Podcast sobre Fundamentos de Cosmetología y Cuidado de la Piel
Fundamentos de Cosmetología y Cuidado de la Piel | Guía Completa
Podcast
Anatomía de la Piel
Délka: 24 minut
Kapitoly
Un corte de papel
La Epidermis: Nuestra Armadura Viviente
La Dermis: El Centro de Mando
La Hipodermis: El Colchón Energético
Músculos de Expresión
La Delicada Zona de los Ojos
Ojeras, Bolsas y Otros Problemas
Las Herramientas del Detective
Los 4 Biotipos Principales
La Piel También Tiene Humor
¿Qué es la Cosmetología?
El Órgano Más Grande
Las Tres Capas de la Piel
Funciones Secretas de la Piel
Cuando la Piel se Enoja: Rosácea
¿Qué es el masaje estético?
Beneficios más allá de la piel
Cuándo NO hacer un masaje
Un toque de digitopresión
La magia de la luz
Un arcoíris de beneficios
Entrega a domicilio celular
Resumen y despedida
Přepis
Alejandro: Imagina a una estudiante llamada Sofía. Está terminando un trabajo a última hora, y al pasar una página, ¡zas! Se hace un corte con el papel. Es diminuto, molesto, pero se da cuenta de algo curioso... no sangra. ¿Por qué una herida, por pequeña que sea, no siempre sangra?
Lucía: Esa es la pregunta perfecta para empezar, Ale. Y la respuesta nos lleva directamente a la increíble arquitectura de nuestra piel. La razón por la que el corte de Sofía no sangró es porque probablemente solo atravesó la capa más superficial.
Alejandro: Estás escuchando Studyfi Podcast, donde exploramos las maravillas del cuerpo humano. Así que, ¿la piel es como una cebolla? ¿Tiene capas?
Lucía: ¡Exacto! Es como una muralla de tres niveles protegiendo nuestro cuerpo. Se llaman epidermis, dermis e hipodermis. Y cada una tiene una misión completamente diferente.
Alejandro: Empecemos por la de afuera, la que se cortó Sofía. ¿La epidermis, verdad?
Lucía: Correcto. Piensa en la epidermis como la primera línea de defensa. Es un sistema súper activo que se renueva sin parar. Genera nuevas células, llamadas queratinocitos, en su base.
Alejandro: ¿Y qué les pasa a esas células nuevas?
Lucía: Hacen un viaje épico hacia la superficie. A medida que suben, se aplanan, mueren y se endurecen, formando una capa externa resistente e impermeable. ¡Es como si tuvieras una armadura de células muertas!
Alejandro: Suena un poco... tétrico. ¿Una armadura de células zombis?
Lucía: ¡Totalmente! Pero es súper útil. Este viaje, desde que una célula nace hasta que se desprende, dura unas cuatro semanas. Por eso los tratamientos para la piel tardan en mostrar resultados.
Alejandro: Ah, ¡eso tiene sentido! Y lo del corte de papel... ¿por qué no sangró?
Lucía: ¡Aquí está la clave! La epidermis no tiene vasos sanguíneos. Es avascular. Se nutre por difusión desde la capa de abajo, la dermis. Por eso el corte de Sofía no encontró sangre.
Alejandro: Entonces, si la epidermis es la muralla, ¿qué es la dermis?
Lucía: La dermis es el centro de operaciones. Está justo debajo y, a diferencia de la epidermis, está llenísima de vida. Aquí están los vasos sanguíneos, los nervios, las glándulas...
Alejandro: ¡El barrio concurrido de la piel! ¿Y de qué está hecha?
Lucía: Principalmente de una estructura fibrosa. Imagina una gelatina, que sería la "sustancia fundamental", rica en agua y ácido hialurónico. Y dentro de esa gelatina hay dos tipos de fibras: colágeno, que le da fuerza, y elastina, que le da... bueno, elasticidad.
Alejandro: Como tener cuerdas fuertes y gomas elásticas dentro de la gelatina. ¡Qué imagen!
Lucía: Exacto. Y no solo eso. Aquí viven células clave como los fibroblastos, que fabrican todo esto. También están los mastocitos, que liberan histamina en las reacciones alérgicas. ¡Por eso te pica la piel!
Alejandro: Vaya, todo pasa en la dermis. Leí que tiene unas cosas llamadas papilas. ¿Qué son?
