Podcast sobre El Poder Autónomo del Estado
El Poder Autónomo del Estado: Análisis para Estudiantes
Podcast
Estructura y Formas del Poder del Estado
Délka: 27 minut
Kapitoly
Dos tipos de poder
El alcance del Estado moderno
La matriz del poder
Tendencias a lo largo de la historia
Más allá de las teorías simples
El Estado como escenario
Los dos tipos de poder estatal
La receta de la autonomía
El Territorio es la Clave
¿Por Qué Necesitamos un Estado?
Las Múltiples Caras del Estado
Infraestructura y Territorio
El Poder Despótico y sus Límites
La Utilidad de Estar Centralizado
De Estados Enclenques a Gigantes
¿Poder Despótico o Infraestructural?
Cooperación a la Fuerza
El Estado Indispensable
El Estado: ¿Héroe o Villano?
Las Fronteras Invisibles de la Sociedad
¿Siempre Fue Así?
El Verdadero Poder y Despedida
Přepis
Carlos: …espera, entonces, ¿lo que dices es que un emperador que podía gritar “¡que le corten la cabeza!” no era necesariamente el gobernante más poderoso? Eso parece… contradictorio.
Laura: Exacto, y esa es la idea que va a cambiar cómo entiendes el poder del Estado. Es fascinante.
Carlos: Ok, esto tengo que escucharlo con calma. Estás escuchando Studyfi Podcast, donde desglosamos los temas complejos para tus exámenes. Soy Carlos, y conmigo está nuestra experta, Laura.
Laura: ¡Hola a todos! Y sí, Carlos, prepárate porque vamos a hablar de las dos caras del poder estatal.
Carlos: Venga, estoy listo. ¿Dos caras? Yo pensaba que poder era... bueno, poder. Mandar y que la gente obedezca.
Laura: Esa es una cara, la que el sociólogo Michael Mann llama **poder despótico**. Es la capacidad de la élite del Estado, ya sea un rey, un emperador o un dictador, de tomar decisiones sin tener que negociar con nadie.
Carlos: Ah, el poder de la Reina de Corazones en ‘Alicia en el País de las Maravillas’. ¡Que le corten la cabeza y punto!
Laura: ¡Exactamente esa! Es una analogía perfecta. El poder despótico es ese poder absoluto y caprichoso. Si el emperador chino decía que todo el país era suyo y podía hacer lo que quisiera, eso era poder despótico.
Carlos: Vale, entendido. Entonces, ¿cuál es la otra cara? La que hace que esa Reina de Corazones no sea tan poderosa como parece.
Laura: Se llama **poder infraestructural**. Y aquí está la clave: es la capacidad real del Estado para *penetrar* en la sociedad y ejecutar sus decisiones de forma logística en todo el territorio.
Carlos: A ver si lo pillo. Una cosa es poder *ordenar* algo, y otra muy distinta es tener los medios para que se *cumpla* en cada rincón del país.
Laura: ¡Bingo! El emperador romano podía tener un poder despótico casi ilimitado en Roma, pero una vez que te alejabas de la capital, su capacidad real para encontrarte y hacer cumplir su voluntad disminuía muchísimo. Su alcance era corto.
Carlos: Claro, no tenían la tecnología. En cambio hoy... el Estado sabe hasta qué desayuno he pedido por una app.
Laura: Totalmente. Hoy, los Estados tienen un poder infraestructural inmenso. Pueden cobrar impuestos directamente de tu nómina, tienen bases de datos con nuestra información, implementan leyes en todo el país en cuestión de horas y nos proveen servicios como pensiones o ayudas.
Carlos: O sea, que el Estado moderno puede no tener un rey que te corte la cabeza por capricho —menos poder despótico—, pero penetra en nuestra vida diaria mucho más que cualquier imperio antiguo. ¡Qué buena idea!
Laura: Exacto. Su poder infraestructural es gigantesco. Como dice Mann, hoy no hay lugar para esconderse del alcance del Estado moderno, de Alaska a Florida.
Carlos: Entonces, si cruzamos estas dos dimensiones, poder despótico e infraestructural, ¿qué obtenemos?
Laura: Obtenemos una matriz muy útil con cuatro tipos ideales de Estado. Piénsalo como un cuadro. Eje vertical, poder despótico, de bajo a alto. Eje horizontal, poder infraestructural, de bajo a alto.
