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Wiki🏛️ HistoriaHistoria Argentina: Revolución y Peronismo (1966-1976)Podcast

Podcast sobre Historia Argentina: Revolución y Peronismo (1966-1976)

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Podcast

La Revolución Argentina: ¿Modernización o Represión?0:00 / 26:57
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PaulaLa mayoría de los estudiantes piensan que las dictaduras militares solo quieren volver al pasado, imponer orden y listo. Pero, ¿y si te dijera que la dictadura que empezó en Argentina en 1966 quería, en realidad, una modernización económica radical?
AlejandroEs una idea que choca, ¿verdad? Y esa es la clave para entender este período. No buscaban simplemente restaurar el viejo orden conservador. Tenían un proyecto de transformación profunda, aunque autoritaria.
Capítulos

La Revolución Argentina: ¿Modernización o Represión?

Délka: 26 minut

Kapitoly

Una dictadura diferente

Represión cultural y social

El plan económico y sus consecuencias

El fracaso del modelo

Un plan para modernizar

La receta de Krieger Vasena

Un enemigo en casa

Las fronteras de la mente

Control para la economía

La noche de los bastones largos

Un poder con dos caras

El modelo Vandorista

La gran división

Nuevas corrientes y figuras

El Cordobazo

La Radicalización Política

Las Organizaciones Armadas

El Regreso y la Tragedia

Perón Presidente... Otra Vez

El Quiebre Definitivo

La Plaza del Adiós

Přepis

Paula: La mayoría de los estudiantes piensan que las dictaduras militares solo quieren volver al pasado, imponer orden y listo. Pero, ¿y si te dijera que la dictadura que empezó en Argentina en 1966 quería, en realidad, una modernización económica radical?

Alejandro: Es una idea que choca, ¿verdad? Y esa es la clave para entender este período. No buscaban simplemente restaurar el viejo orden conservador. Tenían un proyecto de transformación profunda, aunque autoritaria.

Paula: Me intriga muchísimo. Estás escuchando Studyfi Podcast. Entonces, Alejandro, hablemos de ese golpe de Estado de 1966. ¿Qué lo hizo tan especial?

Alejandro: Bueno, para empezar, el general Juan Carlos Onganía no lo planteó como un gobierno de transición. Él dijo una frase famosa: que su gobierno "no tenía plazos, sino objetivos".

Paula: Uf, eso suena a que planeaban quedarse un buen rato. ¿Y quiénes apoyaban este proyecto?

Alejandro: Era una nueva alianza de poder. Por un lado, las Fuerzas Armadas, y por otro, las grandes empresas industriales, tanto nacionales como extranjeras. También tenían el apoyo de algunos sectores sindicales, la prensa y la Iglesia Católica. Juntos formaron lo que se llama un "Estado burocrático-autoritario".

Paula: ¿Estado burocrático-autoritario? Suena a algo salido de un examen difícil.

Alejandro: Es un término clave, pero la idea es simple. Es un gobierno de tecnócratas y militares que busca modernizar la economía capitalista usando la fuerza, sin elecciones ni Congreso. De hecho, lo primero que hicieron fue cerrar el Congreso y disolver los partidos políticos.

Paula: Entiendo. Entonces, por un lado querían modernizar la economía, pero por otro, ¿qué pasaba con la sociedad? ¿Con la gente?

Alejandro: Ahí está la gran contradicción. Mientras modernizaban la economía, sus políticas sociales y culturales eran ultra conservadoras. Su objetivo era desactivar cualquier tipo de protesta social, disciplinar a los trabajadores y, sobre todo, vigilar a los jóvenes.

Paula: ¿Vigilar a los jóvenes? ¿A qué te refieres con eso?

Alejandro: A un control total. Un ejemplo muy famoso es "La Noche de los Bastones Largos" en 1966. La policía entró violentamente a las facultades de la Universidad de Buenos Aires y golpeó a estudiantes y profesores.

Paula: Qué terrible. ¿Por qué veían a las universidades como una amenaza?

Alejandro: Porque según su Doctrina de la Seguridad Nacional, las universidades eran "semilleros de subversivos y comunistas". Creían que cualquier espacio de pensamiento crítico era peligroso.

