Podcast sobre Historia de los Medios en Argentina
Historia de los Medios en Argentina: Cine, Radio y TV
Podcast
Historia del Cine General
Délka: 25 minut
Kapitoly
El nacimiento caótico del cine
El cine de atracciones
La crisis y el cambio a la narrativa
Los Nickelodeons y la industria
Nace el lenguaje del cine
Vanguardias y el sonido
Rebeldía en la Pantalla
Cine Bajo la Sombra
Crisis y Nuevo Impulso
La Construcción de una Diva
El Cine como Escuela Social
Las Reglas del Sueño
Rompiendo el Molde
La Edad de Oro
El Nuevo Cine Argentino
Cine y Dictadura
El Cine de Hoy
Los Locos de la Azotea
La Época de Oro y el Estado
La Competencia de la TV
La Revolución FM y el Futuro
La era dorada de los 60
La TV como espejo y crítica
Tiempos oscuros y color
Zapping, democracia y nuevo milenio
Resumen y despedida
Přepis
Lucas: Imagina esto. No estás en una sala oscura y silenciosa. Estás en una feria ruidosa a principios del siglo veinte, con olor a palomitas y aserrín. La gente grita, la música de un organillo suena a todo volumen... y en una carpa, una pantalla parpadea.
Marta: Y no estás solo. Al lado de la pantalla hay un tipo, un "explicador", que narra en voz alta lo que pasa, porque muchas veces el público no sabía leer o no entendía los nuevos códigos visuales. Suena a locura, ¿verdad?
Lucas: Totalmente. Pero esa experiencia tan caótica y llena de vida fue el verdadero origen del cine. Esto es Studyfi Podcast, y hoy vamos a desentrañar cómo pasamos de esa feria a las superproducciones de hoy.
Marta: Exacto. Al principio, el cine no buscaba contar historias complejas como las que conocemos. Era lo que el historiador Tom Gunning llamó el "Cine de Atracciones".
Lucas: ¿Cine de Atracciones? ¿Como una montaña rusa visual?
Marta: ¡Justo así! El objetivo era el impacto, la sorpresa. Mostrar un tren que parecía que se te venía encima, vistas de lugares exóticos, un desfile militar... la magia estaba en el simple hecho de ver movimiento en una pantalla.
Lucas: O sea que la gente iba solo por el asombro de la tecnología. Bastaba con que algo se moviera para que fuera un éxito.
Marta: Precisamente. Se buscaba captar la mirada de inmediato. Y aquí es donde brilla una figura clave: Georges Méliès. Él era un mago y vio el potencial para crear fantasía, para usar trucos de cámara y hacer aparecer y desaparecer cosas. ¡Pura magia visual!
Lucas: Pero, como con toda novedad, supongo que la fascinación inicial se agota. ¿Qué pasó cuando la gente se acostumbró a la máquina?
Marta: Muy buena pregunta. El cine entró en su primera gran crisis. El público ya no se sorprendía tan fácil. Para sobrevivir, el cine tuvo que evolucionar. Tuvo que dejar de ser una simple atracción.
Lucas: Y empezar a contar historias.
Marta: Exacto. Se dio el gran salto de "la película muestra" a "la película cuenta". El cine necesitaba desarrollar un lenguaje propio para construir relatos más largos, complejos y dramáticos que pudieran mantener al espectador enganchado.
Lucas: Y en Estados Unidos, algo aceleró muchísimo ese cambio, ¿no? Los famosos Nickelodeons.
Marta: ¡Absolutamente! Entre 1905 y 1908, aparecieron los Nickelodeons: las primeras salas permanentes dedicadas solo al cine. Su nombre viene de "nickel", la moneda de cinco centavos que costaba la entrada, y "odeon", que es teatro en griego.
Lucas: Cinco centavos. Eso es increíblemente barato. Democratizó el entretenimiento por completo.
