La Sociología de la Adolescencia y la Juventud es un campo de estudio fascinante que nos invita a reflexionar sobre cómo estas etapas de la vida son mucho más que simples rangos de edad. Contrario a la creencia popular, la adolescencia y la juventud no son fenómenos universales e inmutables, sino construcciones sociales e históricas que varían enormemente según la cultura y el momento. Este análisis profundo es crucial para estudiantes que buscan comprender las complejidades de estas fases.
¿Qué es la Sociología de la Adolescencia y la Juventud? Una Introducción
Con relativa facilidad, se puede constatar que la definición de la población adolescente o joven ha cambiado drásticamente con el paso de la historia. De hecho, podríamos afirmar con alta plausibilidad que no siempre existieron los jóvenes ni mucho menos los adolescentes. La existencia de estas etapas está intrínsecamente ligada a las condiciones socioeconómicas y culturales de una sociedad.
Imaginemos una sociedad con una esperanza de vida de 30 años, altos riesgos de muerte por enfermedad, guerras, falta de asistencia sanitaria adecuada, escasez de agua y hambrunas. En tal sociedad, difícilmente habría jóvenes. La vida sería tan corta y precaria que no permitiría la diferenciación de roles por grupo de edad, apiñando a la población en una unidad compacta.
Sin embargo, a medida que las condiciones de infraestructura mejoran, los problemas sanitarios se reducen, la producción de alimentos crece y las expectativas de vida aumentan, la población se extiende en su pirámide de edad. Es entonces cuando comienzan a aparecer grupos diferenciados, como los jóvenes y los viejos. Los grupos jóvenes comienzan a existir históricamente cuando se une a una bonanza demográfica la capacidad cultural de elaborar la diferencia que la estructura reproductiva de esa sociedad hace posible.
La Juventud y la Adolescencia: Categorías Históricas y Culturales
Geográficamente, incluso en la actualidad, es posible constatar que existen sociedades que no tienen jóvenes, o al menos, no la misma juventud que en otras culturas. Si la juventud se define como un período intermedio entre el abandono de la infancia y el paso definitivo al mundo adulto, muchas sociedades carecen de esta etapa.
La antropología ha demostrado que en ciertas culturas, con un rito de pasaje breve (como un alejamiento, bautismo, circuncisión o marcación corporal), los individuos pasan casi sin transición o con una mínima extensión temporal, directamente de la infancia a la adultez. Esto significa que la madurez corporal es suficiente como condición para entrar en el mundo adulto, legitimada por un rito.
En este contexto, la pregunta sobre la adolescencia y la juventud toma otras características. Tanto una como la otra son categorías construidas social e históricamente. Articulan un material escaso: la temporalidad hecha cuerpo, la vida de un cuerpo, su duración cronológica traducida en los términos de un sistema de oposiciones significantes, es decir, de una cultura. Las diferencias entre adolescencia y juventud responderán al tipo de cultura al que nos refiramos, a sus rituales oficiales u oficiosos de pasaje, a las marcas de sus tránsitos y a los sistemas de categorización de edades vigentes.
La Adolescencia como Crisis y Búsqueda de Identidad
Tal como lo tematizó clásicamente Erik Erikson, el período adolescente escenifica una crisis. Por un lado, un abandono, una pérdida: la del cuerpo y el lugar del niño. Por otro, una búsqueda: la de la identidad en el mundo adulto. Al igual que con la juventud, no todas las culturas ni las épocas históricas reconocen este problema de la transición y la búsqueda.
En sociedades con ritos de pasaje precisos que definen la transformación del niño en adulto, no se percibe un momento crítico y, por lo tanto, no existe la adolescencia. En sociedades como las nuestras, la crisis se manifiesta en el cuestionamiento que el adolescente hace del sistema de referencias que constituyen la identidad heredada de la familia. La familia funciona como la primera matriz de sentido, donde se elabora una representación del sí mismo y del mundo social.
La adolescencia comienza en lo corporal con la madurez sexual y en lo psicosocial con el cuestionamiento de la herencia familiar. A través de búsquedas posteriores, el adolescente afirma la necesidad de constituirse frente al mundo de los padres, a menudo en oposición y conflicto. Es un período crítico en el que, superadas las situaciones de desacople, sobreviene la madurez psicológica propia de la constitución del adulto sano, con un nuevo sistema de identificaciones y una forma de sexualidad asumida.
Este proceso puede variar en ritmos según las clases sociales o las familias, pero el proceso esencial es el mismo. El famoso conflicto generacional se entiende como la discusión de la herencia familiar y la progresiva decisión del sujeto en la elección de sus grupos de pertenencia. La adolescencia coincide con la salida de la familia hacia los grupos de pares, hacia la relación autónoma con otras instituciones o con la comunidad en general.
El Adolescente Moderno y la Fusión con el Mundo Adulto
Algunos modelos de interpretación describen al adolescente moderno de manera diferente al idealista y utópico adolescente tradicional, quien expresaba dramáticamente la “brecha generacional”. Según estas descripciones, hoy las cosas habrían cambiado. El adolescente actual no tendría a qué oponerse dramáticamente, al menos no claramente, en la medida en que no habría ideologías fuertes con las que elaborar el contraste.
Esto expresaría una identidad formada en el collage, la composición sin plan, como un pastiche sin conflicto ni rebelión, y por lo tanto, sin brecha, sino simplemente huida sin choques, indiferencia. Esto generaría una confusión entre los mundos juvenil y adulto. El mundo adulto, tradicionalmente enérgico y claro en sus objetivos, estaría ahora poblado por las dudas e indefiniciones propias del mundo adolescente, convertido en modelo para el adulto.
Al vacilar la socialización dura y tradicional, el conflicto movilizador desaparece, y la etapa adolescente se va convirtiendo en un estado. Otros estímulos sociales, como la extensión de la estética adolescente como modelo de conducta a ser imitado, afirman esta tendencia. Es difícil negar que la adolescencia se va convirtiendo en un modelo social a imitar, extendido por la acción del mercado, los medios masivos y la publicidad. Esto hace que deje de ser una etapa para convertirse en un estado permanente, incluso haciendo que la vejez sea algo vergonzoso de esconder.
La Juventud como Moratoria Social y su Crítica
La teoría social, atenta a estas características, ha comenzado a considerar una perspectiva ampliamente aceptada: adolescentes y jóvenes serán todos aquellos que una determinada sociedad considere como tales. El papel de la investigación consiste en definir cómo distintas sociedades construyen sus categorías, superando las limitaciones de un enfoque puramente centrado en la edad.
Para las sociedades modernas, se consideran los elementos que constituyen al adulto para entender las vías de acceso que llevan a los sujetos desde su madurez corporal hasta la plena madurez social. Un adulto se define como alguien que ha:
- Establecido su vida al margen de su familia de origen.
- Se auto sustenta económicamente.
- Ha constituido su propia familia y tiene hijos.
- Ha definido exitosamente un destino laboral tras prepararse para ello.
Entonces, ¿qué sería la juventud? Es ese período de mora, o moratoria social, en el cual cierto segmento de la población, llegado a la madurez sexual y a su plena capacidad biológica para reproducirse, no termina de consumarse como adulto y se encuentra a la espera de adquirir los atributos que lo identifiquen como tal.
Desigualdad en la Experiencia de la Juventud
En una sociedad compleja como la nuestra, con divisiones tajantes, coexisten distintas