Paula: Y este control no se quedó solo en la universidad, ¿o sí?

Alejandro: Para nada. Se extendió a la vida cotidiana. Se censuraron películas, obras de teatro y revistas. El comisario Luis Margaride, por ejemplo, era famoso por arrestar a jóvenes en la calle solo por tener el pelo largo y rapárselos en la comisaría.

Paula: ¿En serio? ¿La policía te arrestaba por tu peinado? Parece un chiste malo.

Alejandro: Totalmente. También hacían redadas en hoteles para buscar parejas "infieles". Era un intento de controlar las costumbres de una juventud que estaba cambiando muy rápido. La modernización económica chocaba de frente con un conservadurismo cultural extremo.

Paula: Hablemos de esa modernización económica. En 1967 nombran a un nuevo ministro de Economía, Adalbert Krieger Vasena. ¿Cuál era su plan?

Alejandro: El plan de Krieger Vasena buscaba estabilizar la economía y atraer inversiones extranjeras. Benefició muchísimo a las grandes empresas transnacionales, que vieron una oportunidad de oro en Argentina.

Paula: Suena bien para las multinacionales, pero ¿qué pasó con el resto del país? ¿Con las pequeñas empresas, los trabajadores?

Alejandro: Ahí está el problema. Su política provocó la quiebra de muchísimas pequeñas y medianas empresas locales que no podían competir. Además, para financiar la industrialización, le puso impuestos altos a las exportaciones del campo, lo que enojó a los sectores agropecuarios.

Paula: O sea que, en resumen, el plan beneficiaba a unos pocos de arriba y perjudicaba a casi todos los demás. Qué sorpresa.

Alejandro: Exacto. Y eso, sumado al malestar de la clase media por la censura y de los obreros por las malas condiciones de trabajo, empezó a quitarle todo el apoyo a la dictadura. El modelo de modernización autoritaria comenzaba a hacer agua por todos lados.

Paula: Entonces, la resistencia empezó a crecer. ¿Cómo reaccionó la gente a todo esto?

Alejandro: Las protestas se intensificaron. Hubo huelgas muy importantes en los puertos, en los ferrocarriles y en los ingenios azucareros de Tucumán. La represión fue brutal, con manifestantes asesinados como Hilda Guerrero de Molina y el estudiante Santiago Pampillón.

Paula: Es decir, el intento de "disciplinar" a la sociedad tuvo el efecto contrario. La gente se rebeló.

Alejandro: Precisamente. La combinación de la desnacionalización de la economía, una inflación que no podían controlar y una represión social cada vez más fuerte, hizo que el gran proyecto de la "Revolución Argentina" fracasara. Se demostró que no se puede modernizar un país a costa de sus libertades y del bienestar de su gente.

Paula: Queda clarísimo. La dictadura de Onganía no era solo un intento de volver al pasado, sino un proyecto fallido de futuro autoritario. Un tema complejo, pero fundamental para entender lo que vendría después.

Alejandro: Así es. Y lo que vino después, con el regreso de Perón, es una historia igual de intensa.

Paula: Y claro, si la justificación del golpe era el subdesarrollo, necesitaban un plan económico fuerte, ¿no?

Alejandro: Exactamente. Ahí es donde entra Adalbert Krieger Vasena en 1966. Su gran objetivo era modernizar la industria para competir afuera y, sobre todo, combatir la inflación.

Paula: La inflación... un problema recurrente en Argentina. ¿Por qué era tan grave en ese momento?

Alejandro: Buena pregunta. Era por las crisis cíclicas. Pensálo así: la industria necesitaba importar insumos para crecer. Pero para pagar esas importaciones, solo teníamos las divisas de las exportaciones del campo.

Paula: O sea, ¿la industria crecía y las exportaciones del campo no daban abasto para pagar las importaciones?

Alejandro: ¡Exacto! Y eso generaba una crisis de balanza de pagos. Faltaban dólares. La solución clásica era devaluar la moneda, pero eso disparaba los precios de la comida y... más inflación.

Paula: Un círculo vicioso. Entonces, ¿qué hizo Krieger Vasena para romperlo?