Carlos: Vale, visualizándolo. Cuatro cuadrantes.
Laura: Exacto. Abajo a la izquierda, con bajo poder despótico y baja infraestructura, tienes el Estado **feudal**. El rey tenía un poder limitado y dependía mucho de los señores locales.
Carlos: Lógico. A la derecha, con baja despótica pero alta infraestructura, está el Estado **burocrático**. Como las democracias capitalistas modernas. Mucha capacidad de gestión, pero los líderes no pueden hacer lo que les da la gana.
Laura: Muy bien. Ahora arriba. Arriba a la izquierda, con alto poder despótico pero baja infraestructura, tenemos el Estado **imperial**. Piensa en el Imperio Romano o Chino. El emperador era todopoderoso en teoría, pero en la práctica su control era débil en las provincias lejanas.
Carlos: Y el último cuadrante, arriba a la derecha... alto en todo. Suena peligroso.
Laura: Ese es el Estado **autoritario**. Alto poder despótico y alta capacidad infraestructural para aplicarlo. Los ejemplos históricos que se acercan a este tipo son la Alemania nazi o la Unión Soviética. Un control casi total sobre la sociedad civil.
Carlos: Entonces, ¿cuál ha sido la tendencia histórica? ¿Vamos hacia más poder o menos?
Laura: Aquí viene lo interesante. El poder infraestructural ha tenido un crecimiento histórico a largo plazo, casi constante. Con cada avance tecnológico y organizativo, los Estados han podido penetrar más y más en la sociedad.
Carlos: Tiene sentido. Desde la invención de la escritura hasta internet, todo ayuda a controlar y gestionar mejor.
Laura: Justo. Pero, y este es el punto clave, el poder despótico no ha seguido ninguna tendencia clara. Ha sido un ciclo de oscilaciones. Ha habido épocas de gran despotismo y épocas de relativa libertad.
Carlos: O sea, tuvimos democracias en la antigua Grecia, luego imperios, luego repúblicas medievales, monarquías absolutas y ahora de nuevo democracias... Va y viene.
Laura: Exactamente. La historia del despotismo no es una línea recta, es una fluctuación. Y entender esta diferencia entre el crecimiento constante de la infraestructura y la oscilación del despotismo es fundamental para analizar cualquier Estado, pasado o presente.
Carlos: Fascinante. Así que, para el examen, la clave es recordar: poder despótico es la voluntad de la élite, y poder infraestructural es la capacidad real de ejecución. No son lo mismo y su historia es muy diferente.
Laura: ¡Ese es el resumen perfecto! Con eso claro, ya tienes una base sólida para entender la estructura del poder estatal.
Carlos: Genial. Pues con esta idea tan clara en mente, pasemos a analizar otro concepto clave...
Carlos: Ok, Laura, entonces no es tan simple como decir que el Estado es solo un instrumento de los ricos o una máquina de guerra. Habíamos tocado esas teorías reduccionistas.
Laura: Para nada, Carlos. Esas visiones son demasiado parciales. Durante mucho tiempo, la teoría más avanzada era la que combinaba ambas cosas. Piensa en ello como una visión 'bidimensional'.
Carlos: ¿Bidimensional? ¿Como una película en 2D?
Laura: Algo así. Una dimensión mira hacia adentro: la economía, las clases sociales, los conflictos internos. La otra dimensión mira hacia afuera: las relaciones con otros países, las guerras, la diplomacia.
Carlos: Y la gente que dirige el Estado, la élite, está justo en medio, ¿manejando las dos cosas a la vez?
Laura: ¡Exactamente! Y en ese espacio, en ese acto de malabarismo entre las presiones internas y las externas, es donde el Estado empieza a tener su propio poder. Su propia autonomía.
Carlos: Interesante. O sea, no es solo un títere de nadie, sino que tiene su propia agenda.
Laura: Justo. Teóricas como Theda Skocpol desarrollaron esto muy bien. Pero hoy vamos a dar un paso más allá y argumentar algo un poco paradójico.
Carlos: ¿Más paradójico todavía? Venga, sorpréndeme.
Laura: La idea es que el Estado es, en esencia, un escenario. Un espacio. ¡Pero esa naturaleza de 'ser un escenario' es precisamente la fuente de su poder autónomo!