Marta: Por completo. Abrió el cine a las clases trabajadoras y a los inmigrantes, que no necesitaban saber inglés para disfrutarlo. De repente, el cine dejó de ser una atracción de feria para convertirse en un hábito, en un espacio de consumo masivo.
Lucas: Y con salas permanentes, necesitaban películas nuevas constantemente. Eso debió crear una industria de la noche a la mañana.
Marta: Creó la base de la industria moderna. Los dueños de las salas ya no compraban las películas, las alquilaban. Esto permitía cambiar la programación casi a diario, lo que generó una demanda brutal y estimuló la producción a gran escala. Aquí empieza a tomar forma el sistema de producción, distribución y exhibición que conocemos.
Lucas: Vale, ya tenemos la industria. Pero, ¿cómo aprendió el cine a "contar"? Mencionaste un nuevo lenguaje...
Marta: Aquí entran conceptos clave como el montaje. El montaje es el arte de cortar y ordenar los planos para construir un sentido, para guiar al espectador. El cineasta D.W. Griffith fue un pionero en esto.
Lucas: ¿Cómo lo hizo?
Marta: Por ejemplo, con el montaje paralelo. Imagina que te muestro a una persona en apuros en una casa... y luego corto a un héroe que corre a salvarla. Y voy alternando entre las dos escenas. ¿Qué sientes tú como espectador?
Lucas: Tensión, suspenso... ¡quiero saber si llega a tiempo!
Marta: ¡Exacto! Eso es el montaje creando drama. Estás manipulando el tiempo y el espacio para generar una emoción. Ese es el salto del Modo de Representación Primitivo, o MRP, que era muy teatral y con planos fijos, al Modo de Representación Institucional, o MRI.
Lucas: El MRI sería entonces el cine narrativo, el que conocemos hoy, con sus reglas y recursos como el plano-contraplano para las conversaciones.
Marta: Justo eso. El cine en el MRI ya no solo muestra, sino que organiza la mirada del espectador para contar una historia de la forma más efectiva y emocional posible, tomando elementos de la literatura y el teatro para construir personajes y tramas.
Lucas: Pero no todo el mundo siguió esas reglas, ¿o sí? Siempre hay rebeldes.
Marta: Siempre los hay. Y gracias a ellos el arte avanza. Surgieron las vanguardias, que rompían con el modelo de Hollywood. El Expresionismo Alemán, por ejemplo, usaba escenarios deformados e iluminaciones extrañas para mostrar la psicología de los personajes.
Lucas: Suena muy intenso.
Marta: Lo era. O la Vanguardia Soviética, que usaba el montaje no para crear continuidad, sino como un choque de ideas para generar una reacción política en el espectador. Y luego, claro, llegó el sonido en 1929 y lo cambió todo de nuevo.
Lucas: Se tuvieron que redefinir todos los géneros. De repente, el diálogo era clave en la comedia y el sonido de las ametralladoras era fundamental en el cine de gánsteres.
Marta: Exacto. La historia del cine no es una línea recta de progreso tecnológico, como criticaba el autor Benet. Es una historia de rupturas, crisis y cambios de paradigma. Una mezcla fascinante de arte, tecnología, economía y sociedad.
Lucas: Y ese cine europeo tan rupturista, ¿cómo influyó en Latinoamérica? Pienso en Argentina, que siempre tuvo una industria potente.
Marta: ¡Totalmente! De hecho, en los años 60, esa influencia generó el llamado Nuevo Cine Argentino. Un grupo de jóvenes directores sintió que el cine clásico ya no reflejaba la realidad del país.
Lucas: O sea, una especie de rebelión cinematográfica. ¿Qué hicieron diferente?
Marta: Salieron a las calles. Usaron luz natural, actores no profesionales, y contaban historias más crudas sobre crisis personales o el vacío de la burguesía. rompieron con la narrativa tradicional. Uno clave fue Leopoldo Torre Nilson.
Lucas: Suena muy a cine independiente, ¿no?
