Cultivo Celular: Técnicas y Aplicaciones Esenciales
Délka: 24 minut
La hamburguesa que no vino de una vaca
El menú perfecto para las células
El aire que respiran las células
Cómo se comportan las células en un nuevo hogar
Los límites del crecimiento
El diccionario del cultivo
Los Tres Pasos Clave
La Tripsina al Rescate
Viabilidad: ¿Vivas o Azules?
¿Por qué contar células?
La Cámara de Neubauer
La regla para no contar doble
La máquina de contar células
Velocidad y precisión
Aplicaciones en el mundo real
El cultivo de sangre
El Spa Celular
Diagnóstico Prenatal
Lucha contra el Cáncer
El Banco de la Vida
Conclusión y Despedida
Carmen: Imagina poder comerte una hamburguesa... que nunca fue parte de una vaca. O desarrollar una vacuna en tiempo récord. Suena a ciencia ficción, ¿verdad?
Álvaro: Totalmente. Pero la tecnología que está detrás de todo eso es real, y es precisamente de lo que vamos a hablar hoy.
Carmen: ¿Y cuál es esa tecnología mágica?
Álvaro: Se llama cultivo celular. Es, básicamente, el arte de hacer que las células vivan y crezcan fuera de un organismo, en una placa de laboratorio.
Carmen: ¡Increíble! Así que todo eso que parece del futuro... ¿empieza en una pequeña placa de Petri?
Álvaro: Exacto. Y es fundamental para la medicina, la investigación y hasta la comida del futuro. Estás escuchando Studyfi Podcast.
Carmen: Vale, Álvaro, si vamos a mantener vivas a unas células fuera de su “casa”, que es el cuerpo, supongo que necesitan un ambiente muy especial. ¿Qué es lo primero que debemos controlar?
Álvaro: Buena pregunta, Carmen. Lo primero es la osmolaridad. ¿Te suena la palabra?
Carmen: Uf, me suena a algo de química... ¿tiene que ver con el agua?
Álvaro: ¡Exacto! Piensa en las células como pequeños globos de agua. Si el líquido que las rodea es muy salado, se deshidratan. Si tiene muy poca sal, podrían hincharse y explotar. Necesitamos el balance perfecto.
Carmen: Entendido. Ni pasarse ni quedarse corto. ¿Y cómo conseguimos ese balance en el laboratorio?
Álvaro: Usamos medios de cultivo que son ligeramente hipotónicos. Esto significa que tienen un poquito menos de sales que el interior de la célula. Así, el agua tiende a entrar suavemente en la célula por ósmosis, manteniéndola hidratada y feliz.
Carmen: Ah, es como darle a la célula una bebida isotónica para que no se deshidrate. ¡Qué considerado!
Álvaro: Exactamente. Compensamos la evaporación que ocurre en la incubadora y nos aseguramos de que no se nos queden como pasas.
Carmen: ¡No queremos células-pasa! De acuerdo, ya tienen su bebida. Ahora... ¿qué hay para comer? ¿Cuál es el menú en un cultivo celular?
Álvaro: ¡El menú es bastante completo! Es como un buffet de cinco estrellas para células. Para empezar, tenemos las soluciones salinas equilibradas.
Carmen: ¿Sales minerales, como las que tomamos después de hacer deporte?
Álvaro: Justo. Cloruro de sodio, de potasio, de calcio... todo para mantener el equilibrio iónico, como en el cuerpo. Luego, el plato principal: los aminoácidos.
Carmen: Las piezas para construir proteínas, ¿no?
Álvaro: ¡Eso es! Arginina, leucina, metionina... son los ladrillos fundamentales. Sin ellos, la célula no puede construir nada.
Carmen: Vale, tenemos sales y ladrillos. ¿Qué más?
Álvaro: Vitaminas, como la biotina y la riboflavina. Son como las chispas que activan todos los procesos. Y, por supuesto, la fuente de energía... ¡la glucosa!
Carmen: ¡Azúcar! La gasolina de las células.
Álvaro: La mismísima. Y para darles un empujón extra, añadimos hormonas y factores de crecimiento. Son como el entrenador personal que les dice “¡Venga, a crecer, a dividirse!”.
Carmen: Me imagino a una pequeña hormona con un silbato. Esto se está poniendo divertido. Pero, ¿y si aparecen invitados no deseados? ¿Como bacterias u hongos?
