Podcast sobre Investigación Acción en Educación Infantil
Investigación Acción en Educación Infantil: Guía Completa
Podcast
Cómo Escribir Agradecimientos Impactantes
Délka: 25 minut
Kapitoly
Más que una lista
El pilar fundamental: la familia
Agradecimientos específicos
El equipo académico
El Docente como Investigador
El Arte de Problematizar
Diseñando el Plan de Acción
Actuar, Reflexionar y Ajustar
Estrategias en la Práctica
La Evaluación como Guía
Más Allá del Papel
Construyendo Flexibilidad
El Plan No Es de Piedra
El Ciclo de la Mejora
Jugando para Aprender
Conectando con su Mundo
¿Cómo Sabemos si Funciona?
La Primera Revisión
Viendo la Mejora en Acción
La Planeación Como Mapa, No Como GPS
Las Rúbricas: El Espejo del Docente
Crecer con la Práctica
Evidencias del Aprendizaje
La Evaluación Formativa
El Entorno Físico y Humano
Dinámicas en el Aula
Dos Enfoques Principales
Aplicación en el Mundo Real
Resumen y Despedida
Přepis
Hugo: Aquí va un dato sorprendente: la sección de agradecimientos de tu tesis no es realmente para las personas a las que agradeces. Es para ti.
Elena: ¡Exacto, Hugo! La mayoría lo ve como una obligación, pero en realidad es tu primera oportunidad de reflexionar sobre el viaje y todo el apoyo que recibiste. Es un cierre emocional.
Hugo: Qué buena perspectiva. Estás escuchando Studyfi Podcast. Entonces, Elena, si es tan personal, ¿por dónde empezamos a escribir?
Elena: Un buen punto de partida para muchos es agradecer a una fuerza superior, como Dios, por la fortaleza y la sabiduría. Luego, y esto es clave, vamos a la familia.
Hugo: El pilar fundamental, ¿no?
Elena: Justo así. Pero no te quedes en un simple "gracias, familia". Explica por qué son ese pilar. Menciona su amor incondicional, cómo te impulsaron cuando el camino parecía difícil. Hazles saber que este logro también es suyo.
Hugo: Me encanta eso. Es compartir el éxito. ¿Y qué pasa si queremos ser más específicos, por ejemplo, con una mamá que lo dio todo?
Elena: ¡Totalmente! Ahí es donde se vuelve más poderoso. Podrías escribir algo como: "A mi mamá, mi ejemplo de lucha y perseverancia. Gracias por cada sacrificio y por enseñarme el valor del esfuerzo".
Hugo: Uf, directo al corazón. ¿Y qué hay de la pareja que aguantó todo el estrés de los exámenes finales?
Elena: ¡Ese agradecimiento es crucial! Reconoce su paciencia, su comprensión. Algo como: "Gracias por caminar a mi lado, por tu apoyo incondicional en los momentos de estrés y por recordarme que era capaz de lograrlo".
Hugo: Anotado. Esos detalles marcan la diferencia. Incluso para los hijos, ¿no? Como una fuente de motivación.
Elena: Por supuesto. Decirle a tu hija: "Tú fuiste mi motor, la inspiración para construir un futuro mejor", le da un significado increíble a tu esfuerzo.
Hugo: Muy bien. Y para terminar, ¿qué hay del asesor de titulación?
Elena: Es fundamental. Agradécele su tiempo, su dedicación y, sobre todo, su guía profesional. Sus recomendaciones fueron clave para fortalecer tu investigación. Es reconocer su rol en tu formación.
Hugo: Excelente. Entonces, una vez que hemos agradecido a todos, desde la familia hasta los asesores, ¿cuál es el siguiente paso en la estructura del trabajo?
Hugo: ...así que la teoría es fundamental, claro. Pero, Elena, ¿cómo se aterriza todo eso? ¿Cómo pasa un docente de la idea a la acción real en el salón de clases?
Elena: ¡Esa es la pregunta clave, Hugo! Y la respuesta es que la práctica docente es un proceso vivo. No es solo ejecutar un plan... es investigar, reflexionar y analizar lo que haces, continuamente.
Hugo: ¿Investigar? Suena como si necesitaras un laboratorio junto al pizarrón.
Elena: ¡Casi! Se le llama "problematización". Es un concepto clave. No se trata solo de señalar una dificultad, como que los alumnos están aburridos. Se trata de entender por qué.