Marta: Exacto. Y para finales de la década, esto se volvió aún más político con el Cine Militante. Veían el cine como un arma para denunciar injusticias. La obra cumbre fue “La Hora de los Hornos”.
Lucas: He oído de ella. ¿Es cierto que la proyectaban en secreto?
Marta: Sí, ¡clandestinamente en fábricas y parroquias! Después de la película, se armaba un debate. No era solo ver cine, era participar.
Lucas: Vaya, sí que se tomaban en serio la noche de pelis.
Marta: Pero esa libertad no duró. Con la dictadura militar del 76, empezó una época terrible de censura y persecución. Artistas desaparecidos, como Raymundo Gleyzer, y un exilio masivo.
Lucas: ¿Y se podía filmar algo en ese contexto?
Marta: Era casi imposible. Pero algunos cineastas resistieron usando metáforas y símbolos para hablar de la opresión sin ser explícitos. Un cine de resistencia muy sutil.
Lucas: Qué valientes... ¿Y después?
Marta: Con la vuelta de la democracia en el 83, el cine se convirtió en un espacio para la memoria. Y ahí llegó “La historia oficial”, que trató el tema de los bebés apropiados y ganó el primer Oscar para Argentina. ¡Fue un momento histórico!
Lucas: Un final feliz, entonces.
Marta: No tan rápido. En los 90, el cine argentino entró en crisis con el VHS, los videojuegos... lo típico de la época. Pero el país reaccionó.
Lucas: ¿Cómo?
Marta: Se creó el INCAA, un instituto para financiar y proteger el cine. Además, surgieron escuelas como la FUC o la ENERC, que formaron a una nueva generación de directores increíbles.
Lucas: Qué buena historia de resiliencia. Me fascina cómo el cine de un país puede ser un espejo tan fiel de su historia política y social. Ahora, ¿qué tal si saltamos a un continente con una historia completamente diferente?
Marta: ...y esa es justamente la magia del cine, ¿no? Cómo nos transporta. Pero esa magia no era para nada espontánea, especialmente en la época dorada de Hollywood.
Lucas: ¿Te refieres a cuando llaman a Hollywood “la fábrica de sueños”? Siempre me sonó un poco exagerado.
Marta: Suena a eslogan, pero era bastante literal. Piénsalo así: los grandes estudios como Paramount o Warner Bros no solo hacían películas, fabricaban estrellas.
Lucas: ¿Fabricaban? ¿Cómo se fabrica una persona?
Marta: Con contratos muy astutos. Es lo que se llamó el “Star System”. Al principio, los actores eran anónimos para no tener que pagarles más si se hacían populares.
Lucas: Qué listos... Pero la gente querría saber quiénes eran, ¿no?
Marta: Exacto. La presión del público fue tan grande que los estudios cambiaron de táctica. Empezaron a firmar contratos de exclusividad de hasta siete años.
Lucas: ¡Siete años! Eso es muchísimo tiempo.
Marta: Y no solo controlaban su trabajo. Controlaban su vida privada, con quién salían, cómo se vestían... todo para mantener una imagen pública perfecta. Una estrella como Rita Hayworth o Cary Grant era, en esencia, propiedad del estudio.
Lucas: Entonces, la imagen de la estrella de cine era... un producto diseñado.
Marta: Totalmente. La teórica Nora Mazziotti lo explica genial. Dice que una estrella no nace, se construye. Es un diseño cuidadoso de vestuario, maquillaje, peinado e iluminación.
Lucas: Suena como una operación de marketing.
Marta: Lo era. Y el arma secreta fue el primer plano. De repente, podías ver el rostro de la estrella en un tamaño inmenso, lo que creaba una sensación de cercanía e intimidad con el público.
Lucas: Claro, te sentías más conectado con ellos.
Marta: Sí. Y el vestuario era clave. No usaban ropa normal. Mazziotti dice que eran atuendos de “semidiosas”, con telas como satén o terciopelo para proyectar una riqueza inalcanzable.