Lucía: ¡Buena pregunta! La dermis no es plana por arriba; tiene unas proyecciones como dedos, las papilas, que se encajan en la epidermis. Algunas tienen terminaciones nerviosas para el tacto y otras, vasos sanguíneos para nutrir la epidermis. ¡Tenemos unas 10.000 por centímetro cuadrado!
Alejandro: Ok, tenemos la muralla y el centro de operaciones. ¿Qué hay en el sótano? La hipodermis.
Lucía: ¡El sótano es el almacén y el colchón! La hipodermis es la capa más profunda, compuesta principalmente por grasa, organizada en lóbulos. La célula estrella aquí es el adipocito, que es la que almacena la grasa.
Alejandro: O sea, ¿es la capa que nos da un poco de... acolchado?
Lucía: Exactamente. Funciona como aislante térmico, como un amortiguador contra golpes y como una reserva de energía para el cuerpo. Estéticamente, es la que le da turgencia a la piel.
Alejandro: ¿Turgencia? ¿Qué quieres decir?
Lucía: Que mantiene la piel rellena y firme. Cuando la hipodermis se adelgaza con la edad, la piel pierde ese soporte, se "afloja" y es cuando aparecen las arrugas y los pliegues.
Alejandro: ¡Increíble! Así que un simple corte de papel nos ha llevado por las tres capas fundamentales de la piel, cada una con su propia estructura y función. Desde la armadura de células muertas hasta el colchón de grasa.
Lucía: Así es. Y eso es solo el comienzo. Cada capa tiene aún más secretos que descubrir, como las glándulas y los pigmentos que le dan su carácter único a nuestra piel.
Alejandro: Y hablando de cómo tratar la piel... me hace pensar en todo lo que hay debajo. No es solo una capa, ¿verdad? Hay toda una estructura compleja, especialmente en la cara.
Lucía: Exactamente, Alejandro. Debajo de la piel del rostro tenemos una red increíble de músculos que nos permiten expresarnos. Pensemos en ellos como los actores principales de nuestra cara.
Alejandro: ¿Actores? Me gusta esa analogía. ¿Quién es el protagonista?
Lucía: Bueno, uno muy famoso es el orbicular de los párpados. Es un músculo circular alrededor del ojo. Su función es cerrarlo, y es el responsable de las famosas “patas de gallo”.
Alejandro: ¡Ah, el culpable! Ya lo tengo en mi lista negra.
Lucía: No lo culpes, ¡solo hace su trabajo! Luego están los que nos ayudan a sonreír, como el cigomático mayor y el risorio. Tiran de las comisuras de los labios hacia arriba y hacia afuera.
Alejandro: Esos son mis favoritos, sin duda. ¡Los que más hay que ejercitar!
Lucía: Definitivamente. Y por el contrario, tienes el triangular de los labios, que baja las comisuras y nos da una expresión de tristeza. Son como los titiriteros de nuestras emociones.
Alejandro: Entendido. Es fascinante cómo todo se conecta. Y has mencionado los párpados... sé que esa piel es diferente.
Lucía: Súper diferente. La piel de los párpados y del cuello es la más fina y delicada de todo el cuerpo. Por eso es donde primero notamos la flacidez o las arrugas. Tiene muy pocas glándulas sebáceas.
Alejandro: ¿Y qué hay de las glándulas que sí están ahí? Recuerdo algo sobre los orzuelos...
Lucía: ¡Buena memoria! Ahí tenemos varias, pero una clave es la glándula de Zeis. Es una glándula sebácea pequeñita en el folículo de las pestañas. Cuando se inflama e infecta... ¡zas! Aparece el molesto orzuelo.
Alejandro: Ugh, qué mal recuerdo. Y ya que estamos en esa zona, hablemos de un clásico: las ojeras y las bolsas. ¿Son lo mismo?
Lucía: ¡Gran pregunta! No, no lo son. Las ojeras son un cambio de color, una pigmentación. Pueden ser hereditarias, por cansancio, por exposición al sol... ¡o incluso raciales!
Alejandro: Vaya, no tenía idea de que hubiera tantos tipos.
Lucía: Y las bolsas, por otro lado, son una acumulación de grasa o líquido. Piensa en ellas como pequeñas maletitas que aparecen bajo los ojos, a veces por cansancio o por la pérdida de elasticidad con el tiempo.
