Podcast sobre Psicoanálisis: Conceptos, Teorías y Clínica

Psicoanálisis: Conceptos, Teorías y Clínica para Estudiantes

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Perversión Psicoanalítica: De Krafft-Ebing a Freud0:00 / 24:14
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DiegoHay un concepto en psicoanálisis que el 80% de los estudiantes entiende mal, y les cuesta puntos clave en el examen. Hoy vamos a desvelar qué es la perversión para que nunca más te equivoques.
MartaExacto. Y la clave está en olvidar la idea de que es simplemente un acto sexual "raro". Es mucho más profundo que eso.
Capítulos

Perversión Psicoanalítica: De Krafft-Ebing a Freud

Délka: 24 minut

Kapitoly

El error más común

La neurosis como negativo

El fetiche y la desmentida

El Negativo de la Neurosis

El Niño y los Golpes

La Castración en Juego

El Yo Dividido

Objeto y Meta Sexual

Superando Barreras Internas

Sadismo y Masoquismo

La Clínica de los Bordes

El Fracaso del Fantasma

Un Reflejo de Nuestra Época

El mercado como brújula

La protesta silenciosa de la anorexia

Bulimia, el otro extremo

La promesa del objeto-droga

Una función para cada sujeto

Pánico vs. Angustia

El Origen de la Crisis

El Significado Oculto

El juicio del otro

El ejemplo del perro

La Lesión Real

El Cuerpo que no Habla

Sobreadaptados y Estresados

¿Qué Puede Hacer el Analista?

¿Tristeza o Depresión?

Detrás del Diagnóstico

Angustia, Deseo y Cierre

Přepis

Diego: Hay un concepto en psicoanálisis que el 80% de los estudiantes entiende mal, y les cuesta puntos clave en el examen. Hoy vamos a desvelar qué es la perversión para que nunca más te equivoques.

Marta: Exacto. Y la clave está en olvidar la idea de que es simplemente un acto sexual "raro". Es mucho más profundo que eso.

Diego: Estás escuchando Studyfi Podcast. Entonces, Marta, ¿por dónde empezamos a desentrañar esto?

Marta: Viajemos al siglo XIX, con el psiquiatra Richard von Krafft-Ebing. Él básicamente creó un catálogo gigante de todas las prácticas sexuales que no tenían como único fin la reproducción.

Diego: Me imagino que esa lista era... bastante larga.

Marta: ¡Interminable! Para él, todo lo que se desviaba de esa norma victoriana era una patología. Pero entonces llegó Freud y, como siempre, lo puso todo patas arriba.

Diego: ¿Y qué fue lo que hizo Freud que lo cambió todo?

Marta: En 1905, en sus "Tres ensayos de teoría sexual", propuso algo radical. Dijo que la sexualidad humana es de por sí "perversa y polimorfa". O sea, que no tiene un fin reproductivo natural desde el inicio.

Diego: Le dio la vuelta por completo a la idea de Krafft-Ebing.

Marta: ¡Totalmente! Y aquí viene la frase de examen que tienes que recordar: "la neurosis es el negativo de la perversión".

Diego: ¿El negativo? ¿Te refieres a como en una fotografía?

Marta: Justo esa es la metáfora. Lo que en el neurótico está oculto, reprimido, y causa un síntoma doloroso —el negativo fotográfico—, en el perverso se actúa y se goza abiertamente. Es la foto revelada.

Diego: ¡Qué buena analogía! ¿Y cómo funciona ese mecanismo para "revelar" la foto?

Marta: Más adelante, Freud lo explica con el mecanismo de la desmentida, o *Verleugnung*. El sujeto sabe perfectamente que la madre está castrada, pero actúa como si no lo estuviera.

Diego: Una contradicción andante, básicamente.

Marta: Exacto. Y para sostener esa creencia, crea un fetiche. Un objeto, como un zapato o una prenda, que sustituye al falo que la madre nunca tuvo. Ese fetiche le permite negar la castración y garantizar su goce.

Diego: Entendido. Entonces, no es solo un acto, es toda una estructura psíquica.

Marta: Esa es la clave. Una estructura que se sostiene en la desmentida y el fetiche. Si entiendes eso, ya estás por delante de la mayoría.

Diego: ...y así es como el complejo de Edipo se convierte en el núcleo de casi todo para Freud. Pero, ¿qué pasa cuando esos deseos no se reprimen... del todo?

