Podcast sobre Prevención del Crimen y la Violencia en México
Prevención del Crimen y la Violencia en México: Guía Esencial
Podcast
Prevención del delito: ¿Mejores barrios o más cámaras?
Délka: 24 minut
Kapitoly
¿Prevenir o castigar?
Dos caminos: lo social vs. lo situacional
Los tres debates clave
El rol sorpresa: Ministerio Público y ciudadanos
El Rol del Ministerio Público
Más Vale Prevenir
Cifras Alarmantes
Violencia vs. Delincuencia
Un Nuevo Enfoque en México
Tipos de Violencia en la Ley
La Intención lo es Todo
¿Qué es el modelo integral?
Ejemplos y Aplicaciones
Un Nuevo Enfoque Preventivo
Los Ámbitos de la Prevención
La Teoría Contra la Realidad
Los Costos de la Inseguridad
El problema de los datos
Las causas de raíz
Intentos y mediciones
El Costo Social
El Impacto Humano y Económico
La Crisis Política
La Necesidad de Prevenir
En la escena del crimen
Más que solo delitos
Resumen y despedida
Přepis
Pablo: ¿Alguna vez te has preguntado por qué en tu colonia de repente instalan más cámaras de seguridad o por qué organizan un programa de “Vigilancia Vecinal”? Bueno, no es al azar. Detrás de esas decisiones hay una política completa sobre cómo evitar el delito. ¡Y es más fascinante de lo que crees! Estás escuchando Studyfi Podcast.
Pablo: Daniela, experta en criminología, ¡gracias por estar aquí! Cuando hablamos de prevenir el delito, suena a algo que solo le toca a la policía, ¿no?
Daniela: ¡Hola, Pablo! Es una idea muy común, pero la realidad es mucho más amplia. Cada estrategia para prevenir el delito, ya sea poner más luz en una calle o dar becas a jóvenes, parte de una pregunta fundamental: ¿por qué ocurre el delito y cómo lo detenemos?
Pablo: A ver, entonces... ¿no se trata solo de atrapar a los malos?
Daniela: Para nada. Eso es reaccionar. Prevenir es actuar antes. Y para eso, hay que entender las causas. O al menos, tener una teoría sobre ellas. Eso define todo lo que viene después.
Pablo: Ok, ¿y cuáles son esas grandes teorías o enfoques?
Daniela: Principalmente, podemos ver dos grandes corrientes que surgieron a partir de los años setenta. Por un lado, está la prevención ‘social’. Esta se enfoca en las supuestas ‘causas sociales’ del delito.
Pablo: Te refieres a cosas como la pobreza, la falta de educación, la desigualdad...
Daniela: Exactamente. La idea aquí es que si mejoras las condiciones de vida de las personas, el delito disminuirá. Es atacar la raíz del problema. Pero luego hay otro enfoque muy diferente.
Pablo: ¿Cuál es?
Daniela: La prevención ‘situacional’ o ‘ambiental’. A esta corriente no le importan mucho las causas sociales. Su lógica es: hagamos que cometer un delito sea más difícil, más riesgoso y menos gratificante.
Pablo: ¡Ah! Ahí es donde entran las cámaras, las alarmas, los guardias de seguridad, el diseño urbano que evita callejones oscuros...
Daniela: ¡Justo eso! Es como si, en vez de preguntarte por qué alguien quiere robar galletas del frasco, simplemente pones un candado más grande en el frasco.
Pablo: ¡Entendido! Mucho más directo. Entonces, ¿cuál funciona mejor?
Daniela: Esa es la gran pregunta y el debate central. No es que una sea buena y la otra mala, sino que responden a filosofías distintas y se aplican en contextos diferentes. De hecho, las políticas actuales a menudo mezclan elementos de ambas.
Pablo: Mencionas que las políticas actuales son complejas. ¿Cuáles son las tensiones o los puntos de debate más importantes hoy en día en Argentina, por ejemplo?
Daniela: Podemos identificar tres ejes principales. El primero es el papel de las políticas sociales. ¿Son un fin en sí mismas para mejorar la vida de la gente y así prevenir el delito? O... ¿son solo una ‘herramienta’ para atraer a los jóvenes a talleres donde se busca cambiar su forma de pensar y actuar?
Pablo: Uf, qué diferencia. Una es sobre derechos y la otra es más sobre... ¿control?
