Podcast sobre La Gran Depresión: Causas y Consecuencias
La Gran Depresión: Causas, Consecuencias y el Crack del 29
Podcast
El Crack del 29 y la Gran Depresión
Délka: 8 minut
Kapitoly
Una fiesta que no podía durar
Wall Street para todos
Primeras señales de alarma
El Jueves Negro
El efecto dominó
Una crisis mundial
Resumen y despedida
Přepis
Laura: ¡Es que es como una bola de nieve gigante! Empieza pequeña en Wall Street y acaba arrasando con la economía mundial. ¡Es fascinante y aterrador a la vez!
Carlos: Totalmente. Un estornudo en Nueva York y el mundo entero pilla una pulmonía. Estás escuchando Studyfi Podcast. Hoy, vamos a desglosar uno de los eventos económicos más importantes de la historia.
Laura: ¡Vamos a ello! Hoy hablamos del Crack del 29 y la Gran Depresión.
Carlos: Para entender el desastre, primero hay que entender la fiesta que había antes. ¿Nos sitúas, Laura?
Laura: Claro. Imagina que es el final de la Primera Guerra Mundial, allá por 1918. Estados Unidos sale como uno de los grandes ganadores y vive un boom económico espectacular. A esta época la llamamos 'Los Felices Años 20'.
Carlos: ¿Felices porque todo iba viento en popa, no? La industria a toda máquina, los soldados volvían a trabajar...
Laura: Exacto. Apenas había paro, la gente tenía dinero en el bolsillo y, por primera vez a gran escala, vemos una auténtica sociedad de consumo. Aparecen los coches producidos en masa, las lavadoras, las aspiradoras...
Carlos: Y si no tenías dinero para comprarlo, no pasaba nada. Los bancos te daban crédito casi con una sonrisa, ¿verdad?
Laura: ¡Precisamente! Daban créditos sin mucho control, lo que alimentaba todavía más el consumo y el crecimiento de las empresas. Parecía un círculo perfecto donde todo era color de rosa... o más bien, color de dólar.
Carlos: Me gusta esa. Y con tanto dinero extra, la gente empezó a pensar... ¿y si lo invierto?
Laura: Justo ahí empieza el lío. La inversión de moda fue la bolsa. Como a casi todas las empresas les iba genial, sus acciones no paraban de subir. La bolsa entró en un estado de euforia total.
Carlos: Y claro, si en la cena de Navidad tu cuñado no para de hablar de lo que ha ganado en bolsa, pues te entran ganas a ti también.
Laura: ¡El efecto cuñado nunca falla! De repente, todo el mundo invertía. Y como había tanta gente comprando acciones, sus precios subían más y más, lo que atraía a nuevos inversores. Un círculo vicioso... o virtuoso, según se mire.
Carlos: El problema es que la gente se confió demasiado. Se creían los reyes de Wall Street y muchos llegaron a pedir dinero prestado al banco específicamente para invertirlo en la bolsa.
Laura: Y eso es increíblemente peligroso. Estabas apostando con dinero que no era tuyo, esperando que la bolsa subiera para siempre para poder devolver el préstamo y quedarte con las ganancias.
Carlos: Pero la economía real no podía seguir ese ritmo de locura, ¿no? En algún momento, la burbuja tenía que mostrar grietas.
Laura: Exacto. Para que el precio de las acciones estuviera justificado, las empresas tenían que vender cada vez más. Pero llegó un punto en que no había suficientes ventas para justificar esas subidas tan bestiales en bolsa.
Carlos: A ver si lo entiendo. El valor de la empresa en bolsa era pura especulación, ya no se correspondía con lo que vendía de verdad.
Laura: ¡Bingo! Un gran ejemplo es el campo. Durante la guerra, los agricultores aumentaron muchísimo la producción. Al acabar, con nuevas máquinas y más tierras, había más trigo del que se podía consumir.
Carlos: Y por la ley de la oferta y la demanda, si sobra producto... el precio baja.
Laura: Correcto. Los agricultores dejaron de ganar tanto dinero y el sector se estancó. Pues eso mismo empezó a pasar en un montón de industrias más. La economía real se estaba frenando.
Carlos: Pero la gente seguía diciendo eso de 'la bolsa nunca baja'. Una frase que siempre envejece bien.
Laura: Es la frase que precede a todas las catástrofes financieras. A pesar de las señales, la gente seguía especulando sin control.