Marta: Gran pregunta, Diego. Ahí es donde Freud introduce su teoría de la perversión, que es un concepto que a menudo se malinterpreta.

Diego: ¿A qué te refieres con que se malinterpreta?

Marta: Bueno, para Freud, la neurosis es el "negativo" de la perversión. Piénsalo así: el neurótico reprime sus deseos y los convierte en síntomas... mientras que el perverso los actúa.

Diego: O sea que el neurótico fantasea lo que el perverso hace. ¿Suena un poco a una película de suspenso, no?

Marta: Un poco, sí. La diferencia clave es el mecanismo de la represión. En la neurosis, la defensa funciona y mantiene esos impulsos a raya, en el inconsciente.

Diego: ¿Y tienes algún ejemplo para que quede más claro?

Marta: ¡Claro! Freud analizó una fantasía muy común que llamó "Pegan a un niño". Descubrió que tenía varias fases y un significado profundo, especialmente en sus pacientes mujeres.

Diego: A ver, cuéntame más...

Marta: En resumen, la fantasía evoluciona. Primero, es un deseo de ser la única amada por el padre. Luego, por la culpa del Edipo, se transforma en una fantasía masoquista inconsciente: "mi padre me pega a mí".

Diego: Wow, qué giro tan oscuro. ¿Y por qué generaría placer?

Marta: Porque el castigo se carga de erotismo. Es una forma de procesar el amor y la culpa. Aquí está la clave: la perversión sería una cicatriz de cómo se resolvió —o no se resolvió— el Edipo.

Diego: Entonces, la diferencia estructural es cómo cada uno se enfrenta a la idea de la castración.

Marta: Exacto. El neurótico reprime, pero el perverso la niega por completo. Se ofrece como un instrumento para el goce del Otro, para tapar esa falta que no puede soportar.

Diego: Entendido. Es un mecanismo de negación muy potente. Ahora, esto nos lleva a pensar qué ocurre cuando las defensas psíquicas son aún más frágiles...

Diego: Entonces, el yo está constantemente negociando, ¿no? Pero ¿qué pasa cuando la pulsión y la realidad chocan de frente y no hay un acuerdo fácil?

Marta: ¡Exacto! Ahí es donde Freud describe algo fascinante: la escisión del yo. No es que elija un camino, sino que intenta tomar los dos a la vez.

Diego: Suena a que va a explotar. ¿Cómo funciona eso?

Marta: Casi. Por un lado, una parte del yo rechaza la realidad para poder seguir con la satisfacción. Digamos, "no hay peligro".

Diego: Y la otra parte… ¿está aterrada?

Marta: Precisamente. La otra parte reconoce el peligro, siente la angustia y busca cómo defenderse. Es una grieta que, según Freud, se hace más grande con el tiempo.

Diego: Ok, entiendo. Y moviéndonos a otro de sus trabajos clave, "Tres ensayos de una teoría sexual"... Suenan intensos.

Marta: Lo son, pero definen conceptos básicos que son la clave para aprobar. Por ejemplo, Freud distingue entre "objeto sexual", que es la persona que nos atrae, y "meta sexual", que es la acción a la que tiende la pulsión.

Diego: Objeto y meta. Simple. Pero sé que él habló de cosas que hoy suenan... complicadas, como la "inversión".

Marta: Sí, y es crucial entender el contexto. Inicialmente, se veía como un signo innato de "degeneración nerviosa". Una idea muy de su época.

Diego: Uf, "degeneración" es una palabra fuerte.

Marta: Totalmente. De hecho, el propio Freud fue más cauto. Sugería usar ese término solo cuando varias desviaciones graves realmente afectaban la capacidad de vivir de la persona.

Diego: Entendido. Así que estamos viendo las bases de su pensamiento, aunque hoy las interpretemos de otra forma. Ahora, hablemos de cómo estas ideas influyeron en...

Diego: Ok, entiendo cómo se desvía el objeto. Pero, ¿qué pasa cuando la meta sexual misma cambia? ¿Cuando se superan barreras como... el asco o la vergüenza?

Marta: ¡Exacto! Ahí entramos en otro terreno. Pensemos en el voyeurismo, la práctica de mirar. Aquí, la pulsión de ver es tan fuerte que logra suprimir la vergüenza.

Diego: Y esto nos lleva a un punto clave, ¿verdad? La idea de una meta sexual con doble cara: activa y pasiva.