Carlos: Espera, espera. ¿Cómo puede un escenario ser también el actor principal? Suena a que el teatro se dirige a sí mismo.
Laura: Es una gran analogía. Piénsalo así. El Estado se consolida para organizar las relaciones entre diferentes grupos sociales. Para hacerlo, concentra recursos, infraestructuras y poder de decisión en un solo lugar.
Carlos: Tiene sentido. Se necesita un centro para coordinar todo, ¿no?
Laura: Sí. Y esa centralización territorial le da una base de poder independiente. Los grupos que lo crearon ya no pueden controlarlo tan fácilmente. El escenario, de repente, tiene sus propias luces y su propio guion.
Carlos: Vale, me gusta esa idea del escenario con vida propia. Pero, ¿qué tipo de poder tiene exactamente? ¿Cómo se manifiesta?
Laura: Aquí es crucial distinguir dos tipos de poder. Primero, está el poder 'despótico'.
Carlos: Suena a emperador malvado con un gato en el regazo.
Laura: Totalmente. Es el poder de la élite estatal *sobre* la sociedad. La capacidad de tomar decisiones sin consultar a nadie. Pero hay otro tipo de poder, que a menudo es más importante.
Carlos: A ver...
Laura: Es el poder 'infraestructural'. Este es el poder del Estado *a través* de la sociedad. Es su capacidad para coordinar acciones, construir carreteras, organizar la educación... penetrar la vida social y organizarla.
Carlos: Ah, ya veo. Uno es 'poder sobre' y el otro es 'poder para hacer'.
Laura: ¡Perfecta manera de resumirlo! El poder despótico es la fuerza bruta, pero el poder infraestructural es la verdadera red que sostiene al Estado moderno.
Carlos: Entonces, ¿cómo adquiere el Estado este poder autónomo? ¿Cómo pasa de ser una herramienta a ser un actor con voluntad propia?
Laura: Se basa en dos fases. Primero, la función. La sociedad necesita esa centralización territorial para cosas que los grupos por sí solos no pueden hacer. Piénsalo: organizar un ejército coordinado o una economía que redistribuya bienes.
Carlos: Claro, no puedes tener 50 ejércitos pequeños compitiendo entre sí. Necesitas uno solo.
Laura: Exacto. Esa es la función útil. Pero luego viene la segunda fase: la explotación. Una vez que esa estructura centralizada existe, la élite estatal puede usarla para sus propios fines, porque los grupos sociales pierden el control sobre ella.
Carlos: Así que primero les damos el poder porque lo necesitamos, y luego se hace tan grande que ya no se lo podemos quitar. Suena un poco deprimente.
Laura: Puede serlo, pero también es lo que permite que las sociedades complejas funcionen. Es esa capacidad de actuar de forma independiente lo que define al Estado moderno. Y justo de esos mecanismos, de cómo se crea esa centralización, hablaremos a continuación.
Carlos: ...entonces esa idea de poder es mucho más compleja de lo que parece. Y eso nos lleva a una pregunta clave: ¿qué hace que el poder del Estado sea tan... especial?
Laura: ¡Exacto! Y la respuesta es sorprendentemente simple, Carlos. Es su estructura. El poder del Estado es único por una cosa: es centralizado y territorial.
Carlos: ¿Centralizado y territorial? Suena un poco a clase de geografía.
Laura: ¡Pero es fundamental! Piénsalo así: el Estado no inventa un nuevo tipo de poder. Simplemente combina el poder económico, militar e ideológico de una forma única.
Carlos: ¿Y esa forma única es el control sobre un área específica?
Laura: Precisamente. El Estado es un lugar. Tiene un centro desde donde su autoridad se expande, pero se detiene en fronteras bien definidas. Es como el rey de su propio tablero de ajedrez.
Carlos: ¿Y cómo se diferencia eso de otras grandes organizaciones? Pienso en una multinacional gigante, por ejemplo.
Laura: Gran pregunta. Una empresa como General Motors no controla el territorio de Detroit. Controla una función: el montaje de coches. Su poder se difunde por donde sea que pueda vender, no está atado a un mapa.
Carlos: Ah, claro. Su poder es funcional, no geográfico. Pueden tener una fábrica aquí y otra al otro lado del mundo. No les importa la frontera mientras puedan hacer negocio.