Alejandro: Aquí viene lo interesante. Hizo una gran devaluación del 40%, pero al mismo tiempo... ¡pum! Puso retenciones a las exportaciones agropecuarias por un porcentaje similar.

Paula: ¡Espera! ¿Devaluó para ayudar al campo, pero a la vez le cobró un impuesto gigante? Suena contradictorio.

Alejandro: Parece, ¿verdad? Pero fue un golpe maestro. Evitó que subieran los precios de los alimentos y, de paso, el Estado se quedaba con esa ganancia extra del campo.

Paula: Astuto. ¿Hubo más medidas?

Alejandro: Sí, dos más. Congeló los salarios por veinte meses para bajar los costos de las empresas. Y para atraer capitales, puso tasas de interés muy altas.

Paula: O sea que los trabajadores no deben haber estado muy contentos...

Alejandro: Para nada. El plan funcionó en los números: creció la economía y bajó la inflación. Pero el beneficio fue para las grandes industrias y la construcción. El campo, los trabajadores y las pymes salieron perjudicados.

Paula: Entonces, hubo ganadores y perdedores claros. Y esta tensión social seguramente tuvo consecuencias, que es el tema que sigue.

Paula: Y hablando de influencias externas... eso nos lleva directamente a la Doctrina de la Seguridad Nacional, ¿verdad, Alejandro?

Alejandro: Exactamente, Paula. Como mencionamos, fue una idea impulsada por Estados Unidos en plena Guerra Fría.

Paula: Donde todo se veía en blanco y negro, o mejor dicho, en capitalista y comunista.

Alejandro: ¡Eso mismo! Según esta doctrina, el comunismo era un enemigo omnipresente, casi como un fantasma que buscaba avanzar sobre Occidente.

Paula: ¿Y cuál era el rol de los ejércitos en todo esto?

Alejandro: Aquí está el giro clave. Su función ya no era solo cuidar las fronteras, sino garantizar el orden interno para que esa ideología no se propagara.

Paula: O sea que la guerra ya no era en un campo de batalla tradicional.

Alejandro: Para nada. Las fronteras a proteger ya no eran territoriales... sino ideológicas. El verdadero campo de batalla era el pensamiento de la gente.

Paula: Suena complicado de vigilar. No puedes poner una garita en la cabeza de alguien.

Alejandro: ¡Imposible! Y por eso se popularizó el concepto del "enemigo interno".

Paula: ¿Qué significaba eso?

Alejandro: Que cualquier opositor político se convertía en un "subversivo". Un enemigo del orden que, supuestamente, le abría la puerta al comunismo.

Paula: Y supongo que para combatirlo... todo valía.

Alejandro: Tristemente, sí. Se volvió legítimo controlar a la población, interrogar sospechosos y, por supuesto, usar la tortura.

Paula: ¿Cómo aplicó esto el gobierno de Onganía en Argentina?

Alejandro: Lo adoptó con fuerza. Con la excusa de este enemigo fantasma, el Estado impuso un control social férreo a través del Ejército.

Paula: ¿Dando más poder a las agencias de inteligencia?

Alejandro: Correcto. Se ampliaron las atribuciones de la SIDE y del CONASE. Hubo censura en la prensa, el arte, las escuelas... en todas partes.

Paula: Y esto nos lleva de vuelta a la economía.

Alejandro: Exacto. El plan económico de Krieger Vasena no funcionaba sin un Estado autoritario que reprimiera y controlara los lugares de trabajo.

Paula: Así que la doctrina le dio una especie de "legitimidad" a esa represión.

Alejandro: Precisamente. Fue el marco perfecto para imponer un autoritarismo que servía a los objetivos económicos, un tema que exploraremos más a fondo.

Paula: Y esa desconfianza no se quedó solo en el aire, ¿cierto? Se tradujo en acciones concretas, sobre todo en un lugar... las universidades.

Alejandro: Exactamente. El gobierno de Onganía veía a las universidades con muchísima sospecha. Pensaba que eran un semillero de ideas críticas que podían volverse en su contra.

Paula: Tenía miedo de que los estudiantes pensaran demasiado, básicamente.

