Podcast sobre Feminicidio y Homicidio por Parentesco en México
Feminicidio y Homicidio por Parentesco en México: Guía Esencial
Podcast
Homicidio: Cuando los Lazos de Sangre se Rompen
Délka: 22 minut
Kapitoly
Una Tragedia Familiar
¿Qué lo Hace Diferente?
El Ingrediente Secreto: El Conocimiento
Las Consecuencias Ocultas
El Origen de una Palabra
Homicidio vs. Feminicidio
El Peso del Dominio
Un Caso Real en Yucatán
La Tentativa y el Ácido
Cuando las Autoridades Fallan
Razones que definen un feminicidio
El historial de violencia
Relaciones de poder y control
El ciclo de la violencia
¿Por qué una pena mayor?
Reformas Clave en Yucatán
Las Penas y Agravantes
Cuando la Confianza se Rompe
Un Caso que Sacudió a Yucatán
Resumen y Despedida
Přepis
Hugo: Imagina esto: es una noche cualquiera en Bokobá, Yucatán. Un padre de 60 años y su hijo de 34 están discutiendo. Pero no es una discusión normal... el alcohol y las drogas están presentes, y los ánimos se caldean hasta que todo explota. El hijo, en un arrebato de furia, toma un objeto de madera y golpea a su padre hasta causarle la muerte.
Alba: Una historia real y terrible que nos lleva directamente al tema de hoy. Esto no fue un homicidio cualquiera. Estás escuchando Studyfi Podcast.
Hugo: Exacto, Alba. ¿Qué hace que este caso sea legalmente distinto a otro tipo de homicidio? ¿Es solo por ser familia?
Alba: Justo esa es la clave. Hablamos del homicidio en razón de parentesco. La ley es muy específica y protege ciertos vínculos. No se trata solo de lazos de sangre, sino de relaciones fundamentales.
Hugo: ¿Como quiénes exactamente?
Alba: Piensa en línea recta: padres, abuelos, hijos, nietos. También hermanos, tu cónyuge o concubino, e incluso padres o hijos adoptivos. La ley busca proteger el núcleo familiar.
Hugo: Entiendo. Es una protección especial para las relaciones más cercanas que tenemos.
Alba: ¡Exacto! Pero aquí viene el giro que es crucial para tu examen. Para que se aplique la pena máxima, el agresor debe saber que está matando a su pariente.
Hugo: ¿O sea que si, por alguna razón loca, no supieras que esa persona es tu padre, la pena sería diferente?
Alba: ¡Precisamente! Suena a telenovela, ¿verdad? Pero legalmente es fundamental. Si no hay conocimiento de la relación, el delito se juzga como un homicidio simple, no como este tipo agravado.
Hugo: Vaya... así que el conocimiento es el ingrediente que... le pone el “sabor” especial a la condena.
Alba: Una forma de verlo, sí. Es lo que eleva la pena de forma tan drástica, en este caso a un rango de 30 a 40 años de prisión.
Hugo: Hablando de la condena, en el caso de Bokobá, el hijo recibió 30 años. ¿Pero hay algo más aparte de la cárcel?
Alba: Ah, muy buena pregunta. Y sí, las consecuencias van mucho más allá. Aquí es donde el derecho familiar y el penal se cruzan de una forma muy seria.
Hugo: ¿A qué te refieres?
Alba: El sentenciado pierde todos los derechos que podría tener sobre los bienes de la víctima. En pocas palabras, olvídate de la herencia.
Hugo: Wow. No solo vas a la cárcel, sino que también pierdes cualquier derecho patrimonial. Tiene sentido.
Alba: Y aún hay más. La persona queda inhabilitada para ejercer la patria potestad sobre sus hijos, o ser tutor de alguien. Es una sanción civil muy fuerte que te quita responsabilidades familiares clave.
Hugo: Entonces, para recapitular: es un homicidio contra un pariente cercano, tienes que saber que es tu pariente, la pena es de hasta 40 años y además pierdes derechos de herencia y de familia. Es un cuadro muy completo.
Hugo: Y justo esa complejidad en la ley nos lleva a un tema que es... francamente difícil, pero muy necesario. Hablemos de la violencia más extrema, Alba. Hablemos de feminicidio. La palabra se usa mucho, pero ¿de dónde salió exactamente?
Alba: Es una gran pregunta, Hugo, porque el término no nació en un escritorio de abogados. Nació de la lucha. Todo empezó a tomar forma en los años noventa, específicamente en 1991, cuando el movimiento feminista comenzó a denunciar con fuerza los terribles asesinatos de mujeres en Ciudad Juárez.