Daniela: Es una forma de verlo. Es una tensión real en el diseño de los programas. El segundo eje es a quién se dirigen estas políticas. ¿Hacemos programas generales para todos en un barrio popular? ¿O nos enfocamos en grupos específicos que consideramos de ‘alto riesgo’?
Pablo: Me imagino que focalizar es más eficiente, pero también puede ser estigmatizante, ¿no? Como si señalaras con el dedo a ciertos chicos.
Daniela: Exacto, ese es el riesgo. Y el tercer eje es el territorio. ¿Intervenimos pensando en la ‘sociedad’ en general, como con las políticas de seguridad social que cubren a todos? ¿O recortamos el mapa en ‘comunidades’ específicas, cada una con su cultura y problemas particulares?
Pablo: Lo que me lleva a pensar que la forma en que defines el problema determina por completo la solución que propones.
Daniela: ¡Le diste al clavo! No hay una sola forma de ‘prevenir’, hay muchas, y cada una revela cómo entendemos la relación entre la gente, sus condiciones de vida y el delito.
Pablo: Antes dijimos que no era solo la policía. ¿Quién más entra en juego?
Daniela: Aquí viene lo interesante. Tradicionalmente, pensamos en el Ministerio Público, la fiscalía, como el órgano que acusa y persigue a los delincuentes una vez que el delito ya ocurrió.
Pablo: Claro, su trabajo empieza *después* del crimen.
Daniela: Pues las tendencias modernas dicen que no debería ser así. Se propone que el Ministerio Público tenga también una función preventiva. Ellos tienen toda la información: saben qué delitos se cometen, dónde, cuándo y por qué. ¡Es una mina de oro para diseñar estrategias de prevención!
Pablo: ¡Wow, eso tiene todo el sentido del mundo! Usar los datos de la persecución para alimentar la prevención. Pero, ¿no choca con sus funciones?
Daniela: Para nada. Se considera parte de una política criminal integral. Y no están solos. La participación ciudadana es clave. Desde un programa de vigilancia vecinal coordinado con las autoridades, hasta encuestas para saber de qué delitos son víctimas las personas y cómo se sienten.
Pablo: O sea, una colaboración entre la comunidad y las instituciones.
Daniela: Precisamente. Cuando unes el conocimiento del Ministerio Público con la experiencia de la gente que vive en el barrio, creas una barrera mucho más fuerte contra el delito. Al final, prevenir es más inteligente y más barato que castigar. Por cada dólar invertido en prevención, se ahorran hasta cinco en represión.
Pablo: Un dato increíble. Queda claro que la prevención del delito es un rompecabezas con muchas piezas. Pasemos ahora a analizar cómo influye la economía en estas dinámicas.
Pablo: Y eso que hablamos del castigo... pero, ¿qué hay de la prevención? Parece que siempre llegamos tarde.
Daniela: Exacto, Pablo. Y ese es el gran debate ahora mismo. Se está empujando hacia políticas más efectivas en lugar de solo enfoques punitivos. La clave es mejorar la seguridad, no solo castigar el delito.
Pablo: Entiendo. ¿Y cómo se aterriza eso? ¿Quién se encarga de prevenir?
Daniela: Buena pregunta. Tradicionalmente, pensamos en el Ministerio Público, el MP, como el que persigue a los presuntos delincuentes y ya. Su función principal ha sido esa, la persecución.
Pablo: Claro, el que acusa en los juicios.
Daniela: Justamente. Pero las tendencias modernas buscan algo más. Un Ministerio Público con una funcionalidad integral. Uno que no solo reaccione, sino que también actúe para prevenir.
Pablo: O sea, aplicar el viejo dicho de... "más vale prevenir que lamentar".
Daniela: ¡Exactamente! O como diríamos en derecho, “más vale prevenir que perseguir delitos”. Es un cambio de mentalidad enorme, una especie de profilaxis del delito.
Pablo: ¿Profilaxis? Suena a término de doctor.
Daniela: Es que lo es. Es como vacunar a la sociedad contra el crimen. Y es urgente, porque las cifras no mienten.
Pablo: A ver, danos los datos duros.
Daniela: Prepárate. En una reunión global sobre grandes ciudades, se concluyó que en los últimos diez años, la delincuencia mundial aumentó un 48%. ¡Casi la mitad!