Alejandro: Podríamos decirlo así. Para controlar ese pensamiento, decidió intervenirlas. Y lo más importante: eliminó el régimen de cogobierno.

Paula: ¿Qué significaba eso para los estudiantes?

Alejandro: Significaba que perdían su voz. El cogobierno les permitía participar en las decisiones de la universidad. Sin eso, no tenían poder sobre su propia educación.

Paula: Imagino que no se quedaron de brazos cruzados. ¿Cuál fue la respuesta?

Alejandro: Para nada. Estudiantes y profesores se unieron y tomaron sus facultades como forma de protesta. Una medida muy fuerte para oponerse a la intervención.

Paula: ¿Y cómo reaccionó el gobierno a esa resistencia?

Alejandro: Aquí es donde la historia se pone muy oscura. La respuesta fue brutal. En la noche del 29 de julio de 1966, la policía recibió la orden de desalojar las facultades... sin restricciones.

Paula: Sin restricciones... eso suena terrible.

Alejandro: Lo fue. Entraron y golpearon duramente a alumnos y profesores con sus bastones para obligarlos a salir. Por eso, este hecho se conoce como “la noche de los bastones largos”.

Paula: Qué imagen tan potente y violenta. Las consecuencias debieron ser enormes.

Alejandro: Devastadoras. Fue un golpe durísimo para el desarrollo académico y científico del país. Muchos profesores fueron despedidos, otros renunciaron y tuvieron que exiliarse. Se perdió una generación de mentes brillantes. Y esto, claro, se conectó con otros movimientos que estaban surgiendo en la sociedad.

Paula: Y todo ese crecimiento industrial que mencionabas, con nuevas fábricas de autos y petroquímicas... ¿cómo impactó eso en los trabajadores?

Alejandro: Buena pregunta, Paula. Porque ese boom industrial significó, lógicamente, un crecimiento enorme de la clase obrera. Y con más obreros, los sindicatos, agrupados en la CGT, se volvieron increíblemente poderosos.

Paula: Tenían más gente, más recursos... se convirtieron en actores clave.

Alejandro: Exacto. Eran interlocutores indispensables para el gobierno y los empresarios. Si querías negociar salarios o condiciones, tenías que hablar con ellos. No había otra opción.

Paula: Suena a que tenían todo el poder para defender a los trabajadores.

Alejandro: Sí, pero aquí viene la parte complicada. El sindicalismo de la época tenía un rol... ambiguo. Por un lado, claro, representaba las demandas obreras. Pero por otro... actuaba como un mecanismo de control.

Paula: ¿Control? ¿Cómo es eso?

Alejandro: Piénsalo así: la burguesía industrial los apoyaba para mantener la disciplina en las fábricas. Era como decirle a los obreros: "Pueden protestar, pero solo a través de estos canales que nosotros controlamos". Era una forma de evitar que surgieran corrientes más radicales o incontrolables.

Paula: Y el líder de este modelo era Augusto Vandor, ¿verdad?

Alejandro: El mismísimo. Un metalúrgico muy astuto. Su estrategia se hizo famosa: "golpear y negociar".

Paula: Suena a una táctica de boxeo. "Te doy un golpe, pero después nos sentamos a hablar".

Alejandro: ¡Exactamente! Organizaba una huelga, una gran demostración de fuerza, y luego usaba esa presión para sentarse en la mesa de negociación y conseguir un buen acuerdo. Le funcionó muy bien por un tiempo.

Paula: Pero no todos estaban de acuerdo con él, me imagino.

Alejandro: Para nada. El escritor Rodolfo Walsh lo describió perfectamente. Dijo que Vandor no quería cambiar el sistema, sino conseguir un mejor lugar *dentro* del sistema. Que había adoptado los gustos y el estilo de vida de la oligarquía a la que decía combatir. Una crítica durísima.

Paula: ¿Y qué pasó cuando llegó el golpe militar de 1966? ¿Siguió funcionando eso de "golpear y negociar"?

Alejandro: Ahí se acabó la magia. El gobierno militar no quería negociar nada. Impuso un plan económico que congeló los sueldos y reprimió duramente las protestas. La estrategia de Vandor se estrelló contra un muro.