Álvaro: Para eso tenemos a los porteros de la discoteca: los antibióticos y antimicóticos. Mantienen a los contaminantes a raya, porque las células crecen mucho más lento que una bacteria, y perderíamos el cultivo.
Carmen: Tiene todo el sentido. ¿Falta algo en este festín celular?
Álvaro: Faltan dos cosas cruciales. La primera es el suero fetal bovino.
Carmen: Suena... intenso. ¿Qué hace?
Álvaro: Es como un superalimento. Es un cóctel complejísimo de nutrientes y factores de crecimiento que es absolutamente esencial para que las células proliferen. El problema es que su composición exacta no la conocemos al cien por cien. Por eso a estos medios se les llama “indefinidos”.
Carmen: O sea, sabemos que funciona de maravilla, pero no tenemos la receta completa. Un ingrediente secreto.
Álvaro: El ingrediente secreto, sí. Y por último, necesitamos un sistema que mantenga el pH estable. Para eso usamos una solución tampón, normalmente de bicarbonato.
Carmen: Y sé que los medios de cultivo suelen tener un color rosado... ¿eso tiene que ver con el pH?
Álvaro: ¡Muy bien visto! Ese color se lo da un indicador llamado rojo fenol. Si el medio se vuelve demasiado ácido, se pone amarillo. Si se vuelve demasiado básico, se pone fucsia. Así podemos saber de un solo vistazo si las células están en un ambiente confortable.
Carmen: Es como un semáforo para la salud de las células. Amarillo es “¡cuidado, algo va mal!”, y rosa es “todo en orden”.
Álvaro: Exactamente. Es un sistema de alerta visual muy útil.
Carmen: Ya tenemos la comida y la bebida bajo control. Pero... ¿y el aire? ¿Las células también respiran en la placa?
Álvaro: ¡Claro que sí! Y son bastante particulares con la atmósfera. Los dos gases más importantes son el oxígeno, el O2, y el dióxido de carbono, el CO2.
Carmen: El oxígeno lo entiendo, es para la respiración celular, para obtener energía de la glucosa.
Álvaro: Correcto. Para la mayoría de cultivos, usamos una concentración de oxígeno similar a la del aire, un 21%. Pero lo realmente interesante es el papel del CO2.
Carmen: ¿El CO2? Pensaba que era un producto de desecho.
Álvaro: Lo es, pero en el cultivo celular tiene una función vital. Mantenemos una atmósfera con un 5% de CO2. ¿Recuerdas el tampón de bicarbonato que mencionamos para controlar el pH?
Carmen: Sí, para que no se pusiera ni muy ácido ni muy básico.
Álvaro: Pues bien, ese tampón funciona en equilibrio con el CO2 del ambiente. El gas se disuelve en el medio y ayuda al sistema carbonato-bicarbonato a mantener el pH justo en ese punto ideal, que suele ser 7,4, un pH neutro.
Carmen: ¡Ah, qué inteligente! Así que el CO2 no es solo un desecho, sino una pieza clave para mantener el equilibrio químico del medio. Es como un trabajo en equipo.
Álvaro: Un trabajo en equipo perfecto. Sin ese 5% de CO2, el pH se descontrolaría y las células no sobrevivirían mucho tiempo.
Carmen: Muy bien, ya hemos creado el spa de cinco estrellas para nuestras células: temperatura perfecta, comida gourmet, pH controlado... Ahora, ¿cómo se comportan ellas? ¿Se ponen a crecer sin más?
Álvaro: Ojalá fuera tan fácil. Primero, tenemos que sacar las células de su tejido original. Piensa en un trozo de piel, por ejemplo. Las células están todas pegadas entre sí, muy organizadas.
Carmen: Claro, no están flotando libremente. ¿Cómo las separamos?
Álvaro: Para eso usamos técnicas de disgregación. Es, básicamente, romper las uniones entre ellas para conseguir una suspensión de células individuales y viables.
Carmen: ¿Y cómo se hace eso? ¿Con un martillo en miniatura?
Álvaro: ¡Casi! Hay dos métodos principales. Uno es el mecánico, que puede ser algo tan simple como picar el tejido finamente o forzarlo a pasar por una jeringuilla. Es el método físico, el de la “fuerza bruta”.