Marta: Precisamente. Y eso se ve clarísimo en el sadismo y el masoquismo. El psiquiatra Krafft-Ebing fue quien les dio esos nombres.

Diego: Defínelos para nosotros, Marta.

Marta: Claro. El sadismo es la inclinación a infligir dolor al otro para obtener placer sexual. Es como si un componente agresivo, que puede ser normal, se exagerara y se volviera el acto principal.

Diego: O sea, no es solo ser un poco... ¿dominante?

Marta: No, no. Hablamos de cuando someter o maltratar al otro es la *única* condición para la satisfacción. Ahí es cuando se considera perversión.

Diego: Entendido. ¿Y el masoquismo?

Marta: Es la otra cara de la moneda. Es la necesidad de sufrir dolor, ya sea físico o anímico, para sentir placer. A menudo se piensa que es el sadismo vuelto hacia uno mismo.

Diego: Como si esa agresión se redirigiera hacia adentro.

Marta: Exacto. Lo más sorprendente aquí es que un sádico casi siempre es también masoquista. Una de las dos tendencias suele dominar, pero ambas están ahí.

Diego: Eso es bastante complejo. Entonces, ¿dónde se traza la línea entre una simple preferencia y algo que se considera una perversión?

Marta: Esa es la pregunta del millón, Diego. Y nos lleva directamente a nuestro siguiente punto: la delgada línea entre la normalidad y lo que la psicología llama 'patológico'.

Diego: ...y es que esas categorías clásicas parecen muy claras. Pero, ¿qué pasa cuando un caso no encaja del todo? ¿Cuando no es ni blanco ni negro?

Marta: ¡Exacto! Y eso nos lleva directamente a uno de los mayores desafíos del psicoanálisis actual: la llamada "clínica de los bordes".

Diego: Clínica de los bordes. Suena como estar al borde de un acantilado. ¿Qué significa?

Marta: Es una buena imagen. Son casos que no se explican completamente con las estructuras de neurosis o psicosis. Hablamos de personas con una identidad muy frágil y vínculos súper inestables.

Diego: O sea, que un día te aman y al siguiente te odian, ¿algo así?

Marta: Justamente. Pueden pasar de idealizar a alguien a devaluarlo muy rápido. Sienten un vacío constante, una angustia muy intensa y son muy impulsivos. Freud ya había notado algo parecido, y lo llamó "neurosis narcisistas".

Diego: Y, ¿cuál es la causa de toda esa inestabilidad? ¿Qué falla en el fondo?

Marta: Aquí está la clave. Para el psicoanálisis, hay funciones simbólicas, como la función del Padre, que nos ayudan a organizarnos y poner límites. En estos casos, esa función es débil.

Diego: ¿Y eso qué provoca?

Marta: Provoca lo que llamamos un "fracaso del fantasma". Piénsalo así: el fantasma es como el guion interno que te dice quién eres y cómo relacionarte. Si ese guion falla, te quedas sin respuestas estables.

Diego: Suena agotador. ¿Esto es más común ahora? ¿O siempre existió?

Marta: Belucci y otros autores lo conectan mucho con nuestra sociedad actual. Vivimos en una cultura de consumo que nos dice que cualquier malestar se soluciona comprando algo. Un nuevo teléfono, una pastilla, lo que sea.

Diego: La felicidad instantánea. Claro, como si fuera tan fácil.

Marta: Exacto. Se evita enfrentar la frustración. Este ideal de que todo se puede tener ya, debilita las referencias de autoridad y los límites, favoreciendo esta fragilidad de la que hablamos.

Diego: Entendido. Entonces, el contexto social influye muchísimo. Ahora, esto me hace pensar en cómo se manifiesta... por ejemplo, en esos impulsos de los que hablabas.

Diego: Entonces, Marta, veníamos hablando de cómo la sociedad nos presiona. ¿Cómo se conecta eso con el capitalismo más extremo?

Marta: Directamente, Diego. El capitalismo actual casi fusiona el "ser" con el "tener". Tu valor parece depender de lo que compras.

Diego: Uf, y si no entras en ese juego... ¿qué pasa?

Marta: Ahí viene el problema. Sientes un vacío, una desesperanza. Es como si te quedaras fuera del sistema.

Diego: Y a eso le sumamos que las figuras de autoridad ya no son lo que eran, ¿verdad?

