Podcast sobre El Conductismo de John B. Watson

El Conductismo de John B. Watson: Guía Completa para Estudiantes

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El Código de la Conducta: Descifrando a Watson0:00 / 24:46
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Daniel…espera, entonces, ¿lo que me estás diciendo es que, para Watson, un pensamiento o una emoción no importan si no se pueden ver? ¿De verdad?
Sofía¡Exacto! Si no lo puedes medir en un laboratorio, para él, básicamente no existe como objeto de estudio para la psicología. ¡Es una idea súper radical!
Capítulos

El Código de la Conducta: Descifrando a Watson

Délka: 24 minut

Kapitoly

Rompiendo con el sentido común

¿Qué es la conducta para Watson?

El método científico conductista

Condicionamiento: La clave del aprendizaje

Monismo: Adiós al fantasma en la máquina

Resumen y transición

La Psicología como una Máquina

Darwin Entra en Escena

El Manifiesto de Watson

Las Reglas del Juego Científico

¿Psicología o Magia?

De la Religión a la Epistemología

El peligro del anacronismo

Obstáculos que persisten

Las dos caras del monismo

Un método para leer el mundo

El juego de la verdad y la mentira

Crítico, ético y situado

Resumen y despedida

Přepis

Daniel: …espera, entonces, ¿lo que me estás diciendo es que, para Watson, un pensamiento o una emoción no importan si no se pueden ver? ¿De verdad?

Sofía: ¡Exacto! Si no lo puedes medir en un laboratorio, para él, básicamente no existe como objeto de estudio para la psicología. ¡Es una idea súper radical!

Daniel: Wow. Ok, eso es increíble. Creo que todo el mundo necesita escuchar esto desde el principio. Estás escuchando Studyfi Podcast, donde simplificamos los temas más complejos para tus exámenes. Soy Daniel.

Sofía: Y yo Sofía. Y hoy vamos a desarmar una de las teorías más polémicas y fundamentales de la psicología: el Conductismo de John B. Watson.

Daniel: Y por lo que acabas de decir, parece que lo primero que tenemos que hacer es… ¿olvidar todo lo que creemos que sabemos sobre la "conducta"?

Sofía: ¡Precisamente! El filósofo Gastón Bachelard lo llamaba un “obstáculo epistemológico”. Suena complicado, pero la idea es simple: llegamos a un tema nuevo con la edad de nuestros prejuicios, no somos una página en blanco.

Daniel: O sea, todos tenemos una idea de lo que es la conducta. Si alguien se porta “mal”, pensamos en por qué, en sus sentimientos…

Sofía: Exacto. Pero Watson llega en 1913 y dice: “¡Basta de todo eso!”. Basta de alma, de mente, de conciencia. Esas son herencias de la religión y la filosofía, no de la ciencia.

Daniel: Tenía una frase para eso, ¿no? Algo así como…

Sofía: ¡Sí! “Zapatero a su zapato: Psicólogos ¡la conducta es el destino!”. Para él, la psicología debía estudiar una sola cosa: la conducta observable. Y punto.

Daniel: Ok, entonces, si no es la mente ni los sentimientos… ¿qué es exactamente la conducta para Watson? ¿Cómo la define?

Sofía: Es muy directo. La conducta es todo aquello que un organismo hace y que podemos observar. Movimientos, secreciones glandulares, cosas físicas.

Daniel: ¿Secreciones glandulares? Suena… muy poco poético.

Sofía: Totalmente. Pero para Watson, la poesía no importaba, solo la objetividad. Piensa en el ser humano no como una persona con una rica vida interior, sino como un “animal humano”. Un organismo fisiológico.

Daniel: Una máquina, casi. Leí que se refería al ser humano como “una máquina orgánica montada y lista para funcionar”.

Sofía: Esa es la frase exacta. Y como a cualquier máquina, su objetivo es estudiarla de forma objetiva. Por eso su enfoque es tan estricto con la metodología.

Daniel: Claro, si tu objeto de estudio es solo lo observable, tu método tiene que ser a prueba de subjetividad.

Sofía: Exactamente. Watson rechaza por completo el método principal de la psicología de su época: la introspección de Wundt.

Daniel: Que era básicamente pedirle a la gente que describiera lo que sentía o pensaba, ¿cierto?

