Podcast sobre Ecología y Gluconeogénesis: Conceptos Fundamentales
Ecología y Gluconeogénesis: Conceptos Fundamentales para Estudiantes
Podcast
Adivinanzas y Lógica
Délka: 24 minut
Kapitoly
Un acertijo para empezar
Resolviendo el misterio
La moraleja del acertijo
¿Qué es la ecología?
Lo vivo y lo no vivo
Definiendo un Ecosistema
Componentes Bióticos y Abióticos
Cadenas y Redes Tróficas
El Flujo de la Energía
Interacciones Clave
Cuando Nadie Pierde
El Viaje de los Elementos
Carbono y Nitrógeno
¿Qué es un Sistema?
El Todo y las Partes
Sistemas Abiertos y Cerrados
Los Componentes Clave
Los cuatro grandes elementos
Pepinos con ansiedad
La Fábrica de Glucosa del Hígado
No es Glicólisis al Revés
Los Ingredientes para el Nuevo Azúcar
El Cerebro Regulador en el Hígado
Resumen y Despedida
Přepis
Sofía: Si hoy es miércoles, ¿qué día es pasado mañana del anteayer de mañana?
Diego: ¡Wow! Espera, espera... eso es un trabalenguas. Suena imposible de resolver a la primera.
Sofía: ¡Exacto! Y esa es la clase de lógica que a veces aparece en los exámenes. Estás escuchando Studyfi Podcast.
Diego: Me encanta. Estos desafíos son perfectos para calentar las neuronas. A ver, vamos a desglosarlo.
Sofía: De acuerdo, ¿por dónde empezamos? Porque mi cerebro ya dio tres vueltas.
Diego: Empecemos por el final, que es la parte más sencilla. La última palabra es "mañana". Si hoy es miércoles, "mañana" es jueves.
Sofía: Ok, tenemos el jueves. El acertijo dice "el anteayer de mañana". El día antes de ayer del jueves... sería el martes. ¡Ya veo!
Diego: ¡Eso es! Ya solo nos queda la primera parte: "pasado mañana" de ese martes que acabamos de encontrar.
Sofía: Pasado mañana del martes es... ¡jueves! ¡La respuesta es jueves!
Diego: ¡Correcto! ¿Ves? No era tan difícil. La clave es no entrar en pánico y simplemente ir pieza por pieza, como un rompecabezas.
Sofía: Es una gran lección. A veces vemos un problema enorme y nos bloqueamos, pero si lo dividimos en partes pequeñas, es totalmente manejable.
Diego: Exactamente. Esta misma lógica te sirve para un problema de matemáticas o para analizar un texto largo. Identifica las partes, resuélvelas una por una y luego júntalas.
Sofía: ¡Un gran consejo! Así que, la próxima vez que veas una pregunta que parece un trabalenguas, respira hondo y busca por dónde empezar. Mi cerebro necesita un café después de eso.
Diego: El mío también. Ahora, hablemos de otra herramienta mental que puede ayudarte a...
Sofía: ...y así es como la energía se mueve. Pero, ¿cómo encaja todo esto en un panorama más grande? Hablemos de ecología, Diego. Suena como una palabra enorme y complicada.
Diego: Lo parece, pero la idea central es muy sencilla. Piensa en la ecología como el estudio de las relaciones. Es simplemente cómo los seres vivos interactúan entre sí y con su entorno.
Sofía: ¿Relaciones? ¿Como si mi planta carnívora odiara a las moscas?
Diego: ¡Exactamente! Esa es una relación ecológica. Pero también es la relación de tu planta con la luz del sol, el agua que le das, o la maceta donde vive.
Sofía: Ah, okay. Entonces no se trata solo de las interacciones entre los organismos.
Diego: Para nada. De hecho, los científicos dividen ese entorno en dos partes clave: lo biótico y lo abiótico.
Sofía: Uf, suenan como palabras de examen. Desglósalo para nosotros.
Diego: ¡Claro! Es fácil. “Bio” significa vida. Así que lo biótico es todo lo vivo: otras plantas, animales, bacterias... las moscas, en tu caso.
Sofía: Entendido. ¿Y abiótico? Supongo que es lo contrario.
Diego: Justo eso. “A” significa “sin”. Abiótico es todo lo que no está vivo pero que es crucial para la vida. El agua, la luz del sol, las rocas, la temperatura...