Alejandro: Maletitas que nadie quiere llevar de viaje.
Lucía: Exacto. Y hay otras afecciones como el xantelasma, que son depósitos amarillentos de lípidos, o la blefaritis, que es una inflamación del borde del párpado. Son cosas que siempre debe ver un médico.
Alejandro: Muy importante recalcar eso. Bueno, ahora que entendemos el mapa de la cara y sus posibles problemas... ¿cómo pasamos a la acción? Hablemos de los protocolos que podemos aplicar.
Alejandro: Okay, entonces, una vez que entendemos la estructura de la piel, el siguiente paso lógico es... ¿cómo sabemos qué tipo de piel tenemos en frente? No podemos simplemente adivinar, ¿o sí?
Lucía: No, definitivamente no. Sería como ser un detective sin sus herramientas. Y en cosmetología, tenemos nuestras propias herramientas para investigar la piel.
Alejandro: ¿Herramientas? Suena súper técnico. ¿Necesitamos un laboratorio?
Lucía: Para nada. Son cosas bastante simples pero muy efectivas. Lo primero es la iluminación. Usamos algo llamado “luz de día”, que es una luz especial que nos deja ver los verdaderos colores y texturas de la piel, sin sombras que engañen.
Alejandro: ¡Ah, claro! Como cuando intentas combinar ropa y con la luz de la tienda se ve de un color, pero al salir a la calle es otro completamente distinto.
Lucía: ¡Exactamente! Luego, tenemos la lupa. Puede ser de mano o de pie. Con ella vemos de cerca los poros, la humectación, la textura... es como hacerle un zoom a la piel.
Alejandro: Entendido. ¿Y hay algo más?
Lucía: Sí, mi favorito: el papel de arroz o tisú. Lo presionas suavemente sobre la piel y, dependiendo de cuánta grasita absorba, nos revela los niveles de lubricación. Es un chivato muy útil.
Alejandro: O sea, que no debería usar el papelito de mi rollo de sushi para esto.
Lucía: Probablemente no sea de grado cosmético, no. Pero la idea es esa.
Alejandro: Bien, tenemos las herramientas. ¿Qué buscamos exactamente? ¿Cuáles son esos famosos tipos de piel?
Lucía: Buscamos definir el biotipo cutáneo. Piensa en ellos como las cuatro categorías principales. Primero, la piel Eudérmica o Normal. Es el santo grial de las pieles... equilibrada, suave, con poros finos. Es difícil de encontrar y nuestro trabajo es mantenerla así.
Alejandro: La piel de los anuncios, básicamente.
Lucía: ¡Justo esa! Luego tenemos la piel Grasa. Se caracteriza por un exceso de sebo, lo que le da un aspecto brillante y poros más dilatados. Es más propensa a tener comedones, los famosos puntos negros.
Alejandro: Entiendo. ¿Y la opuesta?
Lucía: Sería la piel Seca. A esta le falta grasa, se siente tirante, a veces se descama y tiende a formar arruguitas más pronto. Es más frágil y sensible a los cambios de clima.
Alejandro: Y supongo que no todo el mundo encaja perfectamente en una caja. ¿Qué pasa si tienes de las dos?
Lucía: ¡Esa es la cuarta! La piel Mixta. Es la más común. Normalmente, la zona T —frente, nariz y barbilla— es grasa, mientras que las mejillas son normales o secas. Un dos por uno.
Alejandro: Entonces... ¿una vez que defines tu tipo de piel, ya está? ¿Es para siempre?
Lucía: ¡Qué va! Y aquí viene lo interesante. La piel cambia. Por las hormonas, el estrés, la alimentación... ¡incluso por las estaciones del año! Lo que hoy ves puede ser diferente en unas semanas.
Alejandro: O sea que mi piel puede tener una crisis de identidad.
Lucía: Algo así. Y puede haber subtipos. Por ejemplo, puedes tener una piel grasa pero deshidratada. Suena contradictorio, ¿verdad? Produce mucha grasa, pero le falta agua. Se ve brillante, pero se siente tirante.
Alejandro: Wow, eso sí que es complejo. Es como tener sed en medio de un aguacero.
Lucía: Es una analogía perfecta. Por eso la observación es constante. Lo que nos lleva a otro punto clave que no podemos olvidar: cómo reacciona nuestra piel al sol.