Sofía: Sí, y para Watson eso era pura especulación. ¡No podías verlo! Así que valida únicamente los métodos objetivos. Y no es solo uno, son varios.

Daniel: ¿Como cuáles? Dame ejemplos.

Sofía: Bueno, la observación es la base de todo, con o sin instrumentos. También acepta los tests psicológicos, pero ojo, no los tests “mentales”. Le interesan los que miden respuestas concretas.

Daniel: Entiendo. También leí que rescató métodos más antiguos, como medir el tiempo de reacción.

Sofía: Correcto. Incluso el “relato verbal” es aceptado, pero no como una ventana a la mente, sino como otra conducta observable. Lo que dices es un comportamiento, no un reflejo de tu “yo interior”.

Daniel: Pero hay un método que es la estrella del show, ¿verdad? El que lo cambió todo.

Sofía: ¡Absolutamente! El método que se vuelve central y que define gran parte de la teoría es la técnica del reflejo condicionado, perfeccionada por el neurofisiólogo ruso Iván Pávlov.

Daniel: ¡Ah, los famosos perros de Pávlov! Los que salivaban con una campana.

Sofía: ¡Esos mismos! Ese experimento no es solo una anécdota curiosa; para Watson, es la clave para entender cómo aprendemos. Es el mecanismo fundamental.

Daniel: Ok, expliquemos eso de forma sencilla. ¿Cómo funciona el condicionamiento según lo ve Watson, basándose en Pávlov?

Sofía: Perfecto. Para Watson, existen dos tipos de conducta. Primero, las innatas o heredadas, que son los reflejos con los que nacemos. Por ejemplo, el perro saliva al ver comida.

Daniel: Eso es un reflejo absoluto. Estímulo específico (comida) produce una respuesta específica (saliva).

Sofía: Exacto. Pero luego están las conductas aprendidas o adquiridas. Y aquí viene la magia del condicionamiento. ¿Cómo se aprenden?

Daniel: Aquí es donde entra la campana, ¿no?

Sofía: ¡Ahí está! Pávlov se dio cuenta de que si hacía sonar una campana (un estímulo neutro) justo antes de presentar la comida, después de varias repeticiones, el perro empezaba a salivar solo con oír la campana, ¡incluso sin comida!

Daniel: O sea, el perro “aprendió” a asociar la campana con la comida. La campana se convirtió en un estímulo condicionado.

Sofía: Precisamente. Watson toma esta idea y la lleva al siguiente nivel. Dice que casi todo el comportamiento humano complejo es una larga cadena de reflejos condicionados. No nacemos con miedos a cosas específicas, los aprendemos.

Daniel: Y si se pueden aprender… también se pueden desaprender o incluso crear. Watson creía que podía crear una conducta, ¿no?

Sofía: Totalmente. Él era muy optimista al respecto. Creía que con el repertorio de respuestas innatas, el proceso de condicionamiento y los estímulos del ambiente, podía moldear a una persona. Es una idea muy poderosa y, para muchos, aterradora.

Daniel: Sí, suena un poco a control mental de película de ciencia ficción.

Sofía: Un poco, sí. Pero su objetivo era hacer de la psicología una ciencia dura, como la biología o la química. Quería predecir y controlar la conducta.

Daniel: Esto nos lleva a la última gran pieza del rompecabezas de Watson: su postura frente al clásico problema de “cuerpo y alma”.

Sofía: O “cuerpo y mente”. Él lo tenía clarísimo. Citando sus propias palabras, la idea de un alma separada del cuerpo es una vieja doctrina religiosa que lleva al dualismo. Y él la rechaza de plano.

Daniel: Nadie ha visto un alma en un tubo de ensayo, decía.

Sofía: Exacto. Él se declara “monista”. Esto es clave. El monismo es la creencia de que existe una sola sustancia. Para Watson, esa sustancia es el cuerpo. Y nada más.

Daniel: ¿Y la conciencia? ¿Los pensamientos? ¿El amor? ¿La tristeza?

Sofía: Para el conductismo radical de Watson, son solo los nombres que le damos a reacciones corporales. Son secreciones glandulares y movimientos musculares. No hay un “fantasma en la máquina”.

Daniel: Ponme un ejemplo práctico. Si yo le digo a un conductista radical “estoy triste”, ¿qué me respondería?