Pablo: ¡Wow! Eso es muchísimo.
Daniela: Y México, lamentablemente, está entre los siete países con mayor índice delictivo. Pasamos de veinte a cincuenta delitos por cada cien mil habitantes en solo quince años. Por eso la prevención ya no es una opción, es una necesidad.
Pablo: Cincuenta por cada cien mil... Es un número que asusta. Y me imagino que la comunidad tiene un papel que jugar en todo esto, ¿no?
Pablo: Y esa falta de datos claros nos lleva a un problema más grande, ¿no? Es que... ¿cómo se define la violencia? Suena simple, pero parece que no lo es.
Daniela: Exacto, Pablo. Y esa es una de las razones por las que la violencia tardó tanto en ser vista como un problema de salud pública. No teníamos una definición clara.
Pablo: ¿Por qué es tan difícil de definir? Violencia es... bueno, violencia. ¿No?
Daniela: Ojalá fuera tan fácil. El problema es que es una cuestión de apreciación. Lo que una cultura considera aceptable, otra no. Piensa en cómo han cambiado las normas sociales con el tiempo.
Pablo: Okay, entiendo. Es subjetivo. ¿Y cómo se diferencia eso de la delincuencia? ¿No son lo mismo?
Daniela: Buena pregunta. No, no son lo mismo. La delincuencia es mucho más específica. Para que algo sea un delito, debe estar perfectamente descrito en el código penal. Se dice que es una conducta típica, antijurídica y culpable. Si no cumple esos tres requisitos, no es delito.
Pablo: Ya veo. La delincuencia es lo que la ley dice que es, punto. La violencia... es más gris.
Daniela: Precisamente. Durante mucho tiempo, el enfoque fue solo reprimir el delito, a veces de forma muy autoritaria, pensando que eso solucionaría todo. Pero no fue así.
Pablo: ¿Y eso ha cambiado?
Daniela: Sí, afortunadamente. En México, desde las reformas de 2008, hemos empezado a tener una visión más integral. Se introdujo el sistema penal acusatorio y, más importante aún, la justicia restaurativa.
Pablo: ¿Justicia restaurativa? ¿Qué es eso?
Daniela: Es un paradigma diferente. En lugar de solo castigar, busca reparar el daño. Y el foco se movió hacia la prevención... no solo del delito, sino de la violencia en todas sus formas: familiar, escolar, laboral...
Pablo: ¿Y cómo se definen esos tipos si la violencia es tan ambigua?
Daniela: Bueno, los legisladores lo intentan. Un buen ejemplo es el Código Penal de Veracruz. Dedica un título entero a la violencia de género. Describe la violencia física o psicológica, que es la más obvia.
Pablo: Claro, golpes o insultos.
Daniela: Exacto. Pero también habla de violencia económica o patrimonial. Y aquí es donde se complica. El código dice que es cuando alguien realiza actos que afectan los bienes de una mujer.
Pablo: ¿Como... gastarse el dinero de la familia en algo tonto? ¿Eso es violencia?
Daniela: Podría serlo, ¡depende de la intención! Y ese es el meollo del asunto. Una mala decisión financiera que afecta a todos no es necesariamente violencia. Pero si la intención es, por ejemplo, quitarle a la mujer los medios para subsistir, para que no pueda cubrir sus necesidades básicas... ah, entonces sí es violencia.
Pablo: Entiendo. Entonces la clave es la intención de dominar, someter o controlar a la otra persona.
Daniela: ¡Exactamente! Hay una tesis muy interesante sobre la violencia familiar. Dice que los actos para corregir a los hijos no son violencia familiar... si el objetivo es educar y no dañar. La línea es muy delgada.
Pablo: ¿Y qué pasa con otros tipos? Mencionaste la violencia laboral.
Daniela: Sí, y es un caso interesante. La ley en Veracruz la define como obstaculizar el acceso de una mujer a un empleo por su sexo, edad, si es madre... Pero la ley se queda corta. ¿Qué pasa con las personas con discapacidades? ¿O con preferencias sexuales distintas? Ellos también sufren este tipo de violencia.
Pablo: Es verdad. La ley a veces protege a un grupo y deja a otros fuera. Suena a que definir la violencia es un trabajo que nunca termina.