Laura: ¡Eso es! Lo mismo pasa con las religiones o las ideologías. Se extienden como una red, de persona a persona, cruzando fronteras sin problemas. No tienen un poder autoritario sobre un territorio delimitado. El Estado sí.
Carlos: Entendido. El Estado es el único con ese monopolio territorial. Pero, ¿siempre ha sido así? ¿Realmente lo necesitamos?
Laura: Bueno, la historia es bastante clara. Las únicas sociedades sin Estado han sido las primitivas. No hay ninguna civilización compleja y duradera que no haya tenido un centro de autoridad.
Carlos: O sea que tener un Estado da una ventaja de supervivencia, por así decirlo.
Laura: Definitivamente. Las sociedades con Estado tienden a absorber o eliminar a las que no lo tienen. Y hay una razón sociológica para esto. El orden social se basa en tres cosas: la costumbre, el intercambio o la fuerza.
Carlos: Y supongo que ninguna de las tres es suficiente por sí sola a largo plazo.
Laura: Exacto. La costumbre se queda corta ante nuevos problemas. Negociarlo todo es súper ineficaz. Y la fuerza bruta, como bien sabemos, se agota rápido.
Carlos: Sí, no puedes estar amenazando a todo el mundo todo el tiempo. Suena agotador.
Laura: Totalmente. Por eso necesitas reglas claras, aplicadas por una autoridad central, especialmente para proteger la vida y la propiedad. Esa necesidad es la madre del poder del Estado.
Carlos: Vale, entonces el Estado nace de una necesidad de orden. Pero no se dedica a una sola cosa, ¿verdad? No es solo la policía y ya está.
Laura: Para nada. Los Estados son multitarea. Siempre han tenido, como mínimo, cuatro funciones persistentes. La primera es la que mencionas: el mantenimiento del orden interno.
Carlos: Proteger la propiedad, las leyes... lo típico. ¿Qué más?
Laura: La segunda es la defensa o agresión militar contra enemigos externos. Organizar la guerra y la paz. La tercera es mantener las infraestructuras de comunicación.
Carlos: ¿Te refieres a carreteras, puentes...?
Laura: Sí, y también la moneda, los sistemas de pesos y medidas, las reglas del comercio. Cosas que hacen que la sociedad funcione de manera fluida y que se organizan mejor desde un centro.
Carlos: Tiene todo el sentido. ¿Y la cuarta?
Laura: La redistribución económica. Es decir, distribuir recursos entre diferentes grupos o regiones, proteger a los económicamente inactivos, regular el comercio exterior... Es una función con un gran elemento colectivo.
Carlos: O sea que el Estado no es un simple matón ni un simple gerente. Es una mezcla de todo eso, definida por su control sobre un territorio. fascinante.
Laura: Y esa multiplicidad de funciones y a quién benefician es lo que lo hace tan complejo y, a menudo, tan conflictivo. Cada función crea diferentes lealtades y tensiones.
Carlos: Tensiones que, imagino, nos llevan directamente a hablar de cómo se relacionan el Estado y las políticas públicas, que es justo nuestro siguiente punto.
Carlos: Okay, Laura, eso que mencionas de la infraestructura es fascinante. Entonces, ¿más infraestructura significa que el Estado tiene un control... más real sobre su territorio?
Laura: ¡Exactamente! No es solo tener un mapa. Es tener las carreteras, las comunicaciones, la logística para estar presente en todas partes. Los aumentos en el poder infraestructural del estado aumentan la vinculación territorial.
Carlos: Claro, es como pasar de una línea dibujada en la arena a una autopista pavimentada. La línea se la lleva el viento, pero la autopista... esa se queda.
Laura: ¡Qué buena analogía! Y esa es una característica general del desarrollo. A más poder infraestructural, las interacciones sociales se vuelven más territoriales.
Carlos: Y esto también aplica al otro tipo de poder que vimos, el poder despótico, ¿o ese es diferente?
Laura: Se aplica, pero de forma mucho más débil. Un estado despótico sin buena infraestructura solo puede *reivindicar* su territorio. Piensa en Roma o China construyendo murallas gigantes.
Carlos: Ah, para mantener a los súbditos dentro y a los «bárbaros» fuera. Suena imponente.
Laura: Lo es, pero su éxito es limitado y muy precario. Sin la logística para mover tropas y recursos rápidamente... esa muralla es más un símbolo que una barrera real.