Sofía: ¡Gran pregunta! Nuestro sentido común nos haría preguntar “¿qué te pasó?” o “¿quieres hablar de tu infancia?”. Pero un monista watsoniano radical haría una pregunta muy diferente.

Daniel: ¿Cuál?

Sofía: Te preguntaría: “¿Te hiciste un estudio hormonal?”.

Daniel: ¡No puede ser! ¿De verdad?

Sofía: ¡Sí! Porque para él, la causa de esa “tristeza” tiene que estar, única y exclusivamente, en el cuerpo. Quizás es un desbalance de tiroides, por ejemplo. La causa es fisiológica, observable y medible.

Daniel: Wow. Es una forma de ver al ser humano completamente despojada de… bueno, de humanidad, como la entendemos comúnmente.

Sofía: Es una perspectiva muy dura, sí. Al final, lo que al conductismo le interesa es ser una biología del comportamiento humano. Reducir todo al esquema de estímulo-respuesta que ocurre en un organismo.

Daniel: Ok, hagamos un resumen rápido para que quede súper claro. Primero: Watson dice que la psicología solo debe estudiar la conducta observable, nada de mente ni conciencia.

Sofía: Correcto. Segundo: el método debe ser objetivo, y el más importante es el del reflejo condicionado de Pávlov, que explica cómo aprendemos.

Daniel: Tercero: Watson es monista. Cree que solo existe el cuerpo, y que todo lo que llamamos “mental” son en realidad reacciones físicas de nuestro organismo.

Sofía: Lo has clavado. Es una teoría que busca ser una ciencia natural, dejando de lado toda la herencia filosófica y subjetiva de la psicología anterior.

Daniel: Entender esto es fundamental, no solo para el examen, sino para comprender cómo la psicología luchó por convertirse en una ciencia. Y aunque hoy suene extremo, sentó las bases para muchas terapias que usamos hoy.

Sofía: Totalmente. El conductismo no es toda la historia, pero es un capítulo imprescindible. Y hablando de capítulos importantes, esto se conecta directamente con cómo otros teóricos reaccionaron a estas ideas, como los psicólogos de la Gestalt, que tenían una visión muy diferente sobre la percepción.

Daniel: Me parece una transición perfecta. Hablemos de eso a continuación. ¿Qué pasa cuando el todo es más que la suma de sus partes?

Daniel: Sofía, la última vez nos dejaste con dos expresiones clave de Watson para que no olvidáramos: "estímulo-respuesta" y "organismo". Y me quedé pensando, suenan sencillas, pero siento que esconden mucho más.

Sofía: ¡Totalmente! No las elegí al azar, Daniel. Justamente esas dos expresiones son el puente. Son el conector que nos permite enchufar el conductismo a sus fundamentos filosóficos y epistemológicos.

Daniel: Un puente, me gusta esa idea. ¿Hacia dónde nos lleva?

Sofía: Nos lleva directo a dos ideas que son como los cimientos del edificio conductista: el materialismo mecanicista y el evolucionismo.

Daniel: Ok, materialismo mecanicista. Suena a algo salido de una película de ciencia ficción. ¿Qué significa exactamente?

Sofía: No vas tan desencaminado. Resumido, postula que toda realidad es material, es física. No hay espacio para un alma o una mente etérea. Y aquí viene lo interesante: plantea una analogía entre el hombre y una máquina.

Daniel: ¡Una máquina! O sea que, para ellos, somos como robots biológicos muy complejos.

Sofía: Exacto. Un organismo biológico que es calculable, predecible y hasta manipulable. El esquema es simple: causa-efecto. A toda causa le sigue necesariamente un efecto. ¿Y te suena a algo que ya vimos?

Daniel: ¡Claro! Estímulo-respuesta. La causa es el estímulo, el efecto es la respuesta.

Sofía: ¡Ahí lo tienes! Esa fórmula, estímulo-respuesta, es la expresión de esa visión mecanicista. Es cómo Watson se representa los componentes de la conducta.

Daniel: Entendido. Es la fórmula para describir la conducta.

Sofía: Precisamente. Y aquí quiero hacer una aclaración súper importante, porque es un error muy común. El esquema estímulo-respuesta NO es el método del conductismo.

Daniel: Oh, espera. Eso es clave. Mucha gente cree que sí lo es.