Daniela: Totalmente. Es una discusión enorme y constante. Y delimitarla bien es crucial para no cometer excesos al aplicar la ley. Pero más allá de la definición legal, tenemos que empezar a hablar del costo humano que todo esto representa.
Pablo: Bien, entonces ese fue el modelo residual... que suena un poco a dejar que la gente se las arregle sola. ¿Hay algún modelo que sea, digamos, más proactivo?
Daniela: Totalmente. Ahora vamos a ver uno que es todo lo contrario. Se le conoce como el modelo integral o asistencial.
Pablo: Integral... suena importante. ¿En qué se basa?
Daniela: Se fundamenta en la hipótesis del famoso "Estado de bienestar". La idea es que el Estado tiene un papel activo y fundamental.
Pablo: ¿Un papel activo cómo? ¿Interviene más?
Daniela: Exacto. Implica identificar grupos específicos y problemas sociales muy determinados para poder actuar sobre ellos.
Pablo: Ah, o sea que no es una ayuda general para todos, sino que buscan el problema concreto. ¿Cómo una especie de francotirador de problemas sociales?
Daniela: ¡Me gusta esa analogía! Sí, justo así. El objetivo es proveer una red de asistencia, como una red de seguridad, que apoye programas específicos.
Pablo: Entiendo. ¿Y qué tipo de programas serían esos?
Daniela: Pues mira, se enfoca en problemas muy concretos. Por ejemplo, la drogadicción, el apoyo a menores en situación de desventaja, cosas así muy puntuales.
Pablo: Suena bastante lógico. ¿Y qué países usan este sistema?
Daniela: Este modelo se utiliza principalmente en naciones como Francia, Canadá y también Australia. Son ejemplos clásicos del Estado de bienestar en acción.
Pablo: Interesante. Entonces, el punto clave aquí es la especificidad. No es dar por dar, es dar donde se necesita.
Daniela: Esa es la clave. Es un enfoque mucho más quirúrgico. Ahora, esto contrasta bastante con el siguiente modelo que vamos a ver, que se centra en los logros personales...
Pablo: Y justo hablando de eso, la visión de cómo prevenir la violencia ha cambiado mucho, ¿no? Ya no se trata solo de castigar después de que algo pasa.
Daniela: Exactamente, Pablo. Ahora la idea es evitar que el delito ocurra en primer lugar. Antes, la prevención era parte de la pena, como para asustar a la gente. Pero eso no funcionó tan bien.
Pablo: ¿Y qué cambió? ¿Cuándo empezamos a ver este nuevo enfoque?
Daniela: El gran cambio en México llegó alrededor de 2011 y 2012, con la Ley General para la Prevención de la Violencia Social y el Delito. Es un nombre larguísimo, lo sé.
Pablo: Sí, suena a que necesitas un abogado solo para leer el título.
Daniela: Totalmente. Pero lo importante es lo que dice. Define la prevención como un conjunto de políticas y acciones para reducir los factores de riesgo que generan violencia. No se trata solo de perseguir criminales, sino de arreglar lo que está roto en la comunidad.
Pablo: Ok, eso tiene sentido. Entonces, ¿cómo se hace eso en la práctica? ¿Qué dice la ley?
Daniela: La ley establece varios ámbitos de prevención. Los principales son el social, el comunitario y el situacional. Suenan complicados, pero la idea es simple.
Pablo: A ver, explícamelo como si fuera un estudiante de secundaria... porque lo soy.
Daniela: ¡Claro! La prevención comunitaria, por ejemplo, busca que la gente participe. Piensa en vecinos organizándose para mejorar su parque. Eso crea lazos y reduce el riesgo.
Pablo: Entiendo. ¿Y la situacional?
Daniela: La prevención situacional es modificar el entorno. Cosas tan sencillas como poner más luces en una calle oscura o mejorar el transporte público. La idea es hacer más difícil que se cometa un delito y que la gente se sienta más segura.
Pablo: Suena genial en el papel. Pero... ¿realmente se aplica así? A veces parece que no.
Daniela: Esa es la gran pregunta. Hay un vicio muy común: nos enfocamos tanto en la solución rápida, en la intervención, que olvidamos por qué lo estamos haciendo. La práctica le gana a la teoría.
Pablo: ¿Y eso qué significa?