Sofía: O sea, ¿mi pobre cactus tiene una relación muy seria con su maceta y con la ventana?
Diego: ¡Una relación fundamental! La ecología estudia precisamente esa red gigante de conexiones entre lo vivo y lo no vivo. El organismo es la pieza clave de todo.
Sofía: Vaya, así explicado todo cobra sentido. Entonces, ya entendemos al organismo individual... pero, ¿cómo se escala esto? ¿Qué pasa con comunidades enteras o lugares completos?
Sofía: ¡Wow! Entonces, esa interconexión es clave. Y eso nos lleva directamente a una palabra que usamos todo el tiempo: ecosistema. Pero, ¿qué es exactamente?
Diego: ¡Gran pregunta! A veces usamos la palabra sin pensar mucho en su significado. Piénsalo así: un sistema es un conjunto de partes que trabajan juntas. Un ecosistema es exactamente eso, pero en la naturaleza.
Sofía: Ok, partes que trabajan juntas... ¿qué partes?
Diego: Son dos tipos principales. Tienes la biocenosis, que son todos los seres vivos: plantas, animales, bacterias... todo lo que respira, come o fotosintetiza.
Sofía: La parte viva, ¡entendido!
Diego: Y luego tienes el biotopo. Ese es el entorno físico, lo no vivo. El agua, las rocas, la luz del sol, la temperatura... todo el escenario donde ocurre la vida.
Sofía: ¡Ah! Entonces, ¿ecosistema es la combinación del escenario y los actores?
Diego: ¡Exacto! Es la suma de la biocenosis y el biotopo. Es un sistema abierto donde la materia y la energía fluyen constantemente. Fue Sir Arthur Tansley quien lo definió así por allá en 1935.
Sofía: Me gusta esa división. Biocenosis y biotopo... o como se dice en clase, componentes bióticos y abióticos, ¿cierto?
Diego: Correcto. Los abióticos son los factores físicos y químicos que mencionamos. Y los bióticos se organizan en roles. ¿Has oído hablar de los productores, consumidores y descomponedores?
Sofía: ¡Claro! Los productores son las plantas, los que hacen su propia comida, ¿no?
Diego: ¡Precisamente! Son los autótrofos. Luego vienen los consumidores, que somos... bueno, casi todos los demás. Desde los herbívoros que comen plantas, hasta los carnívoros que se comen a los herbívoros.
Sofía: Y luego están los... ¿carroñeros? ¿Los que hacen el trabajo sucio?
Diego: Sí, como las hienas o los buitres. Son consumidores terciarios. Y no nos olvidemos de los desintegradores, como hongos y bacterias. Ellos son los recicladores definitivos, devuelven los nutrientes al suelo.
Sofía: Todo esto suena a la famosa cadena alimenticia. Pero siempre me pareció muy... lineal. ¿El león solo come cebras y ya?
Diego: ¡Qué buena observación! La idea de una "cadena" es una simplificación. En realidad, es una "red trófica", una red súper compleja. El león podría comer otros animales, y la cebra es comida por más de un depredador.
Sofía: Entiendo, es más como un gran y desordenado buffet de la naturaleza.
Diego: ¡La mejor definición que he escuchado! Y en esa red, cada nivel se llama nivel trófico. Las plantas en uno, los herbívoros en otro, y así sucesivamente.
Sofía: Ok, y si todos se están comiendo entre todos, ¿adónde va la energía? No puede ser infinita.
Diego: Para nada. De hecho, es bastante ineficiente. Aquí entra la "ley del diezmo". Solo cerca del 10% de la energía de un nivel pasa al siguiente.
Sofía: ¿Solo el 10 por ciento? ¿Qué pasa con el otro 90?
Diego: Se pierde. Principalmente como calor por la respiración o simplemente... no se digiere. Por eso hay muchísimas más plantas que herbívoros, y muchos más herbívoros que carnívoros.
Sofía: Tiene todo el sentido. Se necesita una base enorme para sostener a los de la cima. Y para cerrar esta idea, ¿cuál es la diferencia entre hábitat y nicho?
Diego: ¡Fundamental! El hábitat es la "dirección" de una especie, el lugar físico donde vive. El nicho ecológico es su "profesión", lo que hace en ese lugar: qué come, a quién se come, su rol en el ecosistema.