Hugo: O sea, es ir más allá de la queja y buscar la raíz del problema.
Elena: Exacto. Como dice el autor Sánchez Puentes, problematizar es comprender el origen de una dificultad y sus efectos. Es convertir una contradicción de tu propia práctica en una oportunidad de mejora.
Hugo: Vale, eso tiene mucho sentido. ¿Me das un ejemplo concreto?
Elena: Claro. Pude identificar en una práctica que había una falta de secuencia lógica en mis planeaciones. Parece algo técnico, pero ¿el resultado? Repercutía directamente en el interés y la motivación de los niños.
Hugo: Entiendo. Si las actividades no conectan, los alumnos se desconectan. Es lógico.
Elena: Justamente. Y una vez que identificas esa problemática, con ese nivel de detalle, puedes empezar a construir un plan de acción para solucionarla.
Hugo: Ah, aquí es donde entra la parte de la mejora. ¿Qué implica ese plan?
Elena: Implica diseñar y aplicar una planeación didáctica que sea flexible, coherente y, sobre todo, contextualizada. Debe responder a la diversidad de aprendizaje que tienes en tu grupo.
Hugo: Así que no hay una receta mágica que sirva para todos. ¿Es como ser un sastre a la medida del aprendizaje?
Elena: ¡Me encanta esa analogía! Exacto. Y todo esto se enmarca en un proceso de investigación-acción, donde reflexionas y ajustas constantemente.
Hugo: Fantástico. Entonces, hablemos de esa investigación-acción. ¿Cuáles son las primeras piezas que debemos poner sobre la mesa para construir ese plan de mejora?
Hugo: Entendido. Pero, ¿cómo mejora un maestro su propia clase? Suena a que tendrían que ser una especie de... ¿detectives en el aula?
Elena: ¡Exactamente, Hugo! Y su principal herramienta se llama investigación-acción. No se trata solo de observar lo que pasa, sino de involucrarse.
Hugo: Investigación-acción… Suena bastante formal. ¿Qué es en realidad?
Elena: Es un ciclo muy práctico. Primero actúas, es decir, pruebas una estrategia nueva en clase. Luego, reflexionas sobre qué tal funcionó. Y finalmente, haces ajustes.
Hugo: Ah, ya veo. Es un ciclo de prueba y error, pero con un propósito claro. ¿Como un experimento científico en vivo?
Elena: ¡Justo así! Te obliga a cuestionar lo que haces, por qué lo haces y qué impacto tiene en los estudiantes. Es un enfoque súper dinámico.
Hugo: Y en la práctica, ¿qué tipo de estrategias se prueban? ¿Qué cosas se cambian?
Elena: Muchísimas. Por ejemplo, se puede rediseñar la planeación para que el inicio de cada clase sea un “gancho” que atrape a los alumnos. O se integran actividades con diferentes niveles de complejidad.
Hugo: Para que nadie se quede atrás ni se aburra. ¡Tiene todo el sentido del mundo!
Elena: Exacto. También se usan distintas herramientas para evaluar, como rúbricas o listas de cotejo, que no solo sirven para poner una nota, sino para entender el proceso.
Hugo: O sea que la evaluación es más una herramienta para el profe que para el alumno…
Elena: En este enfoque, sí. Ayuda a ver qué funciona y qué no. Los maestros incluso usan un diario de clase o fotografías como evidencia para analizar después.
Hugo: ¿Fotografías? ¡Ahora sí son detectives con todo y pruebas!
Elena: ¡Claro! Todo ayuda a mejorar. Al final, la enseñanza no es algo estático, es un proceso que requiere adaptación y compromiso constante.
Hugo: Qué increíble. Pensar en los maestros como investigadores activos realmente cambia la perspectiva. Y hablando de herramientas que cambian la perspectiva, eso nos lleva a nuestro siguiente tema...
Hugo: Y justo ahí es donde quiero entrar. A veces, como estudiante, sientes que el profesor tiene un plan súper rígido y si no lo entiendes… pues, mala suerte. ¿Qué pasa cuando el plan perfecto no funciona en el mundo real?
Elena: Esa es la pregunta clave, Hugo. Y la respuesta es que no existe el plan perfecto. De hecho, los documentos oficiales dicen que la planeación no es solo una lista de actividades. Debe ser una justificación de por qué elegiste esas estrategias, basándote en un diagnóstico de tu grupo.