Daniela: Que a veces se gasta mucho dinero sin un sustento claro. De hecho, organizaciones como “México Evalúa” han señalado exactamente eso. Dicen que el programa de prevención se ha aplicado sin una metodología clara y sin indicadores para medir si de verdad funciona.
Pablo: Ouch. Así que tenemos buenas leyes pero una ejecución... deficiente.
Daniela: Podría decirse así. Se necesita un enfoque transversal, que involucre a todos: gobierno, ciudadanos, empresas. La seguridad es un derecho, pero también una responsabilidad compartida.
Pablo: Y es que la inseguridad no solo nos da miedo, también tiene costos muy reales, ¿verdad?
Daniela: Absolutamente. Y son costos que no siempre vemos. Desde el dinero que gasta el sistema de salud en atender a las víctimas, hasta las oportunidades de inversión que se pierden porque una zona es considerada peligrosa.
Pablo: Wow, es un problema enorme y con muchas capas.
Daniela: Lo es. Por eso entender la prevención es tan crucial. Y no solo la prevención del delito, sino también cómo medimos el problema en primer lugar, lo cual nos lleva directamente a nuestro siguiente tema: los instrumentos y metodologías para medir la delincuencia.
Pablo: Y justo eso me lleva a pensar, Daniela... ¿cómo se supone que las instituciones nos protejan? ¿Cómo se crea una política de seguridad pública que de verdad funcione?
Daniela: Esa es la pregunta del millón, Pablo. Y la respuesta empieza en un lugar que quizás no esperas... los datos. Para crear políticas públicas, primero necesitas un diagnóstico claro del problema.
Pablo: Suena lógico. Pero, ¿no sabemos ya cuál es el problema? La delincuencia es alta y ya.
Daniela: Ojalá fuera tan simple. El INEGI, por ejemplo, nos dice que en México es súper difícil medir la criminalidad. Mucha gente simplemente no denuncia los delitos.
Pablo: Ah, la famosa “cifra negra”. Entiendo. Si no sabes qué tan grande es el monstruo, ¿cómo lo combates?
Daniela: Exacto. Y el monstruo es enorme. Un reporte de 2012 calculó que unas 150,000 personas morían al año en América por violencia criminal. ¡Es una locura! Y eso es solo lo que se cuenta.
Pablo: Entonces, además de la falta de datos, ¿qué más complica el crear una buena estrategia de prevención?
Daniela: Hay que ver las causas más profundas. Hablamos de la pobreza y su relación con el delito, la desigualdad histórica... incluso una especie de “cultura de la transgresión”.
Pablo: Una cultura de... ¿romper las reglas porque el sistema no funciona para ti?
Daniela: Justo eso. Si las instituciones son débiles o corruptas, la gente siente frustración y busca otras vías. No es una excusa, pero sí una explicación que debemos entender para poder actuar.
Pablo: Claro, no se trata solo de tener más policías, sino de construir una sociedad más justa. Suena a un trabajo de generaciones.
Daniela: Totalmente. Por eso cualquier plan de seguridad debe empezar por la “seguridad humana”, o sea, garantizar derechos básicos y reducir esas desigualdades tan graves.
Pablo: Ok, entonces el primer paso es tener mejores datos. ¿Se ha intentado hacer algo al respecto?
Daniela: Sí, claro. Hubo un gran esfuerzo llamado “Plataforma México” para unificar la información de seguridad, pero ha tenido bastantes problemas para funcionar bien.
Pablo: ¿Y qué otras mediciones existen?
Daniela: Bueno, México participó en una encuesta internacional de victimización por allá de 2005. Y los resultados... uff. Quedamos en primer lugar en robos con arma de fuego y en sobornos. También entre los primeros en delitos no denunciados.
Pablo: ¡Vaya! Ganamos las olimpiadas de las malas noticias.
Daniela: Básicamente. Pero hey, conocer esa dura realidad es el primer paso para cambiarla. Y eso nos lleva directamente a analizar qué tipos de violencia existen en la sociedad...
Pablo: Y esos son los efectos más obvios. Pero la inseguridad tiene un impacto mucho más profundo, ¿no es así?
Daniela: Totalmente, Pablo. No se trata solo de lo que nos roban. Hablemos de los costos que no siempre vemos, empezando por el social.
Pablo: ¿A qué te refieres con costo social?