Lucas: ¿Y eso funcionaba incluso en blanco y negro?
Marta: ¡Claro! Tenían una tabla de equivalencias. El rojo, por ejemplo, se veía como un color claro y brillante en pantalla. Todo estaba calculado.
Lucas: O sea que no solo veías una película, estabas viendo un manual de estilo.
Marta: Exacto. Mazziotti también dice que el cine funcionaba como una “escuela de educación social”.
Lucas: ¿Una escuela? ¿Qué enseñaba?
Marta: Todo. Las estrellas enseñaban al público cómo vestirse, cómo moverse, cómo peinarse... incluso cómo sufrir con elegancia o cómo fingir amor.
Lucas: Ahora entiendo por qué mi abuela suspiraba de forma tan dramática. ¡Aprendió de las películas!
Marta: ¡Probablemente! Los medios no solo reflejaban la realidad, la construían. Moldeaban las aspiraciones y conductas de la gente, definiendo qué era bello, exitoso o femenino.
Lucas: Pero si todo era tan perfecto y aspiracional, ¿había límites? ¿Algo que no se pudiera mostrar?
Marta: Oh, sí. Y muchos. Grupos conservadores y religiosos empezaron a quejarse de que el cine corrompía la moral.
Lucas: La clásica historia... ¿y qué hizo la industria?
Marta: Para evitar la censura del gobierno, se autocensuraron. Crearon el famoso Código Hays en los años 30.
Lucas: ¿Qué prohibía ese código?
Marta: Uf, de todo. Nada de desnudos, ni sexualidad abierta, ni relaciones interraciales, ni consumo de drogas. Tampoco se podían burlar de la religión o el gobierno.
Lucas: Vaya... ¿Y los malos de las películas?
Marta: Ah, aquí viene lo importante: los delincuentes siempre, siempre, tenían que recibir su castigo al final de la historia. El crimen nunca podía parecer que valía la pena.
Lucas: O sea, un mundo muy controlado y bastante irreal. ¿Hubo algún movimiento que fuera en contra de todo eso?
Marta: ¡Por supuesto! Mucho después, y en otros lugares, surgieron cines que buscaban todo lo contrario. Un gran ejemplo es el Nuevo Cine Argentino Contemporáneo.
Lucas: ¿Y qué lo hacía diferente?
Marta: Era la antítesis de Hollywood. Películas de bajo presupuesto, con actores desconocidos y filmadas en escenarios reales. Usaban un lenguaje cotidiano, súper natural.
Lucas: Suena mucho más real, claro.
Marta: Lo era. Hablaban de marginalidad, de exclusión, de gente que el cine tradicional ignoraba. Una película clave fue “Pizza, birra, faso”, que es un retrato crudo y realista de jóvenes marginales de Buenos Aires. Una bofetada de realidad frente a la fábrica de sueños.
Lucas: Y hablando de cómo el arte refleja la sociedad, Marta, no podemos dejar de lado el cine argentino. Es un caso de estudio fascinante.
Marta: Totalmente, Lucas. Sandra Furelos, una experta en el tema, dice algo genial: "¿Por qué ver cine argentino? Para pensarnos a nosotros mismos". Y tiene toda la razón.
Lucas: Entonces, empecemos por el principio. ¿Cómo era ese cine que ayudaba a la gente a "pensarse a sí misma" en sus inicios?
Marta: Pues, si viajamos a la Época de Oro, en los años cuarenta y cincuenta, nos encontramos con las famosas "comedias blancas". Eran películas que promovían un modelo de mujer muy tradicional.
Lucas: A ver... déjame adivinar. ¿Matrimonio, hijos, y la felicidad a través del esposo?
Marta: ¡Exacto! Diste en el clavo. El mejor ejemplo es una película de 1941 llamada *Los martes, orquídeas*. La protagonista, Elenita, es una chica que prefiere leer libros antes que buscar marido.