Carmen: Entiendo. ¿Y el otro?
Álvaro: El otro es el enzimático, que es más sutil y elegante. Usamos enzimas que actúan como tijeras moleculares y cortan las proteínas que mantienen a las células unidas.
Carmen: ¿Como si disolvieras el “pegamento” celular?
Álvaro: Exactamente. El método más famoso es la tripsinización. La tripsina es una enzima que corta específicamente los enlaces de las proteínas que anclan las células entre sí y a su matriz.
Carmen: O sea, la tripsina es la clave para que las células se suelten y puedan empezar una nueva vida en la placa de cultivo.
Álvaro: Es una de las herramientas más importantes en el laboratorio de cultivo celular. Una vez que tenemos esa suspensión de células sueltas, las ponemos en una placa con medio de cultivo fresco, y ahí empieza la verdadera aventura.
Carmen: Y una vez en la placa, ¿qué hacen? ¿Empiezan a nadar por ahí?
Álvaro: Depende del tipo de célula. Algunas, como las de la sangre, viven felices en suspensión, flotando en el medio. Pero la gran mayoría de células de nuestros tejidos son “dependientes de anclaje”.
Carmen: ¿Qué significa eso? ¿Necesitan algo a lo que agarrarse?
Álvaro: ¡Exacto! Necesitan adherirse a una superficie sólida para poder empezar a dividirse y proliferar. Es como si necesitaran “echar raíces” en el plástico de la placa de cultivo antes de sentirse seguras para crecer.
Carmen: Así que no es solo darles comida, también hay que darles un suelo firme. ¡Qué exigentes son!
Álvaro: Tienen sus manías. Y este comportamiento es clave para entender cómo manejamos los cultivos. Pero eso... ya nos lleva a hablar de la curva de crecimiento y cómo los cultivos evolucionan con el tiempo.
Carmen: Vale, has mencionado la curva de crecimiento. Me imagino que no es una línea recta que sube hasta el infinito, ¿verdad?
Álvaro: Para nada. Las células tienen sus límites. Y aquí entran en juego dos factores clave.
Carmen: ¿Ah, sí? ¿Cuáles son?
Álvaro: Primero, los residuos. Las células, al vivir, generan desechos metabólicos que acidifican el medio. Por eso usamos indicadores de color. Cuando el medio cambia de rojo a amarillo, es una señal de alarma. ¡Toca cambiarles el agua!
Carmen: O sea, son como unos compañeros de piso un poco desordenados. Si no limpias, el ambiente se vuelve tóxico.
Álvaro: Exacto. Y el segundo factor es el espacio. Especialmente en cultivos que crecen pegados a la placa, llega un punto en que no caben más. Se tocan unas con otras y... se detiene la proliferación.
Carmen: Entendido. O se quedan sin comida o se quedan sin sitio. Tiene lógica.
Álvaro: Correcto. Y para entender todo esto mejor, hay algunos conceptos básicos que debemos manejar. Por ejemplo, el “medio de cultivo” es, básicamente, su sopa de nutrientes.
Carmen: ¿Y qué más hay en este diccionario celular?
Álvaro: Un término crucial es “telómero”. Piensa en ellos como las puntas de plástico de los cordones de tus zapatillas. Protegen los cromosomas, pero en cada división celular se acortan un poquito.
Carmen: ¿Y cuando se acortan del todo?
Álvaro: La célula envejece y deja de dividirse. Marca su tiempo de vida. Luego tenemos la “línea celular”, que son poblaciones que vienen de un cultivo primario y que podemos seguir cultivando muchas veces.
Carmen: Ah, como una estirpe que mantenemos viva en el laboratorio. Suena fascinante.
Álvaro: Lo es. Y estudiarlas nos permite entender desde el cáncer, con su “capacidad invasiva”, hasta hacer diagnósticos prenatales usando células del líquido amniótico. Así que con este vocabulario básico ya podemos empezar a hablar de los tipos de cultivos que existen.
Carmen: Vale, Álvaro. Ya tenemos el vocabulario. Ahora llévanos al laboratorio. ¿Cómo se hace un cultivo celular paso a paso?
Álvaro: ¡Vamos a ello! Piensa en esto como una receta en tres fases. Primero, la "disgregación". Necesitamos separar las células del tejido original, como si desmontaras un puzzle.