Hugo: Claro, los asesinatos de Juárez. Se sentía como una epidemia de la que nadie quería hablar oficialmente.
Alba: Exactamente. Y esa denuncia constante llevó a que en 2001, un caso específico conocido como “Campo Algodonero” se hiciera visible a nivel internacional, todo gracias al impulso feminista. Era imposible ignorarlo más.
Hugo: Entonces, la palabra se forjó en la protesta, en la calle.
Alba: Así es. Y entre 2003 y 2006, la académica y activista Marcela Lagarde fue clave para impulsar y definir el término “feminicidio” en México. No era solo un asesinato, era un asesinato motivado por el odio y el desprecio a las mujeres.
Hugo: Y de ahí, ¿pasó a las leyes?
Alba: Sí, pero fue un proceso lento. Guerrero fue el primer estado en reconocerlo como delito en 2010. Luego Yucatán lo incluyó en su ley en 2012 y, apenas hace poco, en 2026, endureció las penas. Es una lucha que sigue, la verdad.
Hugo: Ok, esto es clave. Mucha gente dice: “¿Por qué hacer una distinción? Un asesinato es un asesinato”. ¿Cuál es la diferencia real entre homicidio y feminicidio?
Alba: Me alegra que lo preguntes, porque es la duda más común. Y la diferencia es... el porqué. El contexto. Piénsalo así: un homicidio generalmente ocurre en contextos de criminalidad, como robos, riñas en la calle, cosas así. Puede ser cualquier víctima.
Hugo: Vale, un delito general contra la vida.
Alba: Exacto. Pero el feminicidio es distinto. Ocurre en un entorno que debería ser seguro: el hogar, la pareja. La víctima siempre es una mujer y su muerte ocurre por razones específicas de género.
Hugo: ¿A qué te refieres con “razones de género”?
Alba: Me refiero a que casi siempre existen antecedentes de violencia, de amenazas, de abuso, de control. Son circunstancias muy específicas que la ley contempla. El homicidio no necesita ese historial. El feminicidio, en cambio, es la punta de un iceberg de violencia previa.
Hugo: O sea, no se legisló porque fueran muchos o pocos, sino por el patrón... por el *cómo* y el *porqué* estaban muriendo.
Alba: ¡Justo eso! Las mataban personas que decían amarlas, personas que querían controlarlas. Era un patrón de dominación que el tipo penal de homicidio simplemente no lograba explicar ni castigar adecuadamente.
Hugo: Entiendo. Entonces, cuando un hombre le quita la vida a su pareja por una supuesta infidelidad, por ejemplo, la ley ya no lo ve como un simple “crimen pasional”.
Alba: Para nada. Ahí la ley detecta un componente de dominio. Históricamente, se veía a la mujer como una posesión del hombre. Quitarle la vida era casi como un “castigo” por desobedecer o por herir su “honor”.
Hugo: Suena a la época medieval, pero tristemente no lo es. Bueno, no me río de eso, sino de lo absurdo que suena hoy.
Alba: Sí, es que es absurdo. Pero lo más increíble es que antes, eso estaba contemplado como “homicidio en razón de honor”. Y la pena era mínima... o a veces, inexistente.
Hugo: ¿Es en serio? O sea, ¿la ley te daba permiso?
Alba: Prácticamente. Por eso la pena por feminicidio ahora es mayor. No es porque la vida de una mujer valga más, que es otro argumento que se escucha mucho. Es porque el daño social es más profundo.
Hugo: ¿Cómo que el daño social?
Alba: Un feminicidio no solo acaba con una vida. Envía un mensaje de terror a todas las demás mujeres. Un mensaje que dice: “Si no te comportas, si no obedeces, esto es lo que te puede pasar”. La ley busca romper ese ciclo de poder y miedo desde la raíz con castigos más fuertes.
Hugo: Para que esto no se quede en teoría, ¿nos puedes dar un ejemplo concreto? Quizá un caso de aquí, de Yucatán.
Alba: Claro. Pensemos en el caso de Dennisse Tah. Fue un caso muy sonado y muy trágico. El responsable recibió una sentencia total de 105 años de prisión.
Hugo: ¡105 años! ¿Por qué tan alta?
Alba: Porque no fue solo un delito. Se le sentenció por feminicidio agravado, con 65 años, y por homicidio calificado, con otros 40. Fue feminicidio agravado porque existía una relación sentimental previa. Eso es un factor clave.
Hugo: Ya veo, el entorno de “confianza” que mencionabas.
Alba: Exacto. Además, se demostró que había antecedentes de violencia, amenazas constantes y un control absoluto sobre ella. Todo el patrón del que hablamos estaba presente. Por eso se agrava.