Sofía: Lo sé, es un obstáculo epistemológico clásico. Pero no, la fórmula solo describe los elementos que, según Watson, componen la conducta. Es la foto, no la cámara con la que se toma la foto. ¿Se entiende la diferencia?

Daniel: Sí, perfectamente. La fórmula describe, no es el procedimiento. Un punto importantísimo. Entonces, ese es el pilar del mecanicismo. ¿Qué hay del otro término, "organismo"?

Sofía: Para entender por qué Watson insiste tanto en la palabra "organismo", tenemos que hablar de su otra gran inspiración: el evolucionismo de Darwin.

Daniel: ¡Claro! La teoría de la evolución. ¿Cómo encaja aquí?

Sofía: De varias maneras. Primero, le da la base para hablar de la persona en términos de "organismo". Nos baja del pedestal espiritual y nos sitúa como un ser biológico más.

Daniel: Nos ve como el eslabón más evolucionado de la cadena animal, ¿cierto?

Sofía: Exacto. De hecho, Watson llega a usar el término "animal humano". Sin rodeos.

Daniel: ¡"Animal humano"! Qué poca delicadeza. Suena a que mi perro y yo no somos tan diferentes, después de todo.

Sofía: Para Watson, las diferencias son de complejidad, no de esencia. Esta idea es fundamental, porque si somos animales evolucionados, podemos extrapolar los estudios de la psicología animal a los humanos.

Daniel: Y por eso Pavlov y sus perros fueron tan importantes para él. Estudiaba un animal para entender un mecanismo que luego aplicaría a las personas.

Sofía: Justamente. Y hay un último punto del evolucionismo: la finalidad "adaptativa". La conducta, esa respuesta del organismo al estímulo, tiene un propósito: ayudarnos a adaptarnos y sobrevivir en nuestro medio. Es una visión muy pragmática.

Daniel: Adaptación y supervivencia. Todo empieza a encajar. Entonces tenemos el materialismo mecanicista por un lado y el evolucionismo por otro. Esos son los dos grandes fundamentos.

Sofía: Son dos pilares gigantes, pero ambos se sostienen sobre una base aún más grande y fundamental: el Positivismo de Auguste Comte.

Daniel: ¿El Positivismo? Me suena de las clases de filosofía. Era esta idea de que la ciencia solo debe estudiar lo que se puede ver y medir, ¿no?

Sofía: ¡Exacto! Y para Watson, esto era música para sus oídos. Él quería que la psicología dejara de ser una charla de sofá sobre cosas invisibles y se convirtiera en una ciencia natural, dura y respetable.

Daniel: Como la física o la biología.

Sofía: Ni más ni menos. De hecho, Watson lo deja clarísimo en una frase que es casi un manifiesto. Dice algo como: "la psicología, si quiere convertirse en ciencia, deberá ser positivista, materialista, mecanicista, determinista, evolucionista y pragmatista... o no será".

Daniel: ¡Vaya lista! No se dejó nada en el tintero. Es una declaración de intenciones en toda regla.

Sofía: Es un ultimátum. O jugamos con las reglas de la ciencia natural, o no jugamos. Y las reglas del positivismo son muy claras.

Daniel: Ok, entonces, ¿cuáles son esas reglas del positivismo que Watson adoptó con tanto fervor?

Sofía: La primera y más importante: la ciencia debe estudiar hechos "positivos". Y positivo aquí no significa "bueno", sino fáctico. Hechos de los que tenemos experiencia real.

Daniel: Cosas que podemos observar, medir, cuantificar, verificar... La conducta encaja perfecto ahí. No puedes medir un "deseo inconsciente", pero sí puedes medir cuántas veces una rata presiona una palanca.

Sofía: ¡Bingo! Por eso Watson dice que el objeto de estudio es "lo que el organismo hace o dice". Hablar también es una conducta observable. Es objetivo.

Daniel: Tiene sentido. ¿Y cuál es el objetivo de estudiar estos hechos?

Sofía: El objetivo, para un positivista, es encontrar la relación invariable entre los fenómenos. Lo que llamamos "leyes". Si entiendes la ley que conecta A con B, puedes hacer algo muy poderoso.

Daniel: ¿Predecir?

Sofía: Predecir, sí. Pero también retrodecir, o sea, explicar por qué pasó algo en el pasado. Y lo más importante para el conductismo: controlar la realidad.

Daniel: Controlar... Esa palabra siempre genera un poco de escalofríos cuando se habla de personas.