Lucas: ¡Qué escándalo! Una mujer leyendo... a dónde vamos a parar.
Marta: Imagínate. Sus hermanas la llaman "amargada" y "solterona". Pero claro, en cuanto conoce a un hombre, Efraín, su vida se transforma mágicamente. El mensaje era clarísimo: la única felicidad para una mujer es el matrimonio.
Lucas: Qué fuerte. Pero supongo que eso no duró para siempre. ¿Cuándo empezó a cambiar la cosa?
Marta: En los años sesenta, con la llegada del "Nuevo Cine Argentino". Fue una ruptura total. Directores que filmaban fuera del sistema industrial, con una mirada mucho más realista y crítica.
Lucas: Suena interesante. ¿Qué tipo de historias contaban?
Marta: Mostraban conflictos sociales, criticaban a la burguesía... Por ejemplo, en *Los Jóvenes Viejos*, de Rodolfo Kuhn, vemos a una juventud totalmente desorientada, que no sabe si seguir las reglas o crear su propio camino.
Lucas: Y me imagino que las mujeres también cambiaron en estas películas.
Marta: Absolutamente. Se empezaron a ver mujeres con más autonomía, que decidían sobre su vida afectiva y sexual. Otra película clave es *La casa del ángel*, que es una crítica brutal a la educación represiva de la alta sociedad, al fanatismo religioso y al control sobre las mujeres.
Lucas: Claro, y después de esa apertura... llegó una de las épocas más oscuras, la última dictadura militar.
Marta: Sí, de 1976 a 1983. Fue un período de censura y persecución. Pero, paradójicamente, el cine de esa época también nos dice mucho sobre la ideología del momento.
Lucas: ¿En qué sentido?
Marta: Bueno, por un lado tenías películas que exaltaban a los militares. Por otro, comedias que reforzaban el modelo de familia súper tradicional. Y lo más preocupante, películas que naturalizaban la violencia machista.
Lucas: ¿Como cuáles?
Marta: Furelos analiza *Fotógrafo de señoras*, de 1978. En ella, un hombre acusado de violación es presentado como alguien atractivo y seductor. Es terrible, porque asocia la violencia sexual con la masculinidad.
Lucas: Qué peligroso. ¿Y no había cine de resistencia?
Marta: Sí, pero de forma muy sutil. Existían las llamadas "alegorías del encierro". Películas como *La isla* o *La nona* que usaban metáforas para criticar a la dictadura sin que los censores se dieran cuenta.
Lucas: Y hoy en día, ¿cómo ves el panorama? ¿Seguimos discutiendo estas cosas?
Marta: Definitivamente. El cine actual sigue reflejando los cambios. Aparecen nuevas problemáticas en películas comerciales: la homosexualidad, el divorcio, nuevas formas de familia...
Lucas: Eso es un gran avance.
Marta: Lo es. Sin embargo, aquí viene el detalle... muchas de estas historias todavía se resuelven desde una perspectiva conservadora, como si al final del día el modelo tradicional de familia siguiera siendo el único válido.
Lucas: O sea que, por un lado, se abren puertas, pero por otro, cuesta soltar el pasado.
Marta: Exacto. En paralelo, tienes a directores independientes como Lucrecia Martel o Pablo Trapero, que sí abordan sin filtros la desigualdad, la corrupción y los conflictos de la Argentina profunda.
Lucas: Es una tensión constante, entonces. Entre lo comercial y lo crítico, entre el pasado y el presente. Fascinante. Y hablando de directores que rompen moldes, creo que eso nos lleva directamente a nuestro próximo tema...
Lucas: Y hablando de cómo los medios cambian la sociedad, la radio tiene una historia fascinante en Argentina, ¿no, Marta?
Marta: Totalmente, Lucas. Y es una historia que empieza de una forma muy... cinematográfica, te diría.
Lucas: ¿A qué te refieres? ¿Algo con mucho drama?