Hugo: Claro, porque a veces un alumno no capta la actividad, el profe se enfoca en él, y los demás nos quedamos esperando. Es frustrante para todos.
Elena: Exacto. Y esa frustración es una señal de alerta. Una buena planeación necesita ser flexible para ajustarse a esas necesidades y a los imprevistos. No es un guion de película, es más como un mapa para un viaje.
Hugo: Un mapa que te permite tomar desvíos si encuentras un camino cerrado.
Elena: ¡Precisamente! El objetivo no es seguir el plan al pie de la letra, sino que sea una guía que se adapta al contexto, que conecta lo que aprendes con tu vida cotidiana. Piensa en ello como una herramienta viva, no como un documento formal que se guarda en un cajón.
Hugo: Entendido. Entonces, si la flexibilidad es la clave, ¿cómo la integramos desde el principio? ¿Qué acciones concretas podemos tomar?
Elena: Muy buena pregunta. Se definen tres objetivos específicos. El primero es simple: usar estrategias que de verdad motiven y conecten con los alumnos. Que capten su atención.
Hugo: Tiene sentido. Si la clase es interesante, es más fácil que todos sigan el ritmo.
Elena: Exacto. El segundo objetivo es incluir al menos dos niveles de actividad. Esto se llama diferenciación. Así evitas que algunos se frustren por no saber qué hacer, mientras que otros se aburren porque es demasiado fácil.
Hugo: ¡Ah! Como tener una versión estándar y un desafío extra. Me gusta.
Elena: Justo así. Y el tercer objetivo es usar instrumentos de evaluación que nos den buena retroalimentación. Esto nos permite hacer ajustes casi en tiempo real para mejorar el aprendizaje.
Hugo: O sea que la evaluación no es solo para la calificación final, sino para ir ajustando el mapa durante el viaje.
Elena: ¡Exactamente! Y ese es el secreto de una planeación que de verdad funciona. Ahora, hablemos de cómo se ve esa evaluación formativa en la práctica...
Hugo: ...entonces, está claro que una mala planificación puede ser un desastre. Pero Elena, ¿cómo se ve la diferencia en el aula cuando la planificación sí funciona? ¿Es como magia?
Elena: No es magia, Hugo, pero casi. Una buena planificación cambia todo. De repente, tienes una intención pedagógica súper clara. Las actividades tienen una estructura lógica y, ¿sabes qué pasa? Los alumnos participan mucho más.
Hugo: O sea que deja de ser un requisito administrativo y se convierte en una herramienta real.
Elena: ¡Exacto! Y aquí viene la parte que sorprende a muchos. Al principio, yo pensaba que un buen plan era el que se seguía al pie de la letra, ¡sin desviaciones!
Hugo: Como una receta de cocina súper estricta. Si le cambias algo, explota el pastel.
Elena: ¡Justo así! Pero la realidad del aula es dinámica, siempre hay imprevistos. Así que aprendí que la mejor característica de una planeación es... su flexibilidad.
Hugo: ¿Flexibilidad? Suena contradictorio. ¿Planear para después no seguir el plan?
Elena: Piensa en un plan como un mapa, no como un GPS con una ruta única. Te da la dirección, pero si encuentras una calle cerrada, buscas una alternativa. Tomas decisiones basadas en lo que observas en tus alumnos, en sus necesidades del momento.
Hugo: Entiendo. Entonces, la observación constante es clave. Evaluar lo que funciona y lo que no.
Elena: Precisamente. Y la evaluación no es solo para calificar a los chicos. Es para evaluarte a ti mismo. ¿Funcionó la estrategia? ¿Los materiales captaron su atención? ¿Hay que ajustar algo para la próxima clase?
Hugo: Es un ciclo constante, entonces. Planear, actuar, observar y reflexionar para volver a planear mejor.
Elena: Has dado en el clavo. Es un proceso de mejora continua. No se trata de ser perfecto, sino de ser reflexivo. De hecho, esa reflexión constante sobre lo que hacemos es lo que de verdad nos convierte en mejores docentes.
Hugo: Fascinante. Y me imagino que esa reflexión se apoya en herramientas concretas. Hablemos un poco sobre los instrumentos de evaluación que nos ayudan en este ciclo...