Sofía: Sí, y es una de las grandes críticas que se le harán después. Pero para Watson, era el objetivo final de una ciencia útil. Si puedes predecir y controlar la conducta, puedes, en teoría, mejorar la sociedad, la educación, todo. Era una visión muy optimista, a su manera.

Daniel: Entiendo. Es una visión del mundo muy ordenada, muy de causa y efecto, donde todo se puede explicar y, con suerte, arreglar. Me queda mucho más claro por qué el conductismo fue tan radical y tan influyente.

Sofía: Totalmente. Fue un intento de poner orden, de aplicar el método científico más riguroso a la complejidad del ser humano. Y sentó las bases para mucho de lo que vendría después, incluso para las terapias que reaccionaron en su contra.

Daniel: Fascinante. Me pregunto cómo se aplicaron estas ideas en la práctica, más allá de los perros y las ratas. ¿Cómo llevaron esto al mundo real, a la terapia con personas?

Sofía: Esa es una pregunta excelente, y nos lleva directamente a hablar de algunas de las técnicas conductistas más conocidas y de sus aplicaciones clínicas.

Daniel: ...así que esa idea de que solo podemos estudiar el comportamiento observable es la base de todo para Watson. Pero, ¿qué pasa con los psicólogos que sí estudiaban la consciencia? No los dejaba muy bien parados, ¿verdad?

Sofía: Para nada, Daniel. De hecho, su crítica era demoledora. Watson decía algo súper polémico para la época: que creer en la existencia de la "consciencia" era como retroceder a los días de la superstición y la magia.

Daniel: Espera, ¿magia? ¿Como lanzar hechizos y pociones? ¡Eso es llevar la crítica a otro nivel!

Sofía: Totalmente. Él lo conectaba directamente con lo que llamaba el "fondo salvaje" de la humanidad. Pensar que los encantamientos traen lluvia, que un hechicero vudú puede dañar a una tribu, o que puedes controlar a alguien con un trozo de uña o un mechón de su pelo.

Daniel: Vale, ahora entiendo la intensidad de su argumento. No era una simple diferencia académica, era una acusación de primitivismo.

Sofía: Exacto. Para él, la magia nunca muere, solo se transforma. ¡Incluso usaba ejemplos como Moisés, diciendo que cada época tuvo su propio mago y su propia magia!

Daniel: Y, ¿cómo conecta todo este rollo de la magia con la psicología científica que él quería fundar?

Sofía: Aquí viene el salto clave. Él argumentaba que estas innumerables leyendas, con el tiempo, tejen la tradición popular. Esa tradición se cristaliza y se convierte... en religiones.

Daniel: Y las religiones se enredan con la política y la economía... se vuelven herramientas de control. Ya veo por dónde va.

Sofía: ¡Exacto! Entonces, cuando Watson criticaba a sus contemporáneos como Wundt o a los funcionalistas por estudiar la consciencia, en el fondo les estaba gritando: "¡Ustedes no hacen ciencia, hacen metafísica o incluso religión!".

Daniel: O sea, los acusaba de no haber superado la etapa pre-científica. Se basaba en la "Ley de los Tres Estadios" de Comte, ¿cierto?

Sofía: Justo ahí queríamos llegar. Les decía que estaban atascados en la etapa metafísica, no en la positiva o científica. Y este es el punto central que quiero que se lleven nuestros oyentes.

Daniel: El "key takeaway", como dicen por ahí.

Sofía: Sí. No se trata de decidir si Watson, Wundt o James tenían la razón. Lo importante es analizar las *razones epistemológicas* de su crítica. Entender por qué un autor critica a otro desde sus fundamentos.

Daniel: Es como entender las reglas del juego que cada uno estaba jugando. No solo ver quién gana.

Sofía: Precisamente. Y esas reglas del juego nos llevan directamente a cómo Watson intentó construir su propia versión de una psicología que fuera, para él, verdaderamente científica.

Daniel: Así que juzgar a una teoría o a una persona fuera de su tiempo... es un error. ¿Tiene un nombre técnico?

Sofía: ¡Claro que sí! Se llama anacronismo. Y es un vicio del pensamiento que debemos evitar, sobre todo al estudiar autores de hace un siglo.

Daniel: Entiendo. Es como criticar a alguien del siglo XIX por no usar un smartphone.