Paula: O sea, su incapacidad para frenar al gobierno generó descontento.

Alejandro: Un descontento enorme. Y eso provocó una fractura en 1968. La CGT se partió en dos. Por un lado, la CGT Azopardo, que seguía a Vandor. Y por otro, la CGT de los Argentinos, o CGTA, mucho más combativa.

Paula: ¿Quiénes estaban en esa CGTA?

Alejandro: Era una mezcla fascinante. Estaba liderada por Raimundo Ongaro y atrajo a sindicatos más chicos, pero también a estudiantes, intelectuales, artistas de vanguardia... ¡hasta curas! Era un frente de oposición mucho más amplio.

Paula: Y en medio de todo este lío, surgen otras figuras importantes, ¿no?

Alejandro: Absolutamente. Y ninguna tan importante como Agustín Tosco, el "Gringo". Era dirigente de Luz y Fuerza en Córdoba y representaba algo totalmente distinto. Un sindicalismo que buscaba alianzas entre peronistas y la izquierda.

Paula: Él representaba lo que llamaban el "sindicalismo de liberación".

Alejandro: Exacto. Y en la vereda opuesta estaba el "sindicalismo clasista", más radical, que buscaba la hegemonía total de la clase obrera y se identificaba con el socialismo. Lo veíamos sobre todo en los sindicatos de las automotrices de Córdoba.

Paula: Entonces, el movimiento obrero no era un bloque único, sino un campo de batalla de ideas.

Alejandro: El mejor resumen posible. Y esas batallas internas prepararon el terreno para una de las explosiones sociales más grandes de nuestra historia.

Paula: Y claro, con esa presión económica y la falta de libertades, la situación era insostenible. Pero, ¿cómo fue que todo ese descontento finalmente explotó?

Alejandro: Buena pregunta, Paula. Porque no fue una sola cosa, fue una acumulación. El gobierno de Onganía ya venía generando malestar en todo el país. Hubo una “marcha del hambre” en Tucumán y protestas en Rosario. La tensión era palpable.

Paula: Y el epicentro de esa explosión fue Córdoba, ¿verdad? El famoso “Cordobazo”.

Alejandro: Exacto. En Córdoba se sentían especialmente maltratados. Onganía había disuelto las legislaturas provinciales, lo que se vio como una imposición de Buenos Aires. A eso súmale el deterioro de las condiciones laborales en las grandes automotrices como Fiat o Renault.

Paula: ¿Qué pasó exactamente en las fábricas?

Alejandro: Las empresas empezaron a controlar más el tiempo de trabajo, a reducir los descansos... Y la gota que derramó el vaso fue en mayo de 1969. El gobierno eliminó el pago extra por trabajar el “sábado inglés”.

Paula: ¡Uy! Tocarles el bolsillo y el descanso al mismo tiempo. Mala idea.

Alejandro: Pésima idea. Los sindicatos cordobeses llamaron a una huelga general para el 29 de mayo. Pero aquí está lo sorprendente: la participación de la gente superó todas las expectativas. La huelga se convirtió en una insurrección masiva y espontánea.

Paula: ¿Así, de la nada?

Alejandro: La mecha fue la muerte del obrero Máximo Mena por una bala policial. Eso desató el caos. La gente levantó barricadas, incendió oficinas de empresas extranjeras... la ciudad se convirtió en un campo de batalla.

Paula: ¿Y el gobierno?

Alejandro: Estaban en crisis, no sabían cómo reprimir la protesta. Finalmente, el Ejército tuvo que intervenir y ocupar militarmente la ciudad. Onganía no renunció en el momento, pero el Cordobazo lo dejó herido de muerte. Cayó al año siguiente.

Paula: Entonces, el Cordobazo fue como la gran señal de que la vía pacífica no funcionaba para muchos.

Alejandro: Totalmente. Abrió la puerta a una radicalización política sin precedentes. Piensa que la idea de la lucha armada no era nueva en Argentina, pero ahora tenía un nuevo combustible. La gente veía que la democracia liberal no les daba respuestas.

Paula: Y el contexto internacional ayudaba, ¿no? Veían lo que pasaba en Cuba, en Vietnam, el Mayo Francés...