Carmen: Para quedarte con las piezas individuales. Entendido. ¿Cómo se hace?
Álvaro: Puedes hacerlo de forma mecánica, casi raspando, o con enzimas que disuelven el "pegamento" que las une. Con eso consigues una mezcla de todos los tipos celulares.
Carmen: De acuerdo, tengo mi "sopa" de células. ¿Y ahora qué?
Álvaro: Ahora el segundo paso: la "separación". En esa sopa, solo te interesa un tipo de célula. Podemos usar la centrifugación para separarlas por tamaño, por ejemplo.
Carmen: Una vez tienes las células que quieres, ¿cuál es el último paso?
Álvaro: El paso final es la "siembra". Las pones en su nueva casa, la placa de cultivo, y ¡listo! Ya tienes tu cultivo primario, el punto de partida de todo.
Carmen: Genial. Pero mencionaste que de ese cultivo primario se hacen "resiembras". Y nombraste la tripsinización. ¿Qué es eso exactamente?
Álvaro: Buena pregunta. Para las células que crecen pegadas a la placa, necesitamos una forma de despegarlas para moverlas. Ahí entra la tripsina, una enzima que funciona como unas tijeras moleculares.
Carmen: O sea, ¿corta las uniones que mantienen a la célula pegada?
Álvaro: Precisamente. Pero tiene un riesgo... la tripsina es tan potente que si la dejas actuar demasiado tiempo, puede dañar a las propias células.
Carmen: ¡Vaya! ¿Y cómo la detienes antes de que se pase de la raya?
Álvaro: ¡Añadiendo suero! En cuanto las células se sueltan, echamos suero al cultivo. El suero inhibe a la tripsina al instante. Es como un interruptor de apagado de emergencia.
Carmen: Me encanta. Un drama celular en miniatura. Pero, una última cosa: ¿cómo sabes si las células han sobrevivido a todo este proceso?
Álvaro: Para eso medimos la viabilidad. Una técnica muy común usa un colorante llamado azul de tripán. Es muy ingenioso, porque solo puede entrar en las células que tienen la membrana rota.
Carmen: A ver si lo pillo. Si la célula está dañada o muerta, se tiñe de azul. Si está sana, el colorante no entra.
Álvaro: ¡Exacto! Las células muertas se ven azules y las vivas se ven brillantes y sin color. Contamos ambas, calculamos el porcentaje, y ya sabemos qué tan sano está nuestro cultivo.
Carmen: ¿Y es un método fiable?
Álvaro: Tiene un pequeño margen de error, puede sobrevalorar un poco las células viables. Pero es tan rápido, fácil y barato que es el método de cabecera en casi todos los laboratorios.
Carmen: Oye, Álvaro, y más allá de saber si están vivas o muertas, ¿cómo contamos cuántas células hay en total? ¿Hay otros métodos?
Álvaro: ¡Claro! Ese es el siguiente paso: el conteo celular. Se trata de cuantificar cuántas células hay en un volumen de líquido. Por eso, siempre deben estar en suspensión.
Carmen: Y supongo que hay formas fáciles y formas... no tan fáciles, ¿no?
Álvaro: ¡Exacto! Están los métodos más básicos, manuales, y luego los automáticos, que son más complejos. Hablemos del rey de los métodos manuales.
Carmen: El rey, ¿eh? ¿Cuál es?
Álvaro: La cámara de Neubauer. Y no, no es para hacer fotos. Es un portaobjetos de vidrio especial, con una cuadrícula muy precisa grabada en el centro.
Carmen: Como un papel milimetrado microscópico, para no perderte.
Álvaro: ¡Justo esa es la idea! Pones tu gota de células ahí y la cuadrícula te permite contar en un volumen súper exacto. La profundidad entre el cubreobjetos y la cuadrícula es siempre de 0,1 milímetros.
Carmen: ¿Y esa cuadrícula es un laberinto o qué?
Álvaro: Un poco. Tiene 9 cuadrados grandes. Los de las esquinas, marcados con una "L", se usan para leucocitos. El del centro, que está aún más dividido, para eritrocitos.
Carmen: Vale, me lo imagino. Pero siempre está la duda... ¿qué pasa con una célula que cae justo sobre la línea?
Álvaro: ¡La pregunta del millón! Para eso hay una regla muy simple que evita contar doble. Es un criterio universal.