Sofía: Dirección y profesión. Me encanta. Es una forma muy clara de recordarlo. Hemos cubierto la estructura, los componentes y el flujo de energía. Pero ahora me pregunto, ¿cómo se ven estos ecosistemas en la vida real? ¿Podemos hablar de los diferentes tipos que existen en nuestro planeta?
Sofía: ...así que esas son las interacciones dentro de una misma especie. Pero, ¿qué pasa cuando interactúan especies completamente diferentes? Me imagino que ahí la cosa se pone más interesante.
Diego: ¡Totalmente! Es como pasar de un drama familiar a una película de acción internacional. A esto le llamamos interacciones interespecíficas.
Sofía: Inter-específicas. O sea, entre especies distintas. Suena lógico. ¿Cuáles son las más comunes?
Diego: Pensemos en los resultados. A veces uno gana y otro pierde, como en el parasitismo. Piensa en una pulga en un perro. La pulga está feliz, el perro... no tanto.
Sofía: ¡Pobre perro! Y eso es distinto a la depredación, ¿verdad? Porque el parásito no quiere matar a su anfitrión.
Diego: Exacto. Un depredador se come su presa y se acaba. Un parásito quiere que su "casa" siga funcionando. ¡No querrías quemar el restaurante donde comes gratis!
Sofía: ¡Claro! Tiene sentido.
Sofía: Ok, y ¿qué pasa cuando nadie sale perjudicado, o incluso ambos ganan?
Diego: ¡Buena pregunta! Ahí tenemos el comensalismo. Uno se beneficia y al otro, francamente, le da igual. Como un pájaro que hace su nido en un árbol. El pájaro consigue un hogar y el árbol... bueno, no le cobra alquiler.
Sofía: Me gusta ese árbol. Luego está el mutualismo, ¿no? Donde todos ganan.
Diego: ¡Ese es el escenario ideal! Como el pájaro que come los insectos de un rinoceronte. El pájaro come, y el rino se libra de las molestias. Un auténtico "tú me rascas la espalda, yo te rasco la tuya".
Sofía: Fascinante cómo todo está conectado. Pero estas relaciones individuales son la base para algo mucho más grande y complejo, ¿cierto? Como las redes tróficas...
Sofía: ...así que la energía fluye, pero no se recicla. Pero, ¿qué pasa con la materia? No estamos recibiendo constantemente nuevos átomos del espacio, ¿o sí?
Diego: ¡Exacto! Sería un poco caótico. Aquí es donde entran los ciclos biogeoquímicos. Es simplemente el sistema de reciclaje de la naturaleza a gran escala.
Sofía: Biogeoquímicos... esa palabra suena a examen final. Desglósala un poco.
Diego: Es fácil. "Bio" por los seres vivos, "geo" por la Tierra, el aire y el agua, y "químicos" por los elementos que viajan, como el carbono, el oxígeno o el nitrógeno.
Sofía: Entendido. Es el viaje de los elementos a través de componentes vivos y no vivos. ¿Cuál es el más famoso? Supongo que el del carbono.
Diego: ¡El mismo! Es el protagonista. Las plantas lo toman del aire como CO2 para la fotosíntesis, construyendo con él sus estructuras. Es asombroso.
Sofía: Y luego los animales se comen las plantas. Y nosotros... bueno, lo devolvemos al aire cada vez que respiramos. ¡Un intercambio constante!
Diego: Precisamente. El problema llega cuando los humanos añadimos carbono extra quemando combustibles fósiles, alterando ese equilibrio milenario. Es como echarle demasiada sal a la sopa.
Sofía: Vaya analogía. Y aparte del carbono, ¿cuál otro es crucial?
Diego: El nitrógeno. Es fundamental para nuestro ADN y proteínas. Pero aquí está lo sorprendente: no podemos usar el nitrógeno del aire directamente.
Sofía: ¿En serio? ¿Entonces cómo lo conseguimos?
Diego: Dependemos de unas bacterias especiales en el suelo. Ellas lo "fijan", lo hacen utilizable para las plantas, y de ahí pasa a toda la cadena alimenticia. ¡Dependemos totalmente de microbios!
Sofía: Increíble. Bacterias al rescate. Así que cada ciclo tiene sus propios protagonistas y procesos únicos... Esto me hace pensar en cómo se conectan todos entre sí.