Sofía: ¡Exactamente! Pero ojo, esto no significa que no podamos aprender del pasado. La clave es hacerlo con una crítica contextualizada.

Daniel: Y mencionaste algo sobre cómo el pasado se cuela en nuestro presente sin que nos demos cuenta.

Sofía: Así es. Aquí volvemos al concepto de obstáculo epistemológico de Bachelard. A veces, para conocer algo nuevo, primero hay que destruir conocimientos previos que nos limitan.

Daniel: ¿Y qué obstáculo de esos viejos tiempos sigue con nosotros hoy en día?

Sofía: Uno muy importante: el monismo. La idea de que todo tiene una única y sola causa. Es una visión que simplifica demasiado las cosas.

Daniel: ¿Cómo vemos ese monismo en la actualidad?

Sofía: Pues, por un lado, tienes el boom de las neurociencias. No me malinterpretes, son fascinantes. Pero a veces parece que quieren explicar toda la experiencia humana... con procesos neuronales o químicos.

Daniel: Ah, el clásico “todo está en tu cerebro”.

Sofía: ¡Ese mismo! Pero hay otro extremo igual de peligroso: la psicologización de todo. Creer que cualquier sufrimiento o problema de la vida es puramente psicológico.

Daniel: Claro, dos caras de la misma moneda simplista. O es solo el cerebro o es solo la mente. Y la realidad es mucho más compleja, ¿verdad?

Sofía: Exacto. Y encontrar el equilibrio entre estas visiones es uno de los grandes desafíos actuales, lo que nos lleva directamente a las corrientes más modernas de la psicología.

Daniel: Y eso nos lleva a una pregunta clave. Después de todo lo que vimos hoy, ¿cómo evitamos quedarnos con una sola idea y pensar que lo explica absolutamente todo?

Sofía: ¡Excelente punto, Daniel! Porque el ser humano es demasiado complejo... tenemos un cuerpo, lenguaje, historia. No podemos reducir esa complejidad a un solo monismo, a una única teoría.

Daniel: Entonces, ¿necesitamos una herramienta para no caer en esa trampa?

Sofía: Exacto. Más que una herramienta, es un método de lectura, un juego mental para desarrollar el pensamiento crítico.

Daniel: Un juego mental… ¡me gusta cómo suena eso! ¿En qué consiste?

Sofía: Es simple pero poderoso. Primero, lees un texto asumiendo que todo lo que dice es verdad. Te sumerges completamente en su lógica.

Daniel: Ok, hasta ahí todo bien. Me convierto en un fan total de la teoría.

Sofía: ¡Exacto! Pero después… lo vuelves a leer con la premisa opuesta: que todo lo que dice es mentira.

Daniel: ¡Wow! Mi cerebro tendría que pelearse consigo mismo. Suena intenso.

Sofía: Lo es. Pero te obliga a romper con la lógica de “esto es verdadero o falso” y te fuerza a reflexionar de una forma mucho más profunda.

Daniel: Ok, ya hice que mi cerebro discuta. ¿Cuál es el siguiente nivel de este juego?

Sofía: El siguiente nivel es llevar la teoría a su máxima expresión, a su paroxismo. Y ahí te preguntas… ¿cuáles serían las consecuencias finales de creer esto ciegamente?

Daniel: Ah, claro. Ahí el pensamiento ya no es solo crítico, se vuelve ético. Ya no es si la idea es correcta, sino si es buena.

Sofía: ¡Precisamente! Y el último paso es intentar usar esas ideas para interpretar la realidad actual. Así logras un pensamiento situado.

Daniel: Increíble. Entonces, para resumir todo lo de hoy, no solo se trata de conocer distintas perspectivas, sino de tener un método —crítico, ético y situado— para dialogar con ellas. Una brújula para navegar el conocimiento.

Sofía: Has dado en el clavo. Esa es la mejor forma de estar a la altura de los desafíos que nos encontraremos. La idea no es tener todas las respuestas, sino saber hacer mejores preguntas.

Daniel: Bueno, creo que esa es una nota perfecta para terminar. Sofía, como siempre, un placer. Gracias por iluminarnos.

Sofía: El placer es mío, Daniel. ¡Y gracias a todos por escucharnos!

Daniel: Esto fue Studyfi Podcast. ¡Hasta la próxima!