Carmen: A ver, dispara.
Álvaro: Imagina el cuadradito. Cuentas todas las células que están dentro, por supuesto. Y luego, solo las que toquen la línea de arriba y la de la izquierda.
Carmen: ¡Ah, qué ingenioso! Las que tocan abajo o a la derecha las ignoras, porque ya las contarás en el siguiente cuadrado.
Álvaro: ¡Exacto! Así no hay trampas. Una vez tienes el número, usas una fórmula sencilla y ya sabes la concentración de células por mililitro.
Carmen: Entendido. Un método manual pero muy listo. Aunque, con tanta tecnología, me da que alguien ya ha inventado una máquina para esto, ¿no?
Álvaro: ¡Totalmente! Has dado en el clavo. Esa máquina existe y es una maravilla de la tecnología. Se llama citometría de flujo.
Carmen: ¿Citometría de flujo? Suena a algo que verías en una película de ciencia ficción.
Álvaro: ¡Pues casi! Piensa en ello como un control de seguridad superavanzado para células. Las hacemos pasar en una fila, una por una, a través de un rayo láser.
Carmen: ¿Un láser? ¡Como si cada célula desfilara por una pasarela!
Álvaro: ¡Exacto! Y mientras desfilan, el láser las ilumina. La forma en que la luz se dispersa nos da un montón de información: su tamaño, su complejidad interna, si tiene ciertas proteínas en su superficie…
Carmen: O sea, no solo las cuentas, sino que les sacas el DNI a cada una. Increíble.
Álvaro: Y lo mejor es la velocidad. Un citómetro puede analizar miles de células por segundo. ¡Hasta 5000 por segundo!
Carmen: ¡Cinco mil! Eso es una locura comparado con contarlas a mano en la cámara de Neubauer.
Álvaro: Es una ventaja enorme. Además, tiene una sensibilidad brutal. Puede detectar poblaciones de células muy, muy raras, como los basófilos, o incluso células de una enfermedad que apenas está empezando.
Carmen: Entiendo... tiene que tener alguna pega, ¿no? No puede ser todo perfecto.
Álvaro: La tiene. La principal es que las células deben estar en suspensión, en un líquido. Se pierde toda la información de cómo estaban organizadas en el tejido.
Carmen: Claro. Sabes quién está en la fiesta, pero no con quién estaba hablando.
Álvaro: Esa es la analogía perfecta. Por eso, cada técnica tiene su momento y su lugar. Y hablando de eso, todas estas técnicas de cultivo y conteo tienen aplicaciones fascinantes en el mundo real.
Carmen: ¡Aplicaciones fascinantes! Venga, dame un ejemplo concreto. ¿Dónde usamos esto todos los días?
Álvaro: Claro. Un campo clave es el diagnóstico postnatal. Pensemos en una infección. Necesitamos saber qué microorganismo la está causando, y rápido.
Carmen: Vale, entonces tomas una muestra, ¿y la pones a crecer en el laboratorio para ver qué sale?
Álvaro: Exacto. Se usan medios de cultivo selectivos. Es como poner un bufé donde solo le gusta la comida a un tipo de microbio. Si algo crece, ya tenemos un sospechoso.
Carmen: Un sospechoso en un plato. Me gusta. Y de ahí, ¿a interrogarlo?
Álvaro: Algo así. Hacemos más pruebas, a menudo de biología molecular, para confirmar su identidad sin ninguna duda.
Carmen: Entendido. Y supongo que para diagnósticos genéticos, o citogenéticos, el proceso es parecido, ¿no?
Álvaro: El principio es similar, pero la muestra cambia. Para el diagnóstico citogenético postnatal, lo más común es usar sangre periférica.
Carmen: ¿Sangre periférica? Suena a que viene de las afueras.
Álvaro: ¡No! Simplemente es la sangre que circula por tus venas. Lo que nos interesa de ahí son los glóbulos blancos, las células de la serie blanca.
Carmen: ¿Y por qué esas en particular?
Álvaro: Porque son fáciles de aislar y manipular. Pero aquí viene lo importante: la muestra tiene que llegar fresquísima al laboratorio.
Carmen: ¿Así que el mensajero no puede pararse a tomar un café?
Álvaro: ¡Para nada! Necesitamos células vivas que puedan dividirse. Se recoge entre 1 y 5 mililitros en un tubo especial con heparina, y el cultivo debe empezar antes de 24 horas.