Marta: Imagínate esto: es 1920. Un grupo de amigos, a los que apodaban “Los Locos de la azotea”, suben al techo del Teatro Coliseo. Y desde ahí... ¡hacen la primera transmisión de radio del país!
Lucas: Espera, ¿los pioneros de la radio eran literalmente unos “locos” en un techo?
Marta: ¡Exactamente! Al principio era pura experimentación. Leían el diario en voz alta, ponían música en vivo... era muy artesanal. Pero pronto se volvió un negocio serio.
Lucas: ¿Y cuándo explotó de verdad? ¿Cuándo se volvió masiva?
Marta: En los años treinta, con el radioteatro. Era como las series de Netflix de hoy, pero solo en audio. Familias enteras se juntaban alrededor de la radio para escuchar las historias.
Lucas: ¡Qué imagen! Y me imagino que los políticos vieron ese poder de convocatoria.
Marta: Claro. Durante el gobierno de Perón, la radio se convirtió en una herramienta de difusión política muy potente. El Estado intervino las principales emisoras privadas.
Lucas: O sea que el gobierno controlaba lo que se escuchaba.
Marta: En gran parte, sí. Pero también fue la época dorada del tango y de las grandes orquestas en vivo. Y en 1951, se creó el ISER para profesionalizar a los locutores.
Lucas: Pero justo ahí, en 1951... aparece un nuevo rival en la sala.
Marta: La televisión. Fue un golpe durísimo. La gente y la publicidad empezaron a migrar a la pantalla. La radio tuvo que reinventarse o morir.
Lucas: ¿Y cómo lo hizo?
Marta: Explotando sus fortalezas: la inmediatez y la compañía. Y gracias a una pequeña maravilla tecnológica... la radio a transistores.
Lucas: ¡Claro! La radio se volvió portátil. Ya no tenías que estar en casa para escucharla.
Marta: Exacto. Nació la escucha individual. El prime time se mudó a la mañana, con grandes conductores como Cacho Fontana, para acompañar a la gente en el auto o en el trabajo.
Lucas: Y luego llegó otra revolución... la de la frecuencia modulada, la FM.
Marta: ¡Sí! Durante los años 80 y 90, la FM explotó. Se especializó en música y trajo un lenguaje mucho más joven y relajado con figuras como Mario Pergolini.
Lucas: Mientras que la AM se quedó con las noticias y la actualidad, ¿cierto?
Marta: Correcto. Pero la última gran transformación vino con Internet. Rompió la barrera del tiempo. Ya no tienes que escuchar en vivo... nació el consumo “a demanda”.
Lucas: Como los podcasts... ¡como el nuestro!
Marta: Exacto. La radio pasó de ser generalista, a especializada, y ahora es interactiva y global gracias a la red. Una evolución constante.
Lucas: Es increíble cómo un medio con más de cien años sigue adaptándose. Y hablando de adaptación, esa transición al mundo digital no solo afectó a la radio...
Lucas: Y con eso cerramos el increíble mundo de la radio. Pero, Marta, si la radio fue la voz de una era, la televisión fue la ventana. ¿Qué pasó cuando esa ventana se abrió de par en par en los años 60?
Marta: ¡Qué buena pregunta, Lucas! Los 60 fueron la verdadera explosión. La tele se masificó, aparecieron los canales privados como Canal 9 y el 13, y ya había cientos de miles de televisores en las casas.
Lucas: ¿Y qué cambió en la forma de hacer tele?
Marta: El cambio fue total con la llegada del videotape. ¡Imaginate que antes era todo en vivo! Si un actor se equivocaba, salía al aire. El videotape permitió grabar, editar, planificar... mejoró muchísimo la calidad.
Lucas: Claro, aunque se perdía un poco esa magia del directo, ¿no?
Marta: Exacto. Y con esa nueva calidad, nació una estética que se llamó “pop criollo”. Era una mezcla de lo nuestro, lo argentino, con las modas que venían de afuera. Mucho color, peinados locos... como en el programa “El Club del Clan”.