Alejandro: Exactamente. Se respiraba un aire de “cambiar el mundo”. La combinación de la crisis económica, la represión política de Onganía y esa inspiración revolucionaria global creó el cóctel perfecto para el surgimiento de la nueva izquierda armada.

Paula: ¿Y quiénes eran estos grupos? Porque uno escucha muchos nombres... FAL, FAP, FAR, Montoneros...

Alejandro: Sí, es una sopa de letras. Al principio, en los años 60, eran grupos más bien rurales, inspirados en el modelo cubano. Pero después del Cordobazo, la guerrilla se volvió urbana. Y empezaron a hacer operativos espectaculares para conseguir armas y notoriedad.

Paula: Como robar un cuartel militar, por ejemplo.

Alejandro: ¡Exacto! Las FAL hicieron eso en Campo de Mayo en 1969, ¡disfrazados de soldados! Y luego tenías a la organización más conocida, Montoneros, que mezclaba catolicismo, peronismo y guevarismo. Era una fusión ideológica muy particular.

Paula: O sea que no había un solo movimiento, sino varios con distintos orígenes e ideas.

Alejandro: Así es. Cada uno tenía su propia historia y su propia visión de la revolución. Y esa diversidad fue clave para entender la complejidad de esos años. De hecho, estas diferencias ideológicas nos llevan directamente a analizar cómo interactuaban entre sí y con el movimiento peronista, que es un capítulo fascinante.

Paula: Y con esa tensión en el aire, llegamos al último tema de hoy. Habíamos dejado a los militares retirándose, pero... la calma no llegó, ¿verdad, Alejandro?

Alejandro: Para nada, Paula. De hecho, fue casi lo contrario. La conflictividad no desapareció, simplemente se mudó. Pasó de la sociedad contra los militares, a una lucha interna dentro del propio movimiento peronista.

Paula: ¿Una guerra civil dentro del peronismo?

Alejandro: No es una exageración. Tenías a la izquierda peronista, con los Montoneros como figura principal, y a la derecha peronista, liderada por la poderosa CGT. Y la confrontación se volvió muy, muy violenta.

Paula: Y en medio de todo esto, Perón vuelve al país. Me imagino que eso debería haber calmado las aguas.

Alejandro: Debería... pero no lo hizo. Su regreso definitivo, el 20 de junio de 1973, es uno de los días más trágicos de la historia argentina. Se organizó un acto gigantesco en Ezeiza para recibirlo.

Paula: ¿Y qué salió mal?

Alejandro: Todo. La organización quedó en manos de la derecha sindical, de la CGT. Cuando las columnas de la Juventud Peronista y Montoneros, la izquierda, intentaron acercarse al palco principal... la seguridad del evento les disparó.

Paula: Espera, ¿la seguridad peronista le disparó a manifestantes peronistas?

Alejandro: Exactamente. Hubo varios muertos y cientos de heridos. Es lo que se conoce como la Masacre de Ezeiza. Y lo más impactante fue la reacción de Perón. Sin nombrarlos directamente, acusó a los Montoneros por los incidentes.

Paula: Qué increíble. El líder que volvían a recibir, los culpa por ser atacados.

Alejandro: Precisamente. Y a partir de ahí, se apoyó totalmente en la derecha peronista. Usó esa fuerza para desestabilizar al gobierno de Cámpora, que era visto como más cercano a la izquierda. Cámpora duró 49 días y tuvo que renunciar.

Paula: ¡Solo 49 días! Entonces, ¿qué pasó? ¿Otras elecciones?

Alejandro: Sí, se convocó a elecciones de nuevo. Y el 23 de septiembre, la fórmula fue Juan Domingo Perón como presidente y su esposa, Isabel Perón, como vicepresidenta. Ganaron con un contundente 62% de los votos.

Paula: Bien, Perón está en el poder. ¿Cuál era el plan económico? Porque la inflación seguía siendo un problema grave.

Alejandro: El plan se llamó el “Pacto Social”. Fue un intento del ministro de Economía, José Ber Gelbard, de sentar en la misma mesa a los empresarios y a los sindicatos para llegar a un acuerdo. Imagínalo como una tregua económica.