Alejandro: Cierto, no a todos nos afecta igual. Algunos nos ponemos rojos como un cangrejo y otros consiguen un bronceado increíble en un día.
Lucía: Exacto. Y para clasificar eso, no hablamos de biotipo, sino de fototipo. Y conocer el tuyo es fundamental para saber cómo protegerte. Pero de eso podemos hablar más a fondo en el siguiente tema...
Alejandro: Y es increíble cómo se conecta todo. Pero hablemos de algo que vemos todos los días... nuestra piel. Lucía, cuando escucho la palabra "cosmetología", pienso en maquillaje y cremas. ¿Pero es mucho más profundo que eso, verdad?
Lucía: ¡Totalmente, Alejandro! Es un error súper común. La cosmetología es en realidad la ciencia y el arte de cuidar una piel sana. Piénsalo así: no somos médicos, no diagnosticamos enfermedades. Somos expertas en mantener la salud de la piel.
Alejandro: O sea, como el entrenador personal de la piel. Su trabajo es mantenerla en forma, no curarla si se rompe una pierna.
Lucía: ¡Exacto! Qué buena analogía. Y por eso necesitamos saber mucho de anatomía y fisiología. Para saber cuándo decir: "Oye, esto ya no es estético, necesitas ver a un dermatólogo". Hay una línea muy clara que respetamos.
Alejandro: Entiendo. Y el lienzo con el que trabajan es la piel. Que, por cierto, me enteré de que es el órgano más grande del cuerpo. ¡Eso es una locura!
Lucía: Lo es. Durante años se pensó que era solo... una cubierta. Un "vestido fisiológico". Pero no, es un órgano súper complejo y vital. Es nuestra principal barrera con el mundo. Sin ella, literalmente, no podríamos vivir.
Alejandro: Vaya. Y también delata nuestras emociones, ¿no? Cuando nos sonrojamos o nos ponemos pálidos por el miedo.
Lucía: Justo ahí. ¡La piel habla! Refleja vergüenza, miedo, ansiedad con el sudor... Es nuestro sistema de alerta. En un adulto promedio, ¡ocupa unos dos metros cuadrados!
Alejandro: Dos metros cuadrados... es como una alfombra pequeña. Y sé que tiene capas, pero siempre me las confundo. ¿Cómo es la estructura?
Lucía: Es más simple de lo que parece. Imagina un sándwich de tres pisos. La capa de arriba, la que tocas, es la epidermis. Su función principal es ser una barrera protectora, como el guardia de seguridad de un edificio.
Alejandro: De acuerdo, la epidermis es el guardia. ¿Qué hay debajo?
Lucía: El segundo piso es la dermis. Esta es la parte gruesa, como veinte o treinta veces más que la epidermis. Aquí está toda la acción: los folículos del pelo, las glándulas... es el centro de operaciones.
Alejandro: ¡El motor del edificio! Ya veo. ¿Y la última capa?
Lucía: Esa es la hipodermis. Es básicamente grasa subcutánea. Actúa como el aislante térmico del edificio, mantiene la temperatura corporal. También es como una almohada, amortigua los golpes y almacena calorías por si acaso.
Alejandro: Epidermis, dermis, hipodermis. Guardia, motor y aislante. ¡Lo tengo! Ahora, mencionaste glándulas... ¿hablamos del sudor?
Lucía: Hablemos del sudor. Tenemos dos tipos de glándulas sudoríparas. Las ecrinas están por casi todo el cuerpo, sobre todo en la frente y las palmas de las manos. Su trabajo es regular la temperatura. Es el sudor que aparece cuando haces ejercicio.
Alejandro: El sudor "útil", por así decirlo. ¿Y el otro?
Lucía: El otro es el de las glándulas apocrinas. Estas están en zonas como las axilas o la ingle y se activan en la pubertad. ¿La diferencia clave? Este sudor está ligado al estrés emocional y a la excitación. Es el sudor que delata que estás nervioso en un examen.
Alejandro: ¡Ah, el sudor delator! Ahora todo tiene sentido.
Lucía: Exacto. Y a veces, la piel reacciona de formas más complejas. Por ejemplo, en pieles sensibles, podemos encontrar condiciones como la rosácea.
Alejandro: He oído hablar de ella. Se caracteriza por el enrojecimiento, ¿no?
