi Podcast. ¡Mucha suerte en sus exámenes y hasta la próxima!
Hugo: ¡Adiós a todos!