Carlos: O sea, es como tener una puerta de seguridad increíble en una casa hecha de cartón. No sirve de mucho.
Laura: Justo así. Y esto nos lleva a una especie de ciclo histórico, una dialéctica.
Carlos: ¿Una dialéctica? ¿Cómo funciona eso?
Laura: Bueno, el punto clave es que el Estado es, en esencia, un lugar. Una arena centralizada y territorial. La sociedad necesita que ciertas cosas se regulen desde un punto central.
Carlos: Ya veo. Las clases dominantes, los movimientos ideológicos... todos necesitan esa organización centralizada que ellos mismos no tienen.
Laura: ¡Eso es! Así que le confían recursos al Estado. Y aquí está el truco... no pueden recuperarlos por completo, porque sus propias bases no están centralizadas como las del Estado.
Carlos: Así que el poder autónomo del Estado nace de su propia utilidad. Es poderoso porque es útil que sea el único con una dirección fija, por así decirlo.
Laura: Exacto. Es el producto de la utilidad de la centralización territorial. Y a lo largo de la historia, esa utilidad ha variado muchísimo, y con ella, el poder de los Estados. Ahora, esto se conecta directamente con cómo surgen las élites...
Carlos: Entonces, si los estados en la Europa feudal eran tan... bueno, enclenques, ¿cómo llegaron a ser tan increíblemente decisivos en el mundo de hoy?
Laura: Es una pregunta clave, Carlos. Y la respuesta es fascinante. Esos estados, que absorbían menos del 2% del Producto Nacional Bruto y apenas podían reunir un ejército, encontraron un socio inesperado: el capitalismo.
Carlos: ¿Un socio? ¿Cómo funciona eso?
Laura: Bueno, los propietarios capitalistas necesitaban cosas que solo un estado centralizado podía ofrecer. Necesitaban regulación legal para sus negocios, protección para su propiedad... Piénsalo, ¿de qué sirve tener una fábrica si cualquiera puede venir y quitártela?
Carlos: Buen punto. Nadie quiere que su imperio de galletas sea robado.
Laura: ¡Exacto! Así que, a cambio de ayudar a los capitalistas, los estados adquirieron poderes inmensos. Empezaron a recaudar impuestos de forma regular, crearon burocracias permanentes y, lo más importante, consiguieron el monopolio de la fuerza militar.
Carlos: Vale, entonces el estado se vuelve mucho más fuerte. ¿Esto no los convirtió en déspotas, en tiranos absolutos?
Laura: ¡Aquí viene lo sorprendente! No, no del todo. Especialmente en Europa occidental. Lo que creció fue su poder *infraestructural*, es decir, su capacidad para organizar la sociedad y penetrar en ella.
Carlos: ¿Y cuál es la diferencia con el poder despótico?
Laura: El poder despótico es la capacidad de hacer lo que quieras sin negociar. Pero como los estados necesitaban a la clase capitalista, no podían simplemente ignorarla. Gobernaban *con* ellos y, a menudo, *para* ellos. El estado se hizo fuerte, pero no todopoderoso.
Carlos: O sea, era una alianza. El estado ponía las reglas del juego y los capitalistas jugaban, y ambos se beneficiaban.
Laura: Justamente. Y esta alianza fue la que dio forma al sistema de estado-nación que conocemos. El capitalismo se expandió, pero lo hizo dentro de las fronteras que los estados dibujaron en el mapa.
Carlos: Entendido. Pero este modelo con el capitalismo es bastante europeo. ¿Qué hay de otras formas de centralización del poder a lo largo de la historia?
Laura: Gran punto. Otra vía clave es lo que Herbert Spencer llamó “cooperación compulsiva”. Esto se ve muy claro en los imperios antiguos, como Roma.
Carlos: ¿Cooperación compulsiva? Suena como un oxímoron. Como una “fiesta obligatoria”.
Laura: ¡Totalmente! La idea es que la conquista militar pone nuevos recursos en manos del poder central. Y con esos recursos, el estado se vuelve más autónomo, menos dependiente de los grupos que lo apoyaron al principio.
Carlos: Ya veo. Y este poder no solo viene de la conquista, ¿verdad?
Laura: No. También de la producción. En la agricultura preindustrial, aumentar la productividad a menudo significaba hacer que la gente trabajara más duro. Y la forma más fácil de lograrlo era…
Carlos: La coerción.