Marta: Exacto. Hay una caída de esos referentes que antes nos guiaban. El sujeto queda desorientado, solo, buscando un anclaje.

Diego: Y supongo que el mercado dice:

Diego: Mencionaste antes la perspectiva psicoanalítica y cómo ve estos trastornos. Suena bastante complejo. ¿Cómo se conecta con algo como el destete?

Marta: Es una gran pregunta. Se vincula con una fijación oral, pero no de forma simple. Piénsalo así: la anorexia puede funcionar como una 'huelga de hambre' simbólica.

Diego: ¿Una huelga? ¿Contra qué o quién?

Marta: Contra un 'Otro' que lo satura todo. Imagina expectativas familiares o sociales que no dejan espacio para ser uno mismo. Es una protesta para crear un vacío, una falta propia.

Diego: Vaya, así que no es solo sobre la comida. Es sobre el control y el espacio personal.

Marta: Exacto. El psicoanalista Lacan lo llamó 'un muy poco para mí'. El sujeto se aferra a ese 'muy poco', a esa nada, para no ser completamente devorado por la demanda externa.

Diego: ¿Devorado? Suena a película de terror.

Marta: Es una metáfora potente, pero captura esa sensación de agobio. Ese 'muy poco' se convierte en su único espacio de poder.

Diego: Entendido. Y en ese esquema, ¿dónde encaja la bulimia? ¿Es simplemente lo opuesto?

Marta: Estructuralmente, sí. Es la otra cara de la moneda. Si la anorexia es rechazar, la bulimia es el intento de 'comerlo todo'.

Diego: ¿Para llenar ese vacío del que hablabas?

Marta: Precisamente. Se intenta incorporar a ese Otro que fue totalizante pero que ahora se siente ausente. Es un intento desesperado por tenerlo dentro.

Diego: Y el acto de vomitar... ¿qué papel juega ahí?

Marta: Es el intento, igualmente desesperado, de expulsarlo para crear distancia. Se necesita esa separación para que el propio deseo pueda circular, pero es un ciclo que nunca se completa.

Diego: Porque siempre queda algo, ¿no?

Marta: Eso es. Siempre queda un resto, una pesadez que no se puede eliminar. Es increíblemente doloroso y complejo.

Diego: Queda claro que son dinámicas mucho más profundas de lo que parecen. Y esto nos lleva a pensar en los factores sociales que activan estas estructuras...

Diego: Y justo eso que mencionabas nos lleva al siguiente punto clave: las adicciones. Ya no se trata solo de sustancias ilegales, ¿cierto?

Marta: Para nada, Diego. Hoy hablamos del “objeto-droga”, que puede ser una sustancia, sí, pero también una conducta compulsiva como los videojuegos o las compras.

Diego: ¿Y qué es lo que hace a este “objeto-droga” tan… adictivo?

Marta: Que ofrece una ilusión muy potente: la de un placer completo, sin que te falte nada. Es como si te susurrara al oído: “conmigo, se acabaron los problemas”.

Diego: Una promesa tentadora pero falsa. Como cuando una app te dice que es gratis y luego está llena de micro-pagos.

Marta: ¡Exacto! Es una trampa. Pero aquí está la clave: esa trampa no funciona igual para todos. Su función cambia según la persona.

Diego: ¿A qué te refieres con “su función”?

Marta: Piénsalo así... Para alguien con un gran sufrimiento interno, puede actuar como una “automedicación” para ordenar el caos. Le da una sensación de control, o incluso una identidad: “soy adicto”.

Diego: Entiendo. ¿Y para otros?

Marta: En otros casos, es más para aliviar la angustia del día a día, el dolor, o para superar la timidez. Es un recurso para no sentir malestar, para evitar enfrentarse a la falta.

Diego: Entonces, entender esto es el primer paso. No es la sustancia, es la relación que la persona tiene con ella. Y ese es el verdadero desafío a superar, lo que nos lleva directamente a cómo se aborda en la clínica…

Diego: Y esa conexión mente-cuerpo es clave para entender lo que hoy llamamos trastornos de ansiedad, ¿no es así, Marta?

Marta: Exacto, Diego. De hecho, el autor Gabriel Belucci dice algo súper interesante. Sostiene que el famoso “ataque de pánico” no es nada nuevo.

Diego: ¿Cómo que no es nuevo? ¡Si se escucha por todos lados!