Sofía: Y esa idea de que las cosas no existen de forma aislada... me parece que nos lleva directamente al siguiente gran tema, ¿verdad, Diego?
Diego: Exactamente, Sofía. Es la transición perfecta. Porque ahora vamos a hablar de una de las ideas más poderosas del siglo veinte: la Teoría General de Sistemas.
Sofía: Suena... importante y un poco intimidante. ¿Teoría General de Sistemas? ¿Por dónde empezamos?
Diego: Empecemos por lo más básico. Un sistema es, simplemente, un conjunto de elementos que interactúan entre sí. Eso es todo.
Sofía: ¿Así de simple? ¿Un conjunto de cosas que trabajan juntas?
Diego: Así de simple. El hombre detrás de esta idea fue un biólogo austriaco llamado Ludwig von Bertalanffy. Y lo que él notó es algo fascinante.
Sofía: ¿Qué cosa?
Diego: Notó que había principios y patrones que se repetían en todas partes... en la biología, en la economía, en la sociología, ¡incluso en la ingeniería! Y se preguntó si podría crear una teoría que unificara todos esos campos.
Sofía: Vaya, eso es súper ambicioso. ¿Una teoría para unificar toda la ciencia?
Diego: No buscaba explicar todo, sino más bien encontrar las similitudes. Piénsalo así... es como descubrir que las reglas para que una bandada de pájaros vuele en formación son extrañamente parecidas a las reglas que sigue el mercado de valores.
Sofía: Ok, me gusta esa analogía. Pero la frase que siempre escucho es “el todo es más que la suma de sus partes”. ¿Qué significa eso realmente?
Diego: Esa es la idea central. Significa que las propiedades del sistema surgen de la *interacción* de sus partes, no de las partes mismas.
Sofía: Dame un ejemplo.
Diego: Claro. Piensa en un coche. Tienes un motor, ruedas, un volante, asientos... Si apilas todas esas piezas en tu garaje, ¿tienes un coche?
Sofía: No, tengo un desastre y probablemente un manual de instrucciones que no entiendo.
Diego: ¡Exacto! Solo cuando esas partes están conectadas y funcionando juntas, interactuando, tienes un coche que te puede llevar a algún sitio. El “poder transportarte” es una propiedad del sistema, no de una sola pieza.
Sofía: Es la organización y la relación entre las piezas lo que crea la magia, por así decirlo.
Diego: Precisamente. Esa propiedad que “emerge” de la interacción se llama emergencia. Y es un concepto clave en todos los sistemas complejos.
Sofía: Entendido. Ahora, en mis apuntes veo que los sistemas se pueden clasificar. ¿Cuáles son las categorías más importantes que debemos conocer?
Diego: La distinción más fundamental es entre sistemas abiertos y sistemas cerrados. Es muy intuitiva.
Sofía: A ver, sorpréndeme.
Diego: Un sistema cerrado es uno que no interactúa con su entorno. Imagina una reacción química dentro de un tubo de ensayo sellado. Todo pasa ahí adentro, y nada entra ni sale.
Sofía: De acuerdo, está aislado.
Diego: Exacto. Pero casi todo lo que nos interesa en el mundo real son sistemas abiertos. Tú y yo, por ejemplo.
Sofía: ¿Cómo es eso?
Diego: Somos sistemas abiertos. Necesitamos interactuar con nuestro ambiente. Comemos para obtener energía, respiramos aire, liberamos calor... estamos en un constante intercambio de materia y energía con el exterior.
Sofía: ¡Claro! Una planta, un ecosistema, una ciudad... todos son sistemas abiertos. Dependen de su entorno para sobrevivir.
Diego: Has dado en el clavo. Y esta idea fue revolucionaria para la biología, porque ayudó a entender a los organismos no como máquinas, sino como sistemas dinámicos en constante equilibrio con su ambiente.
Sofía: Bien, ya tenemos la idea general y los tipos principales. Pero si quisiéramos analizar un sistema, ¿qué partes tendríamos que buscar?
Diego: Hay cuatro componentes básicos en cualquier sistema abierto. Piensa en el acrónimo E-P-S-A. Entradas, Procesos, Salidas y Ambiente.
Sofía: E-P-S-A. Me gusta. Desglosémoslo.
Diego: Las Entradas, o *inputs*, es todo lo que el sistema toma del ambiente. Energía, información, materiales... Para nosotros, serían la comida, el aire, el conocimiento que aprendemos.