Laura: Exacto. Un estado con un ejército centralizado era muy eficiente para forzar el trabajo en plantaciones o minas. Es un tipo de “militarismo keynesiano”, donde la fuerza militar “estimula” la economía por la fuerza.
Carlos: Entonces, aunque el estado pueda ser opresivo, los grupos poderosos de la sociedad civil, como la clase económica dominante, lo apoyan porque mantiene el orden y protege sus intereses.
Laura: Precisamente. El estado se vuelve indispensable. Defiende las fronteras, reprime el crimen, mantiene las relaciones de producción… Y para legitimarse, siempre apela al “universalismo”.
Carlos: ¿A que se refiere con universalismo?
Laura: A que pretende representar el interés de *todos* dentro de su territorio, no solo de una clase, una familia o una región. Se apropia de lo que se llama “recursos flotantes”, ideas o símbolos que no pertenecen a nadie en particular, y los usa para justificar su autoridad.
Carlos: Así que, en resumen, los estados se hicieron poderosos al volverse útiles, ya sea para los capitalistas, para los señores de la guerra o para las élites económicas. Y una vez que tienen ese poder, es muy difícil quitárselo.
Laura: Has dado en el clavo. Esa es la dinámica central. Y esa dinámica nos lleva directamente a cómo estos estados, ya fortalecidos, empiezan a competir entre ellos en la arena internacional.
Carlos: ...y esa dinámica de poder que mencionabas nos lleva directo a nuestro último gran tema: el Estado. ¿Es el motor del progreso o un freno?
Laura: ¡Exacto! Y esa es la pregunta del millón, Carlos. La historia no nos da una respuesta simple. Es una dialéctica constante, una tensión entre dos fuerzas.
Carlos: ¿Una dialéctica? ¿Te refieres a una lucha entre opuestos?
Laura: Justo eso. Por un lado, tienes estructuras centralizadas, como los grandes imperios, que pueden impulsar el desarrollo. Pero por otro, tienes estructuras descentralizadas, con poder más difuso, que también lo hacen.
Carlos: Entonces el Estado a veces es el héroe y otras... el villano.
Laura: Podríamos decirlo así. No hay una respuesta única. Su papel cambia, fluctúa. A veces ayuda, a veces estorba. Pero aquí viene lo más interesante de su poder.
Carlos: ¿Hay algo más que la simple política?
Laura: Mucho más. El poder del Estado va más allá de las leyes. Define la territorialidad de nuestra vida. Piénsalo, cuando decimos «la sociedad mexicana» o «la sociedad española», ¿en qué pensamos?
Carlos: Pues... en la gente que vive dentro de las fronteras de México o España.
Laura: ¡Ahí está! Damos por sentado que «sociedad» es igual a «país». Y eso es un efecto directo del poder infraestructural del Estado. Ha dibujado fronteras no solo en el mapa, sino en nuestra mente.
Carlos: ¿Y no era así antes? ¿En la Edad Media, por ejemplo?
Laura: Para nada. Un medievalista jamás diría «la sociedad francesa» como lo hacemos hoy. Sería mucho más preciso hablar de «la cristiandad» o «la sociedad europea». Las lealtades y las redes sociales cruzaban cualquier frontera estatal de la época.
Carlos: Vaya, así que esta idea de que una sociedad cabe perfectamente dentro de un país es... relativamente nueva.
Laura: Muy nueva, y es una de las transformaciones más bestias de la modernidad. Nos demuestra la fuerza masiva que tienen los Estados para moldear cómo nos entendemos a nosotros mismos.
Carlos: Entonces, ¿cuál es la gran conclusión de todo esto?
Laura: La clave es esta: el poder autónomo del Estado no se trata solo de élites controlando a la gente. Su poder más profundo es su capacidad para centralizar y territorializar la vida social. Donde hay un Estado fuerte, hay una sociedad con fronteras bien definidas.
Carlos: Fascinante. Desde entender las bases de la sociología hasta ver cómo el Estado moldea nuestra propia identidad... qué viaje. Laura, como siempre, un placer increíble.
Laura: El placer ha sido mío, Carlos. ¡Y gracias a todos por acompañarnos en esta aventura del conocimiento!
Carlos: Eso es todo por hoy, y por esta temporada, en Studyfi Podcast. Sigan curiosos, sigan preguntando y ¡hasta la próxima!