Marta: Claro, pero es que coincide casi por completo con lo que Freud describió en 1895 como un ataque de angustia. La diferencia está en el nombre y en cómo lo entendemos.

Diego: A ver, explícame eso.

Marta: Para Freud, la angustia es un afecto que golpea al cuerpo. Por eso aparecen síntomas físicos como taquicardia, mareos o la sensación de no poder respirar. El DSM, en cambio, lo ve más como un trastorno biológico.

Diego: Entonces, ¿de dónde viene esa angustia tan intensa? ¿Aparece de la nada?

Marta: Esa es la gran pregunta. El psicoanálisis propone varias ideas. Una es que se relaciona con duelos no elaborados. Piensa en alguien que pierde a un ser querido pero nunca procesa ese dolor.

Diego: Y meses después, ¿el cuerpo explota?

Marta: De alguna manera, sí. El pánico expresa esa muerte que no pudo ser simbolizada. Otra idea lo relaciona con el derrumbe de nuestros ideales.

Diego: ¿Cómo cuando un estudiante siente que debe ser perfecto y reprueba un examen importante?

Marta: ¡Justo ese ejemplo! Si toda tu identidad se basa en ser “el mejor”, un fracaso puede sentirse como el fin del mundo y desencadenar una crisis.

Diego: Wow, entonces el ataque de pánico no es solo un error del cerebro.

Marta: Para nada. Belucci incluso sugiere que a veces funciona como un límite. Cuenta el caso de un joven con una vida de excesos, donde las crisis lo obligaron a parar y a organizarse.

Diego: O sea que... ¿un ataque de pánico podría ser una especie de alarma?

Marta: Exacto. Más que una enfermedad, es un mensaje. El psicoanálisis no busca solo quitar el síntoma, sino preguntarse: ¿qué significa esto para ti? ¿Qué función cumple en tu historia?

Diego: La clave entonces es buscar ese significado personal. Me parece un enfoque mucho más profundo y esperanzador.

Diego: Y eso nos lleva directamente a cómo se forma el lenguaje en la infancia. Parece magia, ¿no?

Marta: ¡Totalmente! Pero no es magia, es algo que llamamos el 'Juicio del Otro'. Básicamente, es cuando un adulto le da sentido al balbuceo de un niño.

Diego: O sea, que mis primeros intentos de hablar no eran más que ruido hasta que alguien dijo... '¡ah, quiere decir algo!'

Marta: ¡Exacto! Ese 'juicio' es clave. Transforma un impulso, un sonido, en una palabra. Le permite al niño empezar a confiar en el lenguaje para expresarse en vez de solo actuar impulsivamente.

Diego: Entiendo. Así que las palabras se convierten en una herramienta para pensar, no solo para gritar cuando tienes hambre.

Marta: Precisamente. Al confiar en las palabras, empezamos a cuestionarnos las cosas, a interrogar al mundo y a nosotros mismos. Es un cambio fundamental.

Diego: Ok, dame un ejemplo práctico. ¿Cómo se ve esto en la vida real?

Marta: Claro. Imagina un bebé frente a un perro. Señala con el dedo y dice algo como... '¡Dah!'.

Diego: Algo que seguramente hago yo todavía cuando veo un perro adorable.

Marta: ¡Seguro que sí! Ahora, si el adulto a su lado lo ignora, ese 'Dah' no es nada. Pero si responde con entusiasmo: '¡Sí, el guau-guau! ¡Es un perro!', todo cambia.

Diego: Ah, está validando ese sonido. Le está dando un lugar en el mundo del significado.

Marta: Exactamente. Transforma una acción física... en un hecho simbólico compartido. Y así, poco a poco, se construye el lenguaje. Lo que nos lleva a pensar en cómo aplicamos esto al aprendizaje.

Diego: Y hablando de cómo la mente afecta al cuerpo... no todo es lo mismo, ¿verdad? ¿Qué diferencia hay en lo psicosomático?

Marta: Excelente punto. No hay que confundirlo con todo. Por un lado, tenemos el síntoma conversivo de la histeria, donde no hay una lesión real en el órgano.

Diego: Claro, es algo puramente simbólico, como en los casos clásicos de Freud.

Marta: Exacto. Pero en el fenómeno psicosomático, o FPS, sí hay una lesión real y visible. Piensa en una úlcera gástrica, psoriasis… el tejido del cuerpo está dañado de verdad.