Lucía: Sí, es un enrojecimiento crónico en el centro de la cara. A veces con granitos, ardor... La causa exacta no se conoce, pero influyen la genética, el clima, incluso el estrés o ciertos alimentos picantes.
Alejandro: ¿Y hay distintos tipos?
Lucía: Claro. Puede ser solo enrojecimiento, que es el Tipo 1. O puede tener pápulas y pústulas, que se parece al acné pero sin espinillas, ese es el Tipo 2. En casos más raros, puede hasta engrosar la piel, sobre todo en la nariz.
Alejandro: Wow, es mucho más complejo de lo que pensaba. Supongo que saber todo esto es clave para hacer un buen tratamiento.
Lucía: Es fundamental. No puedes tratar lo que no entiendes. Y precisamente de eso, de los distintos tipos de piel y cómo abordarlos, vamos a hablar a continuación, empezando por un problema muy común en la adolescencia: el acné.
Alejandro: Así que hemos cubierto cremas y sérums, pero ¿qué tal un enfoque más... práctico? Estoy hablando del masaje.
Lucía: Exacto, Alejandro. Y es mucho más que solo una técnica de relajación. Es una herramienta poderosa, especialmente en la estética.
Alejandro: Entonces, ¿cuál es la definición técnica? ¿Es simplemente frotar la piel?
Lucía: No exactamente. Piénsalo como una serie de maniobras realizadas de forma armoniosa y metódica. El masaje estético busca mejorar el estado de la piel y corregir defectos.
Alejandro: Entiendo. ¿Y cómo logra eso? ¿Actúa solo en la superficie?
Lucía: ¡Para nada! Su acción es profunda. Trabaja sobre la piel, la circulación, los músculos y hasta las terminaciones nerviosas.
Alejandro: Wow, es un enfoque completo.
Lucía: Lo es. En la piel, por ejemplo, ayuda a eliminar las células muertas y las impurezas que tapan los poros. Es como una limpieza profunda.
Alejandro: Y mencionaste la circulación. ¿Cómo influye?
Lucía: El masaje produce vasodilatación. Eso significa que los vasos sanguíneos se ensanchan, llevando más oxígeno y nutrientes a la piel. Por eso ese brillo saludable después de un buen masaje.
Alejandro: ¡Quiero ese brillo! ¿Y qué pasa con los músculos y los nervios?
Lucía: Sobre los músculos, les da un mejor tono. Y en los nervios, tiene un efecto sedativo y relajante. Por eso te sientes tan bien después.
Alejandro: O sea que no solo te ves mejor, sino que te sientes mejor. ¡Es un dos por uno!
Lucía: Totalmente. Además, alivia dolores de cabeza, insomnio y hasta mejora la memoria. Es increíble.
Alejandro: Suena fantástico, pero... ¿cualquiera puede recibir un masaje facial?
Lucía: Esa es una pregunta clave, Alejandro. Y la respuesta es no. Hay contraindicaciones muy importantes.
Alejandro: ¿Ah, sí? ¿Cómo cuáles?
Lucía: Por ejemplo, si tienes alteraciones cutáneas como eczemas, acné activo o rosácea. Tampoco se recomienda en pacientes oncológicos, con fiebre o problemas de coagulación.
Alejandro: Es bueno saberlo. No es una solución mágica para todos en cualquier momento.
Lucía: Exacto. La seguridad es siempre lo primero.
Alejandro: Y hablando de técnicas, he oído hablar de la digitopresión. ¿Qué es eso?
Lucía: Es una técnica milenaria de China. Se basa en la idea de que por nuestro cuerpo fluyen canales de energía.
Alejandro: Suena un poco místico.
Lucía: Un poco, pero su efecto es muy real. Cuando la energía se bloquea, aparecen problemas. La digitopresión usa micromasajes en puntos clave para liberar esos bloqueos.
Alejandro: ¿Como desatascar una tubería de energía?
Lucía: ¡Esa es una gran analogía! Se usa para relajar músculos faciales contraídos y prevenir la formación de arrugas.
Alejandro: Fascinante. Así que el masaje es una ciencia con técnicas muy específicas. Ahora, hablando de técnicas y herramientas...
Alejandro: Y con eso, llegamos a nuestro último tema de hoy, Lucía. Vamos a hablar de algo que suena a ciencia ficción: la aparatología estética.