Hugo: Y más allá de la cárcel, ¿hubo otras consecuencias?
Alba: Sí, y esto es importante. El feminicidio no solo implica prisión. Al responsable también se le impuso una reparación del daño millonaria, multas, el pago de todos los gastos funerarios y, crucialmente, la prohibición de acercarse a los familiares y testigos. Es una sanción integral.
Hugo: Wow. Ahora, ¿qué pasa cuando el ataque ocurre pero la víctima, por suerte, sobrevive? He escuchado el término “tentativa de feminicidio”.
Alba: La tentativa de feminicidio es justo eso. Ocurre cuando alguien intenta matar a una mujer por razones de género, pero el crimen no se consuma por causas ajenas a su voluntad. La intención, el “dolo” de matar, estaba ahí.
Hugo: Y sigue siendo igual de grave, me imagino.
Alba: Gravísimo. Y un ejemplo terrible y muy conocido en México es el de Esmeralda Millán. Su expareja, y padre de sus hijos, la amenazaba constantemente con esa frase horrible: “si no eres mía, no serás de nadie”.
Hugo: El clásico discurso de posesión.
Alba: El mismo. Un día de 2018, después de que ella lo dejó por la violencia que sufría, un hombre le arrojó ácido en el rostro y el cuerpo. Ella sobrevivió, pero con secuelas permanentes. Tras años de lucha, su agresor fue sentenciado a 42 años de prisión por tentativa de feminicidio.
Hugo: Es que es un nivel de crueldad... inimaginable. La violencia con ácido o sustancias peligrosas es una de las formas más extremas de control y de intento de borrar la identidad de la persona.
Alba: Totalmente. Y la ley lo reconoce como una forma de tentativa de feminicidio, precisamente por la intención de causar un daño permanente y visible, de marcarla para siempre. Es la máxima expresión del odio.
Hugo: Y en todo este proceso, ¿qué papel juegan las autoridades? Porque a veces parece que son parte del problema.
Alba: Lo son, y la ley también piensa en ello. El Código Penal de Yucatán, por ejemplo, establece obligaciones muy claras para las autoridades. La principal es que deben investigar todas las muertes violentas de mujeres con perspectiva de género, desde el minuto uno.
Hugo: O sea, asumir que podría ser un feminicidio hasta que se demuestre lo contrario.
Alba: Justo así. La ley sanciona a los servidores públicos que actúan con negligencia. Si un fiscal retrasa la investigación, si un policía no investiga como feminicidio, o peor, si filtran fotos y videos de la víctima, pueden ir a la cárcel.
Hugo: ¡Eso de filtrar información es terrible! Se llama revictimización, ¿no?
Alba: Sí. Es volver a violentar a la víctima y a su familia. Es vulnerar su dignidad. Por eso las sanciones para los funcionarios son severas: prisión, multas y la destitución de su cargo. Se busca evitar la impunidad a todos los niveles, no solo castigar al agresor.
Hugo: Es que tiene que ser así. Porque un feminicidio, como decías, no afecta solo a una persona. Destruye familias, deja hijos huérfanos, genera miedo en toda la sociedad y una desconfianza brutal en las instituciones.
Alba: Exacto. El impacto psicológico y social es inmenso. Por eso, entender el feminicidio no es solo aprender un término legal, es comprender una de las fallas más profundas de nuestra sociedad. Una que estamos obligados a reparar. Y para eso, Hugo, es fundamental hablar de prevención...
Hugo: Y bueno, ese punto que mencionas nos lleva directamente a un tema que es... es complejo y muy doloroso, pero es fundamental hablarlo. La violencia de género.
Alba: Así es, Hugo. Y para entenderla, es clave saber que no todos los asesinatos de mujeres son clasificados igual. Existe la figura del feminicidio, que se define por ciertas razones muy específicas.
Hugo: ¿Razones específicas? ¿Como cuáles?
Alba: La ley establece varias, que llamamos fracciones. Por ejemplo, la primera es cuando la víctima presenta signos de violencia sexual, antes o después de morir.
Hugo: Qué horror... solo empezar y ya es terrible.
Alba: Y se pone más crudo. La segunda fracción habla de infligir lesiones o mutilaciones degradantes, tortura o incluso actos de necrofilia.
Hugo: Espera, ¿puedes definir esos términos? Porque suenan espantosos.
Alba: Claro. Tortura es causar intencionalmente dolor físico o mental grave. Mutilación es cortar o dañar una parte del cuerpo. Y necrofilia… es la atracción sexual hacia los cadáveres. Son actos que buscan deshumanizar a la víctima.