Lucas: ¡Un clásico! ¿Y a qué te referís con “metadiscurso televisivo”? Suena súper complicado.
Marta: No lo es, para nada. Significa que la tele empezó a hablar de sí misma. Creaba sus propias estrellas, como Pepe Biondi o Carlitos Balá, y los programas se hacían guiños entre ellos. La tele construía su propio universo.
Lucas: Pero no todo era entretenimiento. La televisión también empezó a mostrar la realidad, para bien y para mal.
Marta: Totalmente. Por un lado, tenías personajes como Mafalda, de Quino, que criticaba cómo la tele podía aislar a la familia. Era una mirada de alerta. Pero por otro, se convirtió en un testigo clave de la historia.
Lucas: ¿Te referís a eventos como el Cordobazo?
Marta: Precisamente. En 1969, las cámaras mostraron en vivo una protesta social masiva que el gobierno militar de Onganía intentaba ocultar. La gente vio en la tele una realidad que el discurso oficial negaba.
Lucas: ¡Qué poderoso! Y ese mismo año, el hombre llegó a la Luna.
Marta: ¡Exacto! Y toda Argentina lo vio en simultáneo. La tele nos conectó con el mundo como nunca antes. Dejó de ser solo un aparato para convertirse en un constructor de realidad.
Lucas: Pero esa capacidad de construir realidad también puede ser peligrosa... sobre todo en una dictadura.
Marta: Uf, sin dudas. Durante la última dictadura militar, del 76 al 83, la tele fue controlada por completo. Censura, listas negras de artistas, manipulación... El Mundial del 78, por ejemplo, se usó como una gran propaganda para limpiar la imagen del gobierno.
Lucas: Y en medio de esa oscuridad, llegó el color. ¿Qué ironía, no?
Marta: Una ironía total. En 1980 empezaron oficialmente las transmisiones a color, justo cuando el país vivía uno de sus momentos más grises. Canal 7 pasó a llamarse ATC, Argentina Televisora Color.
Lucas: Con la vuelta de la democracia en los 80, todo volvió a cambiar. Y llegó el cable.
Marta: ¡Y con el cable, llegó el zapping! El control remoto se convirtió en el rey del living. Ya no veías un solo canal, saltabas de uno a otro. ¡Una revolución en el consumo!
Lucas: El terror de los publicistas. Y en los 90, con las privatizaciones, surgieron los grandes canales como Telefe.
Marta: Sí, y con ellos, éxitos gigantes como “Grande, Pa!” o “Chiquititas”. También formatos de humor como Videomatch. La tele se volvió más comercial y masiva que nunca.
Lucas: Y ya en los 2000, vimos el boom de los realities y ficciones de una calidad increíble como “Los Simuladores”.
Marta: Exacto. Y en 2009, la Ley de Medios intentó regular un poco ese mapa de grandes multimedios. Pero justo ahí... apareció un nuevo jugador.
Lucas: Internet.
Marta: Internet. YouTube, las redes, el streaming... La tele perdió el monopolio de la atención. Pero no murió, eh. Se está adaptando, buscando su lugar en este nuevo mundo digital.
Lucas: Increíble viaje. Desde esa primera transmisión en 1951 hasta hoy, la tele fue el espejo de nuestra sociedad, con sus luces y sus sombras.
Marta: Totalmente. La clave es entenderla no solo como tecnología, sino como un actor cultural y político que nos formó y nos sigue formando. Un reflejo de lo que fuimos y lo que somos.
Lucas: Bueno, con esta historia apasionante cerramos nuestro ciclo en Studyfi Podcast. Esperamos que les haya servido para estudiar y, sobre todo, para despertar la curiosidad.
Marta: ¡Esa es la idea! Gracias por acompañarnos en cada episodio. Sigan preguntando, sigan aprendiendo. ¡Hasta la próxima!
Lucas: ¡Adiós a todos!