Lucía: ¡Así es, Ale! Y empecemos con una de mis favoritas: la cromoterapia o luminoterapia. Es básicamente usar luz para mejorar la piel.
Alejandro: ¿Luz? ¿Como una lámpara especial? ¿Cómo funciona eso?
Lucía: Piensa en ello así... las ondas de luz de un solo color, o sea, monocromáticas, pueden penetrar la piel a diferentes profundidades.
Alejandro: ¿Y qué hacen ahí dentro?
Lucía: Estimulan la producción de colágeno, trabajan sobre los adipocitos, la melanina... básicamente, le dan instrucciones a tus células para que trabajen mejor. Suena súper moderno, pero en realidad es una técnica ancestral.
Alejandro: ¿En serio? ¿Los antiguos tenían LEDs?
Lucía: No, claro que no. Usaban piedras de colores porque creían en sus vibraciones energéticas. La versión eléctrica que conocemos empezó en los años 50 con luz infrarroja.
Alejandro: ¿Infrarroja? ¿Como para calentar la comida?
Lucía: ¡No exactamente! Se usaba en fisioterapia por su calor, para desinflamar y regenerar. Pero se dieron cuenta de que también mejoraba las cicatrices y la tensión de la piel. Y así, ¡boom!, nació su uso en la estética.
Alejandro: Qué interesante. Entonces, ¿cada color hace algo distinto? ¿Es como un semáforo para la piel?
Lucía: ¡Me gusta esa analogía! Y sí. Cada color tiene una misión. La luz azul, por ejemplo, es desinfectante y bactericida. Es genial para tratar el acné.
Alejandro: Entendido. Azul es sinónimo de limpio. ¿Y la luz roja?
Lucía: La roja es la constructora. Mejora la síntesis de colágeno y fibroblastos. Es tu aliada contra la flacidez y el envejecimiento.
Alejandro: Vale. ¿Y qué me dices de la amarilla y la verde?
Lucía: La luz amarilla es lipolítica, ayuda a romper la grasa, facilitando la modelación corporal. Y la verde... la verde es como un detox. Incentiva la oxigenación y ayuda en tratamientos para manchas. Mejora la nutrición e hidratación celular.
Alejandro: Es increíble. ¿Y los resultados se ven al instante?
Lucía: Algunos efectos como la hidratación sí. Pero los cambios reales, a nivel fisiológico, necesitan tiempo. Hablamos de al menos 6 sesiones semanales para ver un cambio permanente.
Alejandro: Fascinante. Dejando la luz a un lado, ¿qué otra tecnología tenemos que conocer?
Lucía: Hablemos del electroporador. Es como una mesoterapia pero sin agujas.
Alejandro: ¡Eso suena mucho mejor! ¿Cómo se logra eso?
Lucía: Utiliza ondas electromagnéticas para crear poros o canales temporales en las membranas de las células. Es como abrir una puertecita por un instante.
Alejandro: ¿Y para qué abrimos esa puerta?
Lucía: Para meter principios activos directamente dentro de la célula. Se suelen usar productos liposomados, que son como pequeñas cápsulas que protegen el activo hasta que llega a su destino.
Alejandro: O sea, es un servicio de entrega a domicilio para las células.
Lucía: ¡Exactamente! Y lo mejor es que es indoloro, no invasivo y no hay riesgo de quemaduras. Las puertecitas se cierran solas después.
Alejandro: Bueno, para resumir este último bloque: tenemos la cromoterapia, que usa diferentes colores de luz como herramientas específicas para la piel, y la electroporación, que abre canales temporales en las células para introducir activos. Dos tecnologías impresionantes.
Lucía: Así es. Y ambas son ejemplos de cómo la tecnología puede ayudarnos, pero siempre es vital recordar las contraindicaciones. Ninguna de estas se usa en embarazadas, personas con marcapasos o epilepsia, por ejemplo. La seguridad es lo primero.
Alejandro: Un punto clave. Lucía, ha sido un placer tenerte aquí y aprender tanto sobre el mundo de la estética. Muchísimas gracias.
Lucía: Gracias a ti, Alejandro. Un gusto, como siempre.
Alejandro: Y a ustedes, gracias por escuchar un episodio más de Studyfi Podcast. ¡Nos oímos en el próximo! ¡Feliz estudio!