Hugo: Entonces, no basta con tener una buena planeación. ¿Cómo se ve esto en el aula, con niños tan pequeños?
Elena: ¡Exacto! Aquí es donde la teoría cobra vida. La clave es el juego. Usamos juegos de roles, material manipulable, exploración... de todo para mantenerlos interesados.
Hugo: ¿Como qué tipo de juegos, por ejemplo?
Elena: Hay uno genial llamado "el come números". Hacemos una ronda, cada niño tiene un número, y uno es el "come números". Mientras cantamos, él elige un número para "comerse".
Hugo: Suena como una versión matemática de las traes. ¡Me encanta!
Elena: ¡Totalmente! Y luego contamos las "mordidas" para reforzar el número. También usaba una ruleta con sus nombres para que la participación fuera justa y emocionante. Son estrategias que mantienen la energía alta.
Hugo: Y además de los juegos, ¿qué otros recursos funcionan?
Elena: Los recursos visuales son fundamentales. Videos, cuentos, imágenes... todo lo que haga el tema más llamativo. Pero aquí está el secreto: todo debe conectar con su vida diaria.
Hugo: ¿Te refieres a su contexto?
Elena: Precisamente. Hablamos de las tradiciones de su comunidad, sus gustos, sus hábitos. Si el aprendizaje se relaciona con su mundo, el impacto es muchísimo mayor.
Hugo: Tiene sentido. Ahora, ¿cómo mides si todo esto realmente está funcionando?
Elena: Con observación constante. Además, uso instrumentos como rúbricas, mi diario de educadora y hasta fotos y videos para registrar los avances de cada uno.
Hugo: O sea, no esperas hasta el final del ciclo para evaluar.
Elena: Para nada. La evaluación es durante todo el proceso. Esto me permite hacer ajustes sobre la marcha si veo que una estrategia no está funcionando como esperaba.
Hugo: Suena a que la maestra también está en constante aprendizaje.
Elena: ¡Ese es el punto! Incluso usé listas de cotejo para evaluar mis propias planeaciones. Así no solo valoro el avance de los niños, sino también mi propia práctica para mejorarla. Es un ciclo de mejora continua.
Hugo: Fantástico. Esa autoevaluación es clave. Y hablando de evaluar y mejorar, pasemos a otro aspecto fundamental...
Hugo: Entendido. Entonces, una vez que tienes esa planeación, ¿cómo sabes si es buena? ¿Simplemente la usas y esperas lo mejor?
Elena: ¡Ojalá fuera tan fácil! No, aquí es donde entra la evaluación. Usamos algo llamado lista de cotejo. La primera se enfoca solo en el papel, en la estructura.
Hugo: ¿Y qué busca esa lista?
Elena: Busca claridad en los objetivos, si hay coherencia entre actividades y evaluación, y si la secuencia tiene lógica. En un caso práctico, la planeación cumplió con 23 de 25 puntos. ¡Nada mal!
Hugo: ¡Casi perfecto! ¿Cuál fue el detalle que faltó?
Elena: El punto débil fue la falta de adecuaciones curriculares y estrategias para los diferentes ritmos de aprendizaje. La planeación era buena, pero un poco como una talla única.
Hugo: Claro, no todos los estudiantes aprenden igual ni al mismo tiempo.
Elena: Exacto. Por eso aplicamos una segunda lista de cotejo, pero esta vez durante la clase. Se enfocó en la motivación, la participación y el uso de recursos. El objetivo era ver si la teoría funcionaba en la práctica.
Hugo: ¿Y funcionó? ¿Hubo mejoras después de esa primera revisión?
Elena: ¡Definitivamente! En la segunda planeación, las actividades estaban mucho mejor organizadas y conectadas con los objetivos. Se notó un flujo más natural y hasta se fortaleció el trabajo colaborativo.
Hugo: Suena como que todo empezó a encajar.
Elena: Sí, e incluso se empezaron a integrar actividades diferenciadas. Aún era un área por mejorar, pero el avance fue enorme. Demuestra que evaluar no es para castigar, sino un ciclo para mejorar constantemente.
Hugo: Un ciclo de mejora continua. Me gusta. Y supongo que ese ciclo también aplica a los instrumentos que usamos para evaluar a los alumnos, ¿cierto?
Hugo: Entonces, no se trata solo de tener una buena planeación y ya. ¿Cómo pasa de ser un documento a un proceso de mejora real?