Daniela: A cómo la inseguridad cambia la forma en que vivimos juntos. Empezamos a desconfiar, a separarnos. Se acentúa la segregación.
Pablo: Claro, los que pueden se encierran en barrios privados con seguridad, y el resto… bueno, se las arregla como puede.
Daniela: Exactamente. Y eso alimenta prejuicios terribles contra ciertos grupos por su edad, su raza o su situación económica. La seguridad se privatiza, se vuelve un lujo y no un derecho, lo que aumenta la desigualdad.
Pablo: Y luego está el costo económico, que va más allá de tener que comprar un teléfono nuevo.
Daniela: Mucho más allá. Piensa en el enorme gasto del Estado en policía y justicia. Ese dinero podría usarse para mejorar escuelas u hospitales.
Pablo: Es un círculo vicioso. Y ni hablar del costo humano, que es el más trágico de todos.
Daniela: Así es. Las vidas que se pierden, las personas que sufren heridas físicas y psicológicas duraderas. Incluso las víctimas indirectas, cuya vida diaria se ve completamente alterada por el miedo.
Pablo: Lo que me lleva a otro punto… el costo político. ¿Cómo afecta esto a la democracia?
Daniela: De forma muy grave. La gente pierde la confianza en el gobierno, siente que el Estado es incapaz de protegerlos. Esto crea una crisis de legitimidad.
Pablo: Y ahí es cuando surgen las ideas peligrosas... pedir “mano dura” y menos derechos.
Daniela: Sí. Se empieza a ver a los derechos humanos como un obstáculo, como algo que solo beneficia a los delincuentes. La gente incluso llega a justificar la violencia por mano propia.
Pablo: Entonces, si reaccionar no es suficiente, ¿cuál es la solución?
Daniela: La prevención. Debemos cambiar el paradigma. En lugar de solo castigar, hay que enfocarse en la seguridad humana.
Pablo: ¿Qué implica eso exactamente?
Daniela: Implica construir cohesión comunitaria, garantizar la inclusión social y defender los derechos humanos. Se trata de crear ciudades seguras donde la violencia no sea la respuesta.
Pablo: Suena complejo pero necesario. Y eso nos lleva directamente a nuestro siguiente punto: ¿cómo son exactamente estas estrategias de prevención y qué se necesita para que funcionen?
Pablo: ...y eso cubre a los tribunales. Para nuestro último tema, hablemos de los que suelen ser los primeros en llegar a la escena: la policía.
Daniela: ¡Exacto, Pablo! Y su trabajo es mucho más variado de lo que vemos en las películas. Tienen, digamos, dos grandes responsabilidades: combatir el delito y servir a la comunidad.
Pablo: De acuerdo, hablemos de la primera. ¿Qué pasa cuando los agentes llegan a un lugar donde se cometió un delito?
Daniela: Su primera acción es crucial. Deben preservar la escena, casi como si la pusieran en una burbuja. También protegen a la víctima y registran los datos de los testigos.
Pablo: ¿Y qué hay de las pistas? ¿Se convierten en detectives al instante?
Daniela: No exactamente. Su trabajo es identificar los indicios iniciales. Señalan todo lo importante hasta que llega el perito experto. Son los guardianes de la evidencia.
Pablo: Entendido. Pero mencionaste una segunda responsabilidad. No todo es crimen y misterio, ¿verdad?
Daniela: ¡Para nada! Gran parte de su labor es brindar servicios a la comunidad. Son los primeros en atender emergencias, controlan aglomeraciones en eventos o dirigen el tráfico.
Pablo: Suena a que la lista es bastante larga...
Daniela: ¡Lo es! También ayudan a víctimas de delitos, asisten a personas con necesidades especiales, como adultos mayores, e incluso orientan a turistas. ¡A veces son más guías que policías!
Pablo: Me lo puedo imaginar.
Pablo: Entonces, para recapitular, la policía tiene ese rol doble: la respuesta crítica ante un delito y el apoyo constante y diario a la comunidad.
Daniela: Exactamente. La clave es que su función va mucho más allá de las sirenas. Son un pilar de servicio público.
Pablo: Un punto perfecto para terminar. Daniela, como siempre, un placer. Y a todos los que nos escuchan en Studyfi Podcast, gracias por acompañarnos. ¡Hasta la próxima!
Daniela: ¡Adiós a todos! Sigan estudiando.