Hugo: Entiendo... son actos de un odio extremo. ¿Hay más?
Alba: Sí. La tercera razón es muy importante: cuando ya existían antecedentes de violencia del agresor contra la víctima. Podía ser violencia familiar, en el trabajo, en la escuela... de cualquier tipo.
Hugo: O sea que no es algo que surge de la nada.
Alba: Exacto. Casi nunca lo es. Hay una investigación de CNN que reveló una red online con ¡sesenta y dos millones de hombres! queriendo aprender a drogar y abusar de mujeres. Es escalofriante.
Hugo: ¿Sesenta y dos millones? Es una cifra que no puedo ni procesar... increíble.
Alba: Lo es. Y demuestra lo que antropólogas como Rita Segato explican: es un problema estructural, no son solo “casos aislados”.
Hugo: Vale, entonces hay violencia previa. ¿Qué más considera la ley?
Alba: La cuarta fracción es cuando el agresor intentó, sin éxito, iniciar o reiniciar una relación de pareja con la víctima. Y la quinta es cuando ya existía una relación, ya sea de parentesco, sentimental, laboral o de confianza. Piénsalo: su jefe, su maestro, un familiar.
Hugo: Vaya, entonces el agresor casi siempre es alguien conocido.
Alba: En la gran mayoría de los casos, sí. La sexta razón es si hubo amenazas o acoso antes del crimen. Y la séptima, si la víctima fue incomunicada antes de morir.
Hugo: Todo esto dibuja un patrón de control y acoso terrible. He oído hablar del “ciclo de la violencia”. ¿Encaja aquí?
Alba: Totalmente. Es un ciclo que se repite y se agrava. Primero, está la fase de acumulación de tensión: celos, insultos, control.
Hugo: La olla a presión, digamos.
Alba: Exacto. Luego, la explosión: la agresión física o psicológica. Después viene la fase de “luna de miel” o reconciliación.
Hugo: Ah, el clásico “perdóname, no volverá a pasar”.
Alba: Justo eso. El agresor pide perdón, promete cambiar y la víctima puede creerle. Pero lamentablemente, el ciclo casi siempre vuelve a empezar, y cada vez es peor.
Hugo: Es una trampa terrible. Y al final, ¿por qué es tan importante que existan estas sanciones específicas?
Alba: Porque nombrar el problema es el primer paso para combatirlo. Ayuda a reducir la impunidad, a garantizar justicia y a recordar que el Estado tiene la obligación de prevenir, investigar y sancionar esta violencia.
Hugo: Es un recordatorio de que no estamos hablando de crímenes pasionales, sino de crímenes de odio. Un tema denso, pero necesario. Ahora, cambiemos un poco de tercio y hablemos de cómo se relaciona esto con los movimientos sociales.
Hugo: Bueno, hemos cubierto mucho terreno, pero nos queda un último tema que es... increíblemente importante y muy serio. Hablemos de la legislación sobre el feminicidio.
Alba: Exacto, Hugo. Y es un tema denso, pero crucial para entender cómo el sistema de justicia intenta responder a esta violencia extrema.
Hugo: Una pregunta que muchos se hacen es: ¿por qué el feminicidio tiene una pena mayor que un homicidio? Si matar a alguien es el crimen, ¿por qué se hace esa distinción?
Alba: Es una pregunta fundamental. Y la respuesta es que el feminicidio no es solo la muerte de una mujer. Es la culminación de un ciclo de violencia, discriminación y abuso que existía mucho antes.
Hugo: O sea, no es un acto aislado. Hay un contexto detrás.
Alba: Precisamente. En muchísimos casos, las víctimas ya sufrían amenazas o violencia previa. A menudo, existían relaciones de poder, de control o de subordinación por parte del agresor. El Estado reconoce que esto es diferente. Es una forma de violencia extrema dirigida a las mujeres por el hecho de serlo.
Hugo: Entiendo. Entonces, al poner una pena mayor, se busca combatir esa impunidad histórica y proteger los derechos humanos de las mujeres.
Alba: Justo. Se envía un mensaje claro: esta violencia no será tolerada ni tratada como un crimen pasional o un simple homicidio.
Hugo: Y hablando de leyes, sé que en Yucatán ha habido reformas importantes. ¿Qué ha cambiado específicamente?
Alba: Sí, el Código Penal de Yucatán se reformó para fortalecer estas sanciones. No solo se aumentaron las penas, sino que se agregaron agravantes para situaciones específicas.
Hugo: ¿Agravantes? ¿Qué significa eso?