Elena: ¡Exacto! Y esa es la clave. La formación docente no termina cuando entregas la planeación. En realidad, ahí es donde empieza lo bueno.
Hugo: ¿A qué te refieres con “lo bueno”? Suena a que vienen los problemas.
Elena: Bueno, los retos. Piensa en la planeación no como un guion estricto, sino como un mapa. Sabes a dónde quieres llegar, pero la ruta puede cambiar.
Hugo: Me gusta esa idea. Un mapa flexible.
Elena: Justo. La realidad del aula es súper dinámica. Unos alumnos terminan rápido, otros necesitan más tiempo... Si te aferras al plan, te pierdes lo más importante: las necesidades del momento.
Hugo: Y, ¿cómo sabes si esos cambios que haces sobre la marcha están funcionando? ¿Es solo intuición?
Elena: Es una gran pregunta. La intuición ayuda, pero necesitas herramientas objetivas. Aquí es donde entran las rúbricas, pero no para evaluar al alumno, sino para evaluarte a ti mismo.
Hugo: ¡Ah! Eso es interesante. Usar la herramienta de evaluación... para el profesor.
Elena: Precisamente. Se usan para analizar el diseño del plan, cómo se aplicó y, lo más importante, qué impacto tuvo. Te dan datos concretos sobre qué funcionó y qué necesita un ajuste. Son como un espejo de tu práctica.
Hugo: Suena a que este proceso también te da más seguridad en el aula, ¿no?
Elena: Totalmente. Al principio da miedo improvisar, pero conforme analizas y ves los resultados, ganas confianza para tomar decisiones. Aprendes a leer las pequeñas señales de los alumnos.
Hugo: Claro, dejas de solo seguir un papel y empiezas a enseñar de verdad.
Elena: Esa es la meta. La mejora docente es un ciclo constante: planear, observar, analizar y replantear. Es un compromiso continuo con el aprendizaje... el de tus alumnos y el tuyo.
Hugo: Un proceso que nunca termina, entonces. Ahora, esto me hace pensar en los recursos que se usan en el aula...
Hugo: ...entonces no basta con tener un buen plan. Hay que ver si de verdad funciona en el campo de batalla, ¿no? O sea, en el aula.
Elena: Exacto, Hugo. Y para eso, la evaluación es mucho más que un simple examen final. Aquí es donde entran herramientas que a veces subestimamos, como el diario de clase.
Hugo: ¿Un diario? Suena a "Querido diario, hoy mis alumnos no entendieron la fotosíntesis".
Elena: ¡Ojalá fuera tan simple! No, en serio. El diario de clase es un registro detallado. Anotas qué funcionó, qué no, las dificultades, las reacciones de los alumnos... Es una mina de oro para reflexionar y ajustar tus decisiones pedagógicas.
Hugo: Entiendo. Es como la bitácora del capitán de la nave educativa. ¿Y qué más usas además de la bitácora?
Elena: Pues, las evidencias fotográficas y los trabajos de los alumnos son cruciales. No solo ves el resultado final, sino el proceso. Ves su nivel de involucramiento, cómo usan los materiales... es evidencia tangible de su progreso.
Hugo: Claro, una foto de un niño concentrado o un proyecto terminado dice más que mil palabras.
Elena: ¡Exactamente! Y al juntar todo —el diario, las fotos, sus trabajos— empiezas a ver una película, no una foto estática. Ves la mejora progresiva entre una planeación y la siguiente.
Hugo: Entonces, la idea es ir ajustando sobre la marcha. No esperar hasta el final para ver si hubo un desastre.
Elena: Esa es la clave. Se llama evaluación formativa. Es un proceso continuo, no solo una calificación. Y es fundamental porque los alumnos son súper diferentes. ¿Te imaginas tratar de medir a todos con la misma regla?
Hugo: Imposible. Tendrás al que acaba en cinco minutos, al que se distrae con una mosca, y al que simplemente... no quiere estar ahí.
Elena: Tal cual. Puedes tener un alumno que aprende rápido pero se cansa, otro que le cuesta por faltar mucho, y otro que es apático. Un examen no te dice nada de eso. Por eso la evaluación debe ser un proceso integral.
Hugo: El panorama completo. Entendido. Entonces, la evaluación es para ayudar al docente a mejorar su práctica casi tanto como para medir al alumno.