Paula: Suena bien en teoría. ¿En qué consistía?

Alejandro: Se subían los salarios un 20% y se congelaban los precios de los productos básicos. A cambio, los sindicatos se comprometían a no pedir más aumentos ni hacer huelgas por dos años.

Paula: Un intento de que todos cedieran un poco para estabilizar el país. ¿Funcionó?

Alejandro: Al principio, sí. La economía creció un poco, los precios se mantuvieron estables... pero el pacto tenía bases muy frágiles. Y generó descontento en muchos sectores que sentían que no los beneficiaba. Además, dos días después de la victoria de Perón, ocurrió algo terrible.

Paula: ¿Qué sucedió?

Alejandro: Asesinaron a José Ignacio Rucci, el secretario general de la CGT. Un hombre clave del sindicalismo de derecha y muy cercano a Perón.

Paula: ¿Se supo quién fue?

Alejandro: Ninguna organización se adjudicó el atentado, pero todas las sospechas apuntaron a Montoneros. Aunque lo negaron, el golpe fue durísimo. Para Perón, esto fue la prueba final de que no podía confiar en el sector de izquierda.

Paula: Así que este fue el punto de no retorno.

Alejandro: Totalmente. El tercer gobierno de Perón significó el fin de ese equilibrio precario. El líder se inclinó por completo hacia la derecha del movimiento y empezó a excluir, y a perseguir, a la Tendencia Revolucionaria, la izquierda peronista.

Paula: ¿Y cómo se manifestó esa persecución?

Alejandro: Con hechos muy concretos. En enero del 74, un grupo guerrillero no peronista, el ERP, atacó un cuartel. Perón usó esa excusa para forzar la renuncia del gobernador de Buenos Aires, que era aliado de la izquierda. Un mes después, en Córdoba, un jefe de policía dio un golpe de estado provincial, el “Navarrazo”, y sacó a otro gobernador cercano a la izquierda. Perón lo convalidó.

Paula: Wow, o sea que el gobierno nacional apoyó un golpe de estado dentro de una provincia. Es un laberinto.

Alejandro: Totalmente. El mensaje era claro: se acabó el juego. O estás conmigo y con la derecha, o estás en contra.

Paula: Y todo esto nos lleva al famoso discurso del primero de mayo, ¿no es así?

Alejandro: Exacto. El Día del Trabajador de 1974. En la Plaza de Mayo. Perón está en el balcón y abajo están las columnas de los sindicatos y también las de Montoneros y la Juventud Peronista. Y estos últimos empiezan a cantar contra el gobierno.

Paula: Cantaban: “¡Qué pasa, qué pasa, general, que está lleno de gorilas el gobierno popular!”.

Alejandro: Una acusación directa. Y Perón les responde desde el balcón, enojadísimo. Los llama “estúpidos” e “imberbes”, que es como decirles “niños inmaduros que no saben nada”.

Paula: Ese fue el divorcio público y definitivo.

Alejandro: Fue la ruptura total. Las columnas de la Juventud Peronista y Montoneros se retiraron de la plaza. Fue la última vez que vieron a su líder. Un mes después, Perón murió.

Paula: Y lo sucedió su esposa, Isabel. Un final impensado para un regreso tan esperado. Alejandro, para cerrar no solo este tema sino nuestro episodio de hoy, ¿cuál sería la idea principal que deberíamos llevarnos?

Alejandro: Creo que la clave es entender que la historia raramente es simple. El regreso de Perón, que para muchos era la solución a todos los problemas, terminó abriendo una caja de Pandora de conflictos internos que ya existían. La violencia y la división dentro del propio movimiento sentaron las bases para la tragedia que vendría después.

Paula: Una lección poderosa sobre las complejidades del poder y la política. Muchísimas gracias, Alejandro, por desentrañar todo esto para nosotros.

Alejandro: Un placer, Paula. Siempre es genial estar aquí.

Paula: Y a todos ustedes que nos escuchan, gracias por acompañarnos en otro episodio de Studyfi Podcast. Esperamos que les haya servido para entender un poco más nuestra historia. ¡Hasta la próxima!

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