Alba: Significa que la pena puede ser aún mayor si se dan ciertas circunstancias. Por ejemplo, si el agresor es un servidor público o si hubo explotación sexual.
Hugo: Ya veo. ¿Y qué más incluyen estas reformas?
Alba: Algo muy importante es que se agregaron medidas de protección para los menores que quedan en orfandad. Y, sobre todo, se estableció que todos estos casos deben investigarse, desde el minuto uno, con perspectiva de género.
Hugo: El objetivo es claro, entonces: evitar que los feminicidios se disfracen de homicidios comunes.
Alba: Exactamente. Es llamar a las cosas por su nombre.
Hugo: Vayamos a los números, Alba. ¿De qué tipo de penas estamos hablando? Para que la gente dimensione la seriedad.
Alba: Claro. La pena base por feminicidio en Yucatán va de 35 a 55 años de prisión. Además de multas económicas muy altas.
Hugo: 35 a 55 años... Es una sentencia muy severa.
Alba: Lo es. Y como te decía, hay agravantes que la aumentan. Si el agresor usó su posición como servidor público, si hubo trata de personas, si usó sustancias para dejar inconsciente a la víctima... la pena puede aumentar hasta en una tercera parte.
Hugo: Wow. ¿Podrías hacer el cálculo rápido? ¿A cuánto podría llegar?
Alba: Si tomamos la pena máxima de 55 años y le sumamos una tercera parte, estamos hablando de más de 73 años de prisión. Es, en la práctica, una cadena perpetua.
Hugo: Y hay un tipo de feminicidio que me parece particularmente doloroso. El que ocurre dentro de la familia o en una relación de pareja.
Alba: Sí, la ley es aún más estricta en esos casos. Cuando el feminicidio lo comete alguien con quien la víctima tenía un parentesco, una relación sentimental, laboral o de confianza... la pena sube.
Hugo: ¿A cuánto sube?
Alba: En esos casos, la pena va de 50 a 70 años de prisión. Se considera más grave por el terrible abuso de confianza y la violencia que casi siempre existió previamente.
Hugo: Es que es la máxima traición posible. Que la persona que debería cuidarte sea quien te quite la vida.
Alba: Exacto. Y lo mismo aplica si la víctima es menor de 18 años. La ley reconoce la vulnerabilidad de las niñas y adolescentes y establece penas de 50 a 65 años.
Hugo: Para que esto no sea solo teoría, hablemos de un caso real. Sé que hubo uno en Progreso que ejemplifica todo lo que hemos hablado.
Alba: Sí, un caso terrible. Un hombre asesinó a su expareja y al novio de ella. La víctima ya se había separado de él por las constantes amenazas y la violencia. Tenían una historia de 13 años.
Hugo: Lo más impactante es que ella había pedido ayuda, ¿no es así?
Alba: Así es. Y esto es lo que duele. Ella lo había denunciado ocho veces. ¡Ocho! Contaba con medidas de protección, pero no fueron efectivas. Las autoridades sabían el riesgo que corría.
Hugo: Es increíblemente frustrante.
Alba: Totalmente. Los hechos previos son de película de terror. Intentó quemar la casa con ella adentro. La golpeó. Entró a su casa a romper cosas, le robó dinero, e incluso había apuñalado al tío de ella meses antes.
Hugo: Es el patrón del que hablabas. Una escalada de violencia que terminó de la peor manera. Y como dice el reporte... "María buscó ayuda muchas veces, no la obtuvo". Qué frase tan devastadora.
Hugo: Bueno, Alba, hemos llegado al final de nuestro episodio. Ha sido un recorrido intenso, desde las bases del derecho hasta este tema tan complejo y necesario del feminicidio.
Alba: Sí, Hugo. El punto clave a recordar es que la ley busca reconocer la violencia de género como un problema estructural. Las penas, las reformas y la perspectiva de género son herramientas para combatirla y proteger a las víctimas.
Hugo: Herramientas que, como vimos en el caso de María, a veces no son suficientes, pero que son absolutamente indispensables. La justicia es un camino, no un destino final.
Alba: Me gusta esa forma de verlo. El objetivo es que, algún día, estas leyes tan duras ya no sean necesarias. Pero mientras lo sean, es vital conocerlas y exigir que se apliquen correctamente.
Hugo: Exactamente. Muchísimas gracias, Alba, por tu claridad y tu tiempo una vez más.
Alba: Gracias a ti, Hugo. Siempre es un placer.
Hugo: Y gracias a todos ustedes por acompañarnos en Studyfi Podcast. Esperamos que hayan aprendido tanto como nosotros. ¡Hasta la próxima!