Carlos: Y entonces, llegó el día. El día en que la música paró.
Laura: El jueves 24 de octubre de 1929. Pasó a la historia como el 'Jueves Negro'. Los periódicos empezaron a titular que los precios de las acciones caían por ventas masivas.
Carlos: Y se desató el pánico. Imagino a miles de pequeños inversores corriendo a venderlo todo para no perder los ahorros de su vida.
Laura: Fue una estampida. Todo el mundo quería vender y, claro, nadie quería comprar. La gente aceptaba cualquier precio con tal de deshacerse de sus acciones. El mercado se desplomó un 12% en un solo día.
Carlos: ¡Un 12%! Eso es una barbaridad. Y la cosa no acabó ahí, ¿verdad?
Laura: Para nada. La semana siguiente, en el llamado 'Martes Negro', la bolsa cayó otro 12%. En apenas una semana, el mercado perdió más dinero de lo que Estados Unidos había gastado en toda la Primera Guerra Mundial.
Carlos: Qué locura. Y aquí es donde empieza el verdadero efecto dominó. El crash de la bolsa no se quedó en Wall Street.
Laura: Ni mucho menos. Primero: las empresas. Muchas quebraron, lo que disparó el desempleo a un máximo histórico del 25%. ¡Una de cada cuatro personas sin trabajo!
Carlos: Segundo: la gente. Los que habían invertido perdieron sus ahorros. Los que habían pedido préstamos para invertir o para comprar cosas, no podían pagarlos y se arruinaron.
Laura: Y tercero, y esto es clave: los bancos. Ante los impagos masivos de la gente, y como ellos mismos también habían invertido el dinero de sus clientes en bolsa, muchos bancos quebraron.
Carlos: Y si tu banco quiebra, pierdes todo tu dinero. Me imagino las colas de gente en la puerta intentando sacar sus ahorros...
Laura: Fue un caos. Los bancos que sobrevivieron dejaron de dar créditos por miedo. Y sin créditos, la gente no consume y las empresas no invierten. La economía no solo dejó de crecer, empezó a hundirse. Así nació la Gran Depresión.
Carlos: Y como decíamos al principio, el estornudo de Nueva York se convirtió en una neumonía global. ¿Cómo se extendió la crisis al resto del mundo?
Laura: Estados Unidos era un gran comprador de productos de otros países. Al entrar en crisis, dejó de comprar. Eso provocó problemas en las economías de medio mundo, que de repente se quedaron sin su principal cliente.
Carlos: Y luego está el tema de Alemania, que es de película.
Laura: Totalmente. Alemania estaba pagando las reparaciones de la Primera Guerra Mundial a Francia y Reino Unido. Pero solo podía pagarlas porque los bancos de EE. UU. le prestaban dinero.
Carlos: Déjame adivinar... cuando los bancos de EE. UU. quebraron, dejaron de prestarle dinero a Alemania.
Laura: ¡Exacto! Así que Alemania dejó de pagar a Francia y Reino Unido, que también entraron en crisis. Nadie compraba el carbón español, ni el trigo ruso, ni el arroz chino. Fue una parálisis económica mundial.
Carlos: Y esta miseria y desesperación fue el caldo de cultivo perfecto para movimientos políticos extremos, ¿no?
Laura: Sin duda. En Alemania, el hambre y la miseria crearon el ambiente perfecto para que un tipo con un discurso populista llamado Adolf Hitler llegara al poder. Las consecuencias políticas fueron devastadoras.
Carlos: Entonces, para resumir: una década de prosperidad artificial basada en la especulación y el crédito fácil...
Laura: ...que creó una burbuja en la bolsa que, al estallar, no solo arruinó a Estados Unidos, sino que arrastró a todo el mundo a la Gran Depresión.
Carlos: Y demostró lo increíblemente conectada que estaba ya la economía mundial en aquella época.
Laura: Exacto. La lección principal es que cuando algo parece demasiado bueno para ser verdad, probablemente no lo sea. Y que la euforia económica sin una base real siempre acaba mal.
Carlos: Una lección que a veces parece que nos cuesta recordar. Laura, como siempre, un placer. Ha quedado clarísimo.
Laura: ¡El placer es mío, Carlos! Espero que a todos nuestros oyentes les sirva para sus exámenes.
Carlos: ¡Seguro que sí! Esto ha sido todo por hoy en Studyfi Podcast. ¡Hasta la próxima!