Diego: Ok, entonces el médico ve la lesión. Pero, desde el psicoanálisis, ¿qué significa?

Marta: ¡Aquí viene lo sorprendente! No significa nada. No es un mensaje cifrado del inconsciente como un sueño o un lapsus.

Diego: Espera, ¿cómo? ¿No tiene un sentido oculto? Me perdí por completo.

Marta: Es que no funciona como una metáfora. Lacan lo describe con el concepto de "holofrase". Es como una frase aplastada en una sola palabra, sin espacio para respirar o preguntar.

Diego: ¿Y eso qué provoca en la persona?

Marta: Que el sujeto quede prisionero de la demanda del Otro, sin poder cuestionarla. Esa presión constante se convierte en lo que Lacan llamó un "goce congelado"... una energía que se estanca y termina dañando un órgano.

Diego: Suena muchísimo a lo que hoy llamamos "estrés" crónico.

Marta: ¡Totalmente! El estrés es el nombre que nuestra época, la del discurso capitalista, le da a esa demanda implacable: "produce más, rinde más". Los pacientes psicosomáticos suelen ser "sobreadaptados" que pagan el costo con su cuerpo.

Diego: Entonces, si no se puede interpretar, ¿qué hace un analista?

Marta: No preguntas "¿qué significa tu psoriasis?". El objetivo es distinto: es crear un espacio, reintroducir una pausa donde solo había una orden. Ayudar al sujeto a poder decir "así no" a esa demanda aplastante. Se trata de construir un límite, no de descifrar un enigma. Y hablando de límites y lo que se puede o no se puede hacer...

Diego: Y con eso cerramos el tema anterior. Para terminar hoy, Marta, hablemos de algo que se escucha por todos lados... la depresión.

Marta: Es un tema clave, Diego. Hoy todo el mundo dice "estoy deprimido". Pero desde el psicoanálisis, la depresión no es una categoría clínica en sí misma. Es más como un paraguas que esconde muchas cosas.

Diego: ¿Cómo un paraguas? ¿A qué te refieres?

Marta: A que el término se usa para todo. Históricamente, en la Edad Media, existía la "tristitia" en los monasterios, que era vista casi como un pecado, una renuncia a Dios. Un poco intenso, ¿no?

Diego: Definitivamente. ¿Y la depresión de ahora?

Marta: La depresión actual es como una epidemia, pero la clave para un analista es distinguir qué hay detrás de esa etiqueta. ¿Es una neurosis? ¿Un brote psicótico? La respuesta lo cambia todo.

Diego: Suena a que el diagnóstico superficial puede ser muy engañoso.

Marta: Exacto. Te doy un ejemplo. Un joven de 22 años llega al hospital diagnosticado con depresión. No se levanta de la cama, no come... lo típico.

Diego: Claro, parece un caso de libro.

Marta: Pero cuando habla con una analista, él cuenta algo sorprendente. Dice: "cuando me despierto nada está en su lugar". Sentía que sus brazos y piernas estaban separados de su cuerpo y tenía que "acomodarlos".

Diego: Wow... eso no es depresión. Eso es otra cosa.

Marta: Precisamente. Era esquizofrenia. El sentimiento depresivo era solo la punta del iceberg. Lo mismo pasa en la neurosis, a veces una inhibición por una tarea difícil se confunde con depresión.

Diego: Entonces, ¿cómo diferenciamos? ¿Hay algún afecto que sea más... real?

Marta: Sí. Lacan decía que la angustia es el afecto que no engaña. La angustia te conecta con tu deseo. En cambio, en los estados depresivos vemos una caída del deseo, un goce que te empuja a lo peor.

Diego: Entiendo. La sociedad actual, con su ritmo, nos empuja a producir y consumir, y no deja espacio para el deseo, para el amor...

Marta: Justo ahí. El discurso analítico busca lo contrario. Busca que el sujeto pase de la queja a responsabilizarse por su deseo. Y ese es el mejor antídoto.

Diego: Un resumen perfecto. Así que la clave es mirar más allá de la etiqueta "depresión" y encontrar la verdadera pregunta del sujeto. Marta, como siempre, un placer. Gracias por aclarar estos conceptos tan complejos.

Marta: El placer es mío, Diego. Y a todos los que nos escuchan, ¡gracias por acompañarnos en Studyfi Podcast! ¡Hasta la próxima!