Carmen: Es una carrera contra el reloj. Una vez en el laboratorio, ¿qué pasa?
Álvaro: Las ponemos en un medio de cultivo líquido a 37 grados. Es como un spa para células: tiene sales, suero, factores de crecimiento y hasta antibióticos para que estén cómodas y protegidas.
Carmen: Un spa para células... me encanta. ¿Y cuánto tiempo están en ese 'spa' de lujo?
Álvaro: Están tres días, unas 72 horas. Las mantenemos en una incubadora a 37 grados, en posición horizontal y con el tubo bien cerrado. Después, miramos al microscopio.
Carmen: Y ahí es donde empieza la magia del diagnóstico. ¿Cuáles son las aplicaciones más importantes?
Álvaro: Una de las principales es el diagnóstico citogenético prenatal. Sirve para detectar posibles anomalías cromosómicas en el feto antes de que nazca.
Carmen: Suena crucial. ¿Y de dónde se sacan esas células? No parece fácil llegar a ellas.
Álvaro: La fuente más común es el líquido amniótico, que se obtiene por amniocentesis. Se necesitan unos 20 mililitros, un buen volumen para cultivar muchísimas células fetales.
Carmen: La amniocentesis... Me suena a una prueba invasiva, ¿verdad? ¿Implica riesgos?
Álvaro: Sí, conlleva un pequeño riesgo de aborto, entre el 0,2 y el 0,5 por ciento. Por eso solo se indica en casos con sospecha de problemas.
Carmen: Entiendo. También mencionaste las vellosidades coriónicas...
Álvaro: Correcto. Esa es otra opción, la biopsia corial, para casos de alto riesgo. Tiene un riesgo un pelín más alto. Y luego está la sangre del cordón umbilical, pero esa casi no se usa por el peligro para el feto.
Carmen: Qué delicado... Dejando el tema prenatal, ¿hay otros campos donde estos cultivos sean clave?
Álvaro: Por supuesto. Son fundamentales en el diagnóstico oncológico. En ese caso, las muestras pueden ser de sangre, médula ósea o incluso biopsias directas de los tumores.
Carmen: Es increíble. La misma técnica base sirve para dos mundos tan diferentes como la gestación y el cáncer. ¿El procedimiento es igual?
Álvaro: El procedimiento base es prácticamente idéntico. Lo que cambia es la muestra y, por supuesto, lo que estamos buscando en esos cromosomas.
Carmen: Hablando de muestras... ¿dónde se guardan todas esas biopsias y muestras de sangre? No estarán en la nevera de casa, ¿verdad?
Álvaro: ¡No, por favor! Para eso existen los biobancos. Son como bibliotecas de altísima seguridad, pero en lugar de libros, guardan material biológico y sus datos.
Carmen: Una biblioteca de muestras... me gusta la analogía. ¿Hay alguna ley que los regule o algo así?
Álvaro: ¡Claro! La Ley 14/2007 de Investigación Biomédica los define. Dice que son establecimientos sin ánimo de lucro que organizan colecciones de muestras para la investigación. ¡Son un pilar para la ciencia moderna!
Carmen: Entendido. Se han convertido entonces en una plataforma clave de apoyo para los científicos.
Álvaro: Exacto. Pero hay un aspecto que es vital y no podemos olvidar: el consentimiento informado. Es lo más importante de todo.
Carmen: Suena serio. ¿A qué te refieres exactamente?
Álvaro: A que cada individuo debe ser informado de que su muestra va a un biobanco para investigación. Tienen que leer, entender y firmar un documento que lo autoriza todo. Sin esa firma, no hay nada que hacer.
Carmen: La ética por delante, como debe ser. Bueno, pues para recapitular el episodio de hoy: hemos viajado por el mundo de los cromosomas y terminado en estas impresionantes "bibliotecas" de muestras que son los biobancos.
Álvaro: Un resumen perfecto. La ciencia avanza gracias a la generosidad de los donantes y a estas infraestructuras que lo hacen posible de forma segura. Ha sido un placer, Carmen.
Carmen: El placer ha sido nuestro, Álvaro. Y a todos los que nos escucháis, gracias por acompañarnos en Studyfi Podcast. ¡Nos oímos en el próximo episodio!