Elena: ¡Bingo! Es un ciclo de reflexión y ajuste constante. Y hablando de ajustes, eso nos lleva directamente a cómo diversificar las estrategias didácticas para llegar a todos esos perfiles de alumnos.
Hugo: Bueno, Elena, ya que entendemos el contexto general, me encantaría que nos dieras un ejemplo concreto. Píntanos un cuadro de una de estas instituciones.
Elena: ¡Claro! Pensemos en el jardín de niños Estefanía Castañeda en Jalisco. Es un centro de trabajo muy completo. Cuenta con cuatro educadoras, una directora, maestros de música y educación física, y personal de apoyo. Un equipo bastante robusto.
Hugo: Suena como que tienen todos los frentes cubiertos. ¿Y las instalaciones cómo son?
Elena: Son geniales. Tienen cuatro aulas, una cocina, un patio cívico y dos áreas de juegos. Además, hay áreas verdes con columpios, resbaladillas y hasta una casita de madera. Un entorno muy agradable para los niños.
Hugo: Totalmente. Y hablas del entorno físico, pero ¿cuál es el ambiente humano? ¿La vibra del lugar?
Elena: Esa es la clave. El ambiente es muy positivo. Hay una excelente comunicación y apoyo entre las docentes, y también con los padres de familia, que son muy participativos.
Hugo: Qué bien. Un buen apoyo entre adultos es fundamental. ¿Y cómo se traduce eso dentro del aula, con los alumnos?
Elena: Ahí la cosa se pone más compleja, como es normal. Por un lado, los niños se apoyan, trabajan bien en equipo. Pero por otro... a veces se excluyen o discuten por pequeñeces. Ya sabes, cosas de niños.
Hugo: El día a día de un salón de clases, vamos.
Elena: Exacto. Lo fascinante es observar el liderazgo natural que surge. Hay un alumno que va un poco más avanzado y motiva a los demás, les ayuda. Son niños muy participativos, les encanta jugar y bailar.
Hugo: Qué interesante ver cómo se forma esa microsociedad. Entonces, tenemos la estructura y las dinámicas. Ahora, ¿cómo influye todo esto en la planeación didáctica?
Hugo: Bueno, Elena, para nuestro último tema, hablemos de algo que suena muy técnico: currículo y enfoques pedagógicos.
Elena: Suena a examen final, ¿verdad? Pero es más simple y útil de lo que parece. Se trata de cómo se construye el aprendizaje.
Hugo: De acuerdo, desmitifícalo para nosotros. ¿Cuáles son los enfoques clave?
Elena: Nos centramos en dos ideas muy potentes: el aprendizaje significativo y la socioformación. La idea principal es que los alumnos construyan su conocimiento activamente.
Hugo: O sea, ¿no solo sentarse a escuchar y memorizar?
Elena: ¡Exactamente! No son receptores pasivos. Con el aprendizaje significativo, partimos de las experiencias y conocimientos que ya tienen los alumnos.
Hugo: ¿Y por qué es eso tan importante?
Elena: Porque cuando relacionas lo nuevo con algo que ya conoces, la comprensión es mucho más profunda y duradera. Se crean conexiones reales en tu cerebro.
Hugo: Tiene todo el sentido. ¿Y qué hay de la socioformación? Suena a algo social.
Elena: ¡Y lo es! Este enfoque orienta todo hacia la resolución de problemas reales, situaciones que encuentras en tu día a día.
Hugo: ¡Ah, aprender haciendo cosas que de verdad importan!
Elena: ¡Esa es la clave! Fomenta el trabajo en equipo, la colaboración y que tomes decisiones responsables dentro de tu propio entorno. No es solo teoría, es práctica.
Hugo: Entonces, para recapitular... los enfoques buscan que el aprendizaje parta de ti y te sirva para resolver problemas reales. ¿Así de simple?
Elena: Así de simple y así de poderoso. Se trata de construir, no solo de recibir. Y con esa idea, creo que hemos cubierto muchísimo terreno hoy.
Hugo: Definitivamente. Ha sido increíblemente revelador. Muchísimas gracias, Elena, por compartir tu sabiduría con nosotros.
Elena: El placer ha sido mío, Hugo. ¡Hasta la próxima!
Hugo: Y a todos los que nos escuchan, gracias por sintonizar Studyfi Podcast. ¡Sigan aprendiendo!