La pregunta sobre qué define al ser humano ha sido un pilar de la filosofía a lo largo de la historia. En la era moderna, esta cuestión se ha vuelto más compleja, llevando a pensadores como Max Scheler a señalar que nunca antes el hombre había sido tan problemático para sí mismo. Este artículo explora el hombre como animal simbólico, una perspectiva que busca una comprensión más profunda de nuestra naturaleza.
Scheler destacó que la proliferación de antropologías científicas, filosóficas y teológicas, que a menudo se ignoran mutuamente, ha oscurecido en lugar de esclarecer nuestro concepto del hombre. A pesar de una riqueza asombrosa de datos provenientes de la psicología, etnología, antropología e historia, parece que nos falta un método para organizar esta vasta información. Necesitamos un "hilo de Ariadna" que nos guíe a través de este laberinto de hechos para obtener una visión coherente de la cultura humana.
El Hombre como Animal Simbólico: Una Nueva Perspectiva
Para comprender mejor esta complejidad, podemos recurrir a las bases de la biología y luego expandirlas al ámbito humano. Johannes von Uexküll, un biólogo vitalista, propuso que la vida es una realidad autónoma que no puede explicarse solo con la física o la química. Según Uexküll, la realidad no es una única y homogénea; cada organismo posee su propio mundo y experiencia, lo que él describe como ser un "ser monádico".
El Círculo Funcional de Uexküll: Base de la Existencia Animal
Uexküll desarrolló un esquema ingenioso para el mundo biológico, centrándose en un método objetivo o behaviorista. La clave para entender la vida animal radica en la anatomía comparada, que revela la estructura de los sistemas "receptor" y "efector" de cada especie. Estos sistemas están estrechamente entrelazados, formando un "círculo funcional" que permite al organismo recibir estímulos externos y reaccionar ante ellos para sobrevivir.
- Sistema receptor: Capta los estímulos del entorno.
- Sistema efector: Permite la reacción del organismo a esos estímulos.
- Círculo funcional: La interacción equilibrada y coordinada entre ambos sistemas, esencial para la vida.
Uexküll argumenta que la vida es perfecta en todas sus formas, y cada organismo está completamente coordinado con su ambiente a través de estos sistemas, desde los más ínfimos hasta los más complejos.
La Diferencia Humana: El Sistema Simbólico
Si bien el hombre no es una excepción a las leyes biológicas, su "círculo funcional" ha experimentado un cambio cualitativo fundamental. Entre el sistema receptor y el efector, el ser humano ha desarrollado un "sistema simbólico" intermedio. Esta adquisición transforma por completo la vida humana, abriendo una nueva dimensión de la realidad.
- Realidad ampliada: El hombre vive en una realidad más vasta y compleja.
- Respuesta demorada: La respuesta a los estímulos externos no es inmediata, sino que es interrumpida y retardada por un complejo proceso de pensamiento. Esta demora, aunque Rousseau la considerara una "depravación", es inherente a la condición humana.
Esta inserción simbólica es lo que distingue al hombre de los demás animales, marcando el inicio de su vida cultural y civilizada.
El Universo Simbólico Humano: Caracterización y Alcance
El hombre no puede escapar de este nuevo orden; ya no vive solo en un universo físico, sino en un universo simbólico. Este universo está tejido por diversos elementos:
- Lenguaje: Constituye la base de la comunicación y el pensamiento abstracto.
- Mito: Ofrece narrativas y explicaciones sobre el mundo y la existencia.
- Arte: Permite la expresión estética y la creación de significados.
- Religión: Proporciona sistemas de creencias y prácticas espirituales.
Todo avance en el pensamiento y la experiencia humana afina y refuerza esta red simbólica. No podemos enfrentar la realidad de un modo inmediato, sino que la percibimos y la conocemos a través de este medio artificial. En cierto sentido, el hombre conversa constantemente consigo mismo, envuelto en formas lingüísticas, imágenes artísticas, símbolos míticos y ritos religiosos. Su situación es la misma tanto en la esfera teórica como en la práctica, viviendo en un mundo de emociones, esperanzas, temores, ilusiones y fantasías, como señalaba Epicteto: "Lo que perturba y alarma al hombre no son las cosas sino sus opiniones y figuraciones sobre las cosas."
Redefiniendo al Hombre: Del Animal Racional al Animal Simbólico
La definición clásica del hombre como "animal racional" ha mantenido su fuerza, y la racionalidad es inherente a muchas actividades humanas. Sin embargo, esta definición puede ser insuficiente para abarcar la riqueza y diversidad de la vida cultural. Por ejemplo:
- La mitología, aunque no es puramente caótica, posee una forma sistemática y conceptual, pero no puede caracterizarse completamente como racional.
- El lenguaje, a menudo identificado con la razón, incluye también un lenguaje emotivo y el de la imaginación poética, que no expresan primariamente pensamientos sino sentimientos.
- Una religión reducida a los límites de la "pura razón" es una abstracción que no captura la vida religiosa genuina y concreta.
La razón es un término inadecuado para abarcar la totalidad de las formas de la vida cultural humana, que son todas formas simbólicas. Los pensadores que definieron al hombre como "animal racional" expresaban más bien un imperativo ético. Por lo tanto, para designar nuestra diferencia específica y comprender el camino de la civilización, es más preciso definir al hombre como un animal simbólico.