Sofía: Ok. Luego vienen los Procesos. Supongo que es lo que el sistema *hace* con las entradas.
Diego: ¡Exacto! Es la transformación. Tu cuerpo digiere la comida para convertirla en energía. Tu cerebro procesa la información para tomar decisiones.
Sofía: Y las Salidas, u *outputs*, serían el resultado. La energía que usamos para movernos, el trabajo que producimos, el dióxido de carbono que exhalamos.
Diego: Perfecto. Y todo esto ocurre dentro de un Ambiente, que es el contexto que rodea al sistema y lo influencia. El clima, la cultura, la economía...
Sofía: Así que, para recapitular: un sistema toma *entradas* del *ambiente*, las transforma a través de *procesos*, y genera *salidas*. Parece que todo se puede ver como un sistema.
Diego: ¡Esa es la belleza de esta teoría! Te da un lenguaje común para hablar de cosas increíblemente diferentes, desde una célula hasta la economía global. Y eso nos lleva a uno de sus objetivos más profundos...
Sofía: La unificación de la ciencia, de la que hablabas al principio.
Diego: Sí. Entender estos principios compartidos, estos *isomorfismos*, nos permite aplicar lecciones de un campo a otro de formas inesperadas. Y es esa interconexión lo que nos ayuda a abordar problemas realmente complejos.
Sofía: Problemas complejos... eso suena a que las cosas se pueden complicar bastante. Me pregunto qué pasa cuando estos sistemas se vuelven impredecibles o caóticos.
Diego: Buena pregunta. Es como si estuvieras leyendo el guion. De hecho, explorar esa complejidad y ese aparente desorden es exactamente a donde nos dirigimos a continuación.
Sofía: Entonces, si lo vemos a un nivel aún más fundamental... ¿de qué estamos hechos realmente?
Diego: Gran pregunta. Si nos descompones en nuestros elementos químicos básicos, la respuesta es bastante sorprendente.
Sofía: A ver, sorpréndeme. ¿Oro? ¿Diamantes?
Diego: Ojalá. En realidad, solo cuatro elementos constituyen cerca del 96% de nuestra masa corporal. Son oxígeno, carbono, hidrógeno y nitrógeno.
Sofía: ¡Oxígeno! Hubiera pensado que carbono. Por eso de que somos 'organismos basados en carbono'.
Diego: Es una idea común. El carbono es el esqueleto, sí. Pero el oxígeno, siendo más pesado, domina en masa. ¡Es el 65% de nuestro peso corporal!
Sofía: Wow. ¿Y el hidrógeno? Siempre oímos que es el elemento más abundante del universo.
Diego: Correcto. Y aquí está lo interesante. Por masa es solo el 9.5%. Pero si contamos por número de átomos... ¡el 62% de todos los átomos de tu cuerpo son de hidrógeno! Son súper ligeros, pero hay una cantidad enorme de ellos.
Sofía: Ok, eso tiene sentido. Pero no somos solo una sopa de elementos. ¿Cómo se organizan en moléculas?
Diego: ¡Exacto! Y la molécula principal no te sorprenderá... es el agua. El H₂O. Constituye el 65% de nuestra masa.
Sofía: O sea que básicamente... ¿somos pepinos con ansiedad?
Diego: ¡Me encanta esa analogía! Es bastante acertada. Después del agua, vienen las proteínas con un 20% y los lípidos con un 12%.
Sofía: Es increíble pensar que algo tan complejo como nosotros se reduce a unos pocos elementos y, principalmente, agua.
Diego: Totalmente. La clave no son solo los ingredientes, sino cómo se organizan. Y esa organización empieza a un nivel celular, que es justo de lo que vamos a hablar ahora...
Sofía: Y con eso, creo que cubrimos los aspectos más importantes del ciclo de Krebs. Pero me queda una duda, Diego. Hablamos de qué pasa cuando comemos y tenemos energía, pero... ¿qué pasa cuando ayunamos o no hemos comido en horas? ¿De dónde saca el cerebro su glucosa?
Diego: Excelente pregunta para cerrar, Sofía. El cuerpo tiene un plan B increíblemente ingenioso. No solo quema reservas, ¡sino que fabrica glucosa nueva a partir de materiales que no son carbohidratos!
Sofía: Espera, ¿fabricar azúcar de la nada? ¿Cómo es eso posible?
Diego: Bueno, no exactamente de la nada. Se llama gluconeogénesis, que literalmente significa “creación de nuevo azúcar”. Es un proceso vital que ocurre principalmente en el hígado.
Sofía: Ok, gluco-neo-génesis. Suena como si fuera simplemente la glicólisis, el proceso de romper la glucosa, pero en reversa. ¿Es así de simple?
Diego: ¡Ojalá! Piensa en la glicólisis como una cascada. El agua fluye hacia abajo con mucha fuerza en ciertos puntos. No puedes hacer que el agua suba por la cascada sin una bomba especial, ¿verdad?
Sofía: Tiene sentido. Hay pasos que son muy difíciles de revertir.
Diego: Exacto. Hay tres reacciones en la glicólisis que son termodinámicamente “cuesta abajo”. Para la gluconeogénesis, el hígado usa cuatro enzimas especiales, como “bombas moleculares”, para rodear esas barreras energéticas.
Sofía: Ah, por eso no son las mismas enzimas. Son los “atajos” para subir la montaña.
Diego: ¡Precisamente! Las enzimas clave son la piruvato carboxilasa, la PEPCK, la fructosa-1,6-bisfosfatasa y la glucosa-6-fosfatasa. Cada una rodea uno de esos pasos irreversibles de la glicólisis.
Sofía: Entendido. Y dijiste que se usa material que no son carbohidratos. ¿Cuáles son esos ingredientes?
Diego: Son bastante variados. El cuerpo es un gran reciclador. Por ejemplo, el lactato que se acumula en tus músculos después de hacer ejercicio intenso viaja al hígado y se convierte en glucosa.
Sofía: ¡Increíble! Así que el ardor muscular de ayer puede ser el combustible cerebral de hoy.
Diego: Exactamente. También usamos el glicerol, que es la columna vertebral de las grasas que liberamos del tejido adiposo. Y, muy importante, usamos ciertos aminoácidos de la descomposición de proteínas.
Sofía: ¿Los aminoácidos? ¿Como los de la carne o los frijoles?
Diego: Esos mismos. Se les llama aminoácidos glucogénicos. Cada uno puede convertirse en un intermediario del ciclo de Krebs o directamente en piruvato, y de ahí, ¡pum!, directos a la vía de la gluconeogénesis.
Sofía: Entonces, el hígado está haciendo este balance constante entre quemar glucosa (glicólisis) y crearla (gluconeogénesis). ¿Cómo sabe cuál hacer? ¿Hay un interruptor?
Diego: Sí, y es una regulación muy elegante. Se controla por varios factores. Por ejemplo, altas concentraciones de ATP o de acetil-CoA, que es un producto de la quema de grasas, le gritan al hígado: “¡Hey, tenemos mucha energía, deja de quemar azúcar y empieza a guardarla o a fabricarla para otros!”
Sofía: Es una señal de abundancia energética. ¿Y qué pasa con los aminoácidos?
Diego: Buena pregunta. Un aminoácido como la alanina, que llega en grandes cantidades desde el músculo al hígado, es una “señal gluconeogénica” directa. Inhibe una de las enzimas clave de la glicólisis, la piruvato cinasa, y al mismo tiempo activa la gluconeogénesis. Es como pisar el freno de una vía y el acelerador de la otra al mismo tiempo.
Sofía: Fascinante. Entonces, para recapitular este último punto: la gluconeogénesis es el proceso de emergencia del cuerpo para fabricar glucosa, principalmente en el hígado, usando lactato, glicerol y aminoácidos.
Diego: Así es. Y no es la glicólisis al revés, sino que usa enzimas especiales para superar las barreras energéticas, asegurando que nuestro cerebro nunca se quede sin su combustible preferido, incluso durante el ayuno.
Sofía: Qué maravilloso es el metabolismo. Diego, muchísimas gracias por desmitificar estos procesos tan complejos hoy. Ha sido un viaje increíble a través de nuestras células.
Diego: El placer ha sido mío, Sofía. Es un universo fascinante. Y gracias a todos nuestros oyentes por acompañarnos. ¡Sigan curiosos!
Sofía: Y con eso cerramos nuestro episodio. Esto fue Studyfi Podcast